Es sábado 10 de agosto y ya se hizo noche en el conurbano sur, la periferia -un no lugar- de una Argentina que se autopercibe del primer mundo. El país de mediados de la década del 90, que al grito de salariazo y revolución productiva vendía sus empresas estratégicas al mejor postor y en el que las industrias bajaban las persianas.
El no lugar es Wilde , y unas tres mil almas vivirán un ritual que los hará olvidar por un par de horas la malaria social, la falta de trabajo, los bolsillos flacos y la corruptela menemista.
Hace tres décadas se presentaban Los Piojos en el Estadio José María Gatica y el acontecimiento quedó documentado en el excelso trabajo de la historia de la banda que realizó el docente, historiador e Investigador del Conicet, Jorge Nuñez, en Los Piojos, Una Historia Documentada,(2024) en el que Andrés Ciro Martínez cuenta sobre aquel recital: “Era un lugar oscuro con toda una vibración alrededor que hacía que el lugar estallara, la luz, el sonido, la energía de la gente, esa magia que no experimentás en ningún lado, es una realidad fuera de lo cotidiano”.
En cada recital iban sumando más público, cada show era más poderoso, en los que algún seguidor disparaba: ¿te gusta el rock y todavía no fuiste a ver a Los Piojos? Cada presentación era un ritual de la banda con sus fieles, rituales de mil noches que habían comenzado no tantos años antes en Boa Vista, Babilonia, Arpegios, y decenas de bares en su prehistoria musical en El Palomar y Ciudad Jardín.
El Tercer Arco
Días después de aquel recital en Wilde saldría a luz el disco que los consagraría a la masividad, con el que sus canciones se convertirían en himnos; Tercer Arco, grabado en Estudios Del Cielito bajo la tutela, los consejos y la guía de Alfredo Toth, aquel integrante de GIT, saldría a escena un 31 de agosto de 1996, hace exactamente treinta años atrás. Si había un Arco y un Arco II en Ay Ay Ay, (temas de apertura y cierre del disco), debía existir un tercero.
La banda de El Palomar estaba integrada por Andrés Ciro Martínez, en voz y armónica, Gustavo “Tavo” Kupinsky, en la primera guitarra, en la segunda Daniel “Pity” Fernández, Miguel Ángel “Micky” Rodríguez en el bajo y Daniel Buira en batería y percusión; juntos conformaban el quinteto que salía a jugar en cancha de once.

Ciro, Tavo, Micky, Pity y Dani.
1996: La Constelación de un rock en ebullición
¿Cuál era la constelación musical mientras Tercer Arco ganaba la calle? Veamos.
Un ángel caído solitario y al que se le ríen permanentemente, siendo rival de un dios bobeta, resulta parte del paisaje críptico y desolado de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en su disco Luzbelito (1996), la nueva apuesta de Carlos Solari y los suyos, luego de tres años de mutismo musical.
Confort y Música para Volar era el trabajo que grabarían en los estudios Post Edge de Miami, en un MTV Unplugged, los Soda Stereo. En el corazón industrial del oeste, en Mataderos, emergía el que sería el disco más vendido de aquel año, Despedazado por mil partes de La Renga. Y en menos de un año después, Luis Alberto Spinetta volvería al ruedo con su nueva banda Spinetta y Los Socios del Desierto(1997). Aparte sonaba la aplanadora del rock con un título muy sugerente, en relación a la farandulización de la época: La Era de la Boludez (1993), de los Divididos.
Este escueto pantallazo nos permite comprender qué momento transitaba el rock nacional de la segunda mitad de los noventa. Porque cada trabajo sonoro de estas bandas elevaba la vara de aquellos emergentes, que deseaban jugar en la cancha grande del rock nativo.
La respuesta colectiva al sálvese quien pueda
Pero tomando perspectiva, hablar de Tercer Arco exige comprenderlo no solo como un hito discográfico, sino como un síntoma de época. El tercer álbum de Los Piojos emergió en el punto de máxima tensión del modelo neoliberal en Argentina.
El músico de los pagos del sur, Hernán Vera, docente en historia y bajista de la banda Viajeros, (cuyos integrantes son de Quilmes, Varela y Berazategui) sintetiza aquel escenario atravesado por el menemato: “Fue el pleno auge con todas las políticas aplicadas en su totalidad: privatizaciones, desregulación, flexibilización laboral, endeudamiento y la convertibilidad como una fantasía que convivía con una gran pérdida de empleo y desigualdad”.
Vera considera que, antes que una denuncia explícita, el disco funcionó como una respuesta identitaria frente al individualismo reinante. En palabras del bajista, la banda construyó una trinchera colectiva basada en el barrio, el fútbol, la murga, el candombe y la esquina con amigos: “Frente al discurso del 'sálvese quien pueda', Los Piojos decían 'vamos todos juntos, tratemos de salvarnos en comunidad', y ese contraste es clave”.
Además agrega que abrir el disco con Esquina Libertad (el tema hace referencia a la esquina de Libertad y Palazzo en Ciudad Jardín, en el que se ubicaba según Vera, “la casa donde ensayaban, compartían y soñaban aquellos pibes), y cerrar con Verano del '92 marca algo. Juntarnos para buscarle la vuelta a la realidad entre todos. Una fotografía cultural de los '90 que no dista mucho de lo que vivimos hoy”.
En 1996 se vendieron miles de ejemplares del tercer disco de estudio de la banda.
Una usina de resistencia
En esa misma línea, el comunicador, frontman y cantante de Pepamajalú, Javier Plazaola, ubica al trabajo dentro de un quiebre bisagra para la historia del rock nacional.
“El año 1996 fue una usina de resistencia cultural y renovación estética donde convivían agrupaciones como H.I.J.O.S. (nacida en Córdoba en 1995, en un encuentro de jóvenes hijos de desaparecidos, exiliados y asesinados, cuyo acuerdo era rechazar de plano la Teoría de los dos demonios) y Madres de Plaza de Mayo con una escena musical efervescente que abarcaba desde Los Visitantes, Attaque 77, Divididos y Las Pelotas hasta el despegue under de Árbol o Babasónicos”.
En este magma, Plazaola, líder de la banda nacida y forjada en la ribera quilmeña, destaca que Tercer Arco (junto a Despedazados por mil partes de La Renga) reconfiguró la masividad de la música popular argentina.
“Es un disco atravesado por una raíz rioplatense muy fuerte. Tenía esa potencia combativa y un sentimiento contestatario, pero al mismo tiempo detonó en las radios y en MTV con el video de Verano del '92”, reflexiona Plazaola, y agrega que “tenía una prosa y un formato que te permitía armar un corte de difusión con casi cualquier tema. Marcó un quiebre definitivo para nuestra música”.
La arquitectura sonora: tema por tema
Detrás de ese impacto socio-cultural se despliega una ingeniería compositiva única. Es así que, para el músico y Licenciado en Composición por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Esteban Escot, Tercer Arco es la obra que devela la verdadera esencia de la banda.
¿Cómo lo hace? Mediante el contraste, la mixtura y la construcción de cada riff como un scatting de manifestación popular. En una era previa a la dictadura de los tres minutos y la urgencia por llegar al estribillo, el álbum se consolidó como un viaje ecléctico que merece escucharse de principio a fin.
El músico y compositor Escot desarma el entramado musical del disco, tema por tema:
El recorrido musical de Tercer Arco comienza con Esquina Libertad, un corte de folk rock norteamericano de los años 70, donde la velocidad y la densidad cronométrica inyectan una apertura energética. Le sigue Taxi Boy, donde destaca la armónica juega en una dinámica de pregunta y respuesta con una introducción tan o más trascendente que el propio estribillo, valiéndose de células rítmicas que rompen con la estaticidad del estilo. La energía continúa con El Farolito, auténtico himno al rock rioplatense que combina un scatting inicial, separación silábica en las voces para potenciar el enganche, ska, distorsión, percusión y un coro tribal al frente.
En la misma línea potente, Shup Shup se presenta como rock al 100%, manteniendo las guitarras al frente sustentadas por una base sólida de bajo y batería, tomando la arriesgada, pero efectiva decisión de convertir al scatting en el estribillo. Por su parte, Al Atardecer muestra una fusión rioplatense pura al esconder un candombe entre guitarras, arreglos de voces, reminiscencias de milonga y giros de vientos de madera del norte. Más adelante, Qué decís aporta una marcada tradición rockera y ambiente de bar, jugando nuevamente con la pregunta y respuesta entre el coro y una segunda voz paralela en terceras.
"Sin más armas en la mano que un diez en la camiseta".
La experimentación sonora alcanza un punto alto en Don't Say Tomorrow, considerada la máxima expresión de la mixtura piojosa al combinar letras en inglés, candombe, acordeón del litoral, guitarras con wah-wah y voces de carnaval. En Todo Pasa, la banda recurre a una estructura murguera que arranca descansando en la melodía y crece al modular hacia secciones menores con distorsión y tensión, para luego retornar a su color original con coros ascendentes. Como transición, Intro Maradó propone una payada de poesía gauchesca montada sobre una sonoridad instrumental de raíz africana.
El tramo final del álbum abre con Marado, un homenaje al Diego, no edulcorado, de carácter combativo que mantiene un beat acelerado, tonalidad menor y tensión cromática constante para fijar la atención de lleno en el mensaje.
En contraste, Gris porta un espíritu de tango asentado sobre una base de bajo y percusión en clave de bolero, ofreciendo una muestra de diversidad sonora latinoamericana capaz de hacer sentir la lluvia aunque no llueva. La propuesta rítmica se estira en Muévelo, un tema bailable donde la instrumentación tradicional recién aparece en el clímax final, demostrando cómo la banda sostiene la esencia rioplatense sin depender exclusivamente de los parches. Finalmente, Verano del '92 cierra el disco con el scatting convertido en bandera y una percusión sostenida que entregan un final tribal, visceral y definitivo.
El Refugio comunitario como bandera
“El tipo dice que es difícil/ que lo duro va a pasar/ el tipo habla de futuro/ y no tenés laburo y a él lo están por echar”, gritaban Los Piojos en los estadios colmados de Atlanta, All Boys, Microestadio de Ferro y Obras Sanitarias, la letra de Shup- Shup- (track 4) frente al desguace del Estado, el culto a la ignorancia, (mandar a lavar los platos a los científicos y desfinanciar la escuela pública), la desocupación, el quiebre de las empresas nacionales y el endeudamiento feroz con el FMI (sin beneficios para el pueblo); la escena rock de aquella década representó la mejor arma de combate para una juventud que se quedó huérfana, sin dirigentes y con un vaciamiento de la representación política, que derivaría en la brutal crisis de representación que estallaría en el 2001.
El disco finalmente se estrenaría el 28 de septiembre en Obras Sanitarias.
En definitiva, retomar la tradición contestaria, reanimar estas canciones tres décadas después, nos deja en claro que Tercer Arco no solo capturó las tensiones de una época, sino que nos permite pensar el cinismo, la ignorancia y la crisis actual , aunque no sea un espejo fiel de aquellos años 90, porque tanto el mileismo, como el espacio nacional-popular, el kirchnerismo resultan representativos en términos electorales y de fuerzas políticas; Los Piojos construyeron su mapa genético y dejaron grabado a fuego un refugio comunitario de la cultura popular argentina.
Salud, Tercer Arco, treinta años después las canciones siguen vivas, continúan siendo banderas necesarias para el combate de aquellos años y también de los los actuales.