Kirchnerismo para centennials

Un joven militante cuenta en primera persona las razones que lo impulsaron a sumarse a La Cámpora, durante el gobierno de Cristina, destaca la etapa de resistencia al neoliberalismo de Cambiemos, y puntea una agenda de reivindicaciones que hoy tienen a la juventud militando en las calles y fortalecimiento la organización política en las unidades básicas.

Por Pedro Sarmiento

“Prefiero esto antes que tu displicencia
Están cantando mierda que algún gil se las comercia
Andan cabeceando a la marcha de la obediencia
Así de fácil te van a disciplinar la esencia”
(Wos – Que se mejoren)

Nuestra generación militante

Crecimos con Internet y la Play bajo el brazo, pero también andando en bici y jugando a la pelota en la vereda de nuestros barrios. Somos lo primero de lo nuevo pero también lo último de lo viejo. Hasta nuestros 15 o 16 años el WhatsApp no existía, ni los teléfonos con 4G, ni tampoco el FMI (al menos no en nuestras vidas).

Vivimos y crecimos en los días felices del gobierno de Néstor y de los dos de Cristina. Piensen que cuando Néstor asumió teníamos 7 u 8 años, todavía íbamos a la primaria. De hecho, la primera vez que tuve que elegir de qué lado de la mecha estar fue en primer año de la secundaria. Una mala profesora de inglés nos hizo levantar la mano a favor del “campo” o a favor del Gobierno. Dos pibes (que después fueron mis amigos) y yo levantamos a favor del Gobierno. Nadie más. Era un colegio privado.

De Néstor como Néstor, el primer recuerdo que tengo es ver a mi hermano y a mi mamá llorando el día del Censo. Mi familia nunca fue muy de juntarse, pero ese día teníamos que estar todes juntes. Había facturitas y las discusiones de siempre, estaban mi hermano más grande – militante peronista – y mi vieja, que hasta el final de su vida nos corrió por izquierda. Pero ahí estaban les dos, llorando y abrazándose porque habían perdido algo, como una parte de sí. Me parecía raro ver a dos personas que siempre peleaban por política unides en llanto por un Presidente. ¡Por un Presidente! Une nunca sabe cuando el bichito militante le picó por primera vez, pero ese día alguna ficha me cayó.

Porque la verdad es que a mi generación, a la política, la convocó Cristina. Por increíble que parezca, hubo un momento en que la política estuvo de moda. Militar garpaba para todo: para adentro, para afuera y para el costado. Si militabas, eras más interesante. Tengo un montón de amigues que pasaron por la organización para dar una mano, sí, pero también por pertenecer a ese selecto grupo de “la gente que militaba”.

En nuestra generación no existe el que viene del ARI, la que viene de las asambleas barriales o el que tuvo un paso por el socialismo y derivó en el kirchnerismo. O sea, todo empieza con Cristina. Somos la primera generación de militantes formades por el kirchnerismo, desde el kirchnerismo y para el kirchnerismo. Lo primero de lo nuevo, decía Néstor.

El principio Kirchner

¿Qué era el FMI? Algo de las canciones. “Dijimos no al ALCA, también al FMI, a todos los gorilas, y al monopolio de Clarín”. El FMI estaba enterrado, como el ALCA. Néstor lo había resuelto, arrancando con más pobres que votos, reestructurando y desendeudando.

Eso empezó a cambiar en 2014 con Griesa, Paul Singer y los Fondos Buitre. Terroristas financieros les dijo Cristina. Y entonces, una decisión política de nuestra conducción estratégica: que la militancia y que la sociedad en su conjunto fuéramos parte de esa discusión. La consigna en las paredes era PATRIA O BUITRES. No podía ser una discusión meramente de palacios y de Ámbito Financiero. Había que involucrar a la gente en la toma de decisiones, había que hacerla parte, porque la participación siempre construye mejores síntesis, y así más y mejor democracia. El principio Kirchner: la gente adentro.

Fuimos vanguardia en este tema, llevando a la ONU una propuesta para limitar a los Buitres en los procesos de reestructuraciones soberanas de deuda, que fue acompañado por ciento treinta y nueve países de todo el mundo. Sí, nos hicieron creer que estábamos afuera del mundo, pero en las Naciones Unidas se votaban proyectos impulsados por nuestra Cancillería y por nuestra Presidenta. Héctor Timerman, presente ayer, ahora y siempre.

La gran virtud de la estrategía fue esa voluntad de que seamos parte del conflicto. No me olvido más de cuando fuimos a recibir a la Fragata Libertad. Salimos en micro a la madrugada, camino hasta Mar del Plata, un acto de soberanía, los días más felices. Recuperamos una Fragata que había sido embargada; una locura, y ahí estuvimos. Organizamos movilizaciones, intervenciones, discusiones, plenarios. La militamos toda. Y terminamos el mandato sin claudicar.

Macri gato

Cristina se sentía para siempre. Era una de esas certezas que no sabes por qué las tenés, pero las tenés. Pero la Constitución dice que no se pueden hacer más de dos mandatos consecutivos. No vimos venir que Macri podia ser Presidente, y fue Presidente. Y trajo al FMI. En un video de menos de tres minutos, y de espaldas a la gente, nuestro país volvía a estar en manos del Fondo Monetario. Unos meses antes, como intro, la reforma jubilatoria, con represión, balas de goma, corridas y piedras. Fue la primera vez que estuve (estuvimos) en una movilización en la que verdaderamente el aparato del Estado reprimía de forma cruel y salvaje a les militantes. Todo eso que habíamos escuchado, leído y aprendido de nuestres compañeres más grandes y de los libros de historia, lo estábamos viviendo en carne propia: el FMI trae siempre exclusión y violencia.

El macrismo era una farsa sin horizonte. Ser joven y proyectar se hizo imposible. Nos desorganizó la vida, y lo peor de todo es que nos hicieron creer que no había otra forma. Que les pibes no tengamos futuro en nuestro país era así porque tenía que ser así. Y si no te gustaba, a lavar copas afuera como en el 2001. Pero Cristina, su genio y nuestra resistencia, nos hizo volver. Porque el pueblo siempre vuelve.

De Macri aprendimos eso, la resistencia. La primera gran adversidad como generación. Aprendimos cómo construir desde el llano, sin recursos, con la gente pasándola mal y con el neoliberalismo en nuestra vida cotidiana. Hicimos carne los problemas de la gente, peleamos, dimos la cara y pudimos sacar a Macri en cuatro años. No se vive de épicas prestadas, es verdad, pero la nuestra es que ya le ganamos a Macri.

La columna de la esperanza

En la tele dicen que la juventud está con Milei. El 24 de marzo les demostramos que no. En la tele dicen que vamos por un cargo. El 24 de marzo les demostramos que no. Y así. no nos molesta el camino largo ¿No?

No sé a quién le puede sorprender que la columna del kirchnerismo reviente de piberío. Si es la rebeldía hecha realidad efectiva. El pasado 24 de marzo fuimos miles lxs pibxs que formamos parte de la columna más grande de la historia, de la organización más grande de la historia. Y eso no sólo mostró lo que somos, sino también lo que queremos ser: protagonistas. Adentro de la historia. Máximo dijo ese mismo día que tenemos que cambiar todo lo que sea una mierda, y por eso militamos.

Dicen que somos una generación sin futuro, y algo de eso hay: el trabajo es malo y poco, la “agenda joven” es una entelequia, la política por momentos parece puro palacio y hay muy pocas políticas públicas para les pibes. Lo que sí demuestra la procesión militante del 24 es que tenemos ganas de construir nuestro propio destino. García Linera, un capo, dice que hay algo bueno de que esta época no tenga futuro: que lo podemos inventar.

Algunas precisiones: el enemigo es el FMI, la resignación y la frustración que trae consigo. Pero nuestro futuro no tiene precio, no está en venta. Hay que ser irreverentes, hacer quilombo hasta correr el límite de lo posible. Tenemos que discutirlo todo, generar pensamiento crítico, cuestionar y no callarnos. La juventud sin rebeldía es hasta una falla de la naturaleza.

En la agenda que pretendemos construir, el impuesto a las grandes fortunas debe ser permanente. Parte de lo recaudado se tiene que destinar a la atención de políticas públicas para las juventudes. Nos merecemos trabajo registrado y de calidad. Y a les que no tienen trabajo, salario universal. Más y mejores viviendas, relanzar el PROCREAR. Y para quienes alquilamos, la creación de inmobiliarias públicas y disciplinamiento a lxs especuladores inmobiliarios. Necesitamos el Boleto Único Estudiantil en CABA. Compatibilidad absoluta del PROGRESAR con el trabajo registrado. Que empiece a ser la mitad de salario mínimo vital y móvil, y el 75% de este para quienes no tengan trabajo.

Hagámosla corta. Llegó la hora de la despenalización y regulación del consumo recreativo de marihuana, acompañado con una política de drogas con reducción de daños. No nos puede volver a pasar lo de “Puerta 8” como sociedad. Por otro lado, tener una sesión de terapia semanal no puede ser un privilegio. Tiene que existir la atención gratuita en los Centros de Salud y una cobertura plena de las Obras Sociales. El futuro depende de nuestras acciones, no hay planeta B. Es nuestro deber lograr una revolución ambiental. Basta de ecocidios. Control, penalización económica, juicio y posterior castigo a las empresas que se ocupan de arruinar nuestro país. Reconfigurar el sistema productivo para dejar de contaminar y deteriorar los ecosistemas.

Cristina nos puso nuevamente la zanahoria adelante: el fondo para la cancelación con el Fondo. El mayor desafío que tenemos como militantes es lograr que el peso de la deuda no cargue sobre las espaldas de nuestra generación, como le tocó a las otras. Hay que construir el escenario y el contexto en la calle para que la deuda la paguen les que fugaron la plata que le prestó el FMI a Macri. Militemosla toda. El futuro de nuestra generación y de tantas otras depende de que ganemos esta batalla, la madre de las batallas.

El viento que todo empuja para iluminar

Hay compañeres que vivieron de cerca la menemizacion del peronismo, y que encuentran muchas similitudes entre aquel momento y el que estamos transitando. Reaparece la percepción peligrosa de que la sociedad pierde su confianza en nosotres al sentir que los gobiernos populares toman la misma dirección que los gobiernos neoliberales.

Hay otres que crecieron en la frustración y vergüenza permanente generada por las revisiones trimestrales del FMI. Que vieron y sintieron cómo cada tres meses un pedazo de la soberanía se iba al tacho de basura sin que nada importara.

Hay quienes tiraron piedras en el 2001 porque ya nada servía. Todes eran lo mismo y futuro no era una palabra en el vocabulario.

Y nosotres, y les que son aún más jóvenes, que no tenemos ni el más mínimo recuerdo de todo esto. Pero hay una certeza, una similitud, un hilo conector entre las distintas generaciones: que a todes la política nos enamoró (o les volvió a enamorar) por Néstor, Cristina y Máximo.

Como dice Manuel Saralegui, un gran compañero: hay que volver a repetirles, quizás el camino sea distinto, pero el resultado tiene que ser el mismo. La política tiene que volver a enamorar para convocar al pueblo a luchar por sus derechos. Si queremos que el kirchnerismo dure cien años, nuestra generación tiene que hacer el suyo. Un kirchnerismo centennial no es un TikTok de Vilma Ibarra o Kulfas meloneando con Ualá. Un kirchnerismo centennial es que militar vuelva a garpar porque la política transforma la realidad.

Lo dijo Máximo el 24, es el momento de los pibes y pibas. Es nuestro legado, nos llegó el turno, que empiece a soplar el viento que todo empuja para iluminar el sendero oscuro por el que quieren hacer desfilar a nuestra querida Patria. Caminamos porque otres caminaron antes, mientras nosotres gateábamos. Si el asunto queda en nuestras manos, empuñamos y aceleramos! Y que la deuda la paguen les que la fugaron, porque nosotres queremos tener kirchnerismo. En otras palabras: futuro.

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