Trece vidas

Trece vidas es una película que relata un hecho ocurrido en 2018, en el que doce niños de un equipo de fútbol junto con su entrenador, quedaron encerrados durante veinte días en las cuevas de Tham Lugan, en Taliandia. Fue la solidaridad de los buzos tácticos que acudieron al lugar, junto a técnicos hidráulicos, pobladores, y las propias familias, la que hizo posible el rescate. Esta es una historia en la que la pulsión ética toma protagonismo, plantea Norma Kisel, psicoanalista y autora de la nota.

Por Norma Kisel

“La vida de un hombre es un miserable borrador,
un puñadito de tristezas que cabe en unas pocas líneas,
pero a veces, así como hay años de una larga y espesa oscuridad,
un minuto de la vida de un hombre es una luz deslumbrante”
Haroldo Conti

Al norte de Tailandia, en una zona poco turística en lo alto de una montaña, está la cueva de Tham Luang. Allí, en junio del año 2018, doce futbolistas de entre 11 y 16 años, junto con su entrenador, quedaron atrapados por la crecida de un río subterráneo, como consecuencia de la anticipación de la temporada de lluvias torrenciales (monzones), característica del lugar.

Un operativo de rescate se puso en marcha, buzos de élite de Gran Bretaña y de la Marina tailandesa, además de voluntarios de varios países, junto con pobladores, técnicos e ingenieros, trabajaron sin interrupción durante largas jornadas para rescatar a esos niños que pasaron veinte días encerrados en la cueva.
Es una historia de coraje, templanza, y de apuesta a la vida. Una historia heroica, épica.

Abundan las historias de este tipo, y más allá del resultado final, la respuesta siempre es la misma: la comunidad que se organiza, el Estado que interviene, que pone los recursos a disposición. El rescate motoriza a la sociedad.
Cae un niño al pozo y el impulso es impedir que caiga, es casi un acto reflejo, estirar la mano, tenderla, no hay pensamiento. Una vez caído, viene todo lo demás. Sabemos que existe la pulsión de vida y la pulsión de muerte, Eros y Tánatos, dos conceptos que ocupan al hombre desde los comienzos de la historia. Pero también se puede pensar en otro concepto poco desarrollado: la pulsión ética, íntimamente ligada a la pulsión de vida.

¿Qué es lo que empuja a los buzos expertos en rescate a sumergirse durante 10 horas en la cueva inundada de Than Luang para rescatar a los niños? ¿Qué es lo que empuja al entrenador a mantenerlos con vida, transmitiendo sus saberes acerca de la meditación, y acompañándolos a respirar el oxígeno que se consumía minuto a minuto? ¿Y esos niños? ¿De dónde sacaron el valor para resistir? Otro tanto podemos preguntarnos acerca de los pobladores de la zona que aceptaron que enormes bombas de agua derramaran sobre sus campos cultivados para intentar desagotar la cueva. ¿O los voluntarios que se ofrecieron a colaborar con alimentos y con sus plegarias y rituales?

Mientras tanto, el mundo entero esperaba el rescate con vida de esos niños. Pulsión ética como un motor que empuja a hacer lo que está bien. Se hace necesario e imperioso apelar a esa ética en estos tiempos donde las cuevas como la de Tham Luang se multiplican bajo la forma de guerras, ataques a civiles indefensos, asesinos con máscaras de Joker, hambrunas, muros interminables, o codicia sin límite.

Trece vidas (Reino Unido, 2022). Dirección: Ron Howard. Guion: Don McPherson, William Nicholson. Dirección de fotografía: Sayombhu Mukdeeprom. Elenco: Viggo Mortensen, Colin Farrell, Joel Edgerton, Sahajak Boonthanakit, Thira Chutikul. Duración: 157 minutos. Disponible en: Amazon Prime Video.
Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=czLULPI8LKA

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