Se cumplen cincuenta años del Golpe Militar y en cada conversación que tengo, resulta imposible hablar del pasado sin hacer referencia al presente que vive nuestro país. Coincidimos en que estamos atravesando el tiempo más siniestro desde la última dictadura cívico militar. Tanto entonces como ahora, la indiferencia y el apoyo al régimen parecen ser predominantes.
A fuerza de terror, la dictadura implementó un modelo económico centrado en la desindustrialización y la concentración de la riqueza en manos de unos pocos. Miseria planificada, secuestro, tortura, desapariciones y endeudamiento a costa del pueblo.
A medio siglo del golpe de Estado, 1.231 personas fueron condenadas por delitos de lesa humanidad desde la reapertura de los juicios en 2006. 1.231 genocidas que fueron condenados por secuestrar, asesinar, robar bebés, torturar y desaparecer compatriotas en nuestro país. Hay 12 juicios en curso en distintas jurisdicciones y 282 causas en etapa de investigación preliminar con casi 300 procesados. Más del 80 por ciento de los detenidos permanece en prisión domiciliaria.
El plan genocida resquebrajó el tejido social y sus alcances llegan a estos días en los que gobierna un régimen que reivindica la dictadura –no son negacionistas, son reivindicadores-. Antes secuestraban en las sombras, ahora le revientan la cabeza con una granada a un fotógrafo en Plaza Congreso.
La cultura popular pasó a la clandestinidad. El campo cultural fue uno de los territorios donde más y con mayor violencia operó el terror paraestatal y estatal. No solo causó la muerte y desaparición de numerosos científicos, intelectuales, escritores y artistas sino que también expulsó a muchos de ellos de la esfera pública y la participación política.
La dictadura efectuó un genocidio cultural: asesinatos, secuestros, persecución y encarcelamiento de artistas, escritores, periodistas; prohibición y destrucción de libros, censura de literatura, teatro, música; cierre de editoriales, revistas, periódicos, intervención a universidades, silenciamiento y represión de manifestaciones. Pensemos en las obras potenciales que nos robó la dictadura con la desaparición de Rodolfo Walsh, Oesterheld, Roberto Jorge Santoro, Francisco Paco Urondo, Haroldo Conti, por decir sólo algunos.
La dictadura es un pasado que no pasa. Es una parte de nuestra historia que continúa abierta en las luchas por la recuperación de las cientas de identidades robadas a las infancias secuestradas y/o nacidas en cautiverio, en las causas abiertas contra genocidas y en la doble desaparición de Jorge Julio López, la primera durante la dictadura y la segunda en 2006 luego de haber sido testigo clave para condenar al genocida Etchecolatz.
Los crímenes de la dictadura se siguen cometiendo. Hace un par de días nada más, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó doce personas detenidas-desaparecidas a partir de restos hallados en la Guarnición Militar La Calera, adonde funcionó el Centro Clandestino La Perla. Pasaron cincuenta años del golpe militar, pero siguen pasando acá, ahora, en nuestras vidas.
Exigimos memoria completa. Que los genocidas digan adónde están los cuerpos de los hombres y de las mujeres que desaparecieron. Adónde están los hombres y mujeres que se robaron cuando eran bebés. Hay un pacto de silencio que está vigente. Si la memoria está incompleta es porque los asesinos, los torturadores, los genocidas mantienen un pacto de silencio. Esa es la parte incompleta. Hay compatriotas que no retornaron a sus familias y hay desaparecidos que no sabemos a dónde están.
Esta nota reúne la palabra de algunos de nuestros poetas detenidos-desaparecidos con la intención de abrazar sus vidas y sus militancias con orgullo y desobediencia. Históricamente, para los fascismos, la poesía es una actividad peligrosa porque reúne, genera comunidad y construye la resistencia de los pueblos; porque pone en funcionamiento los engranajes de la memoria y de la imaginación para construir una vida deseable, un mundo en el que todos quepamos, sin exclusiones. Y cuando digo poesía me refiero a la cultura popular. Los fascismos, neoliberales y asesinos, buscan aislarnos y desquiciarnos para destruir lo común.
No nos vamos a rendir ahora tampoco. Un día nos reuniremos y derribaremos las puertas del tiempo injusto, como dice Tilo Wenner, poeta detenido-desaparecido entrerriano.
Algunos de estos poemas circularon clandestinamente mientras sus autores eran torturados en campos de concentración.
Queremos Memoria, Verdad y Justicia.
30000 compañeros detenidos-desaparecidos, presentes. Ahora y siempre.
Tilo Wenner.
Un día nos reuniremos
Tilo Wenner nació en General Galarza, Entre Ríos, el 3 de febrero de 1931. Era poeta, periodista y tipógrafo. En 1976, la dictadura militar argentina lo secuestró, lo torturó, lo asesinó y quemó su último libro 'Ejercicios para no llorar en vano'.
Un día nos reuniremos gran suma de minúsculas
despiertas y conmovidas
Entonces derribaremos las puertas del tiempo injusto
Y no habrá nadie entre nosotros que llore por causa
de los ídolos mimosos
Nadie entre nosotros que nos delate con su canto de sirena
a los señores de la infecundidad porque habremos cerrado
tanto nuestras filas que toda la ternura será nuestra
Entonces no habrá nadie entre nosotros con empacho divino
Los curanderos se comerán sus yerbas y se ahorcarán
con sus cintas de medir
Nadie rebelará nuestro poder porque seremos todo el poder
No volveremos nuestros rostros cuando los niños nos sonrían
iremos de nuevo a la escuela con ellos
Entonces no habrá entre nosotros ningún indeciso
Los reclutadores se quedarán sin sueños en el infierno
que les dejaremos por herencia
No nos sentaremos a medianoche en la cama a preguntarnos
sueño o estoy despierto?
Los mesías del valle no podrán ir a las montañas
porque ellas también serán libres
No dejaremos crecer las alas de ningún pichón de águila
Destetaremos los terneros mañosos
Un día nos reuniremos y romperemos todos los contratos
de la providencia, siempre oportuna en desviar el agua
y el aire de nosotros
No habrá invitados especiales entre nosotros
Decidiremos el mundo entre todos
Alcira Gabriela Fidalgo Pizarro.
Ya me jodieron bastante
Alcira Gabriela Fidalgo Pizarro tenía 28 años cuando fue secuestrada en un cine de la Ciudad de Buenos Aires y llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde fue vista hasta febrero de 1978. Era estudiante de Derecho, hija del poeta y abogado defensor de los derechos humanos Andrés Fidalgo y de la intelectual y luchadora de los derechos humanos Nélida Pizarro, ambos detenidos por la dictadura.
¡Qué tanto!
ya me jodieron bastante.
Encadenaron mis pájaros de viento
y no les dije nada.
Salí a comprar una manzana
pero estaba prohibida
(por su color)
o por su asunto
de Adán y Eva.
Quise estudiar astronomía
y tampoco pude
(no fuera que los rusos
enseñaran marxismo entre las nubes).
Quise danzar los pensamientos
y me pusieron botas
en los pies desnudos.
Siguen jodiendo,
pero ahora,
robamos por docenas las manzanas.
Por las noches,
en balcones sin luces brotan ojos
que estudian los sputniks.
Y mañana,
cuando festejen no sé bien qué fecha solemne
verán pasar mis pájaros de viento.

José Beláustegui.
Seguiré viviendo en estos versos
José Beláustegui tenía 23 años cuando en 1977 lo secuestró una patota de la dictadura militar en Capital Federal. Era estudiante universitario y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Es hijo de Rafael Beláustegui y Matilde Herrera, Abuela de Plaza de Mayo.
Poema para no morir
Sé que algún día dejaré de pertenecer al mundo,
y nunca más podré escribir,
ni hacer el amor,
ni disfrazar la naturaleza con un poema,
ni viajar en los libros,
ni exponer mis ideas.
Por eso en este poema dejo mar, cielo y luna
mariposas, besos y sirenas,
y me dejo a mí,
porque cuando muera seguiré viviendo en estos versos.

José Eduardo Ramos.
Amar para quedarnos
José Eduardo Ramos y su esposa Alicia Dora Cerrota fueron secuestrados de su casa en San Miguel de Tucumán. Él era poeta y periodista. Trabajaba en el diario Noticias y en el Canal 10. Entre diciembre de 1976 y septiembre 1977 fueron vistos en el Centro Clandestino de Detención de la Jefatura de Policía de Tucumán. El EAAF identificó los restos de José Eduardo en 2015 y los de Alicia en 2016. Debido al tiempo que llevó la culminación de los trabajos de exhumación y de re asociación de los cuerpos, la restitución se realizó este 2026. A principios de marzo, hace pocos días, sus familias y amistades realizaron una multitudinaria ceremonia en el Monumento/Mausoleo por la Memoria en el Cementerio Municipal de Tafí Viejo, provincia de Tucumán.
Siento que necesito
una enorme casa
para gritar en ella
aunque sea una vez por mes.
O tener un edificio
para arrojar desde el último piso,
las ollas que cocinaba mi madre.
Siento que la sangre
se me agolpa en el invierno.
Siento
que necesitamos amar
para quedarnos.
Ana María Ponce.
Nosotros estaremos regresando
Sus compañeros le decían Loli. Ana María Ponce nació en San Luis el 10 de junio de 1952. Se recibió de maestra en la escuela pública. Continuó su formación en la Universidad de La Plata, donde comenzó a militar en la Juventud Peronista y en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). Allí conoció a Godoberto Fernández, con quien formó pareja y tuvo un hijo. El 18 de julio de 1977 Loli fue secuestrada y llevada a la ESMA. Unos meses antes también habían secuestrado a su compañero. Loli fue vista con vida hasta el lunes de carnaval de 1978. Ese día le informaron que tendría una entrevista con el jefe del centro clandestino de detención y torturas, el genocida almirante Chamorro –mano derecha de Massera–. Loli sabía que la iban a matar y por eso dejó en manos de Graciela Daleo, una de sus compañeras de detención, todos sus poemas escritos durante el tiempo que duró su secuestro. Daleo sobrevivió a la ESMA y buscó a sus familiares para entregarle los textos.
(Fragmento)
Cuando
definitivamente no estemos,
mañana,
nosotros los que fuimos,
vivos,
los que reímos y lloramos
y nos alimentamos
amando,
queriendo la vida
nosotros estaremos
regresando;
y la piel será
una oscura mezcla
de tierra y piedras,
y los ojos serán
un inmenso cielo,
y los brazos y los cuerpos
se juntarán sin saberlo
y este niño que quisimos
estará allí
amándonos desde lejos,
sosteniendo nuestro
grito eterno
abriendo nuestro
vientre cálido
haciendo interminables y multiplicados
los puños cerrados con dolor
31 de agosto de 1977
Miguel Ángel Bustos.
Cerca del corazón
Miguel Ángel Bustos era poeta, dibujante y periodista. En mayo de 1976 un grupo paramilitar entró en su casa y lo secuestró. Tenía 44 años. Estuvo detenido-desaparecido en el centro clandestino El Vesubio al igual que Haroldo Conti. En 2014, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó sus restos en una fosa del cementerio de Avellaneda.
Qué poco
una hora dos tres
un día un año una vida.
Cerca del corazón
húmedamente
vagamos sin tiempo.
Nélida Mabel Carranza.
Nos oscurecen el cielo y nosotros gritamos
Nélida Mabel Carranza nació en José León Suárez en 1955. Estudiaba Psicología y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. En 1977 una patota de la dictadura entró en su casa y se la llevó. Testimonios afirman haberla visto en el Centro Clandestino Campo de Mayo. Continúa desaparecida.
Los otros
Ellos los otros:
nos vomitan
nos aplastan
nos pisan
nos mojan con orín y semen.
No nos reconocen
no nos ven
pero yo sí.
No vuelan se quedan
nos atan
nos oscurecen el cielo
y nosotros gritamos
rompemos cadenas de nunca acabar
pero el barro y la mierda nos tapa
y queremos salir
gritar volar amar.
Quiero un lugar
quiero querer
quiero parir
parirlos
parirme
¡Hijos de puta!
Joaquín Areta.
Quisiera que me recuerden
Joaquín Areta nació en Corrientes, en 1955. Fue secuestrado-desaparecido el 29 de junio de 1978. Cursó su secundario en el Colegio Nacional de La Plata. A los 16 años ingresó al Movimiento de Acción Secundaria (MAS), agrupación estudiantil de base de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Integró luego la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y posteriormente pasó a la Juventud Universitaria Peronista (JUP) de la Facultad de Medicina platense. En 2005, Néstor Kirchner leyó su poema Quisiera que me recuerden en la Feria del Libro.
Quisiera que me recuerden
sin llorar ni lamentarme.
Quisiera que me recuerden
por haber hecho caminos,
por haber marcado un rumbo,
porque emocioné su alma
porque se sintieron queridos,
protegidos y ayudados.
Porque interpreté sus ansias,
porque canalicé su amor
Quisiera que me recuerden
junto a la risa de los felices,
la seguridad de los justos,
el sufrimiento de los humildes.
Quisiera que me recuerden
con piedad por mis errores,
con comprensión por mis debilidades,
con cariño por mis virtudes.
Si no es así, prefiero el olvido,
que será el más duro castigo
por no cumplir mi deber de hombre.
Alejandro Almeida.
Si la muerte me sorprende
Alejandro Almeida fue secuestrado por una patota de la dictadura en 1975 cuando tenía 20 años. Trabajaba en el Servicio Geográfico Militar y estudiaba medicina. Es el hijo de Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Su poema Si la muerte me sorprende fue musicalizado por León Gieco.
(Fragmento)
Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre,
porque para vos los tres seguimos en él,
si me sorprende lejos de tus caricias
como recompensa por querer la libertad,
tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos,
llantos y consejos que no quise seguir,
quisiera decirte mamá que parte de lo que fui
lo vas a encontrar en mis compañeros.
Enrique Juárez.
Vamos, Patria
Enrique Juárez nació en 1944 y desapareció en diciembre de 1976. Era periodista, cineasta y poeta. Fue dirigente sindical en el gremio de Luz y Fuerza y dirigente de la Juventud Trabajadora Peronista. Como director y guionista realizó cortometrajes y el documental sobre el Cordobazo Ya es tiempo de violencia.
Vamos, Patria, a caminar yo te acompaño
Yo bajaré los abismos que me digas
Yo beberé tus cálices amargos
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos
Yo me quedaré sin voz para que cantes
Yo he de morir para que tú no mueras.
Roberto Jorge Santoro.
Seremos ya van a ver
Roberto Jorge Santoro fue secuestrado por una patota de la dictadura militar el 1° de junio de 1977. Se lo llevaron ilegalmente de su lugar de trabajo, una escuela industrial del barrio de Once. Hace un tiempo contamos su historia en esta nota.
copla
nos tienen los que tienen
nos entretienen los que quieren tener
somos y no quieren que seamos
seremos ya van a ver
Paco Urondo.
Sufriendo con rabia la esperanza
“Poética, en griego, quiere decir ‘acción’, y en ese sentido no creo que haya demasiadas diferencias entre la poesía y la política…. Por la poesía, por la necesidad de usar las palabras en toda su precisión y significación he llegado al tipo de militancia que ahora tengo. Los compromisos con las palabras llevan o son las mismas cosas que los compromisos con las gentes”, dijo Francisco Paco Urondo (Santa Fe, 1930) en una entrevista tres años antes de ser asesinado por una patota de la dictadura. Era escritor y periodista, militó en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en Montoneros. Su nombre de guerra era Ortiz en homenaje a su amigo Juan L. Ortiz. En 2011 los policías implicados en su muerte fueron condenados. Durante el juicio, se comprobó que Urondo fue asesinado de un golpe en la cabeza, desmintiendo la versión falsa de la pastilla de cianuro.
Fin y principios
Estoy en los ruidos de la tristeza,
en las tablas de la perdición,
en el aire de este tiempo maldito, infortunado;
llovizna criminal y sucia.
En aventuras, en la queja
del muerto y el terror de los vivos y el soplo
de los convalecientes.
Estoy en el clamor encontrado, fuera
de la felicidad y el fascismo y el olvido sin escuchar
la clausura y la ausencia,
sin tolerar la conmiseración, o desconocer
la alegría o la bondad o el dolor del caído.
Sin sentir resignaciones, sufriendo con rabia
la esperanza, viviendo a mi manera.
Jorge Money.
La libertad es lo único
Jorge Money era poeta, periodista y militante. Trabajaba en La Opinión. Fue acribillado por la Triple A en 1975. Antes de morir, escribió este manifiesto de amor que se llama La exacta mitad de tu ombligo (noten por favor la forma que dibuja el poema). Su amigo y poeta Alberto Szpunberg conservó gran parte de su obra.
Atiende:
si mi hijo
si nuestro hijo
fuera naciera sol o
luna homosexual poeta
o guerrillero ah si creciera
guerrillero o usurero al tanto %
o asesino oficinista vendedor de
peines en el subte o suicida flor
o cardo violador de tumbas o impasible
espectador del mundo comprensible padre de
familia actor de cine Rita Hayworth Tyrone Power
sacerdote verdugo militar terrorista puta carcelero
en la exacta mitad de tu ombligo te explico Manés que
si nuestro hijo recoge la bandera que dejamos o por
el contrario un ejemplo la olvida la traiciona la
veja la vende a razonable precio entendeme
si nuestro hijo mañana es muerto por ir más
allá de donde fuimos o por menos o por
error o por justicia o por lo que sea si
los muertos somos nosotros vos o yo o
los dos y él quien nos fusila de todos
modos Manés habremos ganado
porque la libertad es lo único que
debemos legarles a los demás
compañera amiga mía
no tiene mayor
relevancia.

El poema de Jorge Money forma la panza embarazada de su compañera Manés.
Rosa María Pargas.
Hubiera querido tantas cosas
Rosa María Pargas nació el 10 de agosto de 1949 en Gualeguaychú, Entre Ríos. A los 20 años viajó a Buenos Aires para estudiar Sociología. En 1972 fue detenida y trasladada al penal de Villa Devoto, más tarde al penal de Rawson. Allí conoció a su compañero Alberto Miguel Camps, uno de los sobrevivientes de la Masacre de Trelew. Fue liberada desde Devoto por la amnistía del gobierno de Cámpora. En 1974, se exilió junto a su pareja pero luego regresaron al país clandestinamente y continuaron su militancia en Montoneros. El 16 de agosto de 1977, Alberto fue asesinado en un operativo parapolicial y Rosa María fue secuestrada. Fue vista por última vez en el CentroClandestino El Vesubio. Este poema lo escribió en la cárcel de Rawson, luego de la Masacre de Trelew. Rosa María pensaba que habían asesinado a su compañero Alberto.
Sucedió tiempo después.
Hubiera querido traspasar tu cuerpo,
hasta diluirme en tu sangre somnolienta,
y conocerme al revés,
y salirme
y verme al verte.
Hubiera querido masticar la noche
y tragarla muy despacio
hasta vomitarla y detenerla.
Hubiera querido que tus pies helados
se quedaran atracados en la cama
y yo atracarme en tu cuerpo cálido
y hacernos esclavos infinitos de las ganas.
Hubiera querido muchas cosas
alargar la distancia de mi cuerpo
abarcarme y abarcarte más...
Entrar, ser vos,
salir, dejar de serlo.
Apretarte, apretarme.
Estar siempre mojada de tus hijos,
llenarme las manos con tu pelo,
recorrer con mi lengua las raíces de tus cosas,
todo muy rápido, ¡todo al mismo tiempo!
Pero el tiempo se viene y hay que caminarlo para hacerlo.
Porque desde allá, desde donde el carajo está siendo razonado,
y el fusil ya se abre paso entre los dedos
porque el hambre ya se transformó en bostezo largo
y el sueño, como el pan, en un misterio.
Se oye un grito gritando para todos.
El que no quiera escuchar, se irá muriendo.
Hubiera querido tantas cosas, dije,
y no me alcanzó el tiempo.