Romper los mandatos en este día y cada día

Las mujeres no la tuvieron fácil en el ambiente del rock. Tuvieron que pasar un par de décadas para que lograsen hacerse un lugar que hoy, con los feminismos conquistando derechos, habilitó, entre otras victorias, un cupo obligatorio para las mujeres en los eventos musicales. En el marco de una nueva conmemoración del #8M, va un repaso de épocas y nombres.

Por Rodrigo García

El rock para las mujeres fue una forma de rebelión dentro de la rebelión que implicaba ser rockero. En los ‘60, no estaba bien visto que una mujer se colgase una guitarra, ya que eso significaba romper el mandato. Las mujeres debían acompañar al músico en calidad de fan, o seguidora, como una musa inspiradora, e incluso como una groupie de la banda.

En los ‘70 las mujeres hacían arte plástico, pintura, danza, pero no rock. Conocido fue el caso de la cantante Gabriela, acaso la primera mujer en el rock argentino, que pudo acceder a grabar un disco, mientras estaba casada con el reconocido músico Edelmiro Molinari (Almendra, Color Humano). Luego de la separación, nada su supo de su carrera musical. Fue autora, entre otras canciones, del tema “Voy a dejar esta casa papá”, tal vez uno de los primeros manifiestos de la liberación de las mujeres en el rock local.

En los ’80 salieron todas las mujeres a hacer lo que querían, desde las Bay Biscuits cantando semi desnudas en los shows de Los Redondos, hasta las Viuda e hijas del Roque Enroll”, que en sus canciones con sonido naif se referían al FMI, ya desde esa época y con una bajada de línea muy clara (el nombre del grupo fue una idea del productor Bernardo Bergeret, quien estando en Uruguay, vio un negocio que se llamaba Viuda e hijas de Alberto Conti y recordó una canción de Rita Lee: Esse tal de roque enrow de 1975. Entonces se le ocurrió mezclar las dos cosas).

También irrumpían en la escena Patricia Sosa, Claudia Puyo, Fabiana Cantilo e Hilda Lizarazu, estás dos últimas habían sido coristas de Los Twist de Pico Cipolatti. También dijo presente María Gabriela Epumer, de las mejores guitarristas que pasaron por estas pampas. Rouge, una banda íntegramente conformada por mujeres también pisaba fuerte al principio de los ’80. Celeste Carballo ya se quería volver loca.

En los ’90 ya era un poco más frecuente ver mujeres arriba de un escenario, sin embargo todavía no lograban ocupar ese rol que si tenía el hombre, ya que a la mujer se la seguía viendo como un objeto sexual, y el hombre que muestre cuerpo, no importaba si cantaba o tocaba bien o mal, solo querían gritarle puta, como si fuera un saludo.

Una mención especial para las mujeres y el blues. Imposible obviar al cuarteto conformado por una negra, una lesbiana, una originara y una judía. Nada podía salir mal de esa hermosa cruce. Las Blacanblues, ya por esos años cantaban “… que bueno que a veces haya más lugar en el colchón”, en alusión al abandono que una de ellas había sufrido de parte de la pareja (tema “Rouge y pentagrama”).

Las Viuda e hijas del Roque Enroll fueron pioneras en el ambiente.

Con la llegada del nuevo siglo, comienzan a producirse los cambios que vemos hoy. Las nuevas generaciones, no solo de artistas sobre el escenario sino también de los que estamos debajo de las tablas, empezamos a formatear nuestras cabezas. Ese juego de exclusión y de inclusión que el rock siempre tuvo para con sus artistas mujeres, empieza a caer (como el patriarcado).

Tener una hija me hizo entender muchísimas cosas sobre las mujeres que mi crianza como “macho” no podía comprender. Y también ella me presentó dos bandas que terminarían siendo claves en mi bagaje musical: No te Va a Gustar y Cirse. Ella vio a Cirse de soporte de Paramore, banda liderada por una mujer, Hayley Williams. Cirse ya no existe, y ahora su cantante Luciana Segovia es solista.

Luego de ver un video de Cirse en Youtube, la plataforma me ofrecó los videos de Eruca Sativa (Lula Bertoldi y Brenda Martín) y Utopias, una banda que tampoco existe más, ya que ahora Barbi Recanati también es solista. También llegué a Conno Orqueta, la banda de Marilina Bertoldi, un grupo que tampoco existe más (fui testigo de su último show).

Marilina Bertoldi se hizo solista y comenzó a sacar un disco mejor que el otro. Es una artista que llegó para patear el tablero y decir lo que siente. En 2019 ganó el premio Gardel de Oro. La otra única mujer que había ganado el certamen lo había hecho en el 2000. Quedó muy en claro la discriminación de la industria para con las mujeres en todos esto años, ¿No hubo ni una mujer que se lo mereciera antes que Marilina?

El mejor remate de aquella noche de mayo de 2019 fue justamente cuando la menor de las hermanas Bertoldi subió al escenario a recibir su premio, y dijo: “Estuve haciendo investigaciones sobre esto. La única mujer que ganó hace 19 años fue Mercedes Sosa. Este año ganó una lesbiana”. Seguramente los machotes de la industria musical se habrán querido ahorcar con sus corbatas de seda italiana.

Así llegamos a la aprobación de la Ley de Cupo Femenino en eventos musicales, aprobada por el Congreso de la Nación en noviembre de 2019, que establece un mínimo de 30 por ciento de mujeres solistas y/o agrupaciones musicales mixtas en los eventos que convoquen a más de tres agrupaciones musicales, siendo el INAMU (Instituto Nacional de la Música) la autoridad de aplicación. La música Celsa Mel Gowland, (vicepresidenta del INAMU período 2014-2018), fue una de las principales impulsoras del proyecto.

A pesar de los avances y conquistas logrados por los feminismos, la Argentina sigue en deuda en materia de igualdad de género con respecto a las mujeres, quienes no buscan ser igual que los hombres, o estar por detrás, como fue históricamente, sino terminar con la desigualdad por cuestiones de género, y por sobre todo, exigen que se terminen todas las formas de violencia en su contra.

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