Recordar la guerra de Malvinas no debe llevar al olvido del marco en el que se dio esa repudiable guerra, los siete años de la dictadura cívico-militar, eclesiástica y empresarial. En ese contexto, el entonces presidente, Leopoldo Fortunato Galtieri, para evitar su caída, intentó una solución desesperada: tomar las Islas Malvinas y declarar la guerra a Gran Bretaña. El resultado fue nuevamente trágico. La derrota dejó un saldo de más de 600 muertos, el suicidio de los que volvieron y silenciaron y como bien nos recuerda el ex combatiente Ernesto Alonso, “después de la derrota militar del 14 de junio de 1982, los británicos multiplicaron en 23 veces los territorios usurpados”.
En su libro Malvinas, la última batalla de la Tercera Guerra Mundial, el periodista Horacio Verbitsky recuerda que “la comisión militar investigadora presidida por el teniente general Benjamín Rattenbach e integrada por dos generales, dos almirantes y dos brigadieres, todos ellos ex combatientes en jefe o jefes de Estado Mayor de sus fuerzas, recomendó en 1983 conducir ante un pelotón de fusilamiento a los miembros de la Junta Militar que dispusieron la ocupación de las islas (Galtieri, Anaya y el brigadier general Arturo Lami Dozo) y al gobernador militar de las Malvinas, Mario Benjamín Menéndez”, con el argumento de haber “lesionado gravemente el honor de nuestras armas y dañado profundamente la fe de la Nación en su valor y eficiencia profesional” (2002:257).
Existe una diferencia entre homenajear a quienes cumplieron servicios en Malvinas, soldados conscriptos y en consagrar el papel de la Fuerza Armadas. Hay quienes desean abstraer Malvinas de los siete penosos años de la dictadura cívico-militar eclesiástica y empresarial, con el fin de no separar a quienes cumplieron con una tarea de defensa digna de la patria sin la responsabilidad de la conducción política estratégica de esa dictadura. La verdad indica que existió una superioridad por parte de los ingleses, dada la falta de autonomía de los aviones de la Fuerza Aérea Argentina, la falta de preparación del Ejército y no decirlo es recrear el mito de la propaganda castrense con el “¡Estamos ganando!”, difundido por la revista Gente.
Por eso desde Revista Kranear realizamos una entrevista con Ernesto Alonso, ex combatiente que impulsó persistentemente las causas judiciales por violaciones a los derechos humanos durante la guerra, Secretario de Derechos Humanos del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas (CECIM) de la ciudad de La Plata. Su mirada que es la del CECIM, tiene la claridad de lo que han advertido siempre: “A Malvinas fue el ejército de Videla-Galtieri, en Malvinas las Fuerzas Armadas torturaron a sus soldados”, y comparte su análisis de aquel suceso traumático, la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia para que se sepa qué pasó con los soldados en Malvinas y el retroceso de nuestra soberanía por las políticas de Milei.

Alonso y el CECIM denuncian la tortura en las islas a soldados argentinos por parte de la Fuerzas Armadas durante la guerra.
Como ex combatiente, pero también como militante de derechos humanos ¿Cuál es el primer recuerdo y análisis que haces a 44 años de la guerra de Malvinas?
Han pasado 44 años de lo que fue la decisión que toma la dictadura militar de 1982 de embarcarnos en esa aventura bélica. La intención de recuperar la soberanía de Malvinas usurpada por los británicos desde 1833, como siempre decimos, unas fuerzas armadas que nos estaban preparadas para la defensa de la soberanía nacional sino todo lo contrario, estaban bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional.
Días antes del 2 de abril el 30 de marzo de 1982, todos aquellos que estábamos haciendo el servicio militar obligatorio y particularmente, a los que nos tocó en el Regimiento 7 de La Plata, nos acuartelan. Y esos militares, había reprimido a nuestro pueblo en distintas capitales de nuestro país, donde hubo muertos. Nos decían que posiblemente teníamos que salir a reprimir. En el caso de la ciudad de La Plata salimos a patrullar por el gran La Plata donde estaban las fábricas, los sectores industriales en Berisso, Ensenada. Partidos cercanos como Berazategui, donde estaban automotrices, lugares donde trabajaban nuestras familias, vecinos. Y recuerdo que reflexionaba diciendo con otros compañeros: “Estos tipos están locos”. Cuestión que de ninguna manera nosotros nos íbamos a sumar a cumplir algún tipo de orden semejante, de reprimir con armas de guerra al pueblo que estaba peleando para la recuperación de la democracia. Una dictadura que ya en los últimos tiempos estaba agotada, vencida, por haber llevado un plan sistemático, no solamente de exterminio y desaparición de personas sino de entrega, con políticas económicas para desbastar el aparato productivo nacional que llevó a la persecución de trabajadores y estudiantes y la desaparición de los 30.000 compañeras y compañeros detenidos desaparecidos.
El 2 de abril nos desayunamos como todo el pueblo argentino con ese anuncio de que se había recuperado la soberanía de Malvinas. La dictadura supo tocar en un punto neurálgico —que es el ADN identitario de nuestro pueblo—, ese presente reclamo de nuestros territorios usurpados. Ahora bien, lamentablemente después de la derrota militar de 1982, donde el final de esa aventura bélica no iba a terminar de otra forma como la que terminó. Con una dictadura que estaba alineada como mecanismo de intervención, como las distintas dictaduras que se dieron a lo largo y lo ancho de Latinoamérica, con la decisión de los Estados Unidos y del imperialismo general.
Galtieri había sido un niño mimado de los Estados Unidos, las Fuerzas Armadas habían participado y colaborado en el entrenamiento de esa Doctrina de la Seguridad Nacional, que era un tratamiento de prisioneros en los distintos países donde había grupos que luchaban por la recuperación de la soberanía de su pueblo. Intervención en Salvador, Guatemala, Nicaragua, varios militares argentinos participaron y participaban de la represión en los distintos campos de concentración de nuestro país.
Como ex combatiente, pero también en lo colectivo como integrante del CECIM La Plata, sin olvidar el contexto de la guerra como parte de los siete años de esa dictadura y de ahí el desacuerdo con la palabra gesta, en la acepción del término como hazaña ¿Qué significó la guerra de Malvinas?
Malvinas fue la dictadura. Fue una decisión tomada en contexto de dictadura. Y lamentablemente los soldados conscriptos fuimos las víctimas colectivas de esa decisión que tomó la dictadura cívico militar. En Malvinas los que murieron fueron los pibes. A los 19 o 20 años uno no está preparado para morir, sino que todos los jóvenes tienen un proyecto de vida. Y el proyecto de vida que ofreció la dictadura a los jóvenes —desde 1976 hasta finales de 1983— fue un proyecto de muerte.

Integrantes del CECIM visitaron las islas en septiembre del año pasado.
Lo que observamos a partir del primer momento que pudimos volver a pisar el territorio continental y básicamente a nuestra vida civil fue todo un dispositivo de inteligencia y contrainteligencia montado con las órdenes de silenciamiento que nos hicieron personal de inteligencia. No nos reciben asistentes sociales, médicos, psicólogos. Sino que nos recibe lo peor del aparato represivo de la dictadura militar. Y ahí aparecen las órdenes de silencio. No teníamos que hablar, no teníamos que contar nada y por supuesto con todo un operativo que se montaba con los medios de comunicación de ese entonces. La democracia recién se recupera finales de 1983 y sólo había que hablar de Malvinas desde el ámbito heroico. Ahí aparece el término de gesta algo en lo que nosotros no estamos para nada de acuerdo. Primero porque no estamos de acuerdo con quienes gestaron esa idea porque después de la derrota militar del 14 de junio de 1982 los británicos multiplicaron en 23 veces los territorios usurpados.
La guerra tenía como objetivo para la dictadura reflotar la mala imagen, apelando a una causa nacional —un nacionalismo falso de su parte—, pero, ¿a qué intereses externos también beneficiaba?
La decisión de Galtieri le vino como anillo al dedo a los planes del imperialismo. En ese momento el presidente de los Estados Unidos era Ronald Reagan y había un posible enfrentamiento entre lo que era el bloque de la Unión Soviética con el Pacto de Varsovia, los países que existían en ese momento, con regímenes socialistas, comunistas y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que necesitaban tener un control del pasaje bioceánico y ese punto era las islas Malvinas. Reagan hablaba del plan del océano libre y del proyecto de la guerra de las galaxias, con un escudo antimisiles. Porque había una posible conflagración nuclear en su momento y por supuesto esa decisión le vino como anillo al dedo a los planes del imperialismo.
Hay una deuda de la democracia con Malvinas, sigue en general siendo fuerte una reivindicación de lo que hizo el terrorismo de Estado al llevar adelante la guerra ¿Se tiende más a una reivindicación de la guerra que hacia una crítica?
La democracia no pudo revertir esa continuidad donde hoy observamos en el 2026 que un oficial que sale del liceo militar, sale reivindicando el terrorismo de Estado y sale hablando de la guerra de Malvinas en términos de gesta y con una concepción totalmente épica y sin hacer ningún tipo de autocrítica de la actuación de las propias Fuerzas Armadas en Malvinas. Que no estaban preparadas para la defensa de la soberanía nacional y que además llevaron el terrorismo de Estado y lo aplicaron con los soldados conscriptos que en muchos casos fueron asesinados, torturados, vejados, sufrieron abusos sexuales, aplicación de picana con teléfonos de campaña, muertes por hambre, enterramientos. Algo que todavía, a partir de una causa que investiga las graves violaciones por los derechos humanos en el año 2007, aun no hay ningún militar condenado por estos hechos.
Desde la vuelta de la democracia pesó más la reivindicación que hacían los distintos jefes del Ejército que la crítica a la extensión del terror que ustedes detectaron. Vos principalmente impulsaste persistentemente las causas judiciales por violaciones a los derechos humanos durante la guerra ¿Cuál es tu análisis al respecto?
En esta disputa de sentido, si ustedes revisan, vamos a ver que, desde la vuelta de la democracia, desde 1983 hasta la fecha, han pasado 17 jefes del Ejército. Desde (Héctor Luis) Ríos Ereñú (jefe del Ejército 1985-1987); (José Segundo) Dante Caridi (jefe del Ejército1987-1988); el mismo Martín Balsa (jefe del Ejército1991-1999), que estuvo en Malvinas, que hizo un reconocimiento por la acción de los crímenes cometidos contra el pueblo argentino por parte del Ejército, pero nunca, jamás, se hizo cargo de las torturas en Malvinas. En una oportunidad le pregunté, y su respuesta fue que no se podía meter con Malvinas. Pero lo peor de todo es que, en varios artículos periodísticos, Balsa, que había reconocido los crímenes durante la dictadura por parte del Ejército, niega lo sucedido en Malvinas con respecto a la extensión de ese terror para con los conscriptos. Cuando en el año 2015, a través de la desclasificación total de los archivos secretos de Malvinas, encontramos los propios documentos generados por la propia burocracia por parte de las Fuerzas Armadas donde se constatan las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en Malvinas, donde Balsa decía “a mí no me consta”. Y así podemos seguir con los distintos nombres como (Roberto Fernando) Bendini (Jefe del Ejército 20093-2008), pasando de Ricardo Cundom, que estuvo en Malvinas (fue jefe del Ejército en 2015) hasta (Ernesto) Pasqualini durante la presidencia de Macri, donde un 2 de abril refiere a que “seudas imputaciones quieren enlodar la actuación heroica de los oficiales y suboficiales”. Toda esa perorata poniendo en el lugar a muchas personas en un cuadro de honor, cuando esas personas nunca se rozaron con el honor. Vamos a encontrar lamentablemente, que participaron en la guerra de Malvinas nombres de apropiadores de bebés, pilotos de vuelos de la muerte, que están imputados y condenados por la causa ESMA, Campo de Mayo, Margarita Belén. Pero hasta ahora no hay un solo militar que esté cumpliendo condena por esos graves hechos.

Dice el folleto que el CECIM llevó a las islas: 'Las Fuerzas Armadas torturaron a soldados en Malvinas'.
Transcurridos todos estos años, hoy nos encontramos en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación donde hay 11 expedientes que esperan que la Corte analice la cuestión de fondo y que se sume a lo que vienen sosteniendo los dos procuradores interinos, tanto (Luis Santiago) González Warcalde como (Eduardo) Casal, que está en funciones actualmente, dice que es una obligación del Estado, porque tiene responsabilidad internacional de avanzar en la investigación de estos hechos.
Ya en el año 20015 tuvimos un episodio, donde el entonces subteniente Eduardo Taranto, alguien muy vinculado a los medios de comunicación, protegido por Daniel Hadad. Éste mascarón de proa es un influencer de la impunidad, que anda de la mano en este gobierno de la vicepresidenta Victoria Villarruel, de la que no tenemos duda es la representación política del partido militar de la dictadura, junto a otros personajes como había sido el periodista enviado por la dictadura a Malvinas, Nicolás Kasanzew, donde a éste torturador de soldados (por Taranto) se lo condecora en el Senado de la Nación. Ese caso había llegado a la Corte Suprema de la Nación, allá por el año 2010, y a través de una concesión que se obtuvo por distintas operaciones políticas en la Cámara de Casación Penal conformada en ese momento por jueces muy vinculados a la dictadura, se dictó la prescripción. Ese caso fue llevado por el CECIM, fue denunciada la República Argentina por falta de acceso a la justicia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde tuvo admisibilidad y está pendiente de resolución. Muy posiblemente, sino avanza la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la República Argentina va a ser condenada por estos hechos. Son muchos años en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia y lamentablemente no contempló aun lo que pasó en Malvinas. Lo que propiciamos desde CEIM La Plata es que se sepa la verdad y que nuestro pueblo sepa lo que pasó con sus soldados en Malvinas.
El CECIM se movilizó el 24 de marzo.
Por último, hablar de Malvinas hoy, con un gobierno que reivindica el Terrorismo de Estado o lo niega, según se trate. Lo reivindica cuando lo llama guerra como lo hizo Milei en el debate presidencial de 2023, igual que Videla, o asume su actitud negacionista al cuestionar la cifra. ¿Cuál es tu opinión?
En este presente —lamentablemente— tenemos una situación muy desfavorable. El gobierno que empieza con este nuevo episodio de una alineación geopolítica hacia un lugar donde la República Argentina no tiene nada que hacer. Nos ha retrotraído en términos reales de las disputas de soberanías y las disputas por recuperar las distintas soberanías que nos faltan en nuestro país.
Milei aparece en forma disruptiva, algo que nosotros los anunciamos, denunciamos y advertimos, sobre a quién representaba. Fue antes de la segunda vuelta, cuando aparece como un personaje posible. Pero su aparición también se debe a las cuestiones inconclusas de representaciones políticas que no llegan asumir las demandas que las grandes mayorías tienen.
A partir de las medidas que comienza a tomar una vez que se instala como administrador del Estado, detentando contra el Estado, comienza Milei en forma contundente a desarmar todo tejido estatal, para ir en contra de la salud pública, la educación pública, en contra de las mayorías más postergadas, del desarrollo científico y tecnológico. Intentó dentro del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023, derogar la Ley de Tierras (26.737) algo que no pudo gracias a nuestra organización del CECIM La Plata que a través de un amparo logramos que la Ley de Tierras aun esté vigente.
Hoy estamos atravesando también una situación terrible con la pretensión de derogar la Ley de Glaciares (26.639). Y como lo hemos advertido, Milei viene a instaurar un proyecto de colonización en nuestro país y un proyecto vinculado a los intereses de las grandes concentraciones económicas, pero con la mayoría de los argentinos afuera.
Otro 2 de abril, otra conmemoración donde recordamos ese acontecimiento traumático para lo que fue nuestra sociedad, porque todavía Malvinas nos duele a los argentinos, no solamente por las pérdidas de vidas humanas sino por todo lo que nos quitaron. Y no tenemos ninguna duda de que Malvinas es parte del pasado, pero básicamente es el presente y el futuro de todos los argentinos. Lamentablemente se ha instalado un proyecto político donde nos da vergüenza cada vez que llega una jefa o jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, varios de los jefes de nuestras Fuerzas Armadas les rinden pleitesía.
La lucha por la soberanía, continúa.
Y existe un peligro muy evidente en éste lineamiento de Milei tanto con el gobierno de Israel como de Estados Unidos. Sus dos referentes, donde uno está denunciado y tiene una condena por genocidio, como es Benjamín Netayanhu y con Donald Trump de la mano. Están intentando apropiarse de esa entrada hacia a la Antártida que tenemos desde nuestra provincia Tierra del Fuego y por supuesto desde la base militar en forma conjunta con el otro socio que es Gran Bretaña, desde la base militar de Monte Agradable en Malvinas.

El CECIM, un ejemplo de lucha y organización.