Es 1973, María Elena Walsh tiene 43 años y ya es popularmente conocida por sus canciones y poemas para las infancias. Gobierna la dictadura de Lanusse y María Elena publica Carta a una compatriota en la Revista Extra para sentar las bases de un movimiento de mujeres. “Querría empezar esta carta llamándote hermana, sea cual fuere tu edad y tu condición social”, dice en la primera línea y más adelante sigue: “Las mujeres, como los negros, los colonizados, la clase trabajadora, a medida que tomamos conciencia, menos queremos dádivas; queremos lo que nos pertenece por derecho y nos arrebatan día a día, es decir, todo”.
Reitero, es 1973 y María Elena Walsh habla de feminismo. Dice que estamos hartas: “Con una estrategia típica de todo agresor con cola de paja, suelen defenderse por la acusación: ‘¡Pero ustedes las feministas odian a los hombres, les declaran la guerra a los hombres!’. Las feministas no tenemos odio, tenemos bronca. El odio —con los fierros, sean armas o moneda— es cosa de hombres. Estamos hartas de odio, aunque venga empaquetado en sublimaciones y piropos. No hemos declarado la guerra, sino que señalamos que existe y tiene los años de nuestra civilización”.
No es la primera vez que se manifiesta en estos términos. A principios de los 60 la echaron de la Revista Siete Días por el contenido político de sus columnas.
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Es 1976 y María Elena Walsh publica Cancionero contra el mal de ojo. El último poema del libro está dedicado a Eva Perón. En cada estrofa, Eva es parte de un nosotras. Termina así:
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.
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María Elena, poeta, cantora y feminista.
Es 1979 y María Elena Walsh publica en el Diario Clarín un artículo llamado Desventuras en el País Jardín de Infantes: “Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. (…) El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas”.
Videla prohíbe sus libros y la difusión de sus canciones en la radio y la televisión. La dictadura censura su obra dedicada a las infancias y gran parte de sus canciones para adultos. Entre ellas, Serenata para la tierra de uno y Como la cigarra, temas que luego se convierten en un emblema de la recuperación democrática.
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Es 1980 y María Elena Walsh publica Sepa por qué es usted machista en la Revista Humor. Da muchas razones, aclara que no es una cuestión de géneros, incluso dice que existe poca gente más machista que algunas mujeres. Dice que suele ser machista el chupamedias del poder, del milico, del empresariado. También dice que es machista el que “cree todo lo que le dicen los medios (o miedos) de difusión de la Argentina actual y ya tiene el cerebro más lavado que mate cebado por un polaco”. Sepa por qué es usted machista: “Porque en el fondo es antisemita, antinegro, antiobrero, antijoven, pero como eso ya no corre se desquita con la misoginia, que aquí y ahora viene con premio (pero no se descuide: por poco tiempo más)”. A los medios de comunicación argentinos de la época los dirige Jorge Rafael Videla. María Elena Walsh sigue escribiendo.
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Es 1984 y María Elena Walsh se pone al frente de La Cigarra en el antiguo Canal 11 junto a Susana Rinaldi. Ella cuenta que gracias a María Elena por primera vez las Madres de Plaza de Mayo entran en la televisión argentina. En la pantalla, sigue denunciando los crímenes de la dictadura. Por primera vez, también se televisa a una feminista hablando de feminismo.
Un fragmento memorable es cuando desde el móvil una señora paqueta dice que están arruinando el país con esas ideas. Las acusa de comunistas, socialistas, izquierdistas por estar siempre a favor del obrero y del trabajador. Entonces María Elena Walsh remata y dice: “Debo aclarar que también somos negras y judías”. Carcajadas de Rinaldi y María Herminia Avellaneda.
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Es diciembre de 1983, sale a la calle el primer número de Alfonsina, cuya bajada es “el primer periódico realizado para mujeres”. Se vende a 15 pesos argentinos en todos los kioscos de diarios y revistas del país. La primera edición lleva en tapa a María Elena Walsh con el titular: “La madre de todas nosotras”. En la contratapa, anunciada en tapa, hay un artículo sobre el aborto firmado por la grandísima María Moreno.
En la entrevista, María Elena Walsh habla de política y dice que es urgente que las mujeres se organicen. Afirma que la represión y la persecución se ocupó de separarnos, y que es necesario que las mujeres se involucren en política para saber, de una vez por todas, qué piensan las mujeres obreras, las mujeres campesinas, las mujeres más desprotegidas de la sociedad. También habla de su decisión de no ser madre, de la necesidad del derecho al aborto y dice que el feminismo es una defensa de la vida en todos sus aspectos.
La última pregunta es si el feminismo es una forma diferente de poder. María Elena Walsh responde: “Sólo una mujer impregnada de ideas feministas puede modificar el mundo. Si no, vamos a tener siempre a las Thatcher, con el perdón de la palabra, que no sólo están para representar los intereses de sus maridos sino que son más agresivas, más inhumanas que los hombres. Y son esas mujeres que son colocadas en los ejes de poder, primero para sustentar el poder masculino, luego para quemar a las mujeres. Cuando las mujeres, no digo feministas, sean solidarias con las mujeres, con los chicos, con la naturaleza, en definitiva con una vida más humana, se podrán cambiar las estructuras de poder. Y no por ser quijotes sino porque ¿para qué vivimos sino para mejorar el mundo?”
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Es 1942 y María Elena Walsh tiene 12 años. La historia la narra como una niña rebelde que pese a los mandatos familiares, decide ingresar a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Allí también estudia Sara Facio, la niña que luego se convertiría en la fotógrafa que supo estar, supo mirar y guardar en su lente la memoria de nuestra historia para siempre. María Elena se gradúa en 1948, Sara en 1953. Al tiempo se conocen en París y se enamoran.
En su novela Fantasmas en el parque (2008), en el marco de una conversación en la que alguien habla de ellas como si fueran hermanas, María Elena aclara: “No tiene nada de hermana. Es mi gran amor, ese amor que no se desgasta sino que se transforma en perfecta compañía”.
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“Sólo una mujer impregnada de ideas feministas puede modificar el mundo', dijo María Elena.
Recientemente, la editorial Alfaguara publicó El feminismo, una selección de sus textos literarios, poéticos y periodísticos escritos entre 1957 y 1998, con los que, contra viento y marea machista sembró feminismo en nuestra sociedad. Así lo dice Sara Facio en el prólogo del libro, que lleva en tapa a una María Elena con pañuelo verde en el cuello.
Siempre fue una mujer rebelde, valiente e incómoda. Siempre será la banda sonora de las infancias. Siempre fue quien quiso ser. Cuando, de joven, era la gran promesa de la poesía y hasta Borges le festejaba los poemas, dejó todo y se fue a cantar bagualas con Leda Valladares a los cabarets de París. Cuando prosperó ese dúo, dejó todo otra vez y empezó a desarrollar su obra para las infancias. María Elena nunca se comportó como esperaban que se comportara. Cuando la invitaban por ejemplo a escribir en Sur, revista elitista y conservadora que siempre miraba con amor la cultura europea, María Elena aprovechaba para hablar sobre folclore litoraleño y aquellos cancioneros escondidos por los señoritos de la alta cultura. Contra la dictadura, el patriarcado, la injusticia, la homofobia, el racismo. María Elena siempre utilizó todos los espacios a los que accedió para protestar y decir lo que pensaba.
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Es 2025 y el Gobierno de Milei censura En una cajita de fósforos, poema de María Elena Walsh. Lo eliminan de la plataforma Educ.Ar en el marco de la Educación Sexual Integral (ESI). Para leer y escribir, tenemos que poner en funcionamiento los engranajes de la imaginación. Y las maquinarias reaccionarias del poder saben que imaginar es una actividad peligrosa porque tiene que ver con la resistencia. María Elena Walsh siempre fue y será peligrosa para quienes intentan disciplinar al pueblo.
Es 2026 y seguimos viviendo en el reino del revés.
María Elena Walsh fue más específica en su poema La feminista (1976):
Sos el león de la Metro,
mucha porra y poco rey.
No me vengas con rugidos
que no hay selva por acá
y no soy ninguna fiera
ni la mona de Tarzán.
Yo fallo por accidente
y no por fatalidad.
Cuando agarre la manija
no sé si lo haré tan mal
como ustedes, que arremeten
gobernando marcha atrás.