Allá en el norte, el partido de Argentina está programado a las 19 horas. Acá en el sur son las 23 horas de un sábado a la noche y es necesario planificar las cosas con los amigos. La noche no está en pañales para tipos de cuarenta y siete años. Al contrario, en días normales nos estaríamos casi por ir a dormir.
- ¿Una pizzería? - preguntó el falso ingeniero.
- Puede ser, la de pantalla grande sobre Avenida La Plata - propusimos junto al contador.
- ¿Tendrán abierto hasta tan tarde?
-Y, si no tienen abierto son bastante boludos, dalo por hecho.
Pero entonces, el falso ingeniero se encontró con otro amigo en un día de trabajo mientras utilizaba su horario de almuerzo y pispeaba partidos del mundial, al que vamos a llamar el dibujante. Se dedica a diseñar juegos digitales estilo animé o algo así, es lo que pudimos entender los otros miembros del grupo pese a que nos lo explicó algunas veces.
- Yo pongo la casa - ofreció entonces y agarramos viaje. Por supuesto, todos aceptamos la invitación a excepción del profesor patagónico por la distancia insalvable de mil ochocientos kilómetros que nos separan. El amigo no cuenta con los vuelos privados de Adorni ni sponsors ni empresarios que le solventen los gastos que insumirían un fin de semana en la urbe porteña y por un motivo tan trivial. Es docente, trabaja en escuelas como el que esto escribe. ¿Para qué seguir explicando?
El falso ingeniero encargó una picada y empanadas que son un manjar. El contador, en cambio, viene con un tupper que es motivo de la mirada curiosa de los amigos. El tipo hace cuentas cada día hábil y ahora se dedica también a contar calorías, parece. Escaso en calorías y en glamour el contenido de ese tupper: ensalada y un poco de pescado. Consultó por la posibilidad de un permitido con quien se lo indicó pero parece que sólo encontró intransigencia del otro lado. Lo vemos además en buena forma física al contador, saludable, concurriendo al gimnasio como una sana rutina. La juntada no se mancha, se celebra el compartir con los amigos aunque el tupper sea triste.
Casi tan triste como la presentación de Uruguay el día previo. Los de Bielsa se quedaron afuera luego de la derrota uno a cero frente a España. El partido mereció jugosos intercambios en el grupo de whatsapp.
- Por lo menos tres goles se comió Muslera en el Mundial, es mucho - saca la cuenta en forma impiadosa el contador.
- Ay, Darwin - suspiraba el profesor patagónico, no refiriéndose a la teoría de la evolución del naturalista sino a la franca involución del juego de Núñez y del seleccionado uruguayo.
Cuando Valverde es sustituido y se va sin pena ni gloria a sentarse al banco y hablar vaya a saber qué debajo de su camiseta alimentando el puterío, el falso ingeniero aportaba:
- Hizo bien en embocarlo en el vestuario Tchouameni.
La decepción charrúa también dolió acá.
No teníamos dudas en por quién hinchar entre el colonizador europeo y la banda oriental, aunque el empate no fuera lo que le conviniera al seleccionado argentino. Un clásico sudamericano sonaba mucho más complejo que jugar con Cabo Verde, con todo el respeto que nos merece la revelación del torneo.
Pero se escurren los minutos, transcurren inexorables sin que Uruguay pudiera inquietar a los españoles. Entonces, lo vimos a Lamine Llamal pisando la pelota sobre la línea lateral casi sobrando a los rivales y el reclamo en el grupo fue casi unánime:
- Partanlo - rogamos a los uruguayos que estaban cerca pero no nos hicieron caso en ese momento (menos mal), tal vez porque aún quedaba tiempo.
Uruguay siguió empujando pero sin claridad, bochazos inofensivos, gambetas truncas, el empuje rebotando como un toro contra una pared, sin que nadie pudiera frotar la lámpara. Un tiro de De La Cruz que se le escurre un poco de las manos al arquero español es la única llegada prácticamente. El árbitro adiciona escasos minutos, la sensación es que por más que hubiera dado media hora no hubiera sido suficiente.
- Si se van a ir del mundial - por lo menos cáguense a trompadas, propuso el profesor patagónico.
Queríamos ver por lo menos la actitud, la enjundia de un Obdulio Varela, de un José Gervasio Artigas, héroes futbolísticos e históricos de la Banda Oriental. Como haciendo juego al pedido, Canobbio le tiró un planchazo a Nico Williams y se fue expulsado. No hubo tiempo casi para nada más, sólo para los últimos bochazos tirados a la bartola y que caían llovidos y fáciles sobre la defensa española.
Marcelo Bielsa y los mundiales, casi una repetición dramática de lo que fue el 2002. En aquél entonces, ni existía el Whatsapp ni las redes sociales, por suerte. Había que aguantar sólo el diario del día siguiente y después la gente te dejaba más o menos vivir si eras futbolista o director técnico y habías perdido. Ahora hay que aguantar la frustración esperando la orden para hablar a la cámara con los nervios exasperados como el Loco Bielsa y saber que la réplica del suceso será comentada por instagramers que se regodean en la desgracia ajena.
Al revés de esto, el seleccionado argentino se encuentra con la clasificación asegurada y su rival Jordania sabe que ya no va a seguir en el Mundial. Es casi un amistoso. Ya adelantó el técnico jordano que le iba a dar minutos a los que habitualmente no juegan para que disfruten la experiencia de jugar una Copa del Mundo. Scaloni también cuida a los titulares, pensando en el dieciséis avos de final frente a Cabo Verde, la selección africana que es sensación por haberse clasificado segunda e invicta en un doble sentido: no ganó y no perdió.
Es un partido casi de fútbol recreativo. Nos acordamos cada tanto en el grupo de amigos cuando jugábamos en un equipo de fútbol recreativo en San Lorenzo y el técnico era mi tío Horacio. Él llevaba una planilla encima e iba anotando los minutos que jugaba cada uno porque tenían que jugar todos. Por ahí había asentado a un equipo titular, o que más o menos le hacía partido a un rival difícil y de repente tenía que sacar a un jugador que andaba bien, “porque también tiene que entrar fulano o mengano, o mi sobrino medio tronco”. El rendimiento del equipo decrecía o se iba a pique cuando los que ingresaban lo hacían fríos o eran simplemente peores que los que salían.

Hoy la cosa en el seleccionado argentino es distinta, porque uno lee los nombres y nos decimos: en realidad, todos podrían ser titulares. El contador nos recuerda los antecedentes de Nico Paz, Marcos Senesi, ni hace falta explicar nada de Julián Álvarez, Lautaro Martínez ni de los del medio, uno por uno de los once.
Entonces, es juntarse entre amigos a degustar la picada, las tres empanadas de Brandoni y mirar casi despreocupadamente el partido, sabiendo que Argentina terminará primera y Jordania eliminado.
Comienza el partido y el equipo juega, dibuja con la pelota en los pies casi que haciendo juego con que lo estamos mirando en la casa del dibujante. Como en el fútbol recreativo, con la diferencia de que los que entran esta vez a la cancha son buenos, que serían titulares o figuras en muchas otras selecciones de mundo.
Lo Celso la pica con calidad en una definición exquisita como las empanadas que degustamos, pero lo anulan por un offside fino. Aborrecemos esa costumbre del VAR de anular goles por una uña, eso no es el fútbol al que está acostumbrado la generación de los que pasamos los cuarenta. Que si está más o menos en la misma línea es gol, viejo.
Tiro libre en el borde del área y Lo Celso (Lo Pecho o Lo Fresco, lo llamábamos con crueldad en nuestro inclemente grupo de Whatsapp) dibuja un golazo al ángulo. Poco después, un jordano casi le vuela la cabeza a Senesi y Lautaro puede debutar en la red en Mundiales desde el punto del penal. Para sacarse la mufa, para desbloquearse. Luego, intenta una linda emboquillada que pega en el caño de atrás del arco.
Ya no decimos ni Uhhh, todo muy relajado al ritmo del Tiki Tiki, que toca la bocha el equipo al ritmo de Paredes, Lo Celso, el único un poco impreciso es Julián pero te corre hasta debajo de la mesa.
- Ojalá haga un gol y se destape como Lautaro - imploró el profesor patagónico. No pudo ser, pese a que lo bancó muchos minutos en cancha Scaloni como buscando eso.
Casi como en el juego del Pictionary, cuando cae en la casilla “Todos juegan”, los jugadores dibujan y todos intentan adivinar, en este caso en qué minuto iba a entrar el diez.
- De entrada en el segundo tiempo - dijo el falso ingeniero.
- Después del cooling break - arriesgó el contador.
- En el minuto sesenta - tiré y por una vez acerté.
Lo Celso frotó el guante de su zurda, y adentro.
El gol del descuento jordano a nadie hizo mella, casi como si no hubiera existido. Primer tiro libre de Messi, por arriba del travesaño. El segundo, desde mejor posición, ya sabíamos que iba a ser gol. El arquero mareado, ya no sabe ni cuál es el palo que debe cuidar y la pelota ingresa al arco fuerte cerca suyo, por el medio.
Entran Barco y López, todos ponen como en la perinola. Todos dibujan, en la pantalla de la casa del dibujante. Y lo importante, de cara a lo que viene, batallas a todo o nada que necesitarán de todos: todos juegan.

Los muchachos del Grupo de Whatsapp.