Después de vivir catorce años en Italia, el artista regresó recientemente a la Argentina y encara una nueva etapa de su vida vinculada, por un lado, a la localidad bonaerense de Mar del Sur, y por el otro, a Ediciones El Sueñero, el proyecto editorial creado por su hijo Martín. En diálogo con Kranear, unos días antes de participar de la tercera edición de la ¡FAH!, habla de su relación con su padre Alberto Breccia, sobre Argentina en pedazos y su trabajo junto a Ricardo Piglia y de su adaptación profesional a distintos mercados, reflexiona sobre el presente de la historieta argentina, el oficio del dibujante y aporta una mirada crítica sobre la cultura y la Argentina actual.
Usted trabajó con Alberto Breccia, su padre, una figura enorme dentro de la historieta argentina. ¿Cómo fue construyendo su propia voz artística a partir del peso de una figura como la de su padre?
Sí, acá hay que aclarar un equívoco. Yo no trabajé mucho tiempo al lado de mi padre. En mi parte de La vida del Che, Héctor hizo dos guiones por separado: uno para mi padre y otro para mí. Esa fue la primera historieta que hice en mi vida, y eso se puede decir que es, como vos lo llamás, mi voz propia. Pero no hay ningún tipo de influencia, ya te digo, porque hemos trabajado juntos muy poco. Además, mi padre opinaba poco sobre los trabajos de los demás, casi no opinaba, y no hay ningún tipo de influencia respecto a eso.
En buena parte de su obra, la historia aparece atravesada por la violencia, el poder y los conflictos políticos. ¿Qué lugar ocupa la historia argentina en su trabajo y qué le permitió el proyecto de Argentina en pedazos junto a Piglia?
Yo soy un argentino que ama, que ama a la Argentina, que ama a su patria. Una palabra desgastada por el mal uso. Así que siempre, desde siempre que tengo memoria, me interesó nuestra historia, nuestras circunstancias históricas, nuestros personajes históricos. El matadero, junto con Los dueños de la tierra y El conventillo de Hernando de Zéfalo, fueron las tres historietas que yo hice para el ciclo de Piglia de La Argentina en pedazos. Además, a eso hay que agregarle que milito en política desde muy joven, desde los 16 años, y eso también suma a este sentimiento nacional y, sobre todo, a este sentimiento concretamente del amor por la Argentina, sus circunstancias y su historia.
¿Cómo se cruzan su militancia política, su concepción de la patria y su producción artística?
Eso, bueno, habría que dedicarle un día entero a hablar de eso. No se puede hacer en pocos minutos. Se usa la palabra patria de la misma manera que se usa la palabra arte, o sea, ya no significa nada, porque la usan personas que ni aman a la patria, por un lado, y del otro lado, por el lado del arte, que no son artistas. Entonces son dos conceptos absolutamente huecos. Los han vaciado de sentido.
Con El Sueñero y la publicación de Humo y otras historias aparece un nuevo capítulo familiar. ¿Cómo nació este proyecto editorial y qué significa para usted?
Ese proyecto es una creación de mi hijo Martín, que es el director, el creador y el editor de Ediciones El Sueñero. Y es un proyecto que realmente nos tiene muy, muy entusiasmados. Creemos que se pueden hacer grandes cosas. El primer ejemplar, o sea, la presentación en sociedad, que es el libro Humo y otras historias, lo demuestra. Salimos picando alto y la intención es no bajarnos de esa calidad. Es más, el objetivo es ahondar en eso y seguir subiendo. Es un proyecto familiar porque está ligado al apellido, pero fundamentalmente es una creación de mi hijo Martín.
Humo
Después de 14 años radicado en Roma, ¿cómo está viviendo su regreso a la Argentina?
Estoy bien.
¿Cómo fue el regreso y cómo ve hoy la situación de la Argentina?
Bueno, estuve 14 años radicado en Roma. Volví hace un mes y medio. Todavía me estoy readaptando y me hacía falta volver. Pero me hacía falta existencialmente volver. El desarraigo era muy profundo y yo, como te repito, amo a mi tierra y necesito vivir en mi tierra. Así que 14 años fueron muchos. Fueron años enriquecedores en cuanto a trabajo y, en fin, es un punto de vista humano que no interesa a nadie. No voy a contar acá. El estado actual de la Argentina es la consecuencia de más de 40 años de degradación política. Este es el último escalón. Pero todavía hay lugar para seguir bajando.
Argentina puede volver a ser grande si los argentinos nos decidimos a vivir con un sentido heroico de la existencia, a retomar el sentido heroico de la existencia, a volver a incorporar a nuestra vida la trascendencia y los valores que hicieron grande a este país. Pero eso no lo vamos a poder hacer si no retomamos ese sentido heroico y el sentido de trascendencia, y dejamos de lado el relativismo, el hedonismo y la vacuidad absoluta que nos impone el posmodernismo desintegrador que hoy recorre el mundo como una plaga de la angustia.
¿Considera que esa crisis es específicamente argentina o forma parte de un fenómeno más amplio?
Absolutamente. Es sobre todo occidental. Occidente se está suicidando concretamente. Occidente se está tirando cascotes a su propio tejado. Yo vengo, ya te digo, hace un mes y medio que llegué después de vivir 14 años en Italia. Así que lo vi en primera persona.
Después de ese diagnóstico tan crítico, ¿qué está disfrutando de su regreso a la Argentina?
Recién me estoy reacomodando. Me están terminando de hacer un ranchito en el lugar donde viví muchos años, casi 30 años, que es en un lugar de campo muy cercano a donde estoy viviendo ahora, que se llama Mar del Sur. Y ahí estoy haciendo un pequeño ranchito, muy pequeño, donde pasaré los últimos años de mi vida mientras el Tata lo disponga.
Frente a este diagnóstico sobre el presente, ¿qué lugar cree que todavía ocupa la historieta argentina y qué espera de las nuevas generaciones?
—Yo tengo la esperanza de que la historieta argentina siga teniendo el peso que siempre tuvo. La historieta argentina marcó un mojón en la historieta internacional. Hay una buena Argentina de historieta, en los hechos, que se difundió por todo el mundo, por Italia, en Francia, en España, incluso en Estados Unidos. Y yo, al respecto, soy, no sé si optimista es la palabra, moderadamente esperanzado. Con cautela. Cautelosamente esperanzado sería el término.
¿Hay figuras nuevas o recientes de la historieta argentina que alimenten esa esperanza?
Sí, las hay, por supuesto. Puedo dar como ejemplo a Ariel Olivetti. Es una figura de muchísimo peso en la historieta argentina, pero lo dejaría ahí.
Entre todos los personajes que creó, ¿hay alguno con el que se sienta especialmente cercano?
Sin ninguna duda con El Sueñero.
¿Qué aspectos de El Sueñero siente más propios?
En todo, en todo. En la parte filosófica del personaje, en su pensamiento existencial, en su criollismo y, una vez más, en su amor al terruño, a la tierra, a la patria.

El sueñero
¿Qué puede expresar el dibujo que a veces no puede expresar la palabra?
Se puede expresar casi todo. Yo justamente no soy precisamente un naturalmente dotado para la oratoria, ni mucho menos. No soy para nada elocuente. Sí soy elocuente dibujando. Me sale con toda naturalidad, no es algo buscado.
Ha dibujado personajes históricos, aventureros, santos, conquistadores y héroes. ¿Qué personaje todavía le falta dibujar?
Quisiera dibujar a Martín Fierro, pero es una tarea ardua. Y hay un personaje que puede resultar curioso, pero me gustaría hacer una historieta sobre El Zorro.
¿Qué le interesa de El Zorro?
Me gusta el personaje. Me gusta esa época histórica, que es muy poco conocida y, además de poco conocida, absolutamente tergiversada: la influencia que tuvo España, una influencia beneficiosa, en lo que ahora es Norteamérica, sobre todo en California, la Baja California y el estado de Texas, en más de la mitad del actual territorio norteamericano que fue español.
Hay que destacar que todas las reservas donde los anglosajones no creían que el indígena tuviera armas y con eso los mataban y acuñaron esa tierna frase de que “el único indio bueno es el indio muerto”, en esos territorios que hoy llaman reservas, todos esos indígenas actualmente hablan español. Y están agradecidos con la labor benéfica de los sacerdotes españoles de los siglos XVI y XVII. Por eso me gusta el personaje de El Zorro.
Usted no utiliza herramientas digitales. ¿Qué siente que se pierde cuando se deja de trabajar sobre el papel?
Se pierde humanidad. Se pierde identidad. Estoy hablando por mí exclusivamente. Hay grandes artistas que usan magníficamente esos instrumentos digitales. Pero, en lo que a mí respecta, yo siento que pierdo identidad, no me reconozco.
Ha trabajado para distintos mercados, desde la historieta argentina hasta Europa y Estados Unidos, incluyendo DC y Vertigo. ¿Cómo se adapta el trabajo de un artista a las características de cada mercado?
Me adapto porque, primero de nada, soy un profesional y estoy obligado a adaptarme. No hay ningún tipo de conflicto ahí. No se puede buscar lo igual para el mercado francés que para el mercado norteamericano o argentino. Cada público tiene su gusto, cada mercado tiene sus características y un profesional tiene que, por fuerza, adaptarse a eso o no trabajar.
¿Hay algo que no esté dispuesto a adaptar para un mercado determinado?
—No, no, no. Yo estoy dispuesto a adaptarme a cualquier mercado. No me voy a poner límites de mercado, justamente. Repito, soy un profesional, vivo de esto. Si no dibujo, no como. O sea que no me voy a poner yo mismo límites de adaptación, porque sería absurdo.
Después de más de 62 años de trabajo, ¿qué lo entusiasma para sentarse frente a una hoja en blanco?
Depende fundamentalmente del guion. De qué me entusiasme. Yo, repito, soy un profesional. Siempre repito que soy un dibujante tropero. O sea, soy un tipo que lo llaman, le proponen una historia de cualquier lado, de cualquier mercado. Me proponen una historia, me mandan un contrato, lo firmo y lo hago. Lo que realmente me entusiasma ahora, para ser concreto, es seguir profundizando Ediciones El Sueñero. Porque ahí está la clave.

Sentinelles
En este festival puede haber personas que se acerquen por primera vez a su obra. ¿Qué le gustaría que descubrieran?
No tengo una expectativa especial acerca de lo que la gente espera ver. Va a haber una muestra de originales de El Sueñero y de Humo y otras historias que me gustaría que se apreciaran, pero yo le pediría a la gente que fuera sin expectativas y que se las fabricaran para llevarlo, de alguna manera, viendo a los originales.
¿Cómo ve la política cultural del gobierno actual?
Hace muchos años que no hay una política cultural en la Argentina. Y ahí volvemos a lo que dijimos antes. Volvemos a este posmodernismo que lo impregna todo con su intrascendencia y su vacuidad.
¿Cuándo considera que Occidente comenzó a perder sus raíces?
Cuando Occidente perdió sus raíces, dejó de lado sus raíces cristianas que fueron las que lo formaron. O sea, cuando Occidente dejó de ser Grecia, Roma y perdió la Hispanidad.
¿Hay algo que haya quedado en el tintero, algo que quisiera agregar antes de terminar?
Vuelvo a decir que estoy entusiasmadísimo con las Ediciones El Sueñero. Sobre todo, por el libro Humo y otras historias, que inaugura este proyecto editorial. Es realmente magnífico. Yo tuve oportunidad de verlo recién hace unos días, pero no lo conocía. Tiene una calidad excepcional. Absolutamente excepcional.
¡FAH!: tres días a pura historieta en el Rojas
Del 4 al 6 de septiembre, el Centro Cultural Rojas será sede de la tercera edición del Festival Argentino de Historieta ¡FAH!, con entrada libre y gratuita.
- Viernes 4: inauguración a las 17.30.
- Sábado 5 y domingo 6: de 14 a 21.
Más de 40 sellos editoriales y de autopublicación de todo el país.
Charlas, talleres, espectáculos y proyecciones para chicos y grandes.
Participación especial de Enrique Breccia, Kundo Krunch, Flavita Banana, Carlos Gómez, Chanti y Óscar Zárate, entre otros autores y autoras.
Exposición de originales de El Sueñero, de Enrique Breccia.
Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038, CABA.
Entrada libre y gratuita.
El festival es organizado por la comisión de historieta de la Cámara Argentina del Libro y el Centro Cultural Rojas, con el apoyo de distintas instituciones y organizaciones vinculadas a la cultura y al sector de la historieta.
Instagram: @fahistorietas
Acá, cobertura Kranear de la ¡FAH! del año pasado.
Sobre Enrique Breccia
Nació en Buenos Aires en 1945. Pintor, historietista, guionista e ilustrador, comenzó su trayectoria profesional a fines de la década del 60. Junto a su padre, Alberto Breccia, realizó su parte de La vida del Che (1968), con guion de Héctor Germán Oesterheld.
Durante las décadas del 70 y 80 desarrolló buena parte de su obra en colaboración con guionistas como Carlos Trillo, con quien realizó títulos como Marco Mono, Alvar Mayor y Los enigmas del P.A.M.I.. También trabajó en publicaciones argentinas y europeas y desarrolló una extensa trayectoria internacional.
En Fierro participó del proyecto Argentina en pedazos, dirigido por Ricardo Piglia, para el que realizó las adaptaciones de El matadero, Los dueños de la tierra y Mustafá, de Armando Discépolo. A mediados de los 80 creó El Sueñero, uno de sus trabajos más personales y reconocidos.
A lo largo de su carrera trabajó también para editoriales estadounidenses como Marvel y DC, donde realizó, entre otros trabajos, Lovecraft y episodios de Swamp Thing. Su producción incluye además obras como Lope de Aguirre, De Mar a Mar, Tex, Los Centinelas y Golgotha.
Tras catorce años radicado en Italia, regresó recientemente a la Argentina y proyecta una nueva etapa vinculada a Mar del Sur y a Ediciones El Sueñero, proyecto editorial creado por su hijo Martín.