El topo que habita la Casa Rosada dijo querer que “Argentina sea el país más grande del mundo”. Verseó el 20 de agosto en el cierre del Consejo de las Américas, organización empresarial que reúne a compañías líderes multinacionales. Si Milei estaría a favor de que el país fuera grande de verdad no estaría llevando adelante la política de país pequeño que ejecuta. Y eso se ve —en uno de los tantos ejemplos—, con los científicos y técnicos que eyecta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que se acogen a retiros voluntarios que el gobierno ofrece.
Esos cuadros formados —grupo numeroso compuesto por personas con diez o casi veinte años de experiencia— son los que aceptan el retiro. Una institución de ciencia y técnica como el INTA, entre diez y veinte años, es lo que debe invertirse en tiempo para que un becario o técnico inicial adquiera formación y experiencia necesaria para ser referentes temáticos, gerentes o directivos.
La política de Milei no es nueva. La dictadura fue la serpiente, detrás estuvo ese empresariado beneficiándose con las desapariciones y asesinatos que permitió asegurar una gran transferencia de ingresos y la “miseria planificada”, como describía Rodolfo Walsh en su Carta Abierta. Hoy por los votos, no las botas, la democracia de baja intensidad que vivimos tiene a los Macri-Milei, huevos de esa serpiente de la dictadura, ejecutando el mismo plan económico donde la ciencia y la tecnología son atacadas para garantizar el país colonia que pretenden.
Mientras la dictadura cesanteaba, secuestraba y desaparecía trabajadores del INTA — golpe a la investigación científica—, el gobierno de Milei ofrece los peores salarios en la actualidad del INTA, sumando retiros voluntarios al que se adhirió personal que promedia los 53 años de edad con más de 18 años de antigüedad. Un informe al que accedió quien escribe detalla que al retiro voluntario 2026 se adhirieron 29 profesionales con cargos jerárquicos: cuatro directores de Centros Regionales; una directora de Centro de Investigación; ocho gerentes de la Dirección Nacional; ocho directores de Estaciones Experimentales Agropecuarias; tres coordinadores de Programas Nacionales; tres directores de Institutos; dos directores Nacionales Asistentes.

El INTA está siendo desmantelado por los hermanos Milei y sus socios.
Junto con el personal que ocupaba estos cargos se acogieron al retiro voluntario 78 de los 203 coordinadores de área (38,4%) y 44 jefes de Agencias de Extensión. Es decir, se retiraron referentes temáticos y/o territoriales, con experiencia, con capacidad de coordinación, de conducción y con alta formación. La pérdida de capacidades institucionales críticas se enfatiza al observar que la mitad de los que se retiraron (451 agentes) son profesionales y de ellos la mitad (223) tienen estudios de posgrado, habiendo sido la mayoría financiados con recursos públicos.
Pero no solo los profesionales que se retiraron implicaron una pérdida de capacidades críticas, también el personal administrativo, de apoyo y de campo tenía alta formación, ya que el 61,3% de quienes adhirieron al retiro voluntario 2026 declararon tener formación terciaria, universitaria o de posgrado. El Estado que invirtió en formación de ese valioso recurso humano que viajó al exterior para adquirir conocimiento y aplicarlo en el INTA, hoy —con el topo que gobierna— se ocupa de desechar, creando las condiciones para que se acoja a retiro y así dinamitar toda posibilidad de desarrollo y mayor soberanía técnico-científica.
Juicio, demora y restricciones
Lo que sucede en el INTA con Milei vaciando de cuadros al organismo, tuvo su ataque directo durante la dictadura cívico militar del 24 de marzo de 1976 para que el estudio científico que desarrollaba Sigfrido Kraft en INTA Pergamino, quede trunco.
El miembro fundador de la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos de Pergamino, Rubén “Tuchi” Santucho, avivó a quien escribe para que lea la investigación de Cecilia Gárgano, doctora en Historia, docente universitaria e investigadora del CONICET, que investigó cómo Kraft se propuso garantizar soberanía alimentaria.
La dictadura puso fin a su experimentación, se muestra también en el juicio por crímenes de lesa humanidad a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal n°2 de Rosario, en la mega-causa Saint Amant IV, donde una de las cinco causas que se juzga —con pasmosa lentitud y absurdas restricciones— es sobre lo sucedido con cesanteados y detenidos en el INTA Pergamino. El juicio comenzó en 2024, unificó cinco causas judiciales: “Marfott de Trod”, “Berg”, “Santillán”, “Francioni” (juzga lo sucedido con trabajadores del INTA Pergamino) y “Comolli”.
Fueron crímenes cometidos en el ámbito de la jurisdicción del Área Militar 132, que abarcaba gran parte del noroeste bonaerense, bajo el mando del fallecido coronel Manuel Fernando Saint Amant. Tiene 59 víctimas e inició con 12 imputados (4 fallecieron en el transcurso del juicio). Están juzgados el ex mayor del Destacamento de Inteligencia 101 de San Nicolás, Omar Andrada; ex coronel Carlos Manuel Biglieri; Adrián Domingo Meisner y Gregorio Florentino Mancilla, ex cabos de la delegación San Nicolás de la Policía Federal y cuatro integrantes de la delegación de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA) San Nicolás: Enabel Otilio Cappa; Miguel Ángel Amarillo; Oscar Alberto Parodi y Raúl Calabresi.
El Tribunal Oral en lo Criminal Federal 2 de Rosario integrado por los magistrados Román Lanzón, Eduardo Rodríguez Da Crus y Elena Beatriz Dilario, “convirtió el juicio oral y público en un conjunto de encuentros esporádicos de escasa duración por videoconferencia, constituyendo una grave limitación a que esa instancia tenga la significación necesaria para la construcción de la memoria que tiene este tipo de juicio”, expresó ante Revista Kranear el fiscal general Adolfo Villatte. En misma sintonía se pronunció en un documento la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) con la firma de su abogado querellante, Gabriel Ganon. “El tratamiento que se le dio al juicio, con la imposibilidad de que víctimas, familiares y la sociedad puedan congregarse físicamente a presentar la reconstrucción de lo sucedido, diluye objetivos primordiales en el proceso de memoria, verdad y justicia”, enfatizó Villatte.
Experimentar la soberanía alimentaria
Nos enseña Cecilia Gárgano en su investigación titulada Ciencia, tecnología y dictadura Producción de conocimiento e intervención militar en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (1973 - 1983), que aborda origen e impacto estratégico del INTA Pergamino, que nace esa Estación Experimental Agropecuaria en 1912 y quedó bajo la órbita del INTA con su nacimiento en 1956.
En su trabajo la doctora nos cuenta que INTA Pergamino se consolidó como una plaza clave del organismo. Su ubicación estratégica en el norte bonaerense, sumada a su extensión y al volumen de sus equipos técnicos, la convirtió históricamente en un nodo de referencia para la investigación agropecuaria nacional.
La doctora Cecilia Gárgano, y su tesis.
El origen del proyecto aviar de Sigfrido Kraft se remonta en 1959, donde la experimental continuaba en proceso de estructuración. En ese contexto se incorporó Kraft, joven profesional graduado en La Plata y ex traductor de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), a quien el INTA envió a especializarse en mejoramiento avícola a la Universidad de Auburn, Alabama. A su regreso se dedicó al desarrollo genético aviar.
Se trataba de un proyecto donde la ciencia era aplicada para resolver problemas socioeconómicos, combatir la desnutrición, centrado en los pueblos que habían quedado abandonados tras el cierre de La Forestal en 1966. Kraft diseñó una estrategia para que los pobladores del norte santafesino, Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Salta pudieran criar gallinas rústicas, alimentadas exclusivamente con insumos locales como sorgo y algodón, sin depender de insumos comerciales.
Resulta oportuno señalar que el cruce entre la salida de La Forestal y la respuesta del INTA Pergamino exponía, evidenciaba, cómo la investigación científica pública en la Argentina intentó reparar, con soberanía tecnológica el desastre socioeconómico del extractivismo privado. Tras décadas de explotación del quebracho de La Forestal para la extracción de tanino, la compañía británica abandonó el norte argentino, dejando pueblos aislados, sin empleo y con severos cuadros de desnutrición infantil. Es ahí donde la experimentación de Sigfrido Kraft en INTA Pergamino jugó un rol importante: la ciencia aplicada a problemas concretos de la sociedad.
Así, el Estado a través del INTA, la experimental Pergamino —con Sigfrido Kraft— buscó una autonomía biológica e insumos locales. La iniciativa apuntaba a crear una línea genética nacional que sustituyera las importaciones avícolas. El modelo proponía eliminar el uso de balanceados comerciales e insumos veterinarios: las aves se alimentarían de sorgo y harina de algodón (abundantes en esas zonas), y aquellas que sobrevivieran sin asistencia farmacológica, serían seleccionadas para la reproducción, mientras que las descartadas se destinarían a faena.
Hallazgo de resistencia genética
Los primeros ensayos mostraron un bajo rendimiento inicial en la mayoría de los ejemplares. Sin embargo, mediante un riguroso registro de peso y cruzamientos selectivos entre los sobrevivientes, Sigfrido Kraft detectó que las aves resistentes eran descendientes de ejemplares expuestos al sorgo. Tras varias generaciones, la condición oculta de adaptación se manifestaba con éxito. Como bien describe el trabajo de la doctora Cecilia Gárgano, el protocolo de selección sometió a las aves a dietas extremas: sorgo con alto contenido de tanino —variedad desarrollada para repeler pájaros— combinado con un 20% de harina de algodón, rica en gosipol. Ambos componentes, conocidos por sus efectos depresores del crecimiento y su toxicidad, funcionaron como un filtro biológico para seleccionar únicamente a ejemplares resistentes, sobrevivientes.
La proyección e impacto en la comunidad científica internacional con la experimentación de Kraft y su avance de proyecto generó un creciente interés académico. Los primeros resultados formalizados por el equipo de Pergamino se presentaron en 1966 durante el XIII Congreso Mundial de Avicultura en Kiev (Ucrania), el foro más importante de la especialidad. Pero mientras esto sucedía, paralelamente crecía el modelo corporativo y la dependencia tecnológica.
La avicultura global avanzó hacia la estandarización mediante razas híbridas, vacunas e insumos balanceados específicos. Para 1973, el mercado argentino estaba dominado por multinacionales estadounidenses como Cargill, entre otras, consolidando dependencia tecnológica de las líneas genéticas importadas de Estados Unidos, Israel y Holanda. Esto hacía que la propuesta de Kraft sea la de soberanía genética frente a las corporaciones. Una soberanía genética que tenía como propósito garantizar la soberanía alimentaria para las zonas más castigadas y hambreadas del país.
Frente a la hegemonía del paquete tecnológico extranjero, Kraft buscó desarrollar gallinas rústicas e inmunes que no requirieran fármacos ni balanceados importados. Para asegurar la supervivencia de los animales en comunidades de bajos recursos, incorporaron líneas de investigación enfocadas en la resistencia inmunológica natural contra enfermedades parasitarias comunes como la coccidiosis (enfermedad intestinal causada por parásitos microscópicos que afecta aves, ganado, cerdos, etc.). Lo que generó una tensión evidente con la industria farmacéutica internacional.
En 1968, Sigfrido Kraft expuso los avances en inmunidad contra la coccidiosis durante la Conferencia de la Asociación Mundial de Producción Animal en Maryland (estado de la costa atlántica central de Estados Unidos). La propuesta de prescindir de fármacos generó incomodidad en el sector privado. Tras obtener una distinción en el evento, el director de la firma productora de Amprol —el antiparasitario líder— viajó a Pergamino para confrontar la lógica del ensayo.
En la entrevista que le realizó la historiadora Cecilia Gárgano, Sigfrido Kraft recordó el encuentro:
En un coche de la Embajada norteamericana venía el director de la firma Amprol:
- Usted sabe que nosotros hacemos el mejor coccidiostático - le dijo el hombre a Kraft.
- No tengo duda - dijo Kraft-. Ahí hay una bolsa de coccidiostáticos que ustedes hacen. Yo acepto que sea bueno, pero ese no es mi propósito. Mi propósito es hacer una gallina que no lo necesite -agregó.
- Eso es una barbaridad - dijo enojado el director de la firma.
Sigfrido Kraft en la entrevista que le realizó Cecilia Gárgano.
Poco después, principales compañías farmacéuticas adquirieron cabañas genéticas proveedoras de pollos. Una forma de acorralar la experimentación de Kraft, aunque el desarrollo del INTA no estaba pensado para escala industrial masiva. La posibilidad de crear una línea inmune y soberana despertó la ira de representantes locales de firmas extranjeras que operaban en el país.
De todas formas, Sigfrido Kraft siguió adelante. Para robustecer el plantel de aves incorporó diversidad genética de distintas regiones. En 1970, tras participar del Congreso Mundial de Avicultura en Madrid, tomó contacto con técnicos en África e introdujo en Pergamino ejemplares de Banga (Liberia). Fue la incorporación de la estirpe “liberiana”. A partir de tres hembras y dos machos resistentes, el INTA inició la línea liberiana, caracterizada por su extrema rusticidad y huevos de cáscara dura, obteniendo “Genética Nutricional” y horizonte de exportación.
La experimentación alcanzó la octava generación bajo el concepto de “Genética Nutricional”, elevando la tasa de supervivencia de las aves del 20% inicial a un 85%. El plan contemplaba validar estas líneas adaptadas en el interior golpeado del país y, eventualmente, exportar la tecnología social a zonas de la India y África con graves déficits proteicos. Hacia 1976, la investigación contaba con una población estable y genéticamente fijada: 1.200 familias de aves que sumaban cerca de 33.000 ejemplares en total, de las cuales 35 familias —unas 2.400 aves seleccionadas y endocriadas— constituían el núcleo genético principal del desarrollo.
Dictadura: cesantías, represión y destrucción de patrimonio genético
El golpe de Estado de 1976 desarticuló el plantel técnico de Pergamino. El 2 de abril de ese año, 46 trabajadores fueron cesanteados por presuntas razones de seguridad —entre ellos el propio Kraft—, dos más fueron echados a fin de año y seis sufrieron la privación ilegal de la libertad. El 20 de diciembre de 1976, ante la cancelación de una visita de Jorge Rafael Videla a la zona, efectivos militares desplegaron un operativo en Pergamino. Allanaron la vivienda de la principal asistente de Kraft, destruyeron el inmueble y secuestraron a su padre, exigiendo el cese de las investigaciones avícolas. La profesional renunció al organismo al día siguiente.
Pese a que estaba convenida la transferencia del material biológico a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) para su multiplicación masiva, la intervención militar ordenó el exterminio completo del ensayo. Las 35 familias de aves seleccionadas fueron enviadas a faena, el registro genético destruido y el equipo de investigadores definitivamente disuelto. La Estación Experimental de Pergamino figuró entre las unidades del INTA más golpeadas por la represión. Del total de cesanteados el 49% correspondía a científicos y técnicos dedicados a la investigación, seguidos por un 27% de extensionistas, un 14% de obreros y un 10% de personal administrativo.
Una víctima directa de aquella represión fue el ingeniero agrónomo Alberto Daniel Golberg, trabajador de la Estación Experimental de Pergamino desde el año 1969. Golberg era afiliado de APINTA y contaba con un magíster en fisiología vegetal de la Universidad Nacional de La Plata y con Diploma de Estudios Avanzados de la Universidad de Paris —entre1970 y 1972—, para finalmente obtener un Doctorado en Ciencias Agronómicas. Entre 1973-1974 fue Director de Agricultura del Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense, durante la gobernación de Oscar Bidegain. La dictadura no perdonó su pasado peronista.
En diálogo con Revista Kranear Alberto Daniel Golberg analiza que inicialmente la dictadura “no fue directo al INTA, sino a una cantidad de trabajadores que ‘perturbábamos’ aquella política que se inició a partir de marzo de 1976. Seguramente ya estábamos registrados como revoltosos, opositores”, expresa sin equivocarse. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) custodia el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA), archivo que constituye evidencia de cómo se espió y persiguió a los trabajadores del INTA, antes y durante la dictadura cívico militar de 1976, que fue utilizado como prueba en el juicio.
Alberto Daniel Golberg precisa con conocimiento que “en cada una de las Estaciones Experimentales del INTA estuvo intervenido —inicialmente— con un capitán de navío, por división de reparticiones de las tres fuerzas en dictadura. Emanó un comunicado pidiendo a cada director de las Estaciones Experimentales que enviaran listado de subversivos de las Estaciones Experimentales como para Castelar, centro del INTA”. Fue así, “que algunos confeccionaron ese listado. Pergamino fue el que más acuerdo hubo para confeccionarlo. Salvo lo que pasó en Castelar, donde hubo desaparecidos, muertos, después Pergamino fue el lugar donde hubo más represión y cantidad de despedidos, más los que estuvimos detenidos, cosa que no sucedió en otra Estación Experimental”, expresa Golberg que estuvo detenido y torturado durante la dictadura.
Los trabajadores y trabajadoras de la Estación Experimental Pergamino vienen peleando por la defensa de sus puestos de trabajo y la soberanía científica nacional.
“Cuando regresé al país después del exilio tuve buena relación con quien estuvo al frente como director de la Estación Experimental de Anguil, La Pampa, que llegó a ser presidente del INTA —Guillermo Cobas (fallecido)— él me certificó que había recibido una solicitud de INTA central donde le pedían que enviara nombre de subversivos y contestó que no había, y no pasó nada”, relata. Por esa razón Golberg señala que “el director de la Estación Experimental de Pergamino Jorge Josifovich (fallecido) fue un cómplice total de la represión”.
Consultado sobre si la dictadura además de perseguir trabajadores vino a interrumpir el trabajo en ciencia y técnica, Golberg analiza que en su caso particular “estaba por su militancia y participación en APINTA, y su paso como Director de Agricultura bonaerense durante el peronismo”. Expresa que quien estaba “llevando una investigación estratégica era Sigfrido Kraft, ahí sí, fue dirigido”, analiza. Pero entiende que el INTA, para ese entonces, “había perdido lo que había sido su etapa pionera, porque la investigación privada había ganado preponderancia”.
Lo cierto es que la dictadura afectó la agenda del INTA Pergamino y la investigación de Cecilia Gárgano así lo demuestra: “Del total de las cesantías registradas durante la intervención militar en la estación experimental, el 10 % se desempeñaba en funciones administrativas, el 14% como obreros, el 27% eran extensionistas y el 49% desarrollaba tareas de investigación (científicos y técnicos). Dentro de las distintas áreas de investigación, las más afectadas en cantidad de cesantías de técnicos e investigadores fueron Suelos (36%), Producción vegetal-fitomejoramiento (24%), Economía (20%) y Producción animal (avícola y porcinos, 20%)”.
En diálogo con Revista Kranear el fiscal general Adolfo Villatte, consultado precisamente por la causa —dentro de la mega-causa Saint Amant IV—, que refiere a lo sucedido en INTA Pergamino analizó: “Lo que surge claro acá es que el accionar de la dictadura no se agotó en cuestiones ideológicas —como siempre adujeron— esto de ‘reprimir una posible llegada del comunismo’, sino que también en el caso concreto del INTA se ve cómo también, aquello que tenía que ver con alentar formas de producción sociales, fueron el objetivo de la dictadura cívico militar”.
En ese sentido, Villatte razona sobre “lo que representaban los proyectos del INTA —ese grupo en particular—, por lo que venían desarrollando en el organismo estatal de tanta importancia para el país como el INTA, ese grupo de gente era de avanzada y así lo pagaron. Creo que el resultado de esa represión a ese grupo en particular también muestra como la intelectualidad que implicara modificar formas de producción, también era objetivo claro de la dictadura cívico militar”.
Aquella serpiente dictatorial que destruyó la investigación científica garante de soberanía alimentaria dejó sus huevos que son los Macri-Milei de la democracia dispuestos a interrumpir cualquier avance científico tecnológico, porque es lo que necesitan desde Estados Unidos para volvernos cada vez más colonia dependiente.