“Sólo le pido a Dios, que la guerra
no me sea indiferente”

León Gieco

Carl von Clausewitz, general y téorico militar prusiano, escribió un libro que se publicó póstumamente en 1832, en el que dice una afirmación que legaría a la posteridad: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. En 1833, curiosamente al año siguiente, los ingleses ocuparon Las Malvinas. También podría decirse que el fútbol es la continuación de la política por otros medios.

Tal vez pueda parecer una exageración, pero el Mundial de fútbol tiene una importancia suficiente como para que Donald Trump levantara el teléfono para solicitar/exigir a la FIFA la habilitación de un delantero estadounidense suspendido antes del encuentro ante los belgas por octavos de final. Fue habilitado por supuesto Balogun, y el hecho pasó a la historia sólo como una circunstancia anecdótica porque el seleccionado europeo vapuleó a los organizadores del mundial con autoridad y suficiencia.

En 2016, cuando se cumplieron treinta años desde el duelo que enfrentaría a Argentina e Inglaterra en Mundial 1986, Andrés Burgo publicó un librazo que se llama “El Partido”. Recupera de forma periodística, y con un excelente laburo, múltiples testimonios y anécdotas para darle marco al duelo que quedaría para siempre en la historia del fútbol de nuestro querido país. Tanto, que el Chiqui Tapia pidió que Argentina jugara con la casaca azul, para ponerse en espejo con ese pasado glorioso.

El origen de la casaca suplente argentina del 86 es magníficamente retratado por Burgo y los testimonios de los integrantes de la delegación argentina. La Selección sería visitante respecto de Inglaterra de acuerdo a la organización europeísta del certamen de ese momento y se veía imposibilitada de usar su casaca titular y la suplente azul que hacía Le Coq Sportif no era aireada. O sea, era de una tela que no hacía correr la transpiración y la camiseta pesaba envuelta en sudor lo suficiente como para preocupar a Carlos Salvador Bilardo, que ya la habían usado los muchachos en el duelo con Uruguay.

Ni ese pequeño detalle quería dejar librada al azar, y entonces encargó a los utileros y otros integrantes de la delegación encontrar una camiseta azul aireada, de tela más fina. Tuvieron que recorrer varios lugares hasta que encontraron en un negocio las casacas azules que pasarían a la historia. Tuvieron que bordarles los números, el escudo de la AFA, una anécdota digna de agrandar todavía más la épica de ese año glorioso.

Hasta el 2022, seguíamos cantando volveremos volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones como en el 86.

En ese maravilloso libro sobre noventa minutos inolvidables que se retratan en más de trescientas páginas de forma ágil y virtuosa, Andrés Burgo, en uno de los últimos capítulos, trajo el testimonio de un ex combatiente de Malvinas. Recuperó la nómina de jugadores que vieron frustrada sus carreras por haber sido convocados a defender la patria. Porque fueron jóvenes los reclutados, y algunos jugaban al fútbol. Uno de ellos fue Héctor Rebasti, que no llegó a debutar nunca en primera división.

El mítico partido en el que la Argentina le ganó a Inglaterra 2 a 1 en los cuartos de final de México 86.

Con Malvinas me pasa esto, siento que hay mucho escrito pero que por ahí lo más lindo es escuchar a uno que la vivió, porque uno a veces puede hacer analogías con el fútbol que no tienen nada que ver y que pueden quitarle importancia o gravedad a lo que es una guerra, un monstruo grande y que pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente, como enseñara un gran León Gieco.

Héctor Rebasti dijo, en ese maravilloso libro:

- Cuando Diego hizo el gol con la mano contra los ingleses, sentí que recuperaba la patria. Y cuando hizo el segundo, ya no pude parar de abrazar a mis viejos y mis hermanos. Sentía oxígeno. Al fin respiraba aire puro. Terminó el partido y estuve dos horas sin parar de llorar. De alegría, de cosas encontradas, de acordarme de mis amigos que no estaban más. Maradona fue un argentino que entendió la guerra que había pasado. Por eso, para mí, es Dios…El partido fue mi descarga. Me puso en eje. Me tranquilizó. Sentí paz, ganas de abrazar. A los jugadores les debo mucho. Me sacaron un peso de encima”.

“Yo quería ganar – dice Giusti- no solamente porque era un partido de fútbol. La palabra revancha no sé si es adecuada, pero como que uno estaba haciendo algo para los muchachos que estuvieron peleando. ¿Entendés?”

Razones que sólo entiende el corazón. Guerra, política, fútbol. Esto es un juego, ya lo sabemos pero que sublima nuestros anhelos y frustraciones como ningún otro. Es ir a putear el domingo por lo que no te sale en la semana, asombrosa catarsis que no liberamos casi en ninguna otra situación. Diremos siempre: estamos en contra de la guerra y de toda forma de violencia, que dejan heridas irreparables en los pueblos y en una generación esquilmada por un general borracho que provocó a los ingleses a venir, pero los que los recibieron con valentía, muchas veces sin experiencia y sin recursos, fueron los jóvenes de la patria toda, de Buenos Aires y del interior profundo.

Ojalá los ex combatientes experimenten una alegría, aunque no sirva para volver las cosas atrás, luego de ver a Messi y los suyos. Como una comunión tácita que no puede explicitarse. Públicamente, declararán en línea con lo que dice Scaloni y decía Bilardo o Maradona en el 86, de que es sólo un partido de fútbol. Intentan los jugadores y el técnico bajarle nervio a la adrenalina y a las significaciones probablemente para poder concretarse en el juego y también por ser políticamente correctos.

Sean incorrectos políticamente en la cancha, muchachos, con eso bastará para llenar de alegría u orgullo a los que los acompañan y a los que miramos desde el sur. Y, si no se da, que nos sintamos bien representados con un equipo que forjó una identidad y es motivo de alegría de los sufrientes de ayer y de hoy. Que sirva el fútbol como paño para enjugar lágrimas de heridas que nunca cerrarán y de las frustraciones actuales de los golpeados por el modelo económico de miseria que lleva adelante un Javier Milei que admira a Margaret Thatcher. El argentino se paraliza, se entristece y se alegra con el fútbol, nos guste o no es así, y en él sublimamos y reflejamos nuestras frustraciones y anhelos pasados, presentes y futuros.  

Otra vez 2 a 1

Esta saga de notas mundialistas comenzó en junio, dos días ante de iniciar el Mundial y recuperando la anécdota de un Inglaterra vs Argentina jugado un 25 de mayo de 1991 en Wembley. Un partido amistoso en que un equipo y otro se cagaron a patadas sin asco, como si se supiera siempre que, pese a que sólo es un partido, es mucho más que un partido. Que se juegue con parecida enjundia, pero también con inteligencia es nuestra aspiración.

Frente a frente, otra vez, para cantar los himnos. A los que somos maradonianos se nos viene el recuerdo de la mirada dura del Diego hacia los piratas. O cuando puteó a los tanos porque chiflaban nuestro himno, el prócer cuidando la patria y sus símbolos. O sus palabras una vez pasada la canción patria antes de enfrentar a Inglaterra en el 86 a modo de arenga: ¡Vamos eh, vamos que estos hijos de puta nos mataron a nuestros pibes, a nuestros amigos y vecinos! ¡No podemos perder!

Se cantaron los himnos ahora en 2026, y la canción  pirata no se escucha tapada por el canto ensordecedor de que El que no salta es un inglés. Qué orgullo los argentos alrededor del mundo.

Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir. Ganar o perder. Alegrarse, celebrar o dejar hasta la última gota de sudor en la cancha. La historia y la pelota, a rodar.

Locales en todas las canchas.

Primeros instantes del partido confusos, con los jugadores cagándose a patadas y el árbitro permitiéndolo, como intuyendo que se disputaba más que un partido. En el grupo de whatsapp estuvimos manija toda la semana planificando hasta el partido como si fuéramos Scaloni, que línea de 4, que línea de 5, al final fue Giovanni Simeone por De Paul, que venía bastante bajo su rendimiento.

Los ingleses inquietaron un poco avanzando por la derecha de nuestra defensa, probablemente el punto más flojo del equipo, pero no podemos caerle a estos campeones del mundo. Flojo Molina, el Cholito se llevaba todo por delante.

- Por Dios - se lamentaba el contador.

- Molina no para a nadie. El Cholito es un enfermito - dijo el profesor patagónico cuando fue a cargar torpemente al arquero en el área chica.

- Lo van a terminar expulsando - se lamentaba el falso ingeniero.

- Por lo menos los molesta a los ingleses - coincidimos sin embargo con el profesor patagónico. Que no se la lleven de arriba los gringos usurpadores.

El fútbol te hace sentir que somos eso: una molestia permanente en el zapato de los poderosos. Pasaba el tiempo, lo talaron a Lionel Andrés en la mitad de cancha, amarilla para el inglés.

- Ehhhhhh - nos levantamos en el grupo y nos congratulamos de la penalización aunque pedíamos roja.

- Bien Julián, pero está a ochenta metros del arco - aportó risueñamente el falso ingeniero elogiando el esfuerzo del delantero ayudando al equipo.

No pasaron grandes cosas en el primer tiempo salvo algunas insinuaciones de los gringos y un tiro de Enzo Fernández que se fue cerca del ángulo, como un anuncio de lo que iba a venir, pero faltaba mucho todavía para eso.

Segundo tiempo y Argentina tomó la pelota adueñándose del partido. Sin embargo, Inglaterra fue punzante y definió Gordon anticipando a Nahuel Molina por el segundo palo. Mejor no les digo lo que pusimos en el chat del grupo de amigos respecto del desempeño del lateral derecho estando aceleradas nuestras pulsaciones y no queriendo faltarle el respeto a tipos que nos dieron y siguen dando tantas alegrías. Pero lo anticipó Gordon, la puta que lo parió, y el partido estaba uno a cero.

A partir de ahí, el monopolio argentino de la pelota fue total, le estábamos rodeando la manzana a los ingleses. Scaloni empezó con cambios: Nico González por Paredes. No entendimos, nos agarramos la cabeza con el contador, el profesor patagónico y el falso ingeniero.

- Es a todo o nada ese cambio - dijo el falso ingeniero. Y era verdad, era poner en riesgo la mitad de la cancha para intentar llegar por los costados.

- ¿Qué hace? - pregunté en el grupo, y estábamos intentando buscar una explicación cuando Nico cabeceó y la sacó el arquero inglés.

- Siempre le falta algo de Nico, la re puta madre - se lamentó el profesor patagónico.

Argentina, en lo más alto del fútbol mundial.

Más adelante y después del intervalo de hidratación, vimos que Scaloni seguía haciendo cambios: sacó a la banda derecha entera (Molina y el Cholito) que no había estado muy feliz y también salió Lisandro, que estaban los dos centrales amonestados y jugando al límite. Entraron Otamendi, Montiel y De Paul. Nadie entendía demasiado los cambios y por qué no entraba el Toro Lautaro Martínez.

- Cambia a todos porque estamos mal físicamente - aportó una interpretación el profesor patagónico -. Hay que oxigenar.

Pero entonces, una jugada maravillosa del equipo, cuatro, cinco toques y un centro hermoso de Rodrigo De Paul. Un centro punzante, excelente cabezazo de Mac Alister pero el palo le negó el gol increíblemente.

- Uhhhh, la re concha de la lora - se lamentó el contador perdiendo su carácter circunspecto y sus opiniones racionales.

Inglaterra se fue para atrás como un equipo chico, hay que decirlo, se replegó completamente sobre su arco y había que reconocer el esfuerzo del equipo argentino, pero la pelota no quería entrar.

- Apareció el juego, no importa lo que pase - dijo el profesor patagónico. Lo que tenga que pasar, será jugando como la historia manda, agarrando de los huevos a los gringos, cagándolos a pelotazos.

Y entonces, llegó la segunda jugada luego de un córner y Lionel Andrés se la dio a Enzo Fernández, que sacó un derechazo hermoso que se clavó en el ángulo del arco inglés.

- Goooooooooooooool, la concha de su madre. Vamoooo. Merecidísimo - nos congratulamos en el grupo de amigos abrazándonos a la distancia.

Enzo, autor del primer gol.

Había entrado Lautaro, ya nadie casi se acordaba. Ya no era posible dibujar en un pizarrón el planteo de Scaloni, pero la pelota seguía siendo nuestra, los gringos hacían tiempo, se tiraban al piso, la pasaban mal, todo merecido sobradamente.

Y entonces, vino la jugada por la derecha luego de otro tiro al palo de Mac Alister, que lo parió, y el genio de Lionel Andrés parece que la pierna derecha no la tiene solo para caminar o para sostener su cuerpo. Porque el tipo engancha como si tuviera alentándolo con una palmada en el hombro a la mano del Diego y lanzó el centro de derecha, que sobró a la defensa inglesa y cayó justo para Lautaro Martínez, el hombre al que no se le terminaba de abrir el arco en los Mundiales, que juntaba goles de eliminatorias sudamericanas, Copas América y amistosos y se le venía negando bastante desde el 2022.

Y el tipo se elevó como sabe hacerlo, que por algo está ahí y no comentando lo que hacen otros como en este grupo de energúmenos de whatsapp, y la cabeceó de forma inapelable hacia el arco inglés para hacernos felices.

- Goooooooool - nos desgañitamos gritando dejando la garganta junto a la tele, un estruendo ensordecedor tomó todos los barrios en este glorioso país del sur. Golazo, la concha de la lora. Merecido para un equipo enorme que empequeñeció al rival al punto de volverlo diminuto, un equipo chico al que volvimos a someter haciendo una de las cosas que mejor sabemos: jugar al fútbol.

Demasiado emocionante todo, el Cuti, Ota, Nico González, el Dibu sacando los últimos y estériles intentos ingleses. El ruido de los festejos tomó la ciudad, las lágrimas invaden los ojos inevitablemente.

Es escribir y que te tiemblen un poco los dedos y que las palabras broten del corazón. Gracias muchachos por darle esta alegría al pueblo argentino este día en que se jugaba mucho más que un partido. Era una Copa dentro de otra Copa, y la ganamos. No será revancha de nada, pero será alegría para todos los argentinos y para los excombatientes que pusieron el pecho por la patria. Porque las Malvinas son argentinas. Y Argentina es finalista de la Copa del Mundo.

Los jugadores y cuerpo técnico festejaron un buen rato junto a los hinchas argentinos.