Informe sobre el acuerdo

El politólogo Hernán Herrera ofrece un detallado informe de situación de la coyuntura económica que incluye datos duros sobre el crecimiento de los dos últimos años, la obscena deuda tomada por el gobierno de Cambiemos, y un análisis sobre el acuerdo anunciado por el ministro Martín Guzmán, que muy probablemente, señala, asegure un crecimiento económico durante los próximos dos años.

Por Hernán Herrera (*)

Punto de partida

Un análisis del acuerdo con el FMI requiere que hagamos un breve repaso del escenario actual de la Argentina, y luego revisar si este acuerdo permite una salida para arriba o no. Una especie de FODA (fortalezas y debilidades del país, hacia dentro y afuera) de la Argentina que nos permitirá analizar en profundidad cómo sigue el quilombo en el que nos metió Macri con la flexibilización financiera.

Primero que nada, repasemos algunos datos que, por supuesto, no serán exhaustivos de la realidad, pero sí una aproximación para entender que pasó estos dos años, en los cuales hubo algunas características a destacar. Cosa que primero haremos a nivel de los datos porque opinar, opina cualquiera.

• Desde 2018 hasta ahora, los precios mayoristas subieron 440%, el dólar oficial desde entonces subió 465%, los precios minoristas alrededor de 370%.

• El salario desde 2018 subió aproximadamente 295%, lo que impacta en una caída real de 16% desde entones. Téngase en cuenta que hablamos del salario registrado formal privado. Entre diciembre de 2019 y diciembre de 2021 el salario registrado privado subió 2,2% en términos reales, valor insignificante para la percepción de la población asalariada.

• En relación con el empleo total, tomando privado, público, monotributo, casas particulares, autónomos y monotributo social, tenemos la siguiente evolución: existen 213.000 empleos más que en diciembre de 2019, y a octubre de este año (s/e) hay 436.000 más empleos que en diciembre del año pasado (cuando se sufría la pandemia). A este dato se le debe sumar uno muy significativo, el empleo industrial privado formal subió 30.000 empleos desde diciembre de 2019. Este empleo es el que tiene mayor relación en su efecto para bajar la pobreza, junto con el empleo de la construcción, y muy por encima del empleo en comercios. Estos 30.000 empleos a octubre de 2021 (luego siguió creciendo) expresan 3% de aumento sobre 2019. Por supuesto, el descenso de la pobreza no se ajusta sólo a este empleo, porque no sólo hay una causalidad, también existe una correlación, lo que implica que haya otras variables en juego.

• La base monetaria desde principios de 2018 subió 220% nominalmente hablando. Aunque en términos de % del PBI, los valores tienen una impronta notable: en 2018, la BM significaba 8% del PBI, en 2019, 6,6%, en 2020 en el marco de la pandemia, 8,08% y en 2021 6,4%. Como se puede ver el problema inflacionario tiene mayor relación con el dólar que con la emisión, cosa que los datos muestran de modo contundente, pero que el debate público no toma de manera transparente.

• La industria cayó más de 16% en cantidades, entre 2017 y 2019, porque las políticas de apertura y caída del consumo dinamitaron el mercado y la producción argentina.

• En noviembre de 2021 la actividad industrial creció 15% en comparación con igual mes de 2019, 2,2% respecto a noviembre de 2018 y 10,1% i.a. La serie desestacionalizada tuvo un alza de 4,8% mensual (había caído 5% en octubre) y se ubicó 11,2% por encima del nivel de febrero de 2020, previo al inicio de la pandemia. En este mes, 15 sectores crecieron respecto a noviembre de 2019 y 14 lo hicieron en la comparación con el mismo mes de 2020. La división con mayor incremento volvió a ser la de maquinaria y equipo (+51,7% vs 2019). Le siguieron la de otro equipo de transporte (+42,6%), la automotriz (+41,7%) y la de prendas de vestir, cuero y calzado (+34,5%), según el Indec y el centro de estudios CEPXXI. Los datos adelantados de diciembre dan cuenta de una industria que continúa por encima de 2019 y se afianza en niveles superiores a los de 2018.

• La actividad económica, en noviembre de 2021 creció 5,6% respecto a igual mes de 2019 y señaló así su suba más acentuada en esa comparación (la tercera desde marzo). Respecto a 2020 creció 9,3% frente a un mes con menos restricciones por el ASPO que los anteriores. El indicador desestacionalizado aumentó 1,7% respecto a octubre, se ubicó en su mayor nivel desde agosto de 2018 y estuvo 3,7% por encima del nivel de febrero de 2020 (Indec y CEPXXI).

• Asimismo, en diciembre hubo récord histórico de despacho de cemento, importaciones de bienes de capital, y de bienes intermedios, en cantidades, la obra pública anda en el mejor nivel desde 2018.

• Respecto de la obra pública merece su propio apartado porque es un elemento central para el crecimiento, que se encadena hacia atrás en varios sectores y empleos industriales. Y por eso tiene una importancia superlativa en la multiplicación sobre el sector privado. Esta inversión en 2019 había caído hasta niveles de 2005, tal como expresó Dujovne antes de renunciar. En 2022 en términos de PBI se busca elevarla a 2,4% sobre 1,1% que tenía en 2019 (en 2021 se habla de 2,2%). Pero estos datos relativos no nos dicen todo, en términos constantes la inversión pública en obras creció 27% sobre 2019, está igual que en 2018, aunque aún 29% abajo que 2017.

• En 2021 la producción de petróleo (+6,2% interanual) registró su mayor nivel acumulado en 6 años y, en diciembre, la de gas anotó su séptima suba interanual consecutiva. El dato no es menor: se puede crecer con regulación, las inversiones que se iban con apertura pueden volver, y en la Argentina están volviendo de manera concurrente a la mayor regulación.

• Otro elemento clave para tener en cuenta es que el balance de cambios del BCRA anda por un pasillo finito, en los últimos seis meses el promedio del saldo de cuenta corriente (cambiaria) fue 250 millones de dólares en negativo. Por supuesto bajo presión de intereses, importaciones de bienes de capital e intermedios volando, y remisión de utilidades. Esto ocurre en el marco de una cuenta financiera que es deficitaria sobre todo por los pagos de capital al FMI.

• Posiblemente en todo este contexto, la pobreza cierre 2021 debajo de 38%, mostrando una reducción muy moderada sobre lo peor de la pandemia.

• La Argentina tenía en 2015 una deuda pública externa manejable, de 14% sobre PBI, en 2019 esa ratio pasó a 42,8%. A fines de 2021 estaría bajando frente a un PBI que crece en dólares, y los datos muestran que podría ubicarse debajo de 35%.

• El macrismo llevó la proporción de deuda externa de 28% sobre el total de deuda pública en 2015 a 50% en 2019. Hoy estaría en el orden de 43%.

Con este cuadro de situación es que vamos a la negociación de la deuda con el FMI.

Deuda con el FMI

El gobierno de Macri en 2018 recurrió al FMI porque no podía frenar la corrida cambiaria que sufría en el marco de una inmensa carrera de valorización financiera basada en la bicicleta que permitía pagar deuda con más deuda. El gobierno negó en aquel momento que ir al FMI era para realizar un canje de deuda, pero ahora Juntos por el Cambio reconoce que fue exactamente eso. Recordemos que las conversaciones con el FMI habían comenzado a fines de 2017. Estilizadamente, se puede decir que el Gobierno nacional bajo la administración de Macri tomó alrededor de 95.000 millones de dólares de deuda externa neta (incluida la deuda con el FMI).

El acuerdo original con el FMI fue en mayo y junio de 2018. El FMI firmó dicho acuerdo con la Argentina en junio de 2018 por 50.000 millones de dólares, y en septiembre de ese mismo año, luego que Toto “el Messi de la deuda” Caputo se patinara 15.000 millones de reservas, firmó una expansión por U$S 7100 millones más. De eso llegaron a entrar a la Argentina 44.490 millones, aunque por su equivalencia en DEGs puede no ser una cifra estática.

Este arreglo de deuda inmenso con el FMI, récord histórico con el FMI, y récord de deuda para la Argentina en un solo año (superando incluso a 1982 en términos de valores constantes), tiene un perfil de vencimientos que es realmente una locura para la Argentina. Antes del acuerdo de este enero de 2022, los vencimientos de la deuda pagados al FMI fueron 6.400 millones en capital e intereses durante estos 2 años. Pendiente de pago quedan U$S 17.750 millones en 2022, U$S 18.830 millones en 2023 y U$S 4.830 millones en 2024, e intereses por U$S 1.681 millones.

Entraron U$S 44.500 millones entre junio de 18 y noviembre de 19, en ese mismo lapso, además de una devaluación muy alejada de cualquier argumento que se asocie a tomar esos montos, salieron U$S 48.575 millones por formación de activos externos y fuga de posiciones financieras. Cabe señalar que muchos fondos se habían quedado enganchados durante el nuevo gobierno del FDT desde 2019, y en ese marco, salieron por desarme de posiciones financieras en estos 2 años U$S 12.993 millones, según datos del Banco Central.
Recordemos que, además, a estos datos, de una deuda pública que creció alrededor de 95.000 millones de dólares, la deuda privada también creció por encima de los 80.000 millones de dólares. Esta deuda privada devengó intereses por 6.089 millones de dólares en estos 2 años, y eso salió del BCRA también en estos 2 años.

El acuerdo
Sergio Chodos, quien es representante argentino ante el FMI y negociador del acuerdo, dijo en la radio AM 750, el sábado posterior al anuncio del acuerdo, que “el principal problema de la balanza de pago es la deuda con el Fondo”, y que “el FMI va a hacer cada desembolso para calzar con cada vencimiento durante los primeros dos años y medio (que debe pagarse), de modo que se evita una cesación de pagos, y esto se repagará a partir del 4to año hasta el año 12, además van a entrar desembolsos por encima de cada pago, pero el cronograma no está aún”. Estas aclaraciones son interesantes.

Por su parte, dice Verbitsky en el Cohete a la Luna, este domingo pasado, que: “la Argentina recibiría a la firma del acuerdo equivale a unos 6.300 millones de dólares, a los que habría que sumar los 4.500 millones de lo ya pagado que será devuelto. La devolución será dentro de un Programa de Facilidades Extendidas, a lo largo de diez años contados a partir de cada desembolso y con cuatro de gracia. Con cerca de 11.000 millones de dólares, el gobierno confía en ingresar al año electoral de 2023 con margen suficiente para evitar el default en ese momento crítico, aun cuando no fuera aprobada la revisión trimestral”.

Si este párrafo se confirma, estamos en la puerta de un acuerdo que realmente no sería un yunque para la actividad. Habrá que prenderle velas a esta noticia, que tiene una importancia fundamental dentro del acuerdo. Si se logra contar con tantos dólares para fortalecer las reservas y poder estabilizar la macro sin ajustar, estamos en la puerta de algo posible.

Vamos a los detalles que sí están claros, cosa que presentaremos de modo resumido, porque se trata del punteo que salió en varios medios, y la fuente es el mismo Ministerio de Economía.

• Para el año 2022 se proyecta un déficit fiscal primario de 2,5% del PBI y para el año 2023 esa variable toma el valor de 1,9%; y para 2024 de 0,9%. El déficit fiscal primario que se estableció en el acuerdo para 2022 es de 2,5% del PBI. Cabe recordar, que en 2021 ese déficit fue de 3,0% del PBI pero con el ayudín de medio punto que provino del impuesto a las grandes fortunas. Por tanto, estamos hablando de una necesidad extra de recaudación (porque no se va a ajustar el gasto) de 1 punto del PBI.

• Se apunta a que en 2022 el financiamiento monetario sea de 1% del Producto; en 2023 alrededor de 0,6% y en 2024 sea cercano a 0 y poder converger en una situación en la cual no haya más financiamiento sistemático del Banco Central al Tesoro.

• No va a haber ningún salgo cambiario. La política cambiaria va a seguir en la línea en la que se ha venido llevando a cabo.

• Se acordó un marco que tiene como objetivo tener una estructura de tasas de interés reales que redunde en valores positivos.

• Los acuerdos de precios van a tener un rol y un espacio importante en el esquema inflacionario.

• Se plantea un objetivo de acumulación de reservas internacionales. Se plantea una meta para 2022 de crecimiento de las reservas internacionales de 5.000 millones de dólares.

• Seguirá habiendo regulaciones en la cuenta financiera que impidan que la Argentina transite una situación de inestabilidad. Se apunta a un horizonte de regulaciones macroprudenciales tales que se desaliente la salida de los capitales especulativos.

• Va a haber revisiones trimestrales y en cada una de ellas, desembolsos. Con esos desembolsos se irán haciendo los pagos del programa que había acordado el gobierno anterior y el remanente se utilizará para ir acumulando reservas. Todavía está en discusión si esas revisiones pueden ser anuales.

El día después de mañana, la clave: cómo sigue la Argentina: crecimiento y justicia social
Primer punto, hoy el acuerdo con el FMI es posible y ahí está para la firma. Es perfectamente lógico avanzar con este acuerdo y despejar, lo más que se pueda, aunque no va a ser lineal, la expectativa de mayor devaluación del peso, porque la brecha entre el oficial y el blue volaba arriba de 110% hasta la última semana de enero de 2022, y era necesario que la información modere estas presiones. Los precios, como ya se señaló todavía no se acomodaron a los niveles actuales del dólar disparado por el desastre del macrismo. Devaluar sobre una inflación inercial de 50% puede ser tremendo en términos inflacionarios, y de gobernabilidad. Este punto torna crucial la noticia del acuerdo.

La Argentina no viene de un ajuste en 2021, es verdad que el gasto en prestaciones sociales no tuvo la suerte de la obra pública, pero el gasto total del Estado subió entonces 15,7% en valores constantes, descontada la inflación, desde 2019 (según datos en base caja del ejecutado del presupuesto nacional).

Entonces, llegamos hasta acá con un nuevo panorama para 2022. Por dos vías: 1) la posibilidad de mantener el gasto público en niveles actuales, mejorando un poco las jubilaciones, sosteniendo la obra pública, mejorando la recaudación vía algunos impuestos progresivos necesarios; y 2) apostando a que la distribución del ingreso entre ganancias y salarios mejore y promueva una mayor demanda. Esto último sólo es posible si no hay shocks devaluatorios nuevos.

Con estas cosas en funcionamiento, el segundo punto es que cabe suponer una mejora en la demanda agregada para 2022 (gasto, inversiones, consumo), buscando niveles de principios de 2018 y traccionando la economía. Son muchos supuestos, está bastante claro que no es fácil, la cuestión principal es que, si bien con el acuerdo no alcanza, sin el acuerdo no parecía posible poder parar la actual corrida sobre el dólar blue, que presiona el oficial, verdadero fiel de la estabilidad macro.

Otro dato que vamos a destacar es que Guzmán indicó que se va a respetar la Ley de Financiamiento de la Ciencia y la Tecnología, que apunta a destinar 1 punto del PBI en esta función de ciencia y técnica para el año 2032. Asimismo, dijo que se mantendrán todos los derechos de nuestros jubilados y jubiladas, no hay ninguna reforma laboral, no hay ninguna privatización de empresas públicas solicitadas en el acuerdo, lo cual no quita que la oposición lo siga pidiendo por supuesto, pero no está escrito en el acuerdo con el FMI, y no es un dato menor, porque es una excepción en los acuerdos con el organismo (22 acuerdos se realizaron con el Fondo sin contar el actual).

El crecimiento requiere mayores importaciones, entonces es posible que un escenario de expansión genere nuevos desafíos, pero siempre es preferible atravesar los conflictos del crecimiento que los problemas del ajuste.

A su vez, hubo varias voces autorizadas que indicaban que la ausencia de acuerdo ponía en peligro, todo financiamiento oficial (BID, CAF, largo etc), y posibles problemas para financiar obras de infraestructura con China, o Rusia. Nadie está diciendo que haya algo que festejar, pero en principio el acuerdo viene a evitar un mal peor. Veremos cómo se suceden los hechos para poder tener una mirada más técnica del acuerdo.

Entonces, mientras la ortodoxia convencional sigue obsesionada sólo por el déficit fiscal, lo importante es tener los dólares para financiar el gasto, crecer, producir, mejorar el salario, ya que con o sin déficit necesitas dólares, ahí va la aguja. La Argentina crece cuando tiene dólares y cae cuando no los tiene. Si vuelve el DEG completo, es manejable, sin nuevas presiones para un salto devaluatorio. Quizá no se pueda seguir atrasando el precio del dólar en términos reales, y requiera algún crawling peg, pero sin dudas esto será mejor que una devaluación.

El gobierno tiene el objetivo político inevitable de seguir creciendo en términos de producción y de ordenamiento de variables para estabilizar la macro. Sin eso no puede avanzar en el otro objetivo inevitable que es el de generar empleo y bajar la pobreza si quiere, no solo ganar la elección en 2023, además confirmar que este rol del Estado es superador y necesario para el desarrollo.

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