En la última y masiva edición de la Feria de Editores, en el Complejo C Art Media, me compré el libro de poemas Terapia de animales, de Daniela Ema Aguinsky (Paisanita Editora, 2022), sin saber que hacía muy poco había ganado el segundo premio del Concurso Nacional de Poesía Storni que organizó en 2021 el Centro Cultural Kirchner (CCK). Me lo recomendó Gabi Luzzi, directora del sello, ahí mismo, en el puesto, con unas pocas y certeras palabras, probablemente porque ella también tiene el don de escribir poesía.

Lo empecé a hojear un par de días después, y ya no pude parar, no solo de leerlo, sino de releerlo, e incluso hacer algunas anotaciones en el margen de las páginas.

¿Para qué sirve la poesía si no es para recuperar de los laberintos de la memoria las clases de carpintería de la secundaria, o la mañana que fregaste un colador metálico en la casa del tipo con el que estabas enganchada, para que un rato o varios años después -lo mismo da-, soltar los siguientes versos, entre los que se destaca, por su carga de insinuación, la palabra limpia?

es imposible
salir limpia
tanto
de las tareas del hogar
como del amor

¿Para qué sirve la poesía sino es para contar que durante un año nuevo judío te la pasaste menstruando, o para trazar un paralelo entre una fiebre y una calentura con un amante, rememorar con nostalgia las enseñanzas de un rabino, hablar de las pérdidas que nos van horadando la sonrisa, un viaje a Nueva York, o nombrar una ostra –y su inflexible capacidad para mantenerse sellada, para transmitirle a un afecto, con sorna, o pena, que su silencio sepulcral –te/nos- lastima?

Los poemas de Aguinsky –que tiene 29 años- están enhebrados con las palabras justas y necesarias para transmitir sus vivencias, conquistas y fracasos, y no a través del prisma que ofrece el rabillo del ojo, o lo que uno pueda pescar con esa mirada imparcial, recortada, que sale desde atrás del hombro, sino de frente, sin vueltas ni eufemismos, ni mucho menos expresiones rimbombantes o veladas, aunque sí una buena dosis de ironía.

En gran parte de los cuarenta poemas que contiene el libro, hay por lo menos un verso con brillo propio, en el que el yo poético de la autora entrega una prenda propia, un secreto hasta el momento inconfesable, una línea potente como una trompada a la mandíbula, luminosa como una vela en la oscuridad, dulce como la caricia de una abuela en el cuero cabelludo.

Los asuntos u obsesiones que conviven y se entrelazan durante las sesenta páginas de una edición muy cuidada, cálida, son la infancia –fuente inagotable de inspiración-, la adolescencia – fuente inagotable de conflictos y angustias que la literatura puede llegar a remediar, e incluso sanar-, las sábanas y decepciones de la relaciones amorosas, la seducción, la soledad, y como buena poeta, la propia poesía, la lengua, las palabras, los silencios y los cortes de verso, para nombrar y pintar, sin filtros, aquello que –nos- sucede/sacude/conmueve.

Sentencia Daniela en el poema A nosotros.

Te vas a resistir
como a morirte.

Dejate

Dice Fernando García Lao en la contratapa del libro: “Confidencias breves disponen a esta voz original y solitaria a encontrar en el amor un vocativo donde probarse la distancia: Hoy no te toco/te ayuno. Lejos de toda solemnidad, en este libro coinciden armoniosamente el hambre y la abstinencia, la concisión y una soltura admirable”.

Para Daniela, el 2022 seguramente sea un año inolvidable, de expansión, reconocimiento, premiaciones, ya que aparte de lograr el segundo lugar en el concurso nacional de poesía, en marzo ganó la Competencia Nacional Cortometrajes del Festival Internacional de Cine y Artes Documentales, con su corto 7 citas de Tinder.

Luego de ganar su premio, desde el CCK la invitaron a escribir un texto, a partir del disparador ‘Qué es la poesía’. Una de las tantas definiciones con las que se despachó Daniela, tan suelta como en sus poemas, reza: “la poesía es lo contrario a la cripto, a la indiferencia y al aburrimiento, a la tibieza, a las modas, lo cool, a la rigidez, lo publicitario, lo técnico, a ser vueltero, a lo hegemónico, a llenar papeles de la Afip, a Instagram, al llamado éxito y a la estupidez”.

Daniela se formó en el cine y el periodismo, arrancó la carrera de Letras, pero la abandonó, y aparte es traductora de la poeta norteamericana Ellen Bass (a quien le dedica uno de los poemas del libro). Terapia con animales ya tiene una edición mexicana, de la mano del sello Sindicato sentimental, y ella cuenta con un recorrido por ciclos de lecturas, instancias de encuentro que ahora que vuelven a llenarse las ferias, salas y bares, sin barbijo, seguramente intensifique, libro en mano, un gesto, una lágrima, la pulsión de la vida, y un poema.