Que la guerra no me sea indiferente

El rock, como movimiento cultural, tuvo su protagonismo antes, durante y después de la Guerra de Malvinas, que comenzó hace exactamente cuarenta años por decisión de un gobierno de facto devaluado y desesperado. El Museo Malvinas y su rol pedagógico acerca de la causa nacional del pueblo argentino de reclamo de soberanía sobre las islas.

Por Rodrigo García

La Argentina ha tenido a lo largo de sus más de 200 años de vida muchos momentos oscuros, duros, tristes. Sin dudas, la Guerra de Malvinas fue y sigue siendo uno de esos hechos dolorosos, y una vez más el rock fue un actor casi protagónico del momento, ya que entre otros factores, fue debido a la prohibición de transmitir música en inglés que el rock nacional crece y se instala en ese momento y para siempre.

El conflicto en Malvinas fue el último manotazo de ahogado del presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri, sabía que el gobierno dictatorial no daba para más. Para desviar un poco la atención, la dictadura reflotó el reclamo histórico de la Argentina por la soberanía sobre las Islas Malvinas, olvidadas por la mayoría, hasta que el Héroe del Whisky reavivó el tema y desató una ola de patriotismo en una parte de la población. Colimbas sin preparación y en su mayoría pibes de 18 años, que en muchos serían maltratados y torturados por los oficiales de un ejército que torturaba y desaparecía gente, fueron a pelear una guerra por decisión de un irresponsable que quería perpetuarse en el poder.

El conflicto duro poco más de dos meses: perdieron la vida 649 soldados argentinos, se destruyeron 47 aviones y 6 barcos. Del otro lado hubo 255 soldados ingleses fallecidos, 34 aviones destruidos y 8 buques hundidos. Casi el doble de personas que se quitaron la vida luego del conflicto bélico. Ese fue el saldo de una guerra sin sentido.

Por aquellos días, en nuestro país, hubo mucha solidaridad de parte de la población con los soldados argentinos, por ejemplo a través de colectas que se realizaban por televisión. Todo servía para enviar a las islas, donde el frio era mortal.

El rock como estilo musical era lo que más se escuchaba entre los jóvenes por aquel entonces, y los militares, ni lerdos ni perezosos, dedujeron que ahí podían tener un fuerte apoyo. Y la Junta Militar decidió prohibir todo tipo de manifestaciones que tengan que ver con el Reino Unido, entre ellas, las canciones; ninguna radio podía transmitir música en inglés. El problema es que muchas emisoras de la época no contaban con tanta música en castellano, por el simple hecho que los propios militares la habían prohibido años antes, así que hubo que despolvar varios discos que estaban casi olvidados.

El Festival de la Solidaridad Americana (luego recordado como Festival de la Solidaridad Latinoamericana), fue el acontecimiento en el que el rock empezó a ser masivo. Así fue que el 16 de mayo de 1982, unos 60.000 jóvenes asistieron a un encuentro que se realizó al aire libre, en el predio del club Obras Sanitarias. Llovía y la entrada era una prenda de abrigo, cigarrillos o alimentos no perecederos, que serían enviados a los soldados que peleaban en las islas. FM de Radio del Plata y Radio Rivadavia fueron las emisoras que trasmitieron el concierto, y el Canal 9 emitió en directo por televisión.

El lema de aquella noche noche fue «mucho rock por algo de paz» y reunió a las principales figuras del rock nacional como León Gieco, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Raúl Porchetto y Juan Carlos Baglietto, entre otros.

Diría Charly García unos años después, ya en tiempos democráticos: “A mí no me copaba ni medio ir a ese festival. Pero es como cuando tenés un amigo enfermo: aunque no te guste el hospital tenés que ir. Porque pese a todo el bullshit (mierda), los pibes que estaban peleando eran reales y bien podría haber sido uno mismo. Estar en ese festival era una forma de hacerles el aguante a ellos y no a los milicos. Había que estar”.

Raúl Porchetto, por su parte, diría: “En plena guerra se hace el Festival de Solidaridad, que se cierra con ‘Algo de paz’. A mí, antes de subir, un coronel con una 45 me dice, ‘che Raúl, hoy no es para cantar «Algo de paz», no sé si entendés o quieres que te haga entender’. Yo subí con un miedo bárbaro, pero al final la terminé cantando, y esa imagen dio la vuelta al mundo, 60 mil tipos jóvenes cantando aquella canción. Por eso cuando alguien me dice que el Festival de la Solidaridad fue una colaboración, yo pienso, ‘la ignorancia es atrevida’”.

León Gieco también recordaría la jornada: “Lo del Festival de la Solidaridad fue un invento de los managers del rock para hacer algo con el tema. Todo el mundo estaba participando pero el rock no quería formar parte del circo que fue lo de la guerra. Hasta que en un momento se decidió que había que aportar, pero no desde el triunfalismo sino desde la paz. Al menos esa era mi posición.Me llamaron para cantar ‘Sólo le pido a Dios’, un tema que los colimbas cantaban en las Malvinas, y solamente por eso fui. Pero me sentí muy mal, es el único recuerdo que tengo. No me acuerdo de los detalles ni de los otros músicos ni de la gente que fue. Solamente me acuerdo de una sensación horrible y de los pibes de 18 años. Me di cuenta que los militares argentinos no sirven para nada, ni siquiera para la guerra. Y que la única vez que consiguieron un triunfo, por así decirlo, fue cuando torturaron y mataron a los indefensos, a los que no tenían más armas que la palabra o las ideas: los desaparecidos”.

60 mil jóvenes participaron del festival realizado el 16 de mayo de 1982.

Hace unos días realicé un recorrido por el Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur, en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (Ex ESMA), un lugar en el que se cuenta y refleja de manera formidable la Causa Malvinas, no solo en relación a la guerra, sino a la historia de las islas, su ubicación geográfica y riqueza en materia de recursos naturales, flora y fauna. Fue como meterse en una máquina del tiempo y estar por un rato en Las Malvinas para comprender toda su dimensión histórica y también su presente, porque el reclamo de soberanía sobre las islas, a cuarenta años de la guerra, sigue tan firme como siempre (salvo durante el gobierno de Macri y Cambiemos).

A lo largo de la historia son muchas las expresiones que recrearon la idea de que las Malvinas son Argentinas, por medio de la construcción de memorias sonoras. Antes de la guerra, durante el conflicto y en la posguerra, el rock nacional se pronunció sobre Malvinas. Canciones, discos, poemas, versiones y reversiones fueron disputando el sentido sobre el tema.

Durante su carrera, León Gieco llevó la bandera de Malvinas como estandarte. Tal es así que en el año 1985 emprendió una gira por todo el país que quedó registrada en su sexto álbum de estudio: De Ushuaia a La Quiaca. En el Museo se pueden apreciar las fotos de ese viaje que hizo junto a su amigo y colega Gustavo Santaolalla.

Fue el productor y ganador de dos premios Oscar quien le propuso a León ir a grabar a cada pueblo donde vivían los músicos de folclore con los que Gieco quería grabar, pero en Buenos Aires. Participaron músicos de todo el país como Sixto Palavecino, Leda Valladares, Gerónima Sequeida e Isabel Parra (en la frontera con Chile). En total fueron 450 conciertos, en todas las provincias, lo que dio fruto a este legado cultural. Poetas, maestros, alumnos, músicos y la tierra misma, juntos en una película auditiva fascinante. El proyecto incluye tres discos, grabados en los lugares de origen de los artistas que participaron en esta obra.

En el Museo de Malvinas también están las dos legendarias guitarras electroacústicas de León pintadas con el estilo de fileteado más algunas de sus incontables armónicas.

No hay que olvidarse que varios temas de León formaron parte del listado de canciones prohibidas durante la dictadura. Sin embargo cuando comenzó la Guerra de Malvinas, la misma dictadura que lo censuró declaró de interés nacional a su tema memorable “Solo le pido a Dios”… que la guerra no me sea indiferente.

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