Foto portada y foto abogados: Diario Jornada de la provincia de Chubut.

“Horas se podría estar contando esta historia

y otras parejamente tristes

sin calentar un solo gramo del país

sin calentarle ningún pie

¿acaso no está corriendo

la sangre de los 16 fusilados en Trelew?”

(Juan Gelman)


Es una fría madrugada en el lejano sur argentino, del 22 de agosto de 1972, el día anterior a la tarde habían llegado a la base Almirante Zar de Trelew, unos cien gendarmes, al mando está el Capitán Luis Emilio Sosa, y el Teniente Roberto Bravo. Los presos son diecinueve militantes pertenecientes a las organizaciones armadas FAP, FAR, PRT-ERP y MONTONEROS, que se habían fugado de la cárcel de Trelew. Estaban allí en calidad de presos políticos, en un Argentina gobernada de facto, por las Fuerzas Armadas. El reloj marca las 3.30, ronda el fantasma de la muerte, las botas impactan firmes contra el suelo, es lo que oyen dentro de las oscuras celdas, Mariano Pujadas, María Berger, Carlos Camps, y el resto de los reclusos. Después el contacto metálico de las llaves con la puerta de sus celdas termina de despertarlos. En hilera los hacen salir, y les ordenan quedarse pararse en la entrada de sus celdas. Una ráfaga de ametralladoras, enciende la oscura noche, y termina con la vida de dieciséis de los diecinueve. En una escena de película, tres no murieron, María Berger, Carlos Alberto Camps y Ricardo René Haidar, quedan gravemente heridos, sobreviven varias horas en una camilla, sin ser atendidos, y son traslados aún en vida, a Puerto Belgrano. Posteriormente, los sobrevivientes darán testimonio, y aportarán las denuncias, de lo acontecido.

Sin documentos y con pelo largo

No podemos comprender la lucha armada y la formación de organizaciones de tendencia revolucionaria sino entendemos qué sucedía en el país. El contexto a finales de los años 60´, era de una fuerte represión, y el partido mayoritario continuaba proscripto desde 1955, ya que el peronismo no podía participar de elecciones. La Constitución quedó suspendida, y los gobernadores e intendentes fueron relevados por interventores militares. Por supuesto que quedaron sin efecto todas las garantías constitucionales, y derechos civiles. Comenzó de esta manera a conformarse un estado que el sociólogo Guillermo O´Donnel, definirá como Estado Burocrático Autoritario. Esto sucede en un marco de irrupción de la juventud, a nivel mundial, el asesinato de Ernesto Guevara, el Mayo Francés y el Cordobazo argentino de 1969, son hitos de una rebeldía cultural y social, en busca de transformar el mundo.

En nuestro territorio, Quilmes, Raúl Rey, que era un joven militante peronista, nos recuerda ahora la atmósfera represiva de aquellos días. “En ese momento teníamos dos problemas, el pelo largo, y no tener documentos, por cualquiera de las dos te llevaban a la comisaría. Aparte los que operaban en la calle no era sólo la policía, sino la Brigada, que después del golpe de 1976 fue el llamado Pozo de Quilmes”. El militante quilmeño, que en la actualidad tiene 67 años, agrega que “era muy delicado andar por el centro de Quilmes, la patrulla estaba dando vuelta todo el día y te podías reunir, pero en cualquier reunión podían aparecer. No era tranquilo salir, aunque la represión fue mucho mayor en el 76”.

Rodolfo Ortega Peña, con un cigarrillo entre los labios, y Eduardo Luis Duhalde, enfrente suyo, con tapado oscuro, bigotes y el pelo peinado hacia el costado, fueron algunos de los abogados que se acercaron hasta el penal, una vez que los militantes fueron trasladados desde el aeropuerto, una vez que se rindieron

Fusilamientos y mentira organizada

Retomando Trelew, un hecho que no parece real, sino de película, los presos políticos planearon una fuga, redujeron a los guardias y le quitaron las armas para avanzar hacia la salida, donde sí hubo disparos y murió un penitenciario. Huyeron Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna, del PRT-ERP, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto, de las FAR, y Fernando Vaca Narvaja, de Montoneros. El plan continuaba fuera de la cárcel, donde iban a ser a trasladados al aeropuerto, para tomar un avión y desviarlo a Chile. Así lo hicieron, aunque diecinueve militantes que escaparon por desinteligencia, llegaron al Aeropuerto cuando el avión había partido. Entonces tomaron el aeropuerto, y sin vocación de lastimar a los civiles, llamaron a sus abogados, con el objetivo de pactar la rendición, con una condición: que tuviesen un juicio justo y salvaguardar sus vidas. La voz que convoca a los medios, es la de Mariano Pujadas, un ingeniero agrónomo de tan solo 24 años, militante de la tendencia peronista. El Capitán Sosa, les pide desarmarse, negocia la entrega de los “subversivos”, a cambio de sus vidas, da su palabra y luego los fusilará arteramente. La palabra oficial de las Fuerzas Armadas es vergonzosa, en la misma línea del terrorismo de Estado que gobernó hasta Diciembre de 1983.

Declaró al diario La Prensa, Horacio Mayorga, jefe de la Aviación Naval –uno de los responsables de la represión en el campo de concentración que funcionó en la ESMA, el 6 de septiembre de 1972: “La muerte de seres humanos es siempre una desgracia. Estos muertos (alude a los fusilados) valen menos, en el orden humano, que el guardia cárcel Valenzuela (muerto el 15 de agosto en el operativo de fuga de la conducción guerrillera), que los humildes argentinos del orden público muertos en servicio.”

¿Qué significó la Masacre de Trelew, en esos días de agosto, hace ya cinco décadas?: desde la militancia quilmeña Rey, cuenta: “Nos marcó a fuego, porque veíamos las organizaciones especiales una alternativa que generaba un desgaste, en la dictadura militar y eso iba a posibilitar el regreso del general Perón, en la Argentina. Los veíamos a esos militantes con admiración”. Después agrega que luego de transcurridos los hechos, junto a sus compañeros de organización, salieron a realizar pintadas en homenaje a los fusilados de Trelew.

Bronca con los dedos en V

Durante el segundo gobierno de Cristina Fernández, en el año 2012, Emilio del Real, Luís Sosa y Carlos Marandino fueron condenados a cadena perpetua, en un juicio por delitos de lesa humanidad, por el homicidio de los dieciséis militantes. Las condenas fueron confirmadas el 19 de marzo de 2014 por la Cámara de Casación. Al año siguiente, la Base Almirante Zar fue señalizada, por el Estado nacional, como ex Centro Clandestino de Detención y Exterminio de la dictadura cívico-militar, por medio de un monumento compuesto por tres pilotes de hormigón, con las leyendas Memoria, Verdad y Justicia.

A cincuenta años de la masacre que fungió como preludio del Terrorismo de Estado, más que nunca, nunca más.