Diseño portada: Ramiro Abrevaya.

Marcos Castelo Araldi es un treintañero que arrancó su carrera universitaria en la UBA, pero terminó estudiando Comunicación Social en la Universidad Austral gracias a una beca. Los primeros pasos los dio en radios de barrio, ad honorem, y luego pasó por medios gráficos en los que trabajó como redactor para las secciones de deportes y ciencia y tecnología. En la mitad de la carrera tuvo la fortuna de empezar a trabajar como redactor creativo en las radios que venía escuchando desde la adolescencia: Rock and Pop y la Metro.

Ya recibido de licenciado, se regaló un viaje de un año por Latinoamérica, una experiencia vital para su vida y también para su trabajo profesional. Allá hizo de todo para ganarse el mango, incluso vender relatos propios en el espacio público. Hace cuatro años es el administrador de las redes socialaes (Comunity Managar) de la Metro, la radio en la que viene poniendo el cuerpo y la cabeza hace diez años, por medio de tareas con la del guionista y el productor, en especial para los programas de audiencia masiva Basta de Todo, con Matías Martin, Perros de la calle, junto a Andy Kusnetzoff, y Metro y Medio, conducido por Sebastián Wainraich.

Durante los últimos años viajó por Europa y Medio Oriente y cubrir festivales internacionales como el Lollapalooza.

Luego del éxodo que los tres exitosos conductores realizaron desde la Metro a la Radio Urbana, FM 104.3, el 10 de febrero pasado, Marcos encontró su nuevo lugar en el programa de Leo Montero, llamado Bonus Track, siempre en la calle Freire, en Colegiales. La novedad de los últimos días es que está dando sus primeros pasos en la televisión abierta como grafista del programa "Morfi La Peña en Telefé", que conduce el periodista Gerardo Rozin. Aparte, escribe guiones para podcast de radio como "Porro", de lo más ranqueado en Spotify Argentina.

“Siempre estoy aceptando trabajos freelance de absolutamente cualquier cosa que junte la creatividad y la escritura como desafío”, cuenta en la entrevista que le realizó Kranear.

¿En qué momento empezaste a escribir y con qué motivación?

La verdad es que desde que tengo uso de razón. Mi vieja siempre me cuenta que mi primera palabra escrita no fue ni “mamá” ni “papá”, “tiranosaurio rex”. Tenía tres años, je. Creo que gran parte de la motivación viene de mi viejo. Mientras otros nenes se iban a dormir escuchando a sus padres leerles cuentos de librería y que tenía todo el mundo, él nos escribía cuentos propios. La idea de poder inventar historias a piacere me parecía súper romántico (claro que a esa edad no conocía ese concepto, pero sí sentía una especie de cosquillita interna). La otra parte fue empezando la secundaria. Leía mucha poesía. Cero romántica. Era más bien para el lado revolucionario y de protesta. Pero eso me llevó a querer escribirle a mis primeras relaciones amorosas. Por suerte no sólo les gustaban mis textos si no que me pedían más. Ahí me di cuenta que tenía cierta facilidad para expresarme en la escritura. Con el tiempo empecé a explotar mucho más esa capacidad y a la vez encerrarme más en mí mismo. Todo lo fácil que me era comunicarme escribiendo parecía ir en detrimento de la expresión oral. Como resultado, terminé refugiándome casi por demás en el mundo que podía crear escribiendo, donde me sentía libre de exponerme y protegido a la vez.

¿Cómo se cruzan tu profesión y la escritura?

Esto que te contaba de la secundaria lo vi potenciarse mucho más en la facultad. Me metí en Comunicación Social porque quería ser periodista, en realidad. Pero resultó ser una fuente de recursos y herramientas que me permitieron explorar la comunicación en todo su conjunto. Fue como ver “la Matrix” de todo. “Todo comunica”, me dijo uno de los profesores el primer día de clases y eso me quedó marcado a fuego. A eso sumale los apuntes de psicología, sociología, materias como radio, TV, gráfica… todo lo que aprendía iba directo a una especie de valija mental que no entendía bien para qué, pero que yo lo guardaba. Cuando entré a FM Metro y FM Rock and Pop todavía me faltaba media carrera, me sentía en Disney. Entré a trabajar como redactor creativo en las radios que había escuchado toda mi vida. Los últimos dos años de carrera los hice yendo en bondi mientras escuchaba al aire las artísticas que había escrito yo. Ahí empecé a darme cuenta del poder y alcance que puede llegar a tener un texto bien escrito. A partir de ahí, la Matrix ya no estaba sólo en los textos de la facu, estaba en todos lados y en todo momento de mi vida.

¿Algún aspecto de la narrativa que creas como redactor creativo te sirve para tus textos?

A simple vista la radio y el texto escrito parecen ser antagonistas. Pero, como te decía recién, aprendí a complementarlos. En seguida descubrí que la magia de la radio radica en despertar la imaginación del oyente. Regalarle imágenes visuales constantemente. Para eso es importante conocer bien las herramientas de uno y los recursos del destinatario para tenerlo siempre atento, pero con espacios de relajación y disfrute. Si tenés eso claro, el resto es dejarse llevar. La radio me enseñó que un chiste es mucho mejor cuando se lo dejás completar al oyente, que un efecto de bocina alcanza para recrear una calle llena de autos, que si vos tenés en claro qué tipo de tornillos tiene el receptor, alcanza con elegir el destornillador adecuado y nada más. Esa búsqueda constante en la que tratás de contar miles de historias (una para cada oyente) con las mismas palabras y que a su vez deban ser claras, exactas y pocas, me dio el ejercicio ideal a la hora de sentarme a escribir.

¿Viajar te inspira a escribir?

Me cuesta hablar de inspiración. Viajar es contar una historia en sí misma. Te cruzás con desconocidos que te cuentan sus vidas y vos les contás la tuya. Vos sos el mismo, tenés una misma vida, pero siempre contás una diferente. Porque quizás no dominás bien el otro idioma, porque hay formas y costumbres que en otras culturas no funcionan así, porque estás aburrido de contar siempre lo mismo o porque necesitás mentir. Viajé mucho a dedo y por lugares algo peligrosos. Eso me obligaba a estar todo el tiempo tratando de adelantarme a las capacidades de interpretación de los interlocutores. La comunicación no es más que emitir un mensaje y esperar que el otro lo interprete lo más parecido al original. Por eso a veces es mejor expresarse con las palabras del otro y no las propias. Todo ese juego estratégico de meterse en la cabeza del otro, empatizar con sus emociones, jugar con su pasado y “acervo de conocimiento a mano”, en definitiva, te hace conocer otros mundos, otras mentes, otras formas de reaccionar, otra “psicología del personaje”. Hay días que estoy en la bici esperando un semáforo y se me dispara sola una historia que dice “¿qué pasa si junto a un tano fumón discutiendo con un cuzqueño a orillas del Bósforo porque le vendió una versión china de un libro de Cortázar?”. Quizás después queda en nada, pero si no hubiera conocido todos esos lugares, personas, culturas y demás cartas, no tendría ni para empezar a mentir.

¿Qué estás leyendo?

Ahora mucho sobre Budismo. Hay un libro, Dhammapada Buddha, es como una especie de Biblia, para ponerlo en términos occidentales. Hace poco volví a leer Siddhartha y El Lobo Estepario. Pero la verdad es que leo mucho menos que antes. Me gusta ver películas y series y “leer” el guión en vivo. Me gusta mucho guionar ficción y es en donde me estoy metiendo ahora. Este último tiempo ya empezando a trabajar en tele y con guiones para podcast estoy mucho más metido en el lenguaje audiovisual. ¿Viste cuando te hablaba de ver “la Matrix” de la comunicación? Bueno, ahora me está pasando con la pantalla.

Para el cierre de la nota, Marcos aporta unas palabras sobre el relato "Mar para ciegos" (se puede leer más abajo).

“El mar siempre fue algo especial para mí. La playa era el único lugar que, de chiquito, cuando me perdía no me daba miedo. Ver el mar me da paz, me lleva a un trance extraño. Me encanta verlo y más de noche. Pero a su vez el mar me quitó a un gran amigo. Mauro Capuccio era unos de los que desaparecieron junto al Tunante (fue noticia en todos lados, quizás lo ubiques). Un día conocí una cholita en Cuzco que tenía asumido que moriría sin poder conocer el mar”.

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El Mar es frío. Es sombrío y revuelto si lo chocas. Te llevarás una gran sorpresa si lo enfrentas. Si le caes en el centro, te expulsará de momento a otro. No quieras impresionarlo pues él lo puede todo.

Es orgulloso y de lengua salada. No podrás callarlo ni inhibirlo. Él vive en casi todos lados. Y donde no llegue su cuerpo, estará su voz. Lo oirás sobre todo de noche. Oirás sus lamentos. Lamentos que hoy son suyos porque él ha decidido apropiárselos. Y es que dicen por ahí que la gente espera la noche para llorarle y lamentarse. Dicen además, que también arrastra lamentos del río y que por eso, su agua es más espesa.

Tiene dos amigos, uno para el amor, y otro para los líos. El primero es sin duda la luna, imán de todos nuestros sueños y volante de sus mareas. El Mar, enamorado de ella, se deja traer y llevar, y arrastrar sus olas a merced de su enamorada. Si no sabes cómo son las olas no te preocupes. Las oirás cantar.

El otro amigo es el viento. Compañero de travesuras. Cuando discuten, claramente por la luna, se zamarrean y revuelcan de tal manera que todo el firmamento lo siente. Las olas se agitan y la corriente se revuelve. Los peces pierden sentido y ahí te digo, si piensas meterte a separar, ni lo intentes. Morirás ahogada en lo profundo de su vientre

Así es el Mar cuando tiene un mal día.

Pero si lo concibes en armonía, entenderás que el Mar es precioso. Que el Mar es suave y áspero como la brisa y la arena en una playa desierta. Sentirás el calor del agua si entras despacio, acariciando su superficie. Si te dejas atrapar, profesarás cómo te abraza y susurra sus lamentos. Te dirá que ya nadie lo quiere, que en invierno ya nadie viene. Que, celoso del sol por la luna, de día se muere. Que de noche es pura espuma cuando refleja un cuarto menguante. Y que en tiempos de estrellas se divierte haciendo cuentas.

Cuando quieras salir, no te asustes. Te envolverá en envidia y te intentará retener. Como los brazos de un ángel, te envolverá en sus brazos y pujará mar adentro. Tú háblale al oído y demuéstrale respeto. Dile que no lo olvidarás. Que pronto volverás a compartir tus lamentos. El Mar dudará un poco. Pero si tienes un alma pura, se mostrará arrepentido y, entonces, expulsará una de sus olas para ayudarte a huir. Déjate llevar y él te devolverá a la orilla. El rey de la noche tiene sus tiempos y debes aceptarlos.

Así es el Mar, de humor muy cambiante. Pero será un aliado adicto a ti, si lo aprendes a amar.

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Algunas de las ideas y textos de Marcos se pueden leer en su cuenta de Instagram, @marquitoscastelo