Este primer párrafo fue incorporado días después de haber entregado el artículo original a mi editor de la Revista Kranear. La velocidad del retroceso es tal que, cada vez que contamos una atrocidad de este gobierno, la realidad nos obliga a añadir un nuevo capítulo. En materia de Derechos Humanos —eje de este texto—, se debe informar que el Gobierno de Milei interrumpió el envío a los consulados de los kits de ADN necesarios para tomar muestras de sangre a quienes sospechan ser hijos de desaparecidos y viven en el exterior. Ante esta situación, las Abuelas de Plaza de Mayo solicitaron 'a las autoridades, en particular a la Cancillería Argentina, que arbitren los medios necesarios para resolver prontamente este tema'.
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En la madrugada del 24 de marzo de 1976, los pabellones de todo el país se empezaron a llenar de nuevos detenidos. Dos sonidos se escuchaban constantemente, el de la marcha militar y el de las puertas de las celdas que se abrían y cerraban.
A pocos días de la marcha del 24 de marzo más multitudinaria de la historia, a 50 años del golpe de Estado, nos reunimos un grupo de personas para visitar la Unidad Penal Nº 2 de Gualeguaychú, la cárcel que alojó a gran parte de los presos políticos de la provincia de Entre Ríos.
La dictadura es un pasado que no pasa. Recorrer la cárcel es una interpelación inevitable que nos recuerda todo el tiempo la historia. Esta cárcel fue uno de los engranajes necesarios para esa enorme maquinaria estatal que asesinó, que torturó, que robó bebés, que hizo desaparecer a miles de hombres y mujeres en nuestro país.
El Estado nacional convirtió al penal en Sitio de Memoria, en 2012.
El edificio consta de un imponente castillo construido en 1888. Se encuentra ubicado en un barrio céntrico a pocas cuadras del actual Corsódromo, en cuyo predio, en aquella época funcionaba la estación del tren. ¿Cómo fue posible que convivieran el horror y la cotidianidad en un mismo espacio?
La Unidad Penal Nº 2 de Gualeguaychú fue declarada Sitio de Memoria en junio de 2022. Dos años después, se inauguró el espacio de memoria gestionado por la Asociación Civil Madres de Plaza de Mayo Gualeguaychú. Desde entonces, se organizan visitas guiadas en la cárcel que hasta hace pocos años alojaba presos. Ahora está vacía y ensordece el silencio. En uno de los pabellones, hay una pared con un mural de los 37 desaparecidos nacidos en Gualeguaychú realizado por la artista Marta Pardo, libros de derechos humanos, archivo fotográfico y un cuadro de Santiago Maldonado realizado por el artista plástico Martín Aramburu. Es un espacio de encuentro.
Los sitios de memoria existen porque expresan cómo el propio Estado vulneró los derechos humanos. Allí se ejercita la memoria para que no pase nunca más. Señalizar es poner una marca a un lugar que fue un centro de horror. Para la ley 26.691, un sitio de memoria es un lugar “que funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio o donde sucedieron hechos emblemáticos del accionar de la represión ilegal desarrollada durante el terrorismo de Estado”.

Arnolfi realizó la recorrida junto a Susana Bugnone.
“Para hablar de presos políticos hay que remontarse un tiempo antes del golpe de Estado. En septiembre de 1974 se sancionó la Ley de Seguridad (20.840) que habilitaba a encerrar a personas por causas políticas, por ejemplo, por tener material considerado subversivo. Un mes después de sancionada esa ley, se dieron las primeras detenciones en todo el país y en nuestra ciudad”, cuenta el sociólogo Ignacio Journé, integrante de la Asociación Civil Madres de Plaza de Mayo y quien realiza las visitas guiadas por el penal. “Hay 37 personas nacidas en Gualeguaychú que fueron detenidas, desaparecidas o asesinadas en otras ciudades del país donde se habían ido a trabajar o a estudiar. Aquí en Gualeguaychú la dictadura desapareció a Noni González y Oscar Dezorzi”, informa Journé durante la visita.
Recorremos el predio en silencio para escuchar la historia. Entramos en esas viejas y sólidas construcciones devenidas en ruinas, vemos la celdas diminutas, los cuadraditos enrejados que ofician de ventana. La memoria requiere de un lugar donde acontecer, un lugar donde el espacio y el tiempo dialoguen.
Nos acompaña en el recorrido la poeta Susana Bugnone, representante de Madres de Plaza de Mayo Gualeguaychú, Profesora Superior de Literatura, Castellano y Latín, entre otros títulos. Susana tiene dos hermanas desaparecidas, María Elena y Marta Bugnone; tenían 24 y 27 años cuando se las llevaron. Marta estaba embarazada al ser secuestrada y según diversos testimonios, parió en cautiverio. En Gualeguaychú también buscamos al hijo de Blanca Angerosa, secuestrada en 1978. Estaba embarazada al momento de la detención y su hijo Pedro nació en un centro clandestino.
Como la cárcel era de varones, el servicio penitenciario improvisó una celda especial para las detenidas mujeres. En esta cárcel también hubo embarazadas y niños. Según las causas judiciales y el Archivo Nacional de la Memoria, las personas encarceladas en este penal provenían de centros clandestinos de detención de la provincia.
Las dos hermanas de Susana, María Elena y Marta Bugnone, tenían 24 y 27 años cuando las desapareció el Estado argentino.
Entre las primeras mujeres detenidas estaba Celia Chacón, una sobreviviente gualeguaychuense de la dictadura que hoy vive en la Patagonia. Susana Bugnone era su profesora en el instituto superior de formación docente fundado por el entonces obispo de Gualeguaychú Mons. Ramón Chalup en 1963.
“Celia siempre fue muy buena alumna, muy inteligente. Yo era su profesora, en octubre del 74 a ella le faltaban sólo dos materias para recibirse, una era la mía. Cuando la detuvieron, Celia empezó a pedir que la dejen rendir en la cárcel así no perdía la regularidad. Yo le dije que sí, me puse a disposición. El tema es que ningún profesor me quería acompañar a la cárcel. Después de un tiempo, logramos que me acompañe el Padre Villamil”, cuenta Susana Bugnone y agrega: “Celia estaba embarazada cuando la detuvieron. La llevaron al hospital encadenada, querían que tuviera el parto encadenada a la camilla. Después de eso, estuvo un tiempo con su bebé en prisión. Al año, dejaron al bebé con los abuelos y a Celia la trasladaron a la cárcel de Devoto. Estuvo cuatro años en prisión, sobrevivió y al salir exigió que le dieran el título en el instituto. Tanto insistió, año a año, que el Padre Diez –quien era el director- le dio el título y le hizo prometer que nunca iba a dar clases. Después se hizo peluquera, no sé si al final terminó dando clases o no. Ese mismo cura, un tiempo antes, me había dicho que yo tenía que renunciar al instituto por tener dos hermanas subversivas. El cura no quería que dé más clases. Yo nunca renuncié, le dije que si tenía algún problema conmigo que me hiciera un sumario”. Susana Bugnone dio clases hasta jubilarse. Su libro Memorias del agua fue publicado por la editorial Oyé Ndén, que en la lengua originaria chaná significa “guardar memoria”.
A partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, se agravaron las condiciones de detención y la cárcel quedó bajo custodia de personal del Servicio Penitenciario provincial, la Gendarmería Nacional y el Ejército. Según declaraciones judiciales, se sabe que las víctimas eran llevadas a otros lugares de reclusión ilegal para ser interrogadas bajo tortura. Tal es el caso de una quinta cerca del aeroclub de la ciudad. Posteriormente, regresaban los detenidos al penal. Algunas personas fueron liberadas y otras trasladadas a unidades penales del país como a la cárcel de Coronda (Santa Fe), Sierra Chica (Buenos Aires), Caseros (CABA) o el Instituto Penitenciario de Resistencia (Chaco).
Susana
“Los ex detenidos de esta cárcel contaron que el entonces capellán Juan Alipio Fortunato se comprometió con la situación de los presos políticos. Además de asistencia espiritual, debajo de la sotana guardaba cartas de familiares, abrigo, yerba y cigarrillos”, cuenta Journé durante la visita. La justicia federal condenó a varios represores por crímenes de lesa humanidad cometidos en Entre Ríos, entre ellos a los ex jefes militares de Concordia y Gualeguaychú, Naldo Miguel Dasso y Juan Miguel Valentino, respectivamente.
La Red de Sitios de Memoria y el Archivo Nacional de Memoria, ambas áreas de la ex Secretaría de Derechos Humanos, han sido desmanteladas por los libertarios, aunque el vaciamiento y la estigmatización de las políticas de memoria comenzó con el gobierno de Macri en 2015. Por aquellos años, el PRO reeditó la teoría de los dos demonios y avanzó con una política de negacionismo que incluso quiso beneficiar a los genocidas con aquel fallo del 2x1.
Al asumir, Macri se negó a recibir a los organismos y en paralelo Avruj, su secretario de derechos humanos, se reunió con Victoria Villarruel, quien hace muchos años viene reivindicando la dictadura, visitando genocidas, marchando para que los liberen y victimizando, entre otros, al represor Amelong, multicondenado por desapariciones, secuestros y robos de bebés.

Milei desmanteló la política pública de Memoria, Verdad y Derechos Humanos.
Con Macri, entre 2015 y 2019, se duplicó la cantidad de genocidas libres y aumentó casi un 40 por ciento la cantidad con el beneficio de la domiciliaria.
Con la asunción de LLA en diciembre de 2023 se profundizó el vaciamiento con recortes presupuestarios, despidos masivos de personal y una reestructuración que derivó en el abandono de espacios de memoria en todo el país.
El último 24 de marzo Gualeguaychú se movilizó de manera multitudinaria. Millones de personas marcharon en todo el país. Sabemos que es urgente ocupar las calles. El poder teme a la memoria popular porque sabe que allí reside su centro de acumulación política.
Desde la memoria colectiva, creamos mundos posibles para ser habitados. Porque hay memoria colectiva es posible construir proyectos comunes, lejos de los horrores del pasado. Sin memoria no hay libertad.
La Red de Sitios de Memoria se expande por todo el país, y hoy está desfinanciada.