En estas tierras de Dios, en estas pampas argentas, se venden cada vez pan, menos carne, menos leche, menos autos cero kilómetro, menos ropa, casi una descripción fiel de la economía de miseria planificada de la que hablara Rodolfo Walsh en su carta célebre a los milicos hijos de puta del 76. Y sin embargo, si te descuidás un momento, levantás la cabeza y vez una muchedumbre innúmera cambiando figuritas del Mundial en el parque Rivadavia.
¿Cuánto sale un paquete?, quisimos saber en un grupo de Whatsapp donde somos cuatro amigos. Uno solo tiene los hijos en edad escolar, el falso ingeniero, le vamos a decir acá, trabaja en una cerealera pero no corta el bacalao como la Mesa de Enlace. Laburante de a pie, como cada cual.
Dos mil pesos, informó aséptico.
¿Cuántas figuritas trae?, quiso saber otro integrante del grupo, el contador. Antes de emitir juicios de valor, quiere saber la verdad de la milanesa y ponderar variables. Lleva las cuentas de una compañía multinacional pero tampoco es un grupo hegemónico, ni mucho menos, y el nombre de la empresa apenas arroja resultados si la buscás en la nube.
Siete figuritas, repuso el falso ingeniero.
Que se vayan a la concha de su madre, comentó sin ánimo de ofender, como un insulto consuetudinario, el profesor patagónico. Profesor de Música en esa frontera porosa entre Chubut y Río Negro, ya que hace unos años partió rumbo al sur. Sus mensajes a veces llegan demorados porque el wifi del desierto inconmensaurable de la comarca viene flojo.
El amigazo contador empezó a ponderar variables y calcular cuánta guita había que tener para llenar el álbum de figuritas. Un montón de guita, ni recuerdo cuánto porque además te vienen repetidas y coso. Yo conozco hasta un sobrino de veinte años que sé que las junta, la pasión futbolera y coleccionista es transversal a generaciones y edades en la muchedumbre del parque Rivadavia.
Yo soy de la generación para la cual el único o último álbum de figuritas del mundial fueron las de 1990. Once años teníamos, a octavos de final clasificaban hasta los mejores terceros, menos mal. Si completabas el álbum, ese u otros, a veces te regalaban una pelota de fútbol en un kiosco de revistas. No tengo idea de cuánto costaban los paquetes, pero esa preocupación en todo caso era de nuestros viejos. El último o el único álbum que nos interesó fue el del 90 y la única canción de inauguración de la competencia más importante de fútbol del mundo fue la de los tanos: Notti magiche, Inseguendo un goal, Sotto il cielo, Di un'estate italiana.

Las figuritas de Argentina en el álbum de Italia 1990.
Pasan los años, pasan los jugadores, ya nada es lo que era y además los tanos afuera del mundial por segunda vez, madre de Dios. A las siguientes canciones para inaugurar la competencia directamente no les prestamos atención, las cancelamos luego de escuchar un acorde, imponiendo una distancia sideral tal que ya no podían provocarnos ninguna emoción. No todo tiempo pasado fue mejor, pero esa canción fue la mejor, sin comparación y sin mañana. Fin.
En esto acuerda hasta el profesor patagónico de música: las siguientes melodías que se estrenan cada cuatro años nos parecen más aburridas que una cajita de música a cuerda.
Tipos nostalgiosos en ese grupo de Whatsapp, el último álbum, la última canción, incluso casi diríamos el último mundial, aquél del 90. ¿Sabés lo que es dejar afuera a los tanos en la semifinal con un equipo que en realidad no debió llegar nunca allí, que jugaba de forma aguerrida, con el Diego tirando magia pero hecho mierda físicamente, caminando, al trote, jugando como el orto el equipo, pero bien nuestro, bien argento?
Conocíamos o habíamos visto jugar a varios de esos jugadores en el fútbol local cada domingo, cuando los partidos empezaban todos juntos a las 16 horas. La magia duraba esas dos horas, se renovaba cada fin de semana con ansias, ahora ves fútbol a todo día, a toda hora, te servís la sopa y ya hay otro partido de cualquier cosa. Todo cambia, muchachos y lo que abunda a veces daña.
En ese grupo subjetivo, de a ratos estúpido, sublime para proyectar, nostalgioso, casi que el último seleccionado auténticamente argentino nos parece que fue el del 90, como mucho podemos aceptar una continuidad en el 94. Todos sufrimos, miramos, disfrutamos, no nos perdimos un minuto de todos los partidos del seleccionado argento que vinieron después, pero sentimos que el fútbol auténticamente criollo, de acá, se fue perdiendo poco a poco.

Diego, en Italia 1990.
Después del cuadrazo de Basile que jugaba al toque, llegó la etapa en que se miraba a Europa. Acá no voy a puntualizar en tal técnico o tal otro, eso es irrelevante. Pero si antes la técnica y la magia dominaba el arte de este deporte, lo que siguió nos mostró la preeminencia de esquemas y estados físicos atléticos, preparación que no se puede negociar y que predomina sobre el fútbol creativo, el fútbol arte.
En el grupo de amigos entrañables, entonces surgen las polémicas sobre el que pregona la superioridad europea (el contador), los que defienden el fútbol argento o americano (el profesor patagónico y quien esto escribe) y el falso ingeniero intenta mediar, como en la política.
Qué máquina Haaland, se deslumbra a veces el contador. Es un muerto, retrucamos sin fundamentos serios. El contador nos tira sobre la cabeza números, estadísticas irrefutables. Es menos que lo que fue Palermo, ese noruego, insistimos. Y así. ¿Pero no ven que en mundial de clubes solo compiten los europeos?, tira la demostración irrefutable el contador. Y es verdad, ya lo sabemos. Si se llevan los pibes adolescentes a Europa, que incluso algunos de la lista de Scaloni no sabemos ni quién carajo son, no los vimos jugar nunca acá, en estas lides locales, en el potrero argento. Ya lo dijo Bielsa en una conferencia de prensa, se los llevan a edades cada vez más tempranas.
Y así queda el fútbol local, en este grupo de amigos hay uno de Boca, uno del Rojo, dos de San Lorenzo. El fútbol local ya nos mandó a descansar hace rato, y entonces uno debería pensar en el mundial pero muchas figuritas, mucho culebrón con el listado de jugadores pero por ahora sentimos que no levanta la térmica todavía la competencia y el pabellón nacional se sacó a relucir un poco por las calles pero por el 25 de Mayo. El ayuno obligado de fútbol de estos próximos días tal vez empiece a contribuir a levantar la temperatura.
Tal vez buscando eso, el profesor patagónico compartió un link de un video que muestra un resumen de un partido que se jugó hace 35 años: el 25 de mayo de 1991, en Wembley. Argentina vs Inglaterra. Terminó dos a dos. Goles del Turco García y Franco. ¿Dónde estuviste vos mientras sucedía eso?, nos preguntamos en el grupo. Nos reímos de recordar bastante fielmente dónde mierda estábamos en el momento de un partido en apariencia irrelevante. En mi casa, los fideos de la vieja no se negocian, dijo el falso ingeniero. En un bar de la salida del colegio, coincidimos los otros tres. Mirar la pantalla tomándose una Coca Cola en botella de vidrio.
Argentina remontó un 0-2 contra Inglaterra, en un amistoso, en 1991.
Ahora, mirando el video 35 años después, nos parece que en ese momento la violencia en el juego estaba naturalizada. Pegaban patadas alevosas y a destiempo defensores, delanteros, mediocampistas. Guadañazo va, guadañazo viene, los muchachos se entretienen. Menos mal que era un amistoso, madre de Dios. En ese momento no nos llamaría la atención porque al fútbol se jugaría así, qué se yo. Si hubiera existido el VAR, hubieran terminado en cancha seis contra seis.
Parece mentira que cuatro cuarentones se pregunten dónde estabas vos cuando cabeceó Franco el centro del Turco Mohamed. Pero así fue, 35 años después. El algoritmo nos debe tirar esas efemérides a los enfermos del fútbol, pero no puede explicar que cuatro amigos se hagan esa pregunta casi como si fuera un hecho importante.
Tomando una coca de vidrio, comiendo los fideos de la vieja, el fútbol propicia el encuentro con el otro, recordando ese juego un año después del último mundial. Para vean que no exagero, hasta hay un libro de Tumer y Molinero que se titula así y se refiere por supuesto al del 90. Búsquenlo.
Pero con esta nota nos proponemos empezar a aclimatarnos para hablar un poco también de lo que viene. Levantando de a poco temperatura. El sábado, un ensayo vs Honduras. Para ir afilando el lápiz Scaloni, para afinar la garganta los hinchas en la previa y llegar a tono a la mayor competencia de fútbol del mundo.

La Scaloneta ya está entrenando en Kansas, EEUU.