Por Claudio Colombatti

En el seminario IV, Jaques Lacan revisa todo un recorrido que hace Sigmund Freud para concluir que en el desarrollo del niño quedan sentadas las bases para las que luego el psicoanálisis llama estructuras clínicas.

En el comienzo el niño no tiene noción de un adentro y un afuera (Sigmund Freud: “El malestar en la cultura”).

Cree que el pecho materno le es propio, y con el tiempo, incorpora la idea que es exterior, y que tiene que “berrear” para conseguirlo. Así simboliza una ausencia. 

Comienza así a establecer un afuera, y otro, la madre. Entonces hay una relación de a dos. El y la madre. Entre los 5 y 6 años, atraviesa momentos angustiantes, que lo llevan a confrontar la idea de omnipotencia de la madre, con la incorporación de una terceridad, que puede ser la incorporación del padre. A esto el psicoanálisis lo llama atravesar los complejos de Edipo y castración.

No todos resuelven esta “ecuación” de la misma forma. Hay factores que condicionan este paso lógico, para estructurar el psiquismo. Pasar del “dos” al “tres”.

Lacan en este seminario IV, da dos resultados, que hacen a la estructura psíquica.

Perversión, Denegación, Frustración

No poder superar este primer momento de pensar en dos, el chico y la madre, queda expuesto a la frustración, porque ese otro omnipotente le da y cuando no recibe es por falta de amor, o capricho. De esta forma no hay ley -castración- a la que todos estamos afectados.

Si la falta es denegada, es decir se la conoce pero se la niega, se actúa como si no existiera, es un mecanismo que el psicoanálisis relaciona con las perversiones. Mas precisamente con el fetichismo.

Castración

Es entender la falta en forma pacífica, aceptarla como parte de la ley. Es la incorporación de la terceridad, (el nombre del padre) que permite superar la rivalidad del espejo, que es el pensar de a dos. Las ausencias, las faltas, las fallas, las insatisfacciones tienen una lectura de un culpable, el otro con minúscula.

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El retroceso en términos simbólicos, el deterioro de la autoridad simbólica, el debilitamiento institucional, se puede entender dentro de estos parámetros. 

Un discurso que fomenta la idea de la libertad absoluta, como soltar las amarras de lo simbólico (¿psicosis?). Sumando a esto, la crueldad, o el goce de la angustia del otro, originar, sufrimiento en los sectores vulnerables, y al mismo tiempo negarlo.

Lacan nos alerta que una psicosis se puede estabilizar en una salida a la perversión.

No estoy hablando de ningún presidente ni ningún mega-empresario de Silicon Valley. Estoy hablando que fomentar  discursos de odio, de violencia, de estigmatización, de desmentida.

La desmentida es el mecanismo que Freud ubica en las perversiones (Sigmund Freud: Fetichismo). 

Fomentar la canallada, fomentar soltar al otro, por no decir fomentar pegarle al que está tirado en el piso, para de esta forma generar un consenso que justifique políticas que suelten a los mas vulnerables.

Es hora de hacerse cargo de esto, y tomar el bastón. Solo el pueblo salvara al pueblo.