La marcha de antorchas organizada por el Regimiento de Infantería 7 de Arana (localidad rural situada en el partido La Plata), convocada el lunes 13 de abril, hasta el sitio de Memoria Plaza Islas Malvinas (ubicada en calle 19 y 51, ciudad de La Plata), fue una provocación para el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de La Plata, que organizó un acto de repudio a la decisión adjudicada al Ministerio de Defensa.
El acto-rechazo a la marcha militar evitó tener algún cruce con el RI 7, pero la provocación que el CECIM anticipó escaló cuando militares subieron dos camiones al sitio de Memoria que ante el repudio generalizado tuvieron que retirarse.
La irrupción de camiones del Ejército generó el repudio de los manifestantes.
Ernesto Alonso forma parte del CECIM. Consultado por Revista Kranear analiza en profundidad la “larga disputa”, que medios comerciales ávidos en nutrirse del escándalo prefirieron no ver para quedarse nadando en el charco y no esclarecer cuáles son las antorchas de la oscuridad que a 44 años de la guerra de Malvinas, a 50 años del golpe de Estado cívico militar y a 42 años de la vuelta de la democracia, sigue siendo campo de batalla, “que se inicia en plena dictadura y días antes de culminar la guerra. Cuando los milicos ante la derrota—que ellos obtuvieron en Malvinas— diseñaron una política de inteligencia y contrainteligencia en cómo contar la guerra, qué hacer con los soldados y los familiares”, precisa Alonso.
“Durante todos estos años, todas las Fuerzas Armadas sostienen la guerra de Malvinas en término de gesta heroica. Todos los jefes militares, tuvimos 17 jefes del Ejército desde la recuperación de la democracia que hasta este momento sostienen los mismo”, expresa Ernesto Alonso al recordar que, “el mismo Martin Balsa sostiene esto, que además en democracia nos hizo inteligencia al CECIM por haber denunciado los crímenes británicos. En 1988 el Ejército le hizo inteligencia al CECIM por haber publicado el informe Rettenbach, y más cuando comenzamos a plantear la investigación en una causa judicial de las graves violaciones a los derechos humanos”, señala el secretario de Derechos Humanos del CECIM.
Para el ex combatiente, “el error cometido por parte del Regimiento de Infantería 7 fue que el lunes 13 de abril cuando nos estábamos desconcentrando del acto —que ya había terminado—, subir dos unimog a la Plaza donde la gente estaba caminando”, describe Alonso. “Nosotros no teníamos ningún interés de cruzarnos con la fanfarrea militar con antorchas que oscurecen, como dijo nuestro compañero poeta, ex combatiente de Malvinas, Gustavo Caso Rosendi”. Para Ernesto Alonso la discusión debe centrarse en el contexto histórico. “Para ello hay que remitirse a los alzamientos carapintadas de la época de (Raúl) Alfonsín, donde su error fue haberlos citado como héroes de Malvinas y fueron ellos posteriormente los que lograron las leyes de impunidad”.
Milicos repudiados con justa razón.
En ese sentido, también enumera “lo que hizo (Carlos) Menem con el acuerdo con (Mohamed Alí) Seineldín, donde ahí aparece la figura de veterano de guerra. Tuvieron todo el apoyo para crear esa organización donde su presidente honorario era Seineldín y la madre de (Pedro Edgardo) Giachino, e intentaron poner a todos en un mismo lugar, a (Alfredo) Astiz, los soldados conscriptos, junto a todos los represores. Algo que en gran parte no funcionó”, destaca Alonso. “Siempre estos represores escondidos en el estandarte de Malvinas. Todo un mascarón de proa. Esa es la discusión sobre lo acontecido”, remarca. “Es una discusión también que plantea a la dirigencia política pensar en otros términos los que está pasando en nuestro país”.
Para el secretario de Derechos Humanos del CECIM, “hoy tenemos una representación política del partido militar de la dictadura con Victoria Villarruel. Por eso aparecen todos estos grupos negacionistas que intentan sistemáticamente romper los consensos democráticos. Cómo el partido radical ha desaparecido, aparecen estas figuras vinculadas al neofascismo de la Libertad Avanza y muchos miembros del PRO”, dice Ernesto Alonso que insiste que esto hay que analizarlo no como un acontecimiento aislado, sino la clara diferenciación entre quienes desean esconder sus crímenes de lesa humanidad bajo un falso disfraz heroico.
“Para ellos es lapidario que pueda existir un solo militar cumpliendo condena por lo sucedido en Malvinas”, dice Alonso y repasa que “hay 13 expedientes en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Después de 19 años de iniciada la causa (2007), con más de 200 militares imputados”. En ese derrotero que describe está que “tuvimos que recurrir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2015, cuando después de llegar con un caso a la Corte, resolvió no tratarlo y aplicar el artículo 280 (artículo del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación que faculta a la Corte Suprema de Justicia a rechazar recursos extraordinarios sin necesidad de fundamentar la decisión)”. Por lo tanto, la presentación ante la CIDH “fue denunciando al propio Estado nacional por falta de acceso a la justicia”. El recurso presentado fue admitido por la CIDH.
En ese sentido, enmarca “todo esto que sucede”, que no es más que el “resultado de todo éste recorrido”. De ahí que Alonso sostiene que desde el CECIM plantearon: “Hay que parar esto. Porque además la Plaza Islas Malvinas es un centro cultural y Sitio de Memoria en los términos de la ley 26.691, y dejó de ser desde la recuperación de la democracia una dependencia del Regimiento 7 con todo lo que ahí ocurrió”. El Regimiento de Infantería 7 Coronel Conde fue un eslabón clave en la coordinación represiva en la ciudad de La Plata.
Sitio de Memoria Plaza Islas Malvinas de la ciudad de La Plata.
No resulta menor que el acto planteado, los camiones del regimiento subidos en la plaza, haya sido toda una provocación que se advertía desde el CECIM y desde la propia Comisión Provincial de la Memoria (CPM) que había solicitado al Ministerio de Defensa garantice que “ningún integrante del contingente del Regimiento de Infantería 7 ingresará al predio declarado Sitio de la Memoria”, y que se tomen todas las medidas necesarias “para preservar la integridad física, psíquica y moral de las personas y organizaciones que participarán del acto de memoria”. Pero ocurrió todo lo contrario de lo solicitado cuando con sus camiones invadieron el sitio de Memoria.
Si Roque Carlos Presti murió imputado por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, dado que fue Coronel al frente del Regimiento de Infantería Mecanizada 7 en La Plata —desde octubre de 1975 hasta octubre de 1977—, a cargo de la represión del área 13, controlando los Centros Clandestinos de Detención La Cacha, Pozo de Arana y Comisaría 5ta, entre otros, y entre los crímenes por los que estuvo imputado figura el operativo en la casa Teruggi-Mariani, de donde se llevaron a Clara Anahí, de tres meses, a quien Abuelas de Plaza de Mayo todavía sigue buscando, la conducta del hijo, hoy al frente del Ministerio de Defensa del gobierno de Milei, Carlos Presti, fue garantizar esa provocación, y constituye un alineamiento con el nefasto accionar de su padre durante la dictadura que jamás como hijo y ministro criticó.
Roque Presti y Carlos Presti. De tal padre, tal hijo. Línea de silencio y negación.
Roque Carlos Presti “murió impune, acusado de secuestros, desapariciones y torturas a 44 víctimas de delitos de lesa humanidad. Cada vez más familiares de genocidas integran el gobierno de Milei y Villarruel”, destacaron desde la agrupación H.I.J.O.S en su cuenta en X el 22 de noviembre de 2025, cuando se conoció que Carlos Alberto Presti sería el sucesor de Luis Petri en el Ministerio de Defensa a partir del 10 de diciembre 2025.
Si había dudas de cuál sería la línea política adoptada por Carlos Alberto Presti al frente del Ministerio de Defensa, si se trataría de una política democrática o con ese pesado pasado de su padre iba a coincidir en una reivindicación o negacionismo, el no responder a la solicitud de la CPM, dejando incluso que dos camiones del Regimiento 7 realicen todo un acto de provocación, avalado con su silencio cómplice, es un absoluto alineamiento al silencio que adoptaron hasta su muerte su padre y demás genocidas condenados que jamás se reconciliaron con la democracia reconociendo sus crímenes, ni diciendo dónde están los desaparecidos y los nietos apropiados.
“La figura de Carlos Presti, muy ligado a su padre Roque Carlos Presti que desde 1975-1977 como jefe del Regimiento 7 salieron todos los operativos terribles que sucedieron en nuestra ciudad. En la casa de “Chicha” Mariani, La Noche de los Lápices, la apropiación de bebés, y después Malvinas. Porque el 13 de abril, para nosotros y nuestras familias comienza la incertidumbre”, describe Ernesto Alonso y remarca: “Para los soldados es el día que nos llevan hacia el hambre, la tortura y la muerte”. Ernesto Alonso no olvida también los repudiables dichos de Carlos Presti que en abril de este año, en una entrevista refirió al hundimiento del crucero General Belgrano con 323 tripulantes que fueron asesinados por el ataque de un submarino inglés el 2 de mayo de 1982, cuando estaba a 35 millas de la zona de exclusión de guerra. Para Carlos Presti fue “acto de guerra” y no “crimen de guerra”, como ocurrió. Sus dichos falsean y ofenden.
La problemática que existe hoy y que explota en esa tensión vivida el lunes en el sitio de Memoria Islas Malvinas en la ciudad de La Plata, forma parte de una deuda que tiene la democracia con la sociedad, sobre todo con los soldados conscriptos. Si se desea una transmisión de la memoria que no se lleve a patadas con la historia, hay que separar el ropaje falso de héroes de Malvinas donde se esconden responsables del ejército torturador, de las Fuerzas Armadas represoras. Por eso resulta crucial diferenciar entre civiles, pibes con 18 años a quienes les tocó el servicio militar obligatorio y fueron llevados a una guerra sin sentido y a la muerte, de los crápulas de las Fuerzas Armadas. A los pibes de Malvinas es a los que hay que recordar, para el resto de los milicos, repudio. El CECIM fue la organización pionera que entendió que debía constituirse como organización de Derechos Humanos, y es la diferencia central que marcan con absoluta claridad.
Marta Ungaro, militante por los derechos humanos y hermana de Horacio Ungaro, secuestrado y desaparecido el 16 de septiembre de 1976, en lo que se conoce como La Noche de los Lápices, estuvo en el acto del CECIM, por eso Revista Kranear le solicitó describir y analizar lo sucedido. “El lunes al enterarnos que se hacía la marcha de antorchas del Regimiento de Infantería 7 que está en la localidad de Arana, iban a venir marchando en un acto a las 20:30”, describe y “por eso el CECIM convocó junto a organismos de Derechos Humanos a repudiar la marcha a las 19, en el sitio de Memora, porque ahí funcionó un centro clandestino. Está señalado, y de ahí partieron los chicos el 13 rumbo a Malvinas, sin elementos y muertos de hambre”, recalca. No olvida recordar que quien estaba al frente del Regimiento 7 desde 1975 era Roque Presti, padre del actual ministro de Defensa Carlos Presti.
Ese regimiento era el encargado de hacer procedimientos de represión. “Todos los centros clandestinos estaban bajo la órbita de Roque Presti. De ahí salió hasta un tanque que fue hasta la casa de ‘Chicha’ Mariani y de sus hijos donde fue sustraída Clara Anahí. Desde ahí se hizo el seguimiento a los chicos de La Noche de los Lápices secuestrados en la noche del 16 de septiembre. Y en diferentes declaraciones, testigos que estaban en el centro clandestino de la comisaría octava, cuando fueron trasladadas las mujeres a la cárcel de Devoto, estaba la firma de Roque Presti”, cuenta Marta Ungaro. Al referirse puntualmente a la reacción del público frente a la irrupción de camiones del Ejército dice que “fue espontánea. Porque vinieron con una provocación total, un autoritarismo a subir semejantes camiones al sitio de Memoria”.
En ese lugar, en el acto — detalla Marta Ungaro — donde con intervención artística de memoria y búsqueda carteles preguntándose dónde están los 30.000, dónde está Clara Anahí, fue genocidio, es ahí donde irrumpen con prepotencia. “Vinieron con una provocación total y con un autoritarismo a subir semejantes camiones adentro de lo que era el Regimiento 7 de Infantería donde funciona ahora una plaza con juegos para chicos, árboles, entrando con sus camiones. Ante eso la gente reaccionó diciéndoles que se vayan, los rodearon, no los dejaron pasar, se les desinflaron las gomas —algo histórico—, y no pudieron hacer el acto ahí”.
“Fueron momentos de mucha tensión”, dice Marta Ungaro al precisar de la irrupción de los camiones del Regimiento 7 en el sitio de Memoria Plaza Islas Malvinas de La Plata. “Sintieron el repudio de la gente que les cantaba ‘que se vayan todos…’ y ‘como a los nazis les va a pasar…’. Fue un día histórico, un pequeño triunfo. Una bocanada de oxígeno, al decirles que la Plaza es nuestra y sigue siendo nuestra”, resalta. Expresa que no pudieron hacer el acto. Para Marta Ungaro “todo lo que se vive, todos los derechos que estamos perdiendo, represión a jubilados, recorte del PAMI, a los discapacitados, hace que todo sea un clima a flor de piel”. Su relato está enmarcado en una sociedad que ya no tolera, no da margen a los atropellos que propone el gobierno de Milei.
“Todos los derechos que vamos perdiendo, la gente que queda sin trabajo. Un gobierno autoritario desfinanciando todo: universidades, salud, educación. No hay nada que pueda mostrar que haya construido”, dice Marta Ungaro al referirse que todo ha sido castigo para el pueblo. Cree “que desde abajo se tiene que ir gestando algo. Que la salida tiene que ser colectiva como fue colectivo el repudio al intento de prepotencia de los camiones del Ejército”. Culmina su diálogo con Revista Kranear precisando que ante la irrupción de los camiones, fue convocándose mucha más gente para el repudio y eso marca que “el CECIM somos todos”.
Sabía recordarnos Norberto Galasso, que Arturo Jauretche citaba a menudo la frase de George Winter quien decía: “La historia es política pasada, y la política, historia presente”. La política del CECIM es historia presente, viva de memoria en esa espontaneidad del pueblo que supo diferenciar entre los pibes de Malvinas a los que no olvidan y la Fuerzas Armadas nefastas y de ahí su repudio. La dictadura desaparecedora de personas extendió su práctica represiva contra los soldados conscriptos en Malvinas, son a los que verdaderamente debemos recordar, respetar y valorar. Para los milicos, solamente el repudio del pueblo que no olvida y que sabe, aprendiendo junto al CECIM y demás organismos de Derechos Humanos, que Malvinas, como señala la abogada Laurentina Alonso en el excelente documental de Gabriela Naso, Las Voces del Silencio, que los civiles que estaban haciendo en ese momento el servicio militar obligatorio enviados a la guerra de Malvinas, “fueron las últimas víctimas colectivas de la dictadura”.