“Basta de ser portadores de certezas absolutas, basta de negar al otro bajo el principio de estoy haciendo lo correcto, basta de tomar posturas que no requieren discutirse a sí mismo”.
(Ricardo Forster en la presentación del libro En Contra del Bien)
Frente al Abismo: ¿El mal en nombre del bien?
¿Qué pasaría si el verdugo se mira con orgullo al espejo porque está seguro de que hizo el bien? Esta es una de las preguntas inquietantes que disparan la lectura de En contra del Bien (2026), el novedoso y disruptivo trabajo de Hernán Brienza. El texto nos interpela de manera directa: ¿Es este un libro para idealistas, para hombres y mujeres de convicciones fuertes? O formulado de manera más cruda, ¿podemos llegar a cometer actos atroces en función de un ideal noble como cambiar el mundo, propiciar la libertad individual o distribuir la riqueza?
Este texto nos invita a considerar si, en nombre del bien, somos capaces de habitar las formas más oscuras de la crueldad. Como vislumbró Philip Zimbardo en su conocido experimento de la Universidad de Stanford, el comportamiento de una 'buena persona' puede devenir en brutal según el contexto.
Bajo esta premisa, el libro de Brienza se presenta como un ensayo incómodo que rompe con el binarismo tradicional, advirtiendo desde su primera página una verdad difícil de digerir: el mal, como entidad esencialista, no existe.
Estructura, hipótesis y el andamiaje del autor
El mal no existe, advierte el autor en las primeras cuatro palabras escritas de un ensayo incómodo, alejado de un encuadre normativo binarista de el bien y el mal como entidades esencialistas y absolutas. Junto a los textuales del nazi Adolph Eichmann y de Jorge Rafael Videla, en las primeras páginas, acondicionan al lector, lo conducen a una certeza; su lectura puede resultar un trago amargo de digerir. ¿Se podrá tener un corazón comprensivo y misericordioso, indagar y contemplar la otredad de estos asesinos?
Publicado por Editorial Planeta bajo el subtítulo Adiós a la teoría de los demonios, el libro se organiza en dos grandes ejes: 'El problema del Mal' y 'El problema del Bien'.
La hipótesis central de Brienza es provocadora y angustiante: nadie actúa en nombre del mal para llevar adelante un genocidio. El mal como entidad subjetiva no existe. Completa su idea central, arguyendo que ni Hitler, ni Stalin, ni los torturadores de los centros clandestinos de detención en la Argentina, tampoco en la actualidad Benjamín Netayahu en la Franja de Gaza, al masacrar y hambrear a hombres, mujeres y niños, lo hace en nombre del mal. No hay ningún esbozo, ni arranque demoníaco, en sus acciones.
“Humanos, demasiado humanos”, podríamos afirmar parafraseando a Nietzche.
Los actos cometidos lo hacen en pos de un bien absoluto. Van a ser varios los ejemplos con los que sostiene su idea central, pero uno muy claro en las primeras páginas de este ensayo es la palabra de Jorge Rafael Videla tomadas de la entrevista publicada de Ceferino Reato al dictador argentino, Disposición Final. La Confesión de Videla sobre los desaparecidos.
“No estoy arrepentido, duermo tranquilo todas las noches, tengo sí un peso en el alma”, y luego continúa: “no había otra solución; estábamos de acuerdo en el hecho de que era el precio que teníamos que pagar para ganar la guerra”, y agrega, “me hubiera gustado no haber tenido que tomar el gobierno para salvar las instituciones de la República. Fui un militar que cumplió con su deber”.

En las declaraciones que realizó estando preso Jorge Videla, comienza a conformar la hipótesis de Brienza. Realizó actos horripilantes, dio órdenes para secuestrar, torturar, robar bebés nacidos en cautiverio, arrojar gente viva al Río de la Plata, pero no se arrepiente de nada, porque el Mal está Bien hecho. Y del análisis de las palabras de Videla surge otro concepto clave que atraviesa el ensayo: la Banalidad del Mal, cuya génesis conceptual es de Hannah Arendt.
Para sostener su hipótesis, el autor despliega un robusto abanico de fuentes que van desde la filosofía política de Hegel, Maquiavelo, Hobbes y Max Weber, hasta la teología de San Agustín y Santo Tomás. La mencionada Arendt en dos textos Eichmann en Jerusalén y Los orígenes del totalitarismo, resulta fuente necesaria para explicar el mal y su banalidad.
Sin embargo, las claves fundamentales las encuentra en dos relatos del Antiguo Testamento: la historia de Caín y Abel (el origen del mal) y el sacrificio de Isaac a manos de Abraham. Este último representa el nudo del ensayo: la disposición a matar al propio hijo en nombre de una fe absoluta, es decir, cometer un mal radical en nombre del Bien. No faltan las referencias culturales que intervienen para enriquecer la mirada desde Julio César de Shakespeare a Los Demonios y Los Hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievsky o las artes plásticas: Iván el Terrible y su Hijo (Illia Repin) o Saturno devorando a su Hijo (Francisco Goya)
El devenir del texto: Genealogía e historia reciente
La obra ganó la calle en una fecha de profunda carga simbólica: el 24 de marzo, a 50 años del golpe cívico-militar en Argentina. Este marco no es casual; el autor utiliza el contexto de los 'años de plomo' para discutir la dialéctica de la violencia. De esta manera, Brienza utiliza estas páginas para interpelar posiciones totalizantes y dar cierre a la simplista 'teoría de los dos demonios'.
La primera parte del libro realiza una genealogía del mal, estableciendo el 'kilómetro cero' en el relato de Caín asesinando a Abel. ¿Dónde está tu hermano Abel?, inquiere Yahvé y la pregunta retórica de Caín resuena desde el fondo de los tiempos a la actualidad, ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? De esta manera Caín, siendo el asesino de su hermano, para la sociedad judeocristiana se transforma en un arquetipo del mal.
A través de Thomas Hobbes y su Leviatán, analiza cómo el hombre sacrifica libertad en virtud de un orden estatal para evitar ser el 'lobo del hombre'. Resulta particularmente interesante su crítica a la visión del mal en la obra literaria de Fiodor Dostoievsky, apoyándose en la filósofa italiana Simona Forti. Para ella, en sus textos Dostoievsky planteó un mal extrahumano de demonios, de perversión del espíritu de los propios ejecutantes de ese mal. En línea con la académica, Brienza cree resulta tranquilizador esa postura acerca del mal. De esta manera los terrorismos de Estado, las masacres, Hitler, Stalin y las dictaduras latinoamericanas se explican por seres endemoniados, pervertidos, podríamos decir, un mal que sólo anida en los malos.
Brienza presentó el libro hace un par de semanas en la librería del Fondo de Cultura Económico.
El recorrido de la segunda parte es atrayente, porque se encuentra en el bien argumentos para continuar pensando que a través de ese mismo bien se puede llegar al mal. A través de la defensa de un ideal claro, prístino como Dios, el supremo absoluto, se puede emprender una guerra justa, como en busca de la paz, y para alcanzarla no se duda en empuñar las armas. Aparece un concepto que el autor podría desarrollar aún más que es el “Bien brutal”, el bien que convencido avanza sobre la otredad, y comete maldades de manera “justa”.
Tres conceptos fundamentales
Para desgranar esta complejidad, el autor recurre a conceptos técnicos esenciales:
La ipseidad: Del latín ipse (uno mismo). Es la conciencia de la propia identidad sustancial; Brienza la utiliza para advertir que, sin una reflexión sobre lo propio, es imposible pensar la otredad. Por su parte aparece el Mal Radical: Basado en Kant y resignificado por Hannah Arendt, se define como la eliminación total del ser humano, negándole tanto el derecho a la vida como el sentido de la muerte.
La Banalidad del Mal se establece como concepto arendtiano y atraviesa todo el ensayo. Se manifiesta en la irreflexión de los funcionarios -como el nazi Adolph Eichman o el dictador Jorge Rafael Videla- que justifican sus crímenes bajo la premisa de 'cumplir con el deber' o ser meros técnicos en un sistema mayor. Al bajar el umbral de conciencia, el mal practicado se vuelve tolerable para quien lo ejerce.
¿Por qué leer En Contra del Bien?
Todo texto es performático, actúa e interviene en una realidad y en un contexto determinado, discute. ¿En dónde se inserta En contra del Bien en el debate actual contemporáneo?
En tiempos de discursos y planteos absolutos, donde se actúa en nombre de las Fuerzas del Cielo, la moral como política de Estado o el libre mercado como una deidad, la obra de Brienza nos obliga a repensar certezas y convicciones, aquellos ideales que estamos furiosamente convencidos y nos arrojan a un binarismo totalizante.
¿Están los protagonistas actuales haciendo el mal en nombre de un bien supremo? ¿Somos capaces de ver nuestro propio mal antes de juzgar al otro? Este es un ensayo poderoso porque nos permite mirar nuestro propio abismo y las zonas grises que transitamos.
En una época donde el mal siempre parece ser 'el otro', este libro invita a un ejercicio introspectivo urgente como persona y como militantes comprometidos; es más: pone en duda nuestras propias virtudes y convicciones más arraigadas como un acto superador.
En definitiva, se trata de un texto doloroso, pero también valioso y valiente; pedagógico para aprender a sospechar de nosotros mismos.