Todos saben de la existencia de un Perón que fue político, estadista, conductor, líder, presidente, militar, intelectual, exiliado y tantas cosas más. Pero muy pocos supieron de la existencia de un Perón que hacía del humor, el sarcasmo y las sentencias campechanas, un arte.

Nuestro querido poeta y militante Benito Enrique Chávez, aunque fue conocido siempre a través de su obra literaria como Fermín Chávez (me contó que tomó el nombre prestado de Fermín, por un santo nacido en Pamplona en el siglo III), es el autor del libro “La Chispa de Perón”, editado por Cántaro en 1990, y que reúne setenta relatos. Recupero algunos para deleite de nuestros potenciales lectores.


Un consejo, soldado

1920. Perón teniente del Ejército en Campo de Mayo. Instructor en la Escuela de Suboficiales. Ve a un conscripto que se había parado justo atrás de las patas de un caballo. Lo llamó y le dijo:
- Venga, soldado. Quiero darle un consejo. No se ponga nunca detrás de un caballo, delante de un cañón ni cerca de la policía.

¿Y si ganamos…?

El 24 de enero de 1944 se reunió el GOU (Grupo Obra de Unificación) en el recinto del Concejo Deliberante, para considerar la ruptura de relaciones con Alemania y Japón. La sesión fue tumultuosa y los voceros del nacionalismo y de la neutralidad sostuvieron firmemente su posición contra los rupturistas. No era sencillo pasar, sin preparación previa, del estado de neutralidad al estado de beligerancia. Juan Perón sostuvo esa noche la conveniencia política de la ruptura, ya que, de lo contrario. La Argentina iba a quedar descolocada –y más aislada aún- tras la victoria de los aliados. Algunos nacionalistas no lo entendieron y hubo un oficial, con grado de mayor, que pidió la palabra y respondió a Perón de esta manera:

- No estoy de acuerdo. Creo todo lo contrario: debemos romper relaciones y declarar la guerra a Rusia, Inglaterra y los Estados Unidos.

Perón, entonces, ni corto ni perezoso, vociferó:
- ¡Ah sí! ¿Y si les ganamos, después que hacemos?


El búfalo Braden

Junio de 1945. Spruille Braden es el embajador de los EE.UU. en Argentina. Cuenta Perón:

- Una vez pidió entrevistarse con el presidente Farrell, pero Farrell no quería recibirlo y me pidió que lo atendiera yo. Lo recibí en el Salón Blanco, en la Casa de Gobierno. Él llegó, dejó su sombrero y nos pusimos a hablar a calzón quitado, como hablábamos siempre. Y me empezó a plantear una serie de problemas. Yo le dije: “Vea, embajador, nosotros, como movimiento revolucionario, queremos liberar al país de toda clase de férulas imperialistas. Usted se ha embarcado en una tendencia totalmente contraria a la nuestra y nosotros estamos en contra de lo que ustedes, los norteamericanos, quieren, de acuerdo con su embajador”. Me acuerdo que me habló de Cuba (la de Batista), que él había estado allí y que Cuba no era una colonia –porque yo le había dicho que no estábamos dispuestos a ser una colonia. Entonces le dije: “mire, no sigamos, embajador, porque yo tengo una idea que por prudencia no se la puedo decir”. “No, dígamela”, replicó él. “Bueno -le contesté- yo creo que los ciudadanos que venden su país a una potencia extranjera son unos hijos de puta… Y nosotros no queremos pasar por hijos de puta…”. Se enojó y se fue. Y con el enojo se olvidó el sombrero (…). Por allí andaban cerca los edecanes… ¡Después los muchachos estuvieron jugando al fútbol con el sombrero de Braden! Era un individuo temperamental. Un búfalo. Yo lo hacía enojar, y cuando se enojaba atropellaba las paredes… ¡qué era lo que yo quería!, porque entonces perdía toda ponderación.

Peluquero

Al llegar a la Presidencia de la República, en 1946, Perón empezó a cortarse el cabello en la residencia de Agüero y Libertador, donde vivió con Evita, a quien, entre paréntesis, no le gustaba el corte de pelo que le hacía el peluquero oficial, porque lo dejaba parecido a un recluta. Pero esto, recuerda el General:

“Me acuerdo de la primera vez que llegué a cortarme el pelo a la residencia. El peluquero me dice: ¿Cómo quiere que se lo corte? Y le dije: Calladito”. 


Las dos cosas, a la misma vez, no pueden ser

En un discurso radiofónico del 20 de agosto de 1947 el Presidente recordaba y aleccionaba:

- Yo no he de olvidar jamás una lección que recibí cuando aún era niño. Discutía yo con una persona mayor sobre la veracidad de cierta afirmación por haberla leído en un diario. Esa persona tenía un perro al que llamaba León. “Mire, amigo”, me dijo, y dirigiéndose al perro lo llamó: “León, León, León”, y el perro vino. “¿Ha visto?”, me dijo. “Le digo León y viene, pero no es león es perro”. Desde entonces, cuando leo o me dicen algo, lo primero que hago es discurrir para mí si ello es así o no. No sea cosa que digan que es león y luego resulte perro.

Una observación de rigurosa actualidad

(Leyendo este relato en vez de la palabra “chango” puede pensarse en un pibe de la calle).

En la reunión con los delegados a las Jornadas Pedagógicas Sanmartinianas, el 14 de setiembre de 1949, Perón expuso estas observaciones:

- Cuando uno viaja por nuestra tierra y a veces ve esos “changos” semidesnudos, tirados entre el monte, se le parte el alma al pensar que ese chico va a criarse peor que un perro de la ciudad. Tenemos que terminar con estas cosas; no se puede sacar de un chico abandonado un buen ciudadano, como no se saca un buen perro si está suelto en el campo; sale salvaje, mordedor y montaraz.   


El agua siempre pasa

El 31 de julio de 1952, Perón hace referencia a la lucha contra los pueblos, signada siempre al fracaso.

“Muchos han despreciado el ingenio y el poder del pueblo, pero, a largo plazo, han pagado caro su error. Los pueblos siguen la táctica del agua; las oligarquías, la de los diques que la contienen, encauzan y explotan. El agua aprisionada se agita, acumula caudal y presión, pugna por desbordar; si no lo consigue, trabaja lentamente sobre la fundación, minándola y buscando filtrarse por debajo; y si no puede, rodea. Si nada de esto logra, termina en el tiempo por romper el dique y lanzarse en torrente. Son los aluviones. Pero el agua pasa siempre; torrencial y tumultuosamente, cuando la compuerta es impotente para regularla”.

De los huevos y del imperialismo

Esto lo escribió Perón, el 31 de julio de 1952.

“Para explicar la actual situación de los pueblos, hemos oído exponer ´la parábola de la gallina’. A este noble animal se lo puede matar, desplumar, meter en el horno, asarlo y aun comerlo. Todo eso puede hacerse con él. Lo que no se puede es hacerle poner un huevo a la fuerza. Lo que los imperialismos necesitan de los pueblos son los ‘huevos’, y esos no se los podrán hacer poner de prepo”.


Saber de religión e historia, ayuda a salir del paso

En un acto oficial para 1954 o 1955, Perón recuerda que recibió a los representantes de todas las religiones y añade:

“Yo era muy amigo del rabino Blum, un joven con barba, muy simpático. Recuerdo que el rabino llegó casi al mismo tiempo que el primado de la Iglesia católica, monseñor Copello. Estaban los dos esperándome en la antesala. Como una deferencia hacia ambos, salí de mi despacho para saber quién iba a entrar primero. El cardenal dijo: ‘Yo he llegado después’ (porque realmente tenía la audiencia más tarde). Entonces yo corté por lo sano y dije: Que pase primero el Antiguo Testamento y después que pase el Nuevo”.


Peronismo sin Perón

El brillante cirujano Raúl Matera, para 1963 con Perón exiliado y proscripto, trató de conformar una opción electoral que podría denominarse neoperonista. De visita en Madrid, Perón le contó el siguiente cuento:

- En España había un gallego inventor, que se colocaba dos alas artificiales, se tiraba desde una montaña, descendía perfectamente y era la admiración de la gente. Siguió practicando y llegó el momento en que una multitud lo esperaba abajo para celebrar su hazaña. El hombre se acostumbró tanto, y se volvió tan confiado, que un día decidió arrojarse al precipicio sin las alas artificiales. Imagínese doctor, lo que sucedió: se mató del porrazo.

No se olvide, Matera… las alas, ese soy yo.    

Hay más probabilidades….

Año 1972. La relación entre el dictador Lanusse y Perón se tensa cada vez más. En Madrid el exiliado justicialista concede una entrevista exclusiva a Gianni Corbi, director del semanario italiano L’Espresso. En un paso del reportaje Corbi expresó que la lógica parecía indicar que el general Alejandro Agustín Lanusse se proponía obtener los votos del peronismo para continuar como Jefe del Estado con apoyo popular. Fue allí que Perón le contestó:

- Efectivamente, la idea puede ser esa. Pero yo me pregunto: ¿Por qué el señor Lanusse debería afrontar una prueba electoral con la perspectiva segura de salir derrotado? … Mire, tengo más probabilidades yo de ser elegido reina de Inglaterra que Lanusse de llegar a ser presidente constitucional de la Argentina.

¡Cuántos habrán salido!

Este relato pertenece a los últimos meses de vida del Presidente y me fue hecho por uno de los suboficiales de su custodia, explica Fermín Chávez.

Un fin de semana decidieron invitarlo a dar una recorrida en automóvil por la ciudad y en cierto punto de la marcha, se encaminaron al puerto. Llegaron así al dique en que se encuentra anclada la vieja Fragata Sarmiento, famosa en nuestra historia naval. Pensaban los muchachos de la custodia que Perón mostraría su interés por la reliquia.

Al acercarse, el guía le dijo: 

- General, la Fragata Sarmiento… - esperando sin duda, una reflexión o una lección histórica. Pero el Presidente habló sólo para decir:

- ¡Cuántos hijos de puta habrán salido de ahí!