Fotos: Celeste Abrevaya.

El Frente para la Victoria de la Comuna 8 (Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Riachuelo) lanzó el jueves 16 de febrero un ciclo de formación y discusión política para la militancia y la comunidad en general, con el objetivo de analizar la coyuntura en el marco de un año en el que las elecciones de medio término servirán, o no, para ponerle un freno al ajuste y cinismo de Cambiemos.

El comumero Facundo Roma ofició de anfitrión frente a los ochenta militantes y vecinos que colmaron el gran local que el Partido Humanista de la zona tiene sobre la calle Guaminí. Contó que la iniciativa del ciclo apunta a que militantes y vecinos cuenten con más herramientas de cara a las elecciones de octubre, y explicó que durante los próximos encuentros se charlará sobre la realidad política, sindical, internacional y el actual rol de los medios de comunicación. Luego le pasó micrófono al invitado, el ex viceministro de economía del segundo gobierno de CFK, Emmanuel Álvarez Agis, para abordar las políticas económicas del Gobierno nacional.



Agis arrancó su intervención con una reflexión que tuvo mucho de agradecimiento, y que debe enmarcarse, quizá, en una vieja y estéril rencilla que existe al interior de la militancia del campo nacional entre los técnicos o profesionales y los militantes del territorio. Dijo que si bien la gestión del Estado implica una serie de complejidades, muchas de ellas poco gratas, “tenemos a nuestro favor que cuando nos equivocamos con alguna decisión no tenemos que poner la cara frente al vecino, como ustedes, que están en la básica, de día o de noche, con lluvia o con sol, con o sin material gráfico, con o sin argumentos sólidos, siendo gobierno u oposición”. Recordó y ponderó la gesta militante del fatídico verano de 2015, cuando la militancia recorrió los barrios afectados por los cortes de luz para relevar los domicilios afectados y pasarle la información al ente regulador de las empresas proveedoras del servicio.

Luego el ex viceministro se metió de lleno en su materia. Dijo que ellos, los economistas, a diferencia de los que eligieron la medicina, no tienen la chance de realizar experimentos en un laboratorio para corroborar una hipótesis. En la función pública, ante un determinado contexto o problema, eligen una política económica, la implementan como medida de gobierno y los resultados se ven en la cancha. Luego lanzó una hipótesis: “Creo que el macrismo es el primer experimento neoliberal de la Argentina democrática”. Y aclaró que en algún punto lo celebra, ya que “por primera vez tenemos a un tipo que aplica una política neoliberal desde el primer hasta el último punto, y podemos ver los resultados”.



Agis se fue hacia atrás en el tiempo para hablar del menemismo, al que calificó como un “populismo de derecha”, por seguir al pie de la letra los mandatos del “Consenso de Washigton” pero en especial por haber decidido por ley que el tipo de cambio estuviese fijado en uno a uno con respecto al dólar. Se puso en la piel de los Cavallo, los Corach y los Dromi para hablar de la convertibilidad: “Hay un montón de gente que la va a pasar mal porque vamos a precarizar el trabajo, vamos a privatizar las empresas públicas, vamos a importar cosas baratas, pero vamos a regalar los dólares. Por eso, los que tengan laburo la van a pasar muy bien”. El problema, ahora lo sabemos todos, es que en seguida comenzaron a escasear los verdes. Y el economista le preguntó a la platea, con las cejas levantadas y una mueca de picardía en la comisura de los labios: “¿Qué hicimos con esa falta de dólares que no producíamos?”. Luego de una breve pausa, contestó: “Primero la empezamos a aguantar con deuda y luego vendimos empresas públicas”.

Agis es didáctico y entrador. A medida que comparte sus definiciones, con un lenguaje llano, poco técnico, mete algún chiste. En pocos minutos, conquista a la audiencia. Ahora se juega con otra definición, al afirmar que el menemismo no era neoliberalismo, porque si el valor del dólar –para ese paradigma económico- lo fijaba el mercado, el precio del billete estadounidense debía haber subido ya que en ese entonces, escaseaba. Mencionó los recordados bazares de “Todo por dos pesos” y las consecuencias que esos productos tenían sobre las fábricas, industrias y obreros.

“El problema con las importaciones y con la emisión de deuda externa, es el mismo que con la droga”, dijo. “Al principio está bueno y después te hace mierda”. A modo de ejemplo contó que cuando era adolescente se pudo comprar las zapatillas de Michael Jordan a cien pesos-dólares. “El Todos por dos pesos de hoy es el servicio de puerta a puerta con China”, opinó. “Uno se puede comprar unas zapatillas por doscientos pesos en internet, en lugar de los mil que te cuestan en un negocio, pero el problema es que al poco tiempo te cierra la fábrica Alpargatas”, señaló.

Y problematizó el punto, al señalar que la militancia, “como buenos peronistas”, lo que quiere es que el laburante pueda comprarse pilcha, un aire acondicionado, celular, cenar en un restaurante, irse de vacaciones, o sea ascender socialmente. ¿Cómo se dirime entonces esa tensión? No ofreció una respuesta pero sí sugirió que la militancia por lo menos problematice el tema frente al amigo o vecino que está aprovechando los beneficios de acceder a un producto importado.

Y puso un ejemplo: El mejor jeans del shopping Alcorta contra uno del montón de la calle Avellaneda. Mil quinientos pesos contra cuatrocientos. “¿Por qué un laburante tiene que pagar un pantalón tan caro cuando lo puede comprar más barato?”, interrogó. “Porque cuando uno importa un producto, lo que hacés es empezar a traer a tu país las condiciones de trabajo con la que se hace ese trabajo en otro lado, como Malasia, donde los trabajadores hacen turnos de dieciocho horas, con pañales, ya que no pueden frenar la producción”, contó.



“Un obrero textil argentino, como el que confecciona el jean de 1.500 pesos, si está en blanco –que son los menos- al empresario le cuesta 1.500 dólares por mes”, contó Agis. “El malayo sale 150. El empresario que cobra mil pesos el jean lo pone a ese precio porque por suerte el obrero cobra salario argentino y no malayo”.

El joven ex viceministro propuso que la militancia no sea tan lineal a la hora de analizar problemáticas de la coyuntura. Bancó a los empresarios. “No cobra mil pesos el jean porque es un atorrante o vendepatria. Tengamos cuidado, porque si no nos estamos peleando entre nosotros. Un tipo que se pone una fábrica para hacer pantalones, o una metalúrgica un galpón de autopartes, no pone el precio que quiere, sino el que puede. Si se zarpa, aparece otro fulano, le pone el precio 25 por ciento más barato, y le saca el mercado”.

Y ahí fue que llegó al hueso del tema central de su intervención: el costo del salario. “Lo vengo diciendo de modo implícito desde hace un rato”, asumió. “Para la mayoría de los empresarios el salario es, efectivamente, un costo. Por eso acá el jean sale mil quinientos y en Malasia doscientos”. Y agregó: “Lo que hay que entender es que el salario no es solamente un costo. Es también venta, demanda, una fuente de ingreso que llega del bolsillo de los trabajadores. Para los malayos el salario es solo un costo porque no van a ver a ninguno de ellos caminando con las zapatillas de Jordan o los pantalones de Juliana Awada. No puede aspirar a comprarse lo que él mismo produce. Son una economía de exportación”.



“El problema que tenemos es que nuestro presidente cree que el salario es exclusivamente un costo. Gestiona el país como si siguiese al frente de su empresa”, dijo Agis, y luego contó que todos los empresarios que conoce están puteando al ex presidente de Boca. Incluso los que provienen y forman parte de su propia clase social y que estaban encantados con la idea de que se hiciese cargo del Poder Ejecutivo Nacional. “Nos dicen que este modelo así no va, no camina, que pensaban que era otra cosa, que se les derrumbó la demanda, que los están matando con las tarifas, que el mundo se cierra todos los días un poco más y que no pueden vender ni limones”.

El dos de Kicilloff habló del caso de la fábrica de computadoras Bangho. Recordó que hasta hace unos días, la Argentina te cobraba un arancel del 35 por ciento sobre el precio final si importabas una computadora. La fábrica contaba con esa protección. “Y estos dementes bajan el arancel y funden a una empresa que aparte tiene a un montón de empresas atrás”, escupió. “Por qué hacen eso”, preguntó. “Porque cada una de las medidas que toma el macrismo tienen un único objetivo: bajar el salario, directa o indirectamente”, señaló. Puso tres ejemplos del deterioro del salario del laburante. La decisión de llevar el tipo de diez a dieciséis pesos, el tarifazos en los servicios públicos y la apertura indiscriminada de las importaciones.

“Lo más triste es que este modelo no le sirve al 75 por ciento del empresariado argentino, que depende del mercado interno y del consumo de parte de los trabajadores”, advirtió Agis. “Solo el 25 del empresariado vive de la exportación”, agregó. Los sojeros, por ejemplo. “El modelo le sirve solo a las empresas que consideran al salario solo como un costo”, cerró la idea.



Agis no dejó pasar los últimos escándalos del mejor equipo de los últimos cincuenta años, a pesar de que llevaba más de una hora y cuarto de monólogo, con un estilo muy personal, que incluye manejo del humor y críticas para adentro del FPV que en general escasean. Hacía solo un rato antes Macri había encabezado una patética conferencia de prensa por el tema Correo Argentino. “El intento por modificar el cálculo del haber jubilatorio de la ley de movilidad sancionada por Cristina y la maniobra para condonarle la deuda a su familia por el Correo Argentino también forman parte del objetivo de bajar los salarios del movimiento obrero”, dijo. Sumó en la bolsa la reciente sanción oficial de la ley de ART, en Diputados.

“El modelo de Macri es bajarte el salario y abrir las importaciones para que el que tenga laburo pueda comprarse un IPhone”, agregó. Y volvió a advertir el peligro que tiene para el empleo argentino por el servicio puerta a puerta, ya que es masivo, a diferencia de la década del noventa, cuyo flujo era controlado –aún con sus deficiencias- en la Aduana.

Para cerrar, volvió a interrogar a la platea. “Qué están haciendo el macrismo y los radicales con algunos de los laburantes que se les caen del sistema. Francisco Cabrera, ministro de Producción, lanza un programa productivo y dice ‘los trabajadores que perdieron su puesto de trabajo en Bangho los vamos a capacitar y los vamos a llevar a trabajar a otro rubro, a otra industria’. Bien dice uno. Pero lo que falta es trabajo, Cabrera, a dónde los vas a llevar”, disparó. Y puso el moño de una realidad aplastante: “Tenemos trabajadores sobre capacitados que no encuentran laburo ya que Cambiemos está bajando el salario y del otro lado del mostrador no está entrando gente. Ellos creen que la solución es el empuje y la creatividad de los micro emprendedores. Que se anoten en el monotributo y se arreglen”.



Luego de abrir el juego con un par de preguntas, y el aplauso cerrado y agradecido del final, Agis se abrazó con Roma y se fue volando. Unos minutos después, hubo hamburguesas y gaseosas para los vecinos y militantes. Algunos eligieron el patio del fondo del local. Había dejado de llover y el cielo de la zona sur de la ciudad estaba colmado de estrellas.