“Formo parte de una generación diezmada. Castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi vida que este, nuestro país, se podía cambiar para bien. Llegamos sin rencores, pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras propias equivocaciones”.
(Discurso de Asunción, Néstor Kirchner, 25-5-2003).
Kirchner, a una semana de las elecciones
La primera vez que le presté atención era domingo por la noche. Programa Día D, conducido por Jorge Lanata. Néstor, apenas se sienta, sin esperar que Lanata le ralice una pregunta, comienza su alocución. Menciona a los sectores productivos paralizados y la falta de trabajo, a pesar del esfuerzo de Duhalde. Realiza una valoración de la difícil presidencia y rescata a Roberto Lavagna, como “el primer ministro de economía en muchos años que no es gerente del sector financiero”.
Luego enfatizó que venían a gobernar por un proyecto alternativo de trabajo, producción y crecimiento del país. Del sur provenía, desde Santa Cruz, llegaba como candidato para competir el 27 de abril de 2003 en las presidenciales por el Frente a la Victoria, siendo el opositor a Carlos Menem.
Faltaba una semana, Inicialmente no lo ví venir, o desconfié del armado de Eduardo Duhalde. Después el flaco, me convencería a fuerza de trabajo, de defensa de lo estatal, de los grandes intereses nacionales y su reinstalación de un tema que estaba bajo la alfombra o por lo menos corrido de la agenda, los derechos humanos y la represión ilegal instalada desde 1976 a 1983 y el juzgamiento de los militares genocidas.
Aquella noche antes que Lanata fuera al corte, expresó convicciones firmes y la importancia que el próximo presidente, no fuera elegido por las corporaciones económicas. Como anunciaba el graff “Néstor Kirchner: a 7 días de las elecciones”, luego recuerdo que me fui a dormir.
Lupín: los primeros pasos
Nacido en Río Gallegos, hijo de una familia con cruza alemana y croata, vió la luz el 25 de febrero de 1950. Ya a los 17 años mostraba liderazgo en cuestiones políticas, y fue en su escuela República de Guatemala. Allí sus amigos y compañeros lo apodaban Lupin, por el personaje de la historieta de moda de la década del 60´, Rico Tipo.
Cuenta su compañero de banco Pepe Salvini que armaron el primer centro de estudiantes. Eran tiempos del presidente de facto, Juan Carlos Onganía y una disposición sobre los directores de escuela dejaba afuera a Anita Florez, la directora de la escuela, muy querida. De esta manera formaron el centro, cuya presidencia era de Néstor Kirchner para defender a la directora. Al año siguiente en 1968 realizaron la primera movilización. cuando se enteraron que Juan Carlos Onganía visitaría su provincia.
Tiempo después como muchos jóvenes del interior recala en La Plata, con destino universitario. El flaco milita en el Movimiento Justicialista y forma parte de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). No sólo milita y estudia, sino conoce a la compañera de su vida, con quien construirá un matrimonio casándose en 1975: Cristina Fernández.
El mismo año que comenzará la etapa más oscura del país, el flaco se recibe de abogado y rápidamente debe volver a Río Gallegos, mientras cientos de amigos y compañeros desaparecen bajo las fauces de la represión ilegal. Kirchner trabajará en su estudio de abogados mientras transcurre la brutal dictadura civico-militar y tras el triunfo de Alfonsín y el advenimiento de la era democrática quiere proyectar un espacio político.
En Río Gallegos forma el Ateneo Juan Domingo Perón, y construye junto a compañeros una alternativa para presentarse a la intendencia de la ciudad, y será elegido en 1987 como intendente de su ciudad natal, triunfando por sólo 111 votos. Su gestión es buena, a pesar de la hiperinflación alfonsinista. Cuatro años después se presentará como gobernador, y una vez más, será victoria; presidirá esta primera etapa de 1991 a 1995, y logrará la reelección, ejerciendo el cargo hasta 1999.

Vientos sureños
El sur le quedó chico, aunque Santa Cruz, es la segunda provincia en dimensión territorial: 245.000 km2. El flaco es ambicioso, porque para ser presidente, primero hay que querer serlo, esa ambición política, necesaria para llegar.
Como puntal, tiene a Cristina Fernández, que no es “una gran mujer detrás de un hombre”, es protagonista, primero senadora, luego diputada por Santa Cruz, y quien hacia 1997 comienza a realizar críticas al rumbo menemista y la cuestión económica, el propio peronismo de aquel entonces la mira de costado.
Los Kirchner construyen una mirada y praxis propia, al venir del interior son contrahegemónicos a la construcción política porteña, de las oficinas del Congreso. El grupo Clarín, en su diario los menciona como “los más duros de los antimenemistas”, la contra dirá siempre que los Kirchner eran menemistas, ¿Hay fotos de Néstor Kirchner con Menem?, y claro, era gobernador, ¿cómo no iba a recibir al presidente?
Más allá de fotos, ambos comienzan a oponerse en el proyecto de reelección del riojano.
Por enero de 1998, los vientos sureños soplan fuerte, un almuerzo patagónico define a un grupo que desde las ideas plantea que la Argentina puede y debe ser otra cosa, el flaco lidera, pero para darle entidad lo invita a Eduardo Duhalde.
Primera semana de enero, en esa mesa almuerzan en el Calafate Julio Bárbaro, Carlos Tomada, Carlos Kunkel, Esteban Righi y Aníbal Fernández, por supuesto Néstor y Cristina. Alberto Fernández, en aquel entonces venía de la mano de Duhalde, y era un operador que acercó inicialmente al hombre de Banfield a esta nueva mesa política.
Es recordado, incluso por Cristina Fernández un congreso del Partido Justicialista en Parque Norte, cuando tomó la palabra y se despachó contra el modelo económico menemista. Minutos más tarde llegó el propio Carlos Menem que cerraba el Congreso, y Kirchner volvió a pedir la palabra, “No quiero ser hipócrita señor Presidente, antes que llegara expresé algunas palabras…” y empezó a despacharse contra el riojano.
Volvamos a Calafate: inicialmente estos hombres trabajarán para la candidatura de Eduardo Duhalde Presidente (1999), pero es interesante el plenario del 2 y 3 de octubre de 1998, ya que allí se configuran algunas ideas que serán el trazo grueso de los gobiernos de Néstor y Cristina.
La necesidad de refundar el Estado, convertirlo en activo, inteligente, protector de los sectores vulnerables, presente, porque la Argentina iba hacia el conflicto social. Y el eje relevante radica en fundar un Estado que diseñe políticas activas para paliar las desigualdades. Para este sector, el Estado argentino había quedado preso de la globalización económica. En aquella reunión de octubre, el flaco se propone recuperar el espíritu transgresor del peronismo y desarrollar un proyecto de Estado con políticas distribucionistas.

2003: La derecha saca el 40%
En aquellas elecciones fue a votar el 78% del padrón; a pesar del desastre del plan neoliberal menemista, un 24% votó al riojano y lo entronó, fue el ganador. Un 16% votó a Ricardo López Murphy, que había tenido un pasar fugaz por el ministerio de economía delaruista, con una primera propuesta, arancelar las universidades públicas. En definitiva algo más de 8 millones de personas votaron a una oferta de derecha. Néstor Kirchner obtuvo el 22% de los votos, con algo más de 4.313.000 votos.
Eso le bastaría para llegar a la presidencia, porque Carlos Menem se bajó del ballotage.
La segunda vez que le presté verdadera atención, Néstor juraba en su asunción. A la derecha, Luis Gioja, a la izquierda, el vicepresidente de la fórmula Daniel Scioli. Luego, el hombre de Banfield, le coloca la banda presidencial y le entrega el bastón. Y allí hay un gesto: toma el bastón al revés, y abajo le quedó la parte superior. Lupin, luego de unos segundos lo percibe y juega con el bastón de mando, mira a Gioja y se ríe. Las cámaras ponchan a Cristina Fernández vestida de blanco quien también sonríe y murmura algo.
Allegados cuentan que Néstor descontracturaba situaciones con el humor, y vaya si era dramático asumir, como se dijom con más pobres que votos.
Hoy a 23 años de aquella asunción, cargada de simbología (en aquella fecha se cumplían treinta años de la asunción de Héctor Cámpora, del triunfo del FREJULI, la primavera camporista y la izquierda peronista), Kirchner fue mucho más allá de las expectativas de los desencantados votantes. El gesto del bastón resultó irreverente, burlón de una formalidad que encorsetaba.
Lupin fue un transgresor como gestor político, corrió la frontera de lo posible, asumió compromisos, posturas, construyó un nuevo estado argentino, sobre las ruinas de lo que había dejado aquel modelo criticado por el propio Kirchner y su compañera, a partir del segundo gobierno de la experiencia menemista.
El Flaco continúa caminando entre nosotros
El que sí lo vió fue el politólogo Nicolas Casullo, quien en mayo de 2002 escribió El Flaco que venía. Contó: “Por eso Néstor Kirchner un patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado bacán casado con la más linda del pueblo debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática), sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los 70´ se llenó de calles, revoluciones, fe en el general”.
Tras la jura Néstor saldrá a saludar a la gente y en el fragor una cámara le cortará la frente, se secará con su pañuelo y continuará en camino. Ahí anda Néstor entre nosotros, pidiendo la palabra ante cada entrega del patrimonio nacional, levantando la voz frente al salvajismo local y global que se vive, viendo personas, mientras los economistas ven números. Denunciando el ajuste y la motosierra, porque como le dijo en “A dos voces”, el programa en TN, por el año 2001 a la ministra de Trabajo del gobierno radical Patricia Bullrich: “¿Cuál es la audacia? Es débil con los poderosos y fuerte con los débiles”.
Ahí va Néstor, secándose las gotitas de sangre con un pañuelo blanco, saludando tras haber asumido. Camina, el que fundará un neo Estado de bienestar, el que sostendrá que el superávit fiscal es con la gente adentro.
Yo lo veo desde la tele, y especulo con que tal vez, mientras tiene contacto con la gente esperanzada en los alrededores del Congreso, si se le aparece aquel flaco presidente del primer centro de estudiantes en el República de Guatemala.
A 23 años de su asunción Néstor camina entre nosotros, para hacernos recordar que no todo está perdido, que hay que volver a discutir, a rebelarse, pensar la Argentina y salir a disputar sin miedo.
Lupin, acelera el paso, y se mete en la historia, con desparpajo, ironía, e irreverencia llevando sobre sus hombros un fantasma que arrastra cadenas, pero aún deambula: el de la izquierda peronista.