Mario Eduardo Firmenich ha dado a conocer unlibro de 653 páginas editado ahora, en 2026, por el Grupo Editorial Penguin Random House, a través de su editorial cita en Buenos Aires,la mítica Sudamericana, ahora de su propiedad. Su título es “Orígenes. Las raíces denuestra militancia”.

El peronismo tiene sus raíces en las luchas nacionales y populares, plantea Firmenich en su libro.
El autor se propone abarcar todo el largo segmento de tiempo que contiene las raíces a futuro de la organización político-militar Montoneros, que en gran parte de su existencia lo tuvo como primer comandante.
Es decir que bajo su óptica pasa el accionar independentista de San Martín, Belgrano y Güemes, luego la lucha de los caudillos federales y el gobierno de Juan Manuel de Rosas, para proseguir conel radicalismo yrigoyenista y desembocar finalmente en el Movimiento Nacional Peronista con su conductor Juan Domingo Perón y el alma, motor y nervio del mismo en la figura combativa de Evita.
Es interesante su explicación a lo largo de las páginas del libro decómo, cada uno de estos períodos históricos que aparecen separados y estancos son la columna vertebral de una línea nacional, popular y revolucionaria en nuestra Patria.
Seguramente Firmenich recordó aquellas palabras que oportunamente vertió alpapel, otro militante de Montoneros, Rodolfo Jorge Walsh en los ‘70, cuando expresó: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroesni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de lasluchas anteriores, la experiencia colectiva se pierde, las leccionesse olvidan. La historia parece así, como propiedad privada cuyosdueños son los dueños de todas las otras cosas”.
Por lo que aquí se apunta a subsanar ese déficit historicista.
Pero es más, esa línea de pueblo y lucha para Firmenich “es un continuo histórico que políticamente arranca con Túpac Amaru, que a su vez tiene raícesen el Inca Garcilaso de la Vega y en el Padre Bartolomé de las Casas”. Por lo que asevera que sutexto “abarca entonces desde 1776 hasta 1967”. Es decir, hasta tres años antes de la primera acción firmada por Montoneros.
Línea histórica con San Martín, Rosas y Perón.
Y al respecto apunto algo que no se puede pasar por alto. Cuando el 29 de mayo de 1970 Aramburu fue secuestrado por la incipiente organización guerrillera peronista, basta con ir a una hemeroteca nutrida y ver los diarios del sistema ante el hecho consumado, para entender que según ellos se había atentado contra un pundonoroso general de la Nación, personalidad pública de bien y excelente padre de familia. Y siguieron con esa retahíla hasta no hace mucho tiempo.
Pero a veces, no siempre, la justicia llega.
El 22 de junio de 2026, hace solo dos meses atrás, el Juzgado Federal N° 2 deSan Martín declaró que los fusilamientos de civiles en José León Suárez del 9 de junio de 1956 (Aramburu era presidente de facto) son delitos de lesa humanidad.
La jueza Alicia Vence determinó que los dictadores Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Francisco Rojas, junto a jefes policiales, fueron responsables de homicidios políticos y persecución ilegal. La pena fijada de haber estado vivos habría sido prisión perpetua. Además, desde el juzgado se ordenó crear un espacio conmemorativo en el predio de los antiguos basurales de José León Suárez y se solicitó incluir el análisis histórico de la sentencia en los diseños curriculares de la Nación y la Provincia de Buenos Aires, reivindicándose así el buen nombre y honor de las víctimasfusiladas y sobrevivientes tiempo atrás.
Vuelvoal libro. Y que siga hablando el que lo escribió así evitamos interpretaciones erróneas.
“La violencia política en Argentina no se origina en 1976.Tampoco empezó en 1970. Ni con el golpe de Estado criminal de 1955.Ni con el derrocamiento militar de Yrigoyen en 1930 (…) Así llegamos al descuartizamiento de Túpac Amaru que fue un acto de represión criminal, violatorio del más elementalísimo derecho humano. La tradición represiva genocida en nuestras tierras seinicia con la primera rebelión de independencia en los territorios del virreinato del Perú”.
Y luego de hacer un repaso en tal sentido por nuestra América y los países que la conforman, avanza en la explicación del escrito que está dando a conocer:
“Por eso este texto no es un manual de historia ‘políticamente correcto’ para la escuela secundaria. Es una revisión política crítica de la historia de nuestras raíces desde los orígenes. Es una discusión política sobre los contenidos y significados de los momentos determinantes de nuestras luchas por la soberanía nacional y popular. Comentaremos comparativamente los momentos críticos del pasado con circunstanciasde épocas posteriores incluyendo algunas decisiones de la organización Montoneros”.
Y de inmediato apunta a quienes se favorecen a partir de dar a conocer la historia oficial en nuestra patria como si fuera una verdad revelada e inmodificable:
“En el bando de los neocolonialistas no sólo se repiten ciertas constantes políticas a lo largo de la historia. Se repiten inclusol los apellidos. Los descendientes de los ‘próceres’ enemigos del movimiento nacional y popular viveno rgullosos de su tradición familiar. Las tradiciones de ´la gentede bien’ están gestadas en las guerras civiles de los orígenes patrios, en las guerras civiles de la desintegración de nuestra patria grande y en las guerras civiles de la organización nacional de cada uno de nuestros países. Ellos tienen motivos para que sea mejor olvidar muchas cosas de sus orígenes. Nosotros tenemos motivos para hacer memoria de nuestros orígenes con el objetivo de resolver los temas pendientes”.
Firmenich se graduó en el Colegio Nacional Buenos Aires.
Y estimados lectores, si hasta el momento lo aquí vertido les resultó digno de análisis, lo que viene es neurálgico, central, crítico, decisivo, clave y esencial –todo a la vez- para entender de que se está hablando, que se está discutiendo, y que se quiere demostrar.
Nos dice: “A nosotros no se nos ocurrió el nombre Montoneros porque sonaba folklórico. Es una identidad que alude a la participación popular en las guerras del siglo XIX(…) Hay quienes niegan, desde variados puntos de vista, que enArgentina haya existido una guerra civil entre peronistas y antiperonistas desde 1955 y que Montoneros tenga sus raíces en esa realidad. Algunosi nclusive creen que afirmar que hubo una guerra civil da argumentos para legitimar la represión de la dictadura genocida de Videla yMartínez de Hoz. Pero eso es un error conceptual serio. Ninguna clase de guerra da legitimidad a la desaparición forzada indefinida de losenemigos. El consenso humanitario mínimo sobre las guerras, establecido en las Convenciones de Ginebra, no autoriza ni justifica las torturas, los asesinatos indiscriminados, el robo de bebés y lasustitución de sus identidades y todas clases de vejámenes ilegalese inmorales a los enemigos.
Mucho menos cuando tales enemigos son militantes de la fuerza política mayoritaria proscripta inconstitucionalmente. Proscripción que rigió no sólo bajo dictaduras militares sinotambién con gobiernos civiles seudo-democráticos. La verdad histórica es que, así como hubo guerra civil entre federales y unitarios, también hubo guerra civil entre peronistas y antiperonistas”.
Razonemos con lógica y honestidad intelectual –sigue diciendo Firmenich-:
1. Si un país no tiene Contrato Social ni Constitución Nacional legal y es gobernado por una dictadura que: a) bombardeó a la población civil con la aviación de guerra. b) proscribe a la mayoría política y fusila sin juicio previo. c) ocupa militarmente el territorio nacional.
2. Y si esa dictadura es resistida popularmente usando todos los métodosde lucha legales y clandestinos, incluida la resistencia armada.
3. Entonces ese país vive en guerra civil.
Continúa con su análisis:
“Los orígenes del peronismo no pueden ser explicados al margen de lahistoria argentina previa. Los orígenes de la organización Montoneros tampoco. El peronismo tiene sus raíces en las luchas nacionales y populares desde los orígenes de la patria. Para el peronismo ‘los únicos privilegiados son los niños’, o sea, nuestra generación. Nos hicimos montoneros debido a la cultura nacional y popular revolucionaria con que nacimos y crecimos”.
Es más, explicita: “El 17 de octubre del 45 no fue una huelga de los sindicatos capitalistas. Fue ‘el subsuelo de la patria sublevado’ que emergía con la memoria histórica de Túpac Amaru, de Güemes, de San Martín y Belgrano, de Artigas, de Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas, de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen”.
Por lo que “de modo semejante la organización Montoneros no es una guerrilla deizquierda liberal. Es la organización político-militar de las montoneras federales renacidas con tecnología del siglo XX y cultura industrial peronista (…) Fuimos el relevo juvenil de la sublevación obrera y popular del 45 y de la Resistencia Peronista posterior al 55. Somos hijos de la historia nacional, signada por la revolución peronista inconclusa y la contrarrevolución gorila”.
Una columna marcha el 25 de mayo de 1973.
Otro punto esencial del libro de Firmenich está dedicado a explicar las falacias de la historia oficial.
“La existencia y las consecuencias de maldiciones en la historia argentina se deben a que esa historia ha sido narrada desde la perspectiva particular del poder ‘gorila’. No es ‘historia’ científicamente investigada. Es un relato oficial de manipulación social, que no explica lo sucedido, sino que lo desnaturaliza para que se ajuste a su relato interesado”.
Y es muy cierto. Basta con recordar como pasaron a la historia mitrista y sarmientina (esa que sigue vigente en muchas escuelas), algunos de los hombres que enfrentaron a nuestra oligarquía vernácula. Facundo Quiroga era “bárbaro”. Felipe Varela “asesino”. Rosas “tirano” y Perón “tirano prófugo”. Para Evita reservado todo el odio y rencor escrito en esa frase imperecedera: “viva el cáncer”.
El autor de nuestro libro asevera con propiedad:
“Las montoneras de ‘gauchos brutos’, los malones de ‘indiossalvajes’, los ‘cabecitas negras’ y llegando hasta nuestra resistencia a las dictaduras y la Triple A, todos hemos sido demonizados. Nos echaron su maldición con la amplificación mediática de ocultamientos, distorsiones, medias verdades y burdas mentiras, tanto sobre los hechos como sobrel os protagonistas.
En 1973, la organización tenìa un poder de movilización notable.
Para los defensores de la soberanía nacional y la justicia social están permitidas descalificaciones como ‘la barbarie’, las ‘tiranías populistas’ y ‘la violencia’. Para los defensores del status quo oligárquico-imperialista, en cambio, son válidas alabanzas como ‘la civilización’, ‘la democracia’ y ‘la paz’. Poco les importan las evidencias que demuestran justo lo contrario. Aplican la creencia de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.
Aposteriori, el escritor de este imprescindible libro de lectura histórica se centra en una problemática muy de nuestros días: la vigencia del individualismo y la desmoralización colectiva que se trasunta en una frase insignia: “Hacé la tuya”.
Firmenich, para rebatir y refutar ese dicho neoliberal destructivo del tejido social, recuerda otra frase que tuvo inmensa vigencia en los 60 y 70 y que decía: “Nadie se salva solo”, llevada como verdad absoluta a la historieta de “El Eternauta” (ahora de renombre mundial) escrita por el guionista Héctor Germán Oesterheld, no casualmente otro militante montonero.
Concluyo esta reseña citando textualmente una vez más al autor del libro cuando dice:
“A contramano de la historia oficial me propongo abordar la realidad histórica con la mayor racionalidad sociológica y políticaposible. Este libro cumple, por un lado, la misión de un texto de estudio destinado especialmente a la formación de la juventud en general y de los futuros cuadros políticos en particular”.
Afiche de la época.
Y de inmediato advierte un grave impedimento estructural para cumplir este objetivo que se propone:
“No se me escapa que a la mayoría de los más jóvenes de la actualidad les han quitado el hábito de la lectura. Eso empobrece el lenguaje y por lo tanto dificulta la comprensión de cualquier texto que se lea. Sin duda muchísimos jóvenes de nuestro pueblo no están encondiciones de leer y comprender más de 500 páginas” (como eneste caso).
Y va al hueso del problema: “Entre otras cosas necesitamos enseñarles que escribir con emoticones es una involución cultural de cinco mil años. Así escribían los antiguos egipcios. En vez de letras y palabras usaban dibujitos”.
Y propone una solución colectiva que permita salir de este atraso decadente ya enquistado en nuestra cultura y en nuestra sociedad:
“Para eso, es hora de que los que han tenido el privilegio de comer todos los días y poder estudiar, asuman la noble tarea de alfabetizar social, económica y políticamente a los más desfavorecidos”.
1973: aulas de la universidad pública.
De eso se trata. Y por eso vuelve al llano un hombre que se graduó de bachiller en el Colegio Nacional de Buenos Aires con medalla de oro; que terminó en la cárcel alfonsinista sus estudios de Economía en la Universidad de Buenos Aires con el mejor promedio de su promoción (pero le negaron desde el oficialismo el Diploma de Honor correspondiente) y que en la Universidad de Barcelona, España, posteriormente obtuvo un doctorado en teoría económica con calificación Sobresaliente Cum laude.