Por Emilia Judith Said

El domingo 24 de septiembre Alejandro Borensztein escribió en su habitual columna semanal en Clarín una nota de opinión acerca de las tomas en los colegios secundarios de la Ciudad de Buenos Aires: “Guía para tomar colegios como Dios manda”. Para ello utilizó elogiables frases de mi hermano Eduardo Said (detenido-desaparecido, profesor del Colegio Carlos Pellegrini, abogado de presos políticos y como tal perteneciente a la Gremial de Abogados Peronistas) cuando en el inicio del ciclo escolar de 1975 manifestó: “…que les quede claro que millones de obreros argentinos, que no pueden mandar a sus hijos a este colegio, trabajan para que ustedes sí puedan estudiar acá, y gratis. No les voy a permitir de ninguna manera que pierdan el tiempo y malgasten el dinero del pueblo”.

En un acto de dolorosa perversión utilizó elogiables frases de Eduardo Said, para afirmar que las tomas actuales son un mamarracho y que las que hizo él cuando era estudiante del colegio Carlos Pellegrini eran razonables. No es la idea descalificar una nota de opinión (o de humor político, como se llaman esas columnas), porque es eso: opinión (o humor, aunque no se advierte la gracia) pero sí siento el impulso de manifestar que la frase que dijo mi hermano en los años 70 nos da orgullo y nos da también mucha bronca y tristeza el uso que hizo el columnista para desprestigiar la lucha de los estudiantes secundarios.

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Dice Borenzstenin, al pasar, que Said engrosa la lista de profesores desparecidos del Pellegrini durante los años de la dictadura. Nosotros decimos que se trató de una dictadura cívico-militar, porque empresarios como la ex dueña de Clarín tuvieron severas complicidades con el genocidio que sufrió el pueblo argentino.

Además, con esa frase el autor dice que le debe a Eduardo el verdadero significado del progresismo (un término acuñado en las últimas décadas) cuando Eduardo Said era fundamentalmente un militante político revolucionario y abogado de presos políticos y fue por eso que los militares lo secuestraron y hasta el día de hoy no sabemos qué pasó con su cuerpo. Nombrar a un desaparecido para legitimar una nota que estigmatiza a los jóvenes que deciden una actividad política que el autor no acuerda, es inmoral y forma parte de la perversión de la cultura monopólica que quiere imponerse en la actualidad, a base de mentiras y descalificaciones.

Se habla del desaparecido pero no de los motivos por los cuales lo desaparecieron. Se promueve la participación pero solo de aquellas actividades que no tienen como objetivo transformar la realidad.

Esa es la historia que quieren contarles a los jóvenes. Una historia superficial, sin detalles, sin profundidad. Hubo desaparecidos. No importa por qué. No importa la cantidad de desaparecidos. No importa el pasado. Importa el futuro prometedor que nunca llega.

Borensztein es uno de los tantos editorialistas que no dudaron en atacar a los secundarios en defensa de sus intereses corporativos.

Pareciera entonces, según el columnista, que solo cuando a él le parece bien hay derecho a tomar medidas como la toma de un colegio. ¿Quién sería el autoritario en este juego de palabras que no causa ninguna gracia? Otra vez nos quieren hacer creer que el problema es la forma cuando nosotros insistimos en que el problema es el fondo. A Eduardo lo secuestraron por lo que proyectaba para su vida y para la Argentina, no por las formas en que proyectaba eso.

El problema en la educación de la Ciudad de Buenos Aires es la reforma que quiere imponer el Gobierno de la Ciudad y es un derecho de la comunidad educativa conocer esa reforma, dar su opinión y tener instancias participativas para generar la discusión respecto de los cambios que la escuela necesita. Eso también es democracia. El problema es la imposición de contenidos curriculares diseñados sin participación de estudiantes, madres, padres y docentes. Las tomas son una consecuencia. Pero esta es mi opinión.

Para Eduardo Said, abogado peronista, detenido-desaparecido, eran mucho más importantes las actividades que tenían como objetivo la amplificación de derechos que las operaciones periodísticas para acallar voces.

Nos alegramos que Eduardo te haya dejado una enseñanza, Borensztein. Pero nos ofende tu cita, el contexto y la utilización política absolutamente equivocada que hacés de aquellas palabras. Y sabés muy bien por qué mi familia está ofendida. Te querés llevar a Eduardo de tu lado (el de las mentiras, el que descalifica desde un medio masivo a personas por pensar distinto, el de la generación de enemigos internos que después generan y sustentan la violencia estatal) y Eduardo no puede contestar, ni siquiera le podemos preguntar en un cementerio. Sabés que Eduardo estaría hoy reflexionando junto a los pibes, a su lado, enfrentando el autoritarismo de un gobierno sordo y a los comunicadores irresponsables como vos.