F en el chat dicen los pibes de ahora cuando se refieren a una derrota. La expresión viene de un juego de la playstation de guerra, que invitaba a apretar la tecla F cuando un soldado moría en batalla para darle sus respetos al soldado caído. Así, cuando Egipto nos marcó el dos a cero, mi hijo Santiago mandó en el chat de la familia: F.
En cambio, en el grupo de whatsapp de amigos cuarentones no incorporamos ni incorporaremos esas expresiones, y diremos: cagamos, estamos hechos mierda o siamo fuori, recordando el relato de los tanos cuando perdieron con nuestro glorioso seleccionado la semifinal por penales en Italia 90. Sin embargo, respetamos a los equipos y cracks caídos en lo que va de la competencia, donde quedan apenas ocho de las cuarenta y ocho selecciones que la arrancaron en junio.
Hay historias que merecen contarse, de los nadadores que no pudieron llegar a la otra orilla pero lo intentaron.
- Gol del Congo - avisó eufórico el miércoles 1 de julio el profesor patagónico.
Todos lo celebramos, a excepción del contador, que no ignoraba que una golondrina no hacía verano. Que los europeos iban a terminar mostrando su capacidad ante los africanos. El gol del Congo fue esa noticia que se esparcía en las mesas de café, en las estaciones de servicio mientras le echabas la nafta que podías al auto, en las conversaciones casuales en la parada de colectivo o arriba del bondi mirando la pantallita portátil que transmitía buenas noticias que se esparcían acompañadas de una sonrisa. A ver si pierden los bucaneros, los piratas, implorábamos todos. Mirando la tele la ñata contra el vidrio del bar varios porteños o tomándose el café que les dejó San Perón con el aguinaldo.

Los jugadores de El Congo parecía que daban el golpe, pero el gigante europeo se lo dio vuelta.
Del fútbol, el profesor patagónico pasó a la geopolítica y le seguimos el carro.
- Segundo país más grande de África, grandes extensiones tierra, con muchos recursos naturales. Y pobreza estructural.
¿Está describiendo a la Argentina de Milei? No, es el Congo, madre de Dios pero qué parecido. Similar en la descripción general, sin embargo en las habilidades futbolísticas los africanos no se dan tanta maña como nosotros.
- Que no se empiecen a mandar cagadas - imploraba el falso ingeniero sin poder ver demasiado el partido, que fue al mediodía en estas latitudes del sur. Hay que laburar, viejo, que no se decretan feriados para rogar que los ingleses pierdan mucho menos con la política exterior del gobierno actual.
- La sacaron en la línea, el arquero es un peligro - transmitía en el grupo el profesor patagónico.
Pero no pudo ser, por decantación iba a ser nomás. Tanto fue el cántaro a la fuente, que al final se rompió y Harry Kane marcó dos goles que volverían las cosas a su lugar.
- Un pequeño avance que vi de los africanos es que la mayoría esta vez no fueron con técnicos brasileños, croatas o franceses de dudosos pergaminos. Le faltan ajustar algunas cosas aún, pero van - apuntó el falso ingeniero.
Nos quedó el partido atragantado, que hubiéramos ido a festejar al obelisco o a la plaza céntrica del Lago Puelo en el caso del profesor patagónico, pero al final no pudo ser. Duró poco la esperanza, como en el gobierno de Patrice Lumumba, el líder congoleño democrático y revolucionario que fuera asesinado por los desalmados belgas, que jugaron en el segundo turno frente a Senegal.
Después del laburo tenía que hacer varias cosas pero el grupo de whatsapp me mantenía al tanto de los avances de la confrontación futbolística.
- Goooool - festejó el falso ingeniero la conquista del seleccionado senegalés. Luego, enseguida abrió el paraguas:
- Veremos si aguantan o comienzan con jugadas desopilantes.
Iba caminando por la calle, haciendo compras, sintiendo como un ladrón invisible te corroe la billetera: la tarjeta. Pero todo amenizado con buenas noticias que transmitían el falso ingeniero y el profesor patagónico.
- Se erraron el segundo, era el cierre del partido, se lamentó el falso ingeniero.
Poco después, mientras llevaba las bolsas de las compras, me vibró el celular:
-Gooooool. Golazo, la mató de pecho y le reventó el arco de sobrepique cayéndose.
- Vamos - me dije. Mientras, seguíamos con los mandados pero ya no le prestaba mucha atención al partido, en vistas de que faltaba un ratito y los africanos dos goles arriba.
Veinte minutos después, anunció el falso ingeniero que los belgas habían empatado sobre la hora.
- Me tuve que ir - explicó y pidió que lo mantuvieran al tanto de las novedades sobre la inocencia africana.
- Penal para Bélgica, minuto 119. No se puede creer, lo tenían ganado - anunció el profesor patagónico.
- No se puede creer. No voy a ver más partidos de seleccionados del África subsariana - anunció el falso ingeniero.
El contador, que estaba en silencio mientras Senegal ganaba dos a cero, volvió con el argumento de la superioridad europea insoslayable. De África, quedó sólo Marruecos pero todos sus representantes hicieron buenos partidos, compitieron, estuvieron cerca de avanzar en el torneo, ni hablar Egipto.
Muchas selecciones afuera, y junto a los equipos nacionales quedaron también fuera de competencia cracks que merecieron comentarios en el grupo de amigos, algunos respetados y otros verdugueados en nuestro microcosmos.
Nadie que habla con un mínimo de objetividad puede discutir los méritos y la calidad de jugador de Cristiano Ronaldo, el delantero portugués que quedó fuera de competencia con su selección luego de la derrota con España. El problema es la actitud, esos caprichos infantiles que muestra esta figura bajándole el precio al torneo porque no lo pudo ganar y aludiendo a que los portugueses sólo ganaron algo desde que él jugó para su selección.
El fútbol despide a CR7 de la máxima competencia.
- Cristiano se sentó con cara de culo en el cooling break - describió el profesor patagónico.
- Tres goles lleva en la Copa del Mundo - recordó el contador.
- Si Portugal quiere ganarlo tiene que jugar con once y sacarlo, el tipo se cree que es irremplazable y es un ex jugador - reforzó el profesor patagónico de forma lapidaria. Cristiano Penaldo, lo empezó a llamar.
Y bien, lo ganó España en tiempo adicionado, con lo justo. Cristiano Ronaldo jugó los 90 minutos y tocó muy poco la pelota. El problema no es ese, cualquier jugador puede tener un mal partido, Messi lo tuvo durante 78 minutos vs Egipto, pero al marcar el gol los gallegos la cara de Cristiano de reproche para con sus compañeros se volvió muy evidente. Una cuestión de actitud, de falta de humildad.
- Debe ser insoportable jugar con él hasta al dominó - concluyó falso ingeniero mientras se bajaba el telón de la última participación del portugués en una copa del mundo.
Neymar, en cambio, nos despierta otra empatía y solidaridad. Hace poco, vino al Nuevo Gasómetro y todos los cuervos lo ovacionamos cuando enfrentamos a su Santos. El reconocimiento y el afecto trasciende las rivalidades, el jogo bonito conmueve y despierta el reconocimiento de los cultores del potrero.
Nosotros en el grupo de whatsapp, luchábamos con dos deseos contrapuestos en nuestro interior: si se enfrentan un sudamericano y un europeo, vamos con el sudamericano. Si se enfrenta un débil contra un seleccionado fuerte, vamos por el débil. Por eso, mirábamos en esa ambivalencia queriendo de a ratos que gane Brasil y de ratos Noruega.
Todos somos el llanto de Ney.
- Bue, por fin entró un jugador de verdad - apuntó el profesor patagónico cuando ingresó Neymar promediando el segundo tiempo.
- Que enseñe como se define un partido - nos dijimos en el grupo. Que habían errado un penal, un mano a mano y varias ocasiones los brasileños.
No pudo ser. Desafortunado el desempeño del seleccionado de Angelotti, que no sólo perdió sino que traicionó su identidad. Quiso ser un equipo práctico, que podía prescindir incluso de la pelota tolerando el tiki tiki noruego confiando en una contundencia con la que no contó y lo dejó afuera.
Pequeña revancha de Neymar, el penal convertido cuando no quedaba nada. El gol del honor, para un jugador que lo tuvo, que llegó con esfuerzo a su último Mundial, en el ocaso de su carrera pero la pelota no se manchó. Engañó al arquero, y gol. Módico festejo. Gran jugador que no pudo ensamblarse en un equipo que en realidad quiso jugar a otra cosa prescindiendo de la pelota. Pero que dejó una huella en el fútbol brasileño y sudamericano de los últimos años, en la misma senda de Ronaldinho. Gambeta, firulete, goles, la pelota en sus pies se va a extrañar en las competencias mundiales pese a que la alegría no fue brasileña.
Esta nota terminará homenajeando a un crack caído de pie, un croata con el que nos sentimos identificados no sólo los cuatro amigos del grupo de whatsapp sino muchos argentinos. Casi que ni falta aclarar que hablamos de Luka Modrik. Su última gala fue contra Portugal.
¿Cuál es el origen de ese cariño? Vaya uno a saber. Tal vez porque Luka nos pone un poco en el espejo de lo que fue el Diego, o el equipo argentino del Mundial 90, ese que tanto nos pegó a los cuarentones. El croata hizo una carrera majestuosa en el Real Madrid, ganó veinte millones de títulos, goles, asistencias, todo, con un rendimiento que se mantuvo por muchos años.
Sin embargo, nada de eso nos importa demasiado ni nos conmueve. Lo que probablemente nos emocionó es su desempeño en las copas del mundo, porque tenía que ponerse al hombro a un equipo muy terrenal como era la Croacia del 2018, del 2022 y de este 2026. Sus compañeros corredores, mayormente rústicos, se la tiraban a él, buscándolo como a una luz, no diré faro como dijo una vez en una campaña Rodríguez Larreta, porque en realidad la luz del faro significa: no te acerques acá, hermano.
En cambio, Luka fue todo lo contrario, una rueda de auxilio permanente para sus compañeros. Fue el héroe que se enfrentó junto a su equipo a las grandes selecciones del mundo y les hizo partido y muchas veces les ganó acaudillando a un equipo que no hubiera tenido aspiraciones sin él.
El croata Luka Módrik, otra estrella que pierde el fútbol global.
Verlo a él era un poco recordar al Diego en Nápoles y viendo cómo el sur le hacía frente al norte, el débil se le plantaba al poderoso. Y Croacia eliminó a Brasil en 2022, llegó a la final del Mundial en 2018, competencia en que fue nuestro consuelo, nuestro favorito luego del desafortunado desempeño de los de Sampaoli. Era representante de una Europa postergada, sojuzgada históricamente, tierra de guerras, de sufrimiento, de sometimiento de la que emergió con una humildad inalterable y un talento difícil de igualar.
Partido peleado con Portugal, quedaron afuera para colmo con decisiones arbitrales discutidas, un penal que sirvió para enaltecer transitoria y brevemente la soberbia de Cristiano Ronaldo y donde él se despidió casi en silencio, en medio de las protestas por un gol anulado a los croatas en discutido offside. Fuera de juego quedó Luka con los suyos pero dentro del corazón de este grupo de amigos y de muchos, sino todos los argentinos. El diez obrero que era capaz de pegarle a la bocha con calidad pero también de tirarse al piso, ponerse el overol como cualquiera. Venido de esa tierra que fue la Yugoslavia del mariscal Tito, luego dividida y tantas veces lastimada. Como si las heridas pudieran cicatrizarse con un juego. Y este grupo se lo reconoce, y cuando se consumó la eliminación de Croacia dijimos:
- Nos ponemos de pie para aplaudir a un grande que se va.
Casi como hicieron muchos argentinos luego de las semifinales del 2022 en Qatar, donde se fue ovacionado por todo el estadio. Como hizo un periodista luego de la victoria 2 a 1 sobre Ghana, en donde el genio la rompió y le expresó sin más su admiración y el deseo de que no se retirara nunca.
Como este grupo de amigos lo hizo en el whatsapp, como lo sintieron muchos argentinos, como despidiendo a un hermano gringo que se va. Gracias por el fútbol, Luka.