Nueva normalidad

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Porvenir

Durante los últimos meses nació una nueva manera de mirar en la incertidumbre, y el tiempo que está por venir debería posibilitar la formulación de un individuo que pese a sus fragilidades y formulaciones precarias ante lo inhabitual, valore corresponderse con una posición común ante los vínculos sociales. El caso del Estado argentino.

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Nuevas visibilidades

Las pantallas modelan nuestros hábitos y rutinas y se constituyen como el área prioritaria de nuestras acciones cotidianas, como en otro momento lo fue la televisión. Definen el régimen de lo cotidiano y producen así un modelo de apropiación de lo que puede ser visto. Por eso, la nueva normalidad es también una conversión sobre nuestras dimensiones de lo visible.

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Distanciamiento social

La nueva normalidad impuso nuevas pautas de comportamiento en los vínculos humanos. El barbijo, el alcohol en gel, son ahora parte de una cotidianeidad de tactos evaluados, calculados. Una pregunta clave es con quién se decide hoy compartir el artificio de la desnudez.

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Impulsos reactivos

El sujeto indignado que prolifera durante la nueva normalidad no tiene más referencia vital que su indignación vuelta goce onanista y narcisista. La subjetividad de esta moral deniega la vida y se resiste al devenir de interpretaciones y posibles salidas colectivas. Es la cultura de la negación, el individualismo y el odio.

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Confianza

Una de las conversiones más singulares de la reorganización cotidiana de la vida, con la nueva normalidad, tiene que ver con la dimensión de la confianza. La sensación de crisis y de catástrofe se presenta como un efecto insistente de la vida social, y por esto, en la vida política de una comunidad, un gobierno puede recibir crédito o descrédito. Van algunas reflexiones.

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Todo resuelto

La operación del tiempo en el capitalismo es la de su uso definido, controlado, administrado, y de una manera suficiente como para que no se tenga tiempo. La nueva normalidad, en especial durante la etapa más rígida de confinamiento, puso en debate este comportamiento individual y también social. Aportes para reflexionar sobre lo que sigue.

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Meritocracias o cómo trepar a un árbol

Con pandemia, en el tránsito de la nueva normalidad, un sector de la sociedad insiste con el mérito y el esfuerzo personal como modelo de vida y acceso al éxito. Para un meritócrata el triunfo no es alcanzar o lograr lo pretendido, sino saber que otros no lo pudieron, y ese es el sentido de la sentencia “a mí nadie me regaló nada”. El Estado, por su parte, avanza pese a todo con su rol igualador.

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¿Quién dijo el otro?

En la nueva normalidad puede palparse una crisis de la subjetividad, experimentada por la angustia de reconocerse como parte de una otredad. Donde cada sujeto se asumía como centro, frente a la insoslayable realidad de su finitud, ahora vive su propio aparecerse como algo otro. Ninguno es imprescindible ni tampoco ombligo de nada.