Un ensayo histórico para aprender a ser mejores

En la nota se reproduce el texto que la comunicadora social y poeta Mavi Massaro escribió para presentar, hace unos días, en un Zoom, el libro Escritores en Combate 1, que el historiador Matias Escot publicó en 2020 con Qeja Ediciones. Un cruce entre proyectos de Nación y literatura, para analizar el pasado y pensar el presente.

Por Mavi Massaro

Escritores en Combate 1, es un ensayo histórico en el que Matías Escot hace un recorrido por diferentes momentos y períodos de nuestra historia articulados con la literatura de la época. Parte con un análisis de textos como El Matadero de Esteban Echeverría, Facundo de Domingo Sarmiento, En la Sangre de Eugenio Cambacéres, y Barranca Abajo de Florencio Sánchez, para pensar los conflictos políticos y sociales del pasado y pero también los actuales.

De esa manera, Matías construye un cruce histórico-literario para ir mostrando cómo la poesía, la prosa o el relato, también fueron instrumentos para consolidar la Nación y darle forma a la cultura de un pueblo que le había soltado la mano a España y estaba buscando cristalizar su identidad.

Nos cuenta, por ejemplo, cómo Sarmiento, en Facundo, establece la: “necesidad de fundar una República, a semejanza de las europeas, y encaminarnos hacia el progreso, por la senda de la civilización”.

Esto que ya sabemos, ¿no?, que el ideal era (o sigue siendo) Europa (puntualmente Francia e Inglaterra). Aquellas naciones aparentemente más civilizadas, prolijas, blancas, en oposición a la “barbarie interna” que eran el gaucho, el indio, los malones y las montoneras.

En el mismo contexto menciona a La Cautiva, escrito con un tono más romántico, y que, nuevamente, pone el ideal en Europa. Lo que Matías nos explica en este punto es cómo se puede ver en ese texto la influencia de los viajes de Esteban Echeverría al viejo continente, puntualmente a Francia.

Y nos cuenta lo siguiente: “el grupo del Salón Literario intentará pensar la fundación de una literatura nacional”.

O sea, estamos ante un período fundacional de la historia de nuestro país. Un momento en el que las decisiones estaban monopolizadas por hombres, blancos y aristócratas. Las minorías, lo popular, los pueblos originarios, eran lo que había que eliminar para alcanzar ese tan ansiado progreso. Será la literatura de cabecera la que aportará a la formación de la Nación, y siempre de la mano de la clase pudiente, la privilegiada, porque una buena parte de la población era analfabeta. Cuenta Matías en el libro: “Incluso a un criollo que supiera leer le costaría recitar” los versos de La Cautiva “a viva voz en las pulperías”.

Matías realiza un trabajo impecable como historiador. Presenta variedad y riqueza de fuentes, hace su propio análisis y profundiza en cada período y alternativa política. Nos explica las motivaciones y decisiones y realiza un cruce con un concepto muy actual: “la grieta”.

Por ejemplo, nos cuenta sobre el conflicto entre Unitarios y Federales y pone:

“Era necesario finalizar con los enfrentamientos y las luchas civiles para pensar los principios fundamentales que nos conviertan en Nación. ¿Qué ocurriría si en esos días alguien se atreviera a pensar así? A fondo, sin concesiones, ni mezquindades, sin argumentar solo para atacar a la otra trinchera. Buscando indagar lo que nos sucede, pensando en los problemas del pueblo y sus soluciones. Sin llenarse la boca con la palabra República.”

Y sigue: “La Argentina no se piensa como proyecto porque vive de facción en facción, de grieta en grieta”.

Más adelante, nuevamente articula esta idea, cuando aborda los conflictos políticos de 1852: Buenos Aires toma protagonismo, las provincias quedan relegadas y, posteriormente, se da el Período de Organización Nacional.

“Por cada kilómetro de vía y cada puerto que se mejora, hay pueblos del interior reprimidos violentamente por no adherir al proyecto liberal. Buenos Aires se beneficia, mientras caen en ruinas las economías regionales de nuestro interior profundo.”

Era libre mercado para Buenos Aires, por un lado, y la dependencia económica, la sumisión y el proteccionismo comercial para las provincias, por el otro.

“Esta nueva generación de dirigentes está convencida de la inserción de Argentina en el mundo como ley divina —porque usted lo sabe, Dios atiende en Buenos Aires—.”

En ese punto la literatura se planta para dar batalla. Por un lado Mitre habla de La Rioja como una “cueva de ladrones” y, por el otro, tenemos a caudillos como Ángel Peñaloza y Felipe Varela en Cuyo, resistiendo.

“No son ladrones señor Mitre, son parte del gauchaje pobre que a posteriori va a reivindicar el autor José Hernández. Son aquellos rebeldes que luchan contra el autoritarismo de Buenos Aires, su manejo centralista.”

Es acá donde Matías nos presenta a José Hernandez. Pero, “El Hernández que la escuela no enseñó”, aclara.

Nos cuenta que en la familia del célebre escritor también existió “la grieta”. Y acá podríamos citar el meme del perro grande y el perrito chiquito. Antes la grieta era poner el cuerpo por tu facción y morir en una batalla, ahora es discutir en la sobremesa del asado y cortar relaciones con tu tía o un primo, o enredarte en una discusión en Twitter.

A Hernández se le muere la madre y su vida da un giro importante porque eso le implicó dejar una posición privilegiada para adaptarse a otro tipo de realidad. Y después muere su tío rosista, en la Batalla de Caseros.

Estamos ante un escritor que no era ajeno al contexto social y los debates de aquel entonces por la organización nacional, un José Hernández “montonero y escritor político”, como dice Matías. Será a partir de su historia de vida, su experiencia y sus ideas políticas, que Herández escribirá una obra cumbre de la literatura nacional: el Martín Fierro.

Un dato no menor: lo hace en cuarentena, aislado en el Hotel Argentino por la epidemia de fiebre amarilla. Para ponerlo en contexto: “Transcurre la presidencia de Domingo Sarmiento, ferviente opositor del federalismo y creyente que Buenos Aires debía dirigir el progreso de la Nación entera. Hernández contesta con estrofas en un lenguaje simple, que pudiera ser cantado y payado en las pulperías. La mayoría de los gauchos eran analfabetos, pero siempre había alguno que sabía leer. Mediante el canto se irán difundiendo oralmente las ideas expresadas. Entonces, está escrito en un lenguaje bárbaro, popular, en la lengua del hombre de la llanura, la forma en que se habla en la pulpería.”

De alguna manera, Martín Fierro discute con La Cautiva porque le habla a los gauchos y no a la aristocracia. Apunta a ese sector relegado de las provincias, para que se rebelen.

En la actualidad, el campo literario de las escritoras y escritores no está exento del debate político-ideológico que sacude nuestro país. Pasaba antes y sigue sucediendo hoy.

En oposición a esos hombres cultos y aristocráticos del siglo XIX, hoy la literatura la hacemos varones y mujeres, desde todas las clases sociales e ideologías.

Precisamente, si volvemos al Martín Fierro, podemos citar la novela Las aventuras de la China Iron, de la escritora Gabriela Cabezón Cámara, que realiza una reinterpretación del texto de Hernández, pero en clave feminista.

De alguna forma, podríamos pensar, que este acto de rebeldía que es escribir nace un poco de lo que nos fue negado antes, ya fuera por falta de educación, por exclusión o discriminación.

La forma de concebir el mundo, las ideas, el registro de la cultura y la época, quedan plasmados en nuestras obras. A veces de forma explícita y otras no tanto.
En el epílogo, Matías echa luz sobre el contrapunto entre las ideas de Mitre, Sarmiento y Avellaneda en relación al progreso:

“Las montoneras federales, los gauchos, el pueblo de la campaña rosista, nuestros indios, y después los inmigrantes, son lo otro de la Argentina. Aquello que no puede incorporarse, que no puede y que no debe incluirse, sino más bien exterminar o expulsar. Es, ni más ni menos, la base de un problema actual. El desencuentro argentino.” También dice: “La igualdad, propuesta por aquella revolución, 100 años después, no se la encuentra, está ausente. Hay argentinos de primera y de tercera o cuarta.”

Escritores en Combate 1, además de ser un libro sobre historia, es una forma de mirar el presente, porque sabemos que la historia, la memoria, en muchos casos sirven para no cometer los mismos errores, y aunque volvamos a reincidir una y otra vez, siempre habrá ideas que resisten el paso del tiempo y que abordan los hechos históricos como herramientas para aprender a ser mejores.

Matias Escot vive y trabaja en Quilmes. Dirige el sitio de noticias “Relatos del sur”.

El libro se puede comprar en la web de Qeja Ediciones. Acá: https://www.qejaediciones.com/uediciones/matias-escot-escritores-en-combate

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