El gobierno de Cambiemos toma el alto rendimiento como un tema de importancia para su política. El balance de los Juegos de Río arrojó un saldo positivo al conseguirse tres medallas de oro, una de plata y once diplomas, estirando el ciclo exitoso iniciado doce años antes. El oficialismo, que esgrimió antes de la competencia tener poco tiempo de trabajo, se ufanó de los resultados obtenidos.


El kirchnerismo había respaldado al deporte nacional y generado mejores posibilidades para competir en el alto nivel. Tal es así que se logró conquistar la primera medalla de oro en los Juegos de Atenas (2004), luego de cincuenta y dos años. No sólo eso; durante sus gestiones de gobierno se obtuvieron 16 medallas en 3 competencias olímpicas, un hecho inédito hasta entonces.


Muchos de los deportistas que conquistaron medallas en Rio se formaron gracias a las políticas del peronismo. Paula Pareto (Judo) y el seleccionado masculino de hockey son un claro ejemplo. No se trataba únicamente de apuntar a los deportistas de alta performance; el plan estratégico consistía en la conexión de tres áreas concretas: Deporte social (formación de base), Desarrollo deportivo (incentivo e impulso de potencialidades) y Deporte federado y de representación nacional (alta performance). Tales ejes estaban ligados entre sí, y establecían la reconstrucción del sistema piramidal: una gran cantidad de aficionados en su base y una calificada elite en su vértice superior.


Esta planificación fue desmontada por la Secretaría de Deporte dirigida por Carlos Mac Allister. En el alto rendimiento se modificaron algunos aspectos con respecto a la etapa anterior. Si bien parte de la prensa evaluó lo sucedido en los últimos juegos en términos numéricos, el análisis de la planificación, los objetivos y perspectivas de la alta competencia estuvo ausente.



Prevención y control del doping

Una dificultad que debió resolver la gestión Mac Allister fue la suspensión a la Argentina de la Agencia Mundial Amtidopaje (AMA). Este organismo internacional venía advirtiendo sobre incumplimientos de los códigos internacionales. Uno de ellos tuvo que ver con la utilización de laboratorios no acreditados por la agencia. El punto crítico de este conflicto se dio sobre el final del ciclo kirchnerista.


En febrero de 2016 la AMA levantó la suspensión. Desde ese momento, las muestras realizadas a los atletas fueron enviadas a Colombia, uno de los pocos países hispanoparlantes que poseen laboratorios acreditados. Al mismo tiempo se puso en funcionamiento la Comisión Nacional Antidopaje, encargada de dictar normas y tomar las muestras.


La AMA es actualmente el blanco de críticas debido a supuestos intereses “secretos” de sus autoridades y la dudosa rigurosidad en los procedimientos. El escándalo del dopaje sistemático ruso y los conflictos con el COI sacudieron sus cimientos y la posicionan en un escenario incómodo. La sanción a nuestro país por parte de la organización mundial fue motivo de crítica a la política deportiva del peronismo. Muchos intentaron asemejar esta suspensión con un supuesto fracaso de toda la planificación del área.


Alta competencia

Se está trabajando en dos sentidos. Por un lado, desarrolla sus políticas de incentivo a través de la organización de competencias para la detección de talentos (por ejemplo, los Juegos Nacionales Evita) y el otorgamiento de becas para distintas edades y niveles. Por otro, se apoya en el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), organismo que comparte la conducción con el Comité Olímpico Argentino (COA) y que define las principales líneas de la representación nacional. Dicho ente gestiona apoyos económicos, equipamientos e infraestructura para los deportistas de elite.


Si bien desde el llano se puede esgrimir que en esta área se pretende emular gran parte de lo realizado por el kirchnerismo, en la práctica se tomaron decisiones que denotan un rumbo distinto. Sus principales vectores se han direccionado hacia un Cultura Podio, cuya finalidad es entregarse a los principios del show business. Se trata de una mirada liberal que pretende la formación de una elite de deportistas, cuyas posibilidades de obtención de logros sea cierta.


En octubre de 2016 el ENARD anunció la finalización de las becas de María de los Ángeles Peralta, Viviana Sánchez, Rosa Godoy y Luis Molina, atletas que se ganaron un lugar en los Juegos de Río. La interrupción de dicho incentivo generó entredichos entre los damnificados, el ENARD y la Confederación Argentina de Atletismo (CAA). En dichas circunstancias el secretario y ex futbolista de Boca Juniors arremetió contra los atletas: “Los maratonistas tendrán la beca hasta fin de año, y luego haremos un análisis. Lo que evaluamos también es deporte de alto rendimiento, y los logros conseguidos. Uno salió 89° y otro abandonó en los Juegos Olímpicos, entonces evaluamos alto rendimiento'. Ante tal exabrupto, y luego del repudio generalizado, debió pedir disculpas.


 
La atleta María Peralta


Hace unas semanas, Lucas Calabrese, medallista olímpico, comunicó por las redes sociales que comenzará a representar a EE.UU. Lo hizo luego de que el ENARD decidiera quitarle la beca por haber quedado en la 16° posición en Río, junto a Juan de la Fuente. Esta misma dupla había conquistado el bronce en Vela en los Juegos de Londres (2012). Mientras el deportista recibió agresiones verbales de parte de algunos aficionados por aceptar la invitación, poco se dijo de los procedimientos del ente para el otorgamiento de becas.

La política deportiva se configura hacia un modelo que apunta a una minúscula elite de deportistas. En la práctica significa reducir paulatinamente la cantidad de becados respaldando únicamente a atletas con firmes posibilidades de medallas. En esta línea podemos entender la decisión del ENARD de reducir la cantidad de becas con respecto a 2016. De los 1.310 deportistas y entrenadores del año anterior se becaran a 1.115, un 15% menos. A su vez, se aumentó en un 20% los valores de las becas, cifra muy inferior a la inflación del último año.

La reducción fue producto del consenso entre el ENARD y las distintas federaciones pero, indudablemente, la decisión provino de la Secretaría de Deporte. En el futuro se vienen los Juegos Odesur en Cochabamba (2018), los Panamericanos en Lima (2019) y los Olímpicos de Tokio (2020).


Cultura podio

Distintas organizaciones deportivas, con apoyo del Estado nacional, tiene pensado proyectarse a una serie de competencias internacionales para los próximos años. La intención es organizar los mundiales de Básquetbol, Fútbol y Rugby, como así también un Panamericano y un Juego Olímpico. Si bien algunos de estos son más probables que otros existe la decisión de candidatearse en la mayor cantidad de eventos.

El apoyo del gobierno nacional fue fundamental para que cada federación juegue sus fichas en el tablero internacional. En algunos casos, fue la misma Secretaría la que tomó la posta. En el caso del fútbol, por ejemplo. Retomando una vieja idea los gobiernos de Argentina y Uruguay ya han iniciado conversaciones para presentar la candidatura de forma conjunta. Si bien aún se encuentra en etapa embrionaria existe la firme intención de ir por dicha elección. Por otra parte, Macri le ha dado un guiño a la Unión Argentina de Rugby (UAR) y la Confederación Argentina de Basquetbol (CABB) para organizar sendos mundiales en la próxima década.


Los regatistas Lucas Calabrese y Juan de La Fuente.


En el primer mes de este año se confirmó la candidatura de Buenos Aires para organizar los Juegos Panamericanos (2023). El plan consiste en aprovechar parte de la infraestructura que se está levantando para los Juegos Olímpicos de la Juventud (2019) en suelo porteño. Ganar la candidatura significaría, además, un espaldarazo muy importante para postularse para los Juegos Olímpicos (2028). Un sueño de muchos funcionarios de gobierno.


La organización de competencias no implica necesariamente la adhesión al círculo comercial. Debe estar acompañada de otros elementos que orientan una política hacia los principios de las organizaciones deportivas internacionales. La inserción en este circuito es una tendencia que se repite en todas las latitudes del mundo. La gestión Cambiemos adopta dicho criterio cuando al mismo tiempo desmonta programas del área social. De la misma manera, cuando evade responsabilidades para resolver la situación de los clubes barriales, golpeados por los tarifazos en los servicios de luz, agua y gas. Reniega de cuestiones presupuestarias pero tiene proyectado erogar altas cifras de dinero en estos eventos. En esta postura podemos advertir los rasgos de una cultura podio, donde se le da valor exclusivo a las medallas ganadas y a la organización de certámenes. Desde esta perspectiva no es importante conformar una amplia base de aficionados sino que basta con un grupo de élite para desarrollarse en la alta competencia.


En lo que concierne a infraestructura podemos afirmar que no se observan obras para beneficio de la ciudadanía. En todo caso, se planifica en función del alto rendimiento o para posibles eventos. En el Plan Estratégico se contempla un proyecto de apoyo económico para clubes, para la remodelación, mantenimiento y construcción de pequeña y mediana infraestructura. Sin embargo, no existen proyectos para la construcción y/o mejoramiento de espacios deportivos comunitarios a gran escala. En este sentido se debe puntualizar que se trata de una tarea que, por lo general, excede a la propia Secretaria.


Durante el kirchnerismo se levantaron unos cien centros y playones deportivos en distintos puntos del país, además del apoyo económico a los clubes barriales. Se trató de una política destinada para miles de ciudadanos con necesidad de realizar actividades deportivas, físicas y recreativas. El Polídeportivo La Patriada, de Florencio Varela, es uno playones que se construyeron en barrios populares.


Síntesis

La política deportiva de Cambiemos ha tomado a la alta competencia con perspectivas distintas a la del peronismo. En algo más de un año tomaron decisiones que perfilan un modelo liberal. El recorte de becas y la organización de megaeventos deportivos siguen el lineamiento de las multinacionales del deporte y se aleja de una planificación que entienda al deporte como una parte importante para el mejoramiento de la comunidad.


El paradigma de Cambiemos no tiene que ver con el fomento de la actividad en la sociedad sino todo lo contrario: está emparentado con el show business que impulsan las corporaciones internacionales. Al menos, esos son los rasgos que se observan en lo que va de su gestión.