Nació el 14 de noviembre de 1919 (fin de la primera guerra mundial y comienzo de entre guerras), en el seno de una familia radical; María Elvira Lenci, fue su madre, y Juan Isaac Cooke, su padre, abogado y publicista nieto de irlandeses, quien hasta ese entonces era diputado nacional por el radicalismo (Cooke es una copia del padre), aunque muchos años después, a partir de 1944, aceptará el cargo de canciller del gobierno de facto del general Edelmiro Farrell y ya durante el gobierno peronista sería embajador argentino en Brasil durante seis años para posteriormente desempeñar el mismo cargo diplomático en España y ser el delegado de nuestra país ante la Organización de Estados Americanos.

John William, fue el primer hijo del matrimonio y tuvo tres hermanos varones, José Luis, Carlos Federico y Jorge Félix.

John cursó la primaria en la Escuela Anexa y el secundario en el Colegio Nacional. Luego ingreso a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Se recibió de abogado en 1943.

No tenía inclinaciones hacia el fútbol, pero los amigos más cercanos, como Aurora Venturini, señalaba que John era de Gimnasia y esgrima de La Plata; habría ido sólo una vez a la cancha de la mano de un grupo de compañeros.

Los inicios en la política de John William Cooke, coinciden con el primer año de la Facultad, cuando se suma a la Unión Universitaria Intransigente, aunque en su familia desde que nació mamó la política. En paralelo a su militancia universitaria iniciaba su acercamiento la las ideas de FORJA.

Luego de recibirse de abogado no ejerció la profesión, porque se dedicó de lleno a la docencia universitaria en la Facultad de Derecho y al periodismo en distintas públicaciones políticas.

Con tan sólo 26 años John fue elegido como diputado nacional del peronismo (1946-1952) en donde llegó a ser presidente del bloque. En la Cámara de Diputados presidió las comisiones de Asuntos Constitucionales, La redactora del Código Aeronáutico y la de Protección de los Derechos Intelectuales.

Al terminar su mandato en el año 1952 no quiso renovar y regresó a su cátedra como profesor titular de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Y acá se produce un punto de quiebre.

Comenzó a editar una publicación semanal llamada “De Frente', que siguió apareciendo hasta el golpe militar de 1955, y al mismo tiempo comenzó a realizar una praxis política de la mano de Juan Domingo Perón.

Pocos días después del golpe militar del 16 de septiembre de 1955 fue arrestado en la casa de su amigo José María Rosa y enviado al Penal de Río Gallegos junto con otros dirigentes del justicialismo. De allí se escaparon al país trasandino. Pero aún estando encarcelado se las ingenió para participar activamente en la organización de los distintos grupos protagonistas de la resistencia peronista.

Luego de un año de estar en prisión recibe a comienzos de noviembre de 1956 una carta de Perón, quien desde el exilio lo designa apoderado del Movimiento Nacional Justicialista; en la carta Juan Domingo Perón explícita “su decisión será mi decisión y su palabra la mía. En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y sus decisiones tienen el mismo valor que las mías. En caso de fallecimiento delego en el doctor don John William Cooke el mando del Movimiento”.

En este sentido, no podemos dilucidar las circunstancias en que Cooke junto a otros compañeros logra fugarse del penal de la capital de Santa Cruz el 18 de marzo de 1957. Estos compañeros eran Héctor Cámpora, Guillermo Patricio Kelly, Jorge Antonio, Pedro Gomis y José Espejo. El mismo día todo el grupo logró pasar a Chile, en donde fueron recibidos como exiliados políticos.

En este contexto, no podemos dejar de nombrar la revolución cubana que triunfa en enero de 1959, con la que John William Cooke se entusiasmó y admiraba desde tiempo, a tal punto que en marzo de ese año le escribió a Perón para que se traslade a la Isla, propuesta que fue rechazada, ante lo cual decidió viajar sólo desde Chile a Cuba, donde se afincó. Cooke insistía con que Perón debía dar un giro y mirar más a Cuba (hay que tener en cuenta el contexto).

En 1962, John fue enviado a Europa por Fidel Castro y Ernesto Guevara con el objetivo de darle personalmente a Perón una invitación formal del gobierno cubano para exiliarse en la Ciudad de La Habana.

John llegó a París para comunicarse telefónicamente con Perón para pedirle sostener una entrevista en Madrid, pero sus llamados no fueron respondidos por Perón, quien decidió mandar como emisario a la capital francesa a uno de sus ayudantes llamado Héctor Villalón, quien le dijo a Cooke que no era prudente viajar a España, pero hizo que John mantenga conversación telefónica con Perón, acordando que le enviaría con el mismo emisario un informe político de la situación del peronismo en Argentina.

El resultado de su gestión no tuvo éxito y dejo de ser el representante “oficial' del Movimiento, y regresó a Cuba, donde lo esperaba su mujer Alicia Euguren, otra dirigente justicialista que se entusiasmó con la revolución cubana.

Luego de un tiempo John William Cooke y Alicia Euguren viajaron a Montevideo donde contactaron a varios dirigentes de la izquierda argentina para enviarlos a realizar formación y entrenamiento militar a la Isla.

Unos meses después el matrimonio retorno a La Habana y John se dedicó a participar en Cumbres como la de OSPAAAL y la Organización Latinoamericana de Solidaridad.

John William Cooke regresa al país como efecto de un cáncer de pulmón avanzado y fallece el 19 de septiembre de 1968 en el Hospital de Clínicas de la Ciudad de Buenos Aires.

John William Cooke fue el único dirigente que le hablaba a Perón de igual a igual, manifestándole sus ideas y sus discrepancias con la política oficial en algunos aspectos, incluso sólo a tener discusiones acaloradas tanto con El General, como con María Eva Duarte, sin que ello obture el respeto y sobre todo la cuestión política.

John William Cooke era un hombre de fuertes convicciones, y esto conlleva su franqueza y sinceridad que lo caracterizaron a lo largo de toda su vida, de ahí la confianza de Perón.