Tres días después de perder la final de la Copa del Mundo, le mandé un audio a Gerardo Montoya para avisarle que había terminado de leer Papá Paki, su eléctrico y arrollador libro de poesía que publicó hace unas semanas con el sello editorial Barnacle. El último tramo me sirvió no solo para cerrar la lectura, sino también para empezar a cicatrizar la herida colectiva y retomar las tareas cotidianas luego de un mes de fiebre y delirio argentino.
Diez minutos después, cuando llegó su respuesta, yo seguía arriba del subte, camino a casa: “Hola, Guey, gracias por la lectura. Encantado de hacer una entrevista, pero ahorita ando en Monterrey por cuestiones familiares, y estaré desconectado hasta el 4 de agosto. Luego de esa fecha, cuando quieras”.
Me quedé enganchado con su desconexión digital de dos semanas, que es mucho para cualquiera de nosotros. Sus palabras me quedaron rebotando en la cabeza porque en Papá Paki el multiverso internet tiene un lugar vital. Diseño gráfico, código fuente, IA, emojis, numerales y arrobas, léxico y modismos de redes sociales, todo un menjunje argenmexicanizado que pisa fuerte en la poética del libro.
Luego me enteraría que aquella desconexión tiene un nombre en inglés: Detox digital (su traducción es Desintoxicación digital), y que Montoya no cortaba solo por el tiempo que estaba en Monterrey, sino que la decisión ya tiene un par de años.
¿Te corriste del ruido y la exposición permanente de las redes para cuidar tu salud mental, o lo hiciste con la vocación de vivir una experiencia que va en contra de la corriente?
Yo venía trabajando en comunicación estratégica digital, trabajaba desde adentro de las redes, para vender, digamos, y entonces veía, conforme pasaba el tiempo, cómo se iba cerrando y especializando y complicando cada vez el vínculo que tenemos con las pantallas y los dispositivos. Y pues, por una cuestión de cuidado, te diría, cognitivo y emocional, porque las redes básicamente lucran con nuestra ansiedad, a partir de cómo poner al cuerpo al límite de la sobreinformación, la exposición a la información, me corrí, sí.
La interpelación emocional sobre los cuerpos es algo que las redes tienen muy especializado y eso es lo que te genera el enganche. Y hasta que los Estados no lo aborden como un problema de salud pública, pues estamos cada quien en la suya.
Ya llevo prácticamente dos años y medio sin redes, y en ese movimiento que quizás partió de un autocuidado, también tiene que ver con habitar el mundo de una manera diferente; hay una cosa que me encanta de no estar en las redes y es que el círculo de amigos y conocidos sigue siendo el mismo, y entonces cuando te encuentras a charlar, como que ya te filtran los contenidos y entonces te llega lo mejorcito de lo que anda circulando, y de te ahorras toda la mierda (se ríe del otro lado de la pantalla, en la que se lo ve de pie, y por momentos en movimiento). ¿Me enteré a la tarde que falleció Bergoglio, en lugar de la mañana, como casi todo el mundo? Y bueno, pero fuera de las redes gano mucho más de lo que pierdo.

Papá Paki es el tercer libro de Gerardo.
En las reseñas de tus dos libros anteriores se te presenta como un autor que hizo de internet una lengua poética. ¿Cómo convive esto con la decisión de desprenderse de las redes sociales?
Esto para mí es como una investigación. Antes el objetivo era la exploración, ver qué se podía hacer con las redes sociales, ver cómo uno mismo se podía desplegar, ver cómo las nuevas conexiones o las nuevas relaciones que se podían establecer con el mundo, acceder a la tecnología, etcétera, y pues ahora, como cada vez aparecen más dispositivos de control social, pues me parece que lo interesante es la sustracción de todo eso y ver cómo se puede poner en juego el anonimato, que cada día es algo más ficcional, porque uno tiene igual lugar en redes sociales aunque uno no postee, pero por lo menos siento que uno tiene algún tipo de control sobre lo que pasa en internet. Digamos que puse a mi propio cuerpo como sujeto de la investigación.
¿Percibís algún resultado?
Sí: puedo mantener más tiempo la atención y vivo con menos ansiedad.
¿Cómo y por qué nació este libro, y cómo fue su proceso creativo?
A Papá Paki me propuse escribirlo en tres meses. Agarré un verano y dije, bueno, ya más o menos tengo la noción de qué quiero escribir, me pongo un tiempo límite, y métele. Entonces, armé un dispositivo de escritura y revisión, y no lo escribí en tres meses, sino en cuatro meses y medio, pero ya el hecho de ponerme esas restricciones me ayudó a tener un primer punto de llegada. Y después ya fue darle vueltas, pimponearlo con gente, con lectores de confianza, y puliéndolo, y una de las cosas que me parecieron interesantes en términos de exploración, fue esa restricción temporal, pero aparte, por otro lado, en relación a los otros dos libros, me propuse amplificar el componente emocional.
Mis otros dos libros tienen como una carga técnica, política, está mucho más puesto en juego el uso del lenguaje, y acá quise explorar cuánto un lector podía empatizar con los textos, los personajes, los temas. Y por eso me metí el desamor, el amor, la migración, el desarraigo, las relaciones padre-hijo, las relaciones de cuidado, la ciudad. Lo que me interesaba era investigar si podía acercarme al lector en términos emocionales y ofrecerle una experiencia de lectura con la cual empatizará más fácil.
¿Y qué devoluciones tuviste en ese sentido de parte de los lectores?
Siento que he tenido buena recepción. Que alguien me diga leí el libro en dos días, independientemente de que le haya gustado o no, el hecho de agarrar un libro y no soltarlo en poco tiempo me parece rarísimo. O sea, entonces, me dio mucho gusto, y estoy contento porque puedo llegar a una comunidad más amplia de lectores.
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En la voz del yo poético de Papá Paki conviven, por ejemplo, la cotidianeidad de la vida familiar con los usos y costumbres de tribus urbanas de la Ciudad de Buenos Aires.
Dice el poema “no sabía en qué convertirme para empacarlos a mimir (versión febrero)”:
la murga nace
y se hace con su
THX dolby sonidero sound system
of a down
manu chao en Vélez por tres horas
pero acá van a decir
eh
no seas ortiva
ándate a tu país mejica
aguante la murga villurca
triunvirato encalada presente
hacemos brillar la noche
con tambores y sonrisas del pueblo
aguante loko
aguanten los fantocheros retocados
los afortunados durante los findes de carnaval
y yo eh
no soy ortiva
nomás me acabo de escapar
de la máxima seguridad
con dos bestias encima
que bostezan sin cesar
*risas pregrabadas*
Y en este otro fragmento del poema “colchones en el piso”, escribe, argentinizado:
en el primer depto estable
reviví la guitarra momificada
compusimo punketa
una rola escatológica de santa clos
al otro día
fui a la farmacia de enfrente y compré un kit
contra las liendres y los piojos
dadas las múltiples alertas en el grupo de mapapis
Gerardo cuenta con una ventaja como autor: maneja dos modos de hablar y de escribir, tanto de Argentina como de México, y esa riqueza lingüística, que obtuvo el caminar, buscar y experimentar, se expande y hace notar en su poética. Es tan así que decidió publicar, en el cierre del libro, un glosario, a doble columna, para que uno, como lector, una –con tinta- los sinónimos entre las palabras y modismos que se utilizan en cada país.
Gerardo migró a la Argentina en 2005.
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No es usual publicar tantos poemas en un solo libro. ¿Existe en esa decisión una definición estética?
No fue una decisión, no. Yo arranqué escribiendo poesía porque quería escribir una novela, y no me salía, no me salía, me tenían poemas y de repente dije, pues bueno si me están saliendo poemas, hago un libro de poesía y ya en lugar de estar frustrado con una novela, y acá un poco fue como dejar que saliera todo lo que saliera y después hacer un trabajo como de pulido. Yo no reparé en esto de que era un libro largo, pero sí que tenía suficiente material –y saqué bastante, aclara- para poder contar una historia; aunque no fuera cronológicamente, aunque fuera de manera desordenada pero tratar de sostener personajes estables y contar una historia.
Esa fue la pretensión del libro, e inspirado en parte en el libro Punctum del argentino Martín Gambarotta, que tiene algo de esta perspectiva y que me llevó a preguntarme cómo un libro de poesía tiene personajes y una historia, y me quedó dando vueltas de eso, y acá siento que hay un propio intento de hacer algo parecido.
¿Por qué dividiste el libro en seis capítulos?
Como es un libro de poesía, traté de organizarlo de un modo en el que tú lo agarres por donde quieras y puedas entrarle. A mí me gusta el ruido, entonces al principio no quería poner capítulos, pero me pareció que ordena la lectura para alguien y entonces si quieres leer sobre el amor, tiene tu capítulo, sobre la ciudad, el otro, etcétera, como que de esa manera el libro permite distintos trayectos de lectura. De hecho, al final del libro están las instrucciones para leerlo.
Sí, es genial.
Seguramente nadie arranque por las instrucciones (se vuelve a reír).
Yo fui a hojear las últimas páginas, vi las instrucciones, y no pude evitar su lectura.
(Otra vez la risa). Como te decía, la idea es que el libro tuviera distintas entradas. Y en ese sentido, y no para comparar, esta propuesta tiene algo de Rayuela, de Cortázar, que me encanta. Es un libro juguetón.
Siento que está bueno armar dispositivos juguetones, porque muchas veces el libro, y a veces la poesía también, tiene esta cosa de lírico, sobrio y solemne, y hay mucha gente que le cuesta entrarle y a lo mejor está súper bien escrito y a lo mejor dice cosas que están muy buenas, pero hay algo del formato tradicional, que pues hace difícil el acceso a muchos lectores. Me gusta trabajar con el humor o con recursos que rompan un poquito eso, simplemente como para enrarecer la experiencia del lector, y que ese enrarecimiento sirva como para avanzar con la lectura.
¿Por qué Papá Paki?
Porque una de mis pasiones en términos de escritura es titular; soy un publicista frustrado, y entonces una de las cosas que me gusta mucho es poder jugar con los títulos. Digamos que mucha gente juzga un libro por la portada, por cómo se ve, por cómo se llama, y entonces cuando encontré ese nombre me gustó porque por un lado juega con la sonoridad, pero por otro lado es como muy descriptivo, y a la vez juega como con lenguaje que no necesariamente todo mundo conoce y es más contemporáneo. Es un papá común y corriente, pero dicho de otro modo.
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Gerardo se mudó a nuestro país en 2005 y no solo se formó como psicólogo en la universidad pública, sino que ejerció su profesión en el área de salud mental y derechos humanos del Estado Argentino. O sea que junta todas las características de un hombre que podría ser estigmatizado y violentado por Milei y sus huestes antidemocráticas.
¿Qué análisis haces de los que estamos sufriendo en nuestro país, teniendo en cuenta además que allá en México están en un buen momento político, con un segundo ciclo de gobierno de izquierda a cargo de Claudia Sheinbaum?
Pues mira, de los 21 años que llevo en Argentina estoy atravesando el momento más oscuro que por lo menos me ha tocado vivir; en la Argentina sucede que uno está corriendo y de repente las razones por las cuales corre se renuevan, pero es la primera vez que me toca ver mucha gente alrededor mío muy afectada por decisiones que claramente son del gobierno, y eso se ve en la calle, en el nivel de indigencia, en el nivel el desorden que generó el gobierno en cómo está organizado el Estado y esto derrama sobre el sector privado, y entonces hay algo de como una precarización que sólo ha ido como amplificándose cada vez más y más y más, y entonces ya normalizamos tener tres cuatro laburos. Y eso me parece una triste novedad de lo que estamos viviendo ahorita en Argentina.
En México bueno, en ese sentido pues están habiendo movimientos políticos que son interesantes a partir de que plantean más bien una visión un poco más de inclusión y de tratar de ser más amable con las mayorías, ya que en México históricamente estuvimos atrás en derechos laborales en relación a la Argentina, y en estos últimos años que una de las medidas que haya llevado el gobierno fuese ampliar los días de vacaciones para los trabajadores, me parece que es una deuda que ya tendría que haber sido resuelto hace mucho.
¿De qué manera atraviesa tu poesía el psicoanálisis y la defensa de los derechos humanos?
Parte de mi trabajo que tuve el honor de poder hacer para la entonces Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, fue en un efector de salud mental que apoyaba y acompañaba a víctimas de violaciones a derechos humanos, entre ellas obviamente mucha población afectada por la dictadura cívico-militar, y después una de las innovaciones que hizo esta gestión de la que participé fue considerar lo que pasó con Cromañón como también víctimas de violaciones de derechos humanos, y entonces empezamos a trabajar con esa población. Todo desde el esquema teórico de psicoanálisis. Esa es la perspectiva con la que me formé y con la que milité y muchas veces, efectivamente, cuando escribo, lo hago teniendo en cuenta todo.
Los libros que he escrito hasta ahora han sido, en algún sentido, mi modo de plantear hipótesis políticas contemporáneas, y quizás antes estaba muy enfocado, o más enfocado en tratar de llevarlo hacia papers y una vida académica, y más bien lo que hice fue saltearme todos los problemas y burocracias académicas, y al llevarlos hacia la poesía, pues ya nadie me puede andar persiguiendo para que fundamente una pregunta, o a quién estoy citando, y me parece que lo importante es que podamos charlar de lo contemporáneo, independientemente del formato, y mi intención y mi apuesta en relación a la escritura, pues tiene que ver con eso.
Te retomo lo de la doble inscripción en los registros mexicano y argentino. ¿Cómo lo trabajas?
En “Te amo Grupo Clarín”, un libro en el que tenía que hablar en argentino para que un argentino me pudiera prestar atención, sembré algunas cosas de lo mexicano, pero entiendo que es la diferencia la que suma, y toparte con una palabra que no conoces da la posibilidad de enterarte de otro mundo, otra visión, otra vida, algo que pasa lejos de donde uno está, ¿no? Y entonces como que trato de sostener como esa relación donde un lector mexicano va a encontrar algo que tiene que ver como con el lunfardo, y también al revés, permito a un lector argentino, pues tratar de acercarse a algo de qué significa lo mexicano, ¿no?
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En el poema “qué”, por medio de una segunda persona, dice el yo lírico de Montoya:
reptas con sigilo entre tu ceja
recién teñida
depilada
y la comisura izquierda de esa
guillotina
que recita tu nombre
como si fueras una pregunta
a la que podés controlar
En este fragmento del poema “plantilla de diseño”, reaparecen las plataformas y el lenguaje de redes que tan bien maneja el yo poético de Gerardo:
plantilla llena sin uso de stock
la presenté como maqueta por
mail
desde Tijuana
me pidieron que haga un Clío que no supe programar
y con un margen de I3
ganamos
unidos por los puntos ganamos
ahora dice en mi gafete
font 9
bajo my name is nada:
workaholismo post divorciano
c/depresión recreativa
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¿Cómo salió la presentación del libro que a mediados de julio, acá en Buenos Aires, y cómo vivís las presentaciones en general? ¿Qué diferencias crees que va a tener esa presentación con la que vas a hacer allá?
Sí, presenté el libro en Monterrey y el 28 lo hago en Ciudad de México, y si bien ya presenté acá mis dos libros anteriores, es la primera vez que me editan acá: Papá Paki tiene edición argentina y también una mexicana, y estoy muy contento.
Para mí las presentaciones de libros, sobre todo los de poesía, a veces son un embole, porque pasa que se arma como una estructura institucional, una estructura burocrática donde cada quien ocupa su lugar y todo el mundo sabe que es un embole pero igual lo seguimos sosteniendo.
Gerardo presentó su libro acompañado de amigos y colegas.
Sí, y en definitiva vamos a acompañar a nuestros afectos, a nuestros colegas.
Esa es la parte que me parece más interesante, claro. Es una excusa para cruzarse con gente que uno quiere, que te quiere, que le interesa el libro como formato, la poesía, la literatura, lo que sea, y subsumir eso, que es lo relacional y es lo que no se va a repetir del encuentro, a la cosa burocrática, me parece que es la parte más aburrida. Lo más interesante es qué pasa con esa gente que se juntó ahí, que quizás nunca más se va a volver a juntar, ¿no?
Entonces, en relación a la presentación de Buenos Aires, invité a unos amigos, amigues, a Luciana Ravazzani, que es una poeta y editora, a Ricardo Rojas Ayala, que es un trabajador que escribe, y a Ana Zolminski, que es una bailarina, y fue más bien como una lectura performática; después leí un texto que escribí ese mismo día apelando un poco a esto de que “estamos acá, toda gente interesante, conózcanse, mírense a las caras, pregúntenle algo a otro que no conozcan y aprovechen el contacto porque después nos volvemos a encerrar en nuestras pantallas, en nuestros circuitos, en nuestros intereses, y esto que tiene potencia, que es juntar cuerpos en un espacio, no suele aprovecharse, ¿no?”.
¿Y allá?
Las de acá me están sirviendo como excusa para conocer poetas locales, y vamos a hacer un open mic para conocer cosas que está haciendo la gente acá, en Ciudad de México haremos lo mismo, aprovechamos para invitar amigues y más bien es como juntar gente y pasarla bien. Siento que si la consigna de la presentación es juntar gente y pasarla bien, entonces está bien orientada.
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Montoya publicó los libros de poesía #TeAmoGrupoClarín (Pánico el Pánico, 2016) y Decálogo para la clase media… (Qeja Ediciones, 2018). Como generador de comunidad y hechos culturales, organizó eventos como #PoesíaEnTuSofáArgentina, el Gym Pop-up Poético y el Primer Ciclo Internacional de Hiperpoesía.