Si entendemos como precursor a aquella persona, que antecede, anuncia o hace posible el desarrollo de otra posterior, ese fue su caso.
Nacido el 12 de febrero de 1907 en Villa de Tulumba, Córdoba; una zona rural del norte provincial.
En 1915 fallecido su padre, es internado en un colegio religioso.
Con 22 años es doctor en Filosofía y luego teólogo. Jesuita, ordenado sacerdote en 1939. Ejerce docencia en el Seminario Pontifico de Villa Devoto en Capital Federal.

El joven Hernán Benítez en un seminario.
Una actividad de su ministerio sacerdotal lo lleva a conocer a Perón e introducirse para siempre en el Peronismo. La cosa fue así: su oratoria, el poder de la palabra que vertía y llegaba a las mentes y corazones de los fieles desde el púlpito, abarrotaba de gente las iglesias. Y Perón solía escucharlo en la Iglesia del Salvador (avenida Callao entre Tucumán y Lavalle de nuestra capital). Así fue como se conocieron personalmente; la admiración fue mutua. Además, su verba encendida se multiplica “ad infinitum” porque los sermones muchas veces eran transmitidos por Radio Belgrano.
Ese peronismo que Benítez abrazó para siempre lo trasladó del centro a los barrios. Será cura párroco de la iglesia “San Juan Bautista Precursor” en el Barrio “Presidente Perón” de Saavedra, en esta capital.
Asesor espiritual de la Fundación “Eva Perón” a finales de la década del ’40 y principios de la del ’50. Gran admirador de la obra de Evita de quien fue su confesor, acompañó a esta en su viaje por Europa en 1947. La Compañía de Jesús, la jerarquía jesuítica, intentó prohibirle que se mostrara en público con la “Abanderada de los Humildes”. Por toda respuesta Benítez se alejó de la Orden y secularizado pasó a ser sacerdote diocesano.
El Padre Benítez en ceremonia religiosa bendice dos banderas con la presencia del presidente Perón. 20-6-50.
Supo decir: “no me extrañaría nada que mis ideas y mis hechos me lleven al martirio moral y que mis hermanos me condenen. Inclusive Dios permitiéndolo o queriéndolo acaso, para que bañe con dolor lo que otros atrás de mi recogerán con gozo”.
Benítez, sacerdote en ceremonia de bautismo con Evita presente. 20-1-49.
Miembro del Instituto Nacional Sanmartiniano, en 1953 publicó un libro de 461 páginas y de su autoría titulado: “La Aristocracia frente a la Revolución”; y algo inédito para la época, dedicó ese texto a las comunidades obreras de la Capital y el Gran Buenos Aires. También el opúsculo “La Argentina de ayer y de hoy”.
Desalojado del gobierno de Perón por un sangriento golpe de facto ocurrido el 16 de septiembre de 1955, el Padre Hernán Benítez se sumó a la Resistencia Peronista. Y fue, entre otros actos de coraje, director del semanario “Rebeldía” –que sacó 47 números- entre 1957 y 1958, con una tirada que oscilaba entre los 20 mil y 50 mil ejemplares.
Crítico frontal a Perón en algunas cuestiones, por ejemplo, en el manejo de la primera resistencia al régimen y en las alianzas políticas que aquel armaba. (Verbigracia: el acuerdo con Frondizi en 1958). Benítez fue uno de los que propiciaba intransigencia total con el establishment y voto en blanco. (Al respecto ver el libro de Marta Cichero “Cartas peligrosas” de 344 páginas, editado en 1992 por “Planeta”).

Adhirió a la Revolución Cubana y en su casa de Florida, provincia de Buenos Aires, podía verse al lado del retrato de Eva Perón, otro grande del “Che” Guevara. Exhumo parte de un escrito que envía a la “Comisión de Solidaridad con la Revolución Cubana” de Vicente López, julio de 1961.
“Lleven estas líneas mi simpatía y adhesión a ustedes. Estoy con Castro porque no solamente ha logrado, en un par de años, convertir a Cuba en un país justo, libre y soberano, sino algo todavía más trascendente: sacudir a toda Latinoamérica. Castro reedita la historia de San Martín y de Bolívar, los grandes libertadores de pueblos. Latinoamérica, esclavizada por el imperialismo yanqui, aplastada por gobiernos de minorías tiránicas, esquilmada por monopolios sin entrañas, ha sentido correr por su espinazo un fluido enérgico que la ha sacudido de su postración, de su inercia, de su resignación estúpida y vergonzosa a ser pisoteada”.
Así mismo, Benítez propició el franco diálogo entre cristianos y marxistas, y luego acompañó los primeros documentos del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM).
En un reportaje hecho público en la revista “Cristianismo y Revolución”, en 1970, hizo una defensa pública de los jóvenes montoneros que habían ajusticiado al fusilador Aramburu. De aquel largo texto, recupero:
“Observe usted que los jóvenes señalados por la policía como ejecutores del hecho no son de extracción peronista. No son gente del pueblo. No son ni hijos ni parientes de los 29 argentinos; unos asesinados y otros ejecutados en junio del ‘56. Huelen a Barrio Norte. Católicos de comunión y misa regular. Algunos, hijos de militantes de los comandos civiles. Al caer el peronismo contaban de cinco a diez años. Nacieron y crecieron oyendo vomitar pestes contra el peronismo. ¿Y que los llevó a reaccionar contra el medio social en que acunaron? A mi entender, la convicción de que sólo la violencia barrerá con la injusticia social. Por las buenas, jamás los privilegiados han cedido uno solo de sus privilegios. Estos jóvenes sienten, con una fuerza que no sentimos los viejos, la monstruosidad de que un 15 por ciento posee más bienes que el 85 por ciento restante. Viven en un estado de indignación y de irritación del que apenas podemos formarnos idea. Por eso son fervorosos del socialismo. No por fe en el sistema sino por castigar con él a sus padres individualistas. Por eso ven con buenos ojos al peronismo y reaccionan en contra de las pestes oídas contra él (…) No son estos muchachos quienes introdujeron la ley de la selva en nuestra sociedad. El responsable directo del genocidio de León Suárez (los fusilamientos antes mencionados), fue acusado y procesado ¿Conoce usted el resultado? Cuando iba a efectuarse su prisión preventiva por orden del juez Dr. Hueyo, interviene el fuero militar. Pretexta que el acusado es coronel del Ejército. Lo sustrae a la justicia civil. Y nunca más vuelve a hablarse del proceso. Se diluye en aguas de borrajas”.
Ese mismo año, por brindar una oración fúnebre –junto al padre Carlos Mugica- ante los restos de Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus, fue detenido y acusado de “apología del crimen e incitación a la violencia”.
Fue profesor de Antropología Filosófica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y director de la prestigiosa “Revista de la Universidad de Buenos Aires” durante el primer gobierno peronista; de ambos cargos fue cesanteado con la irrupción violenta en 1955 de la “Revolución Libertadora”.
También fue un entusiasta defensor de la gestión al frente del rectorado en la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (UNPBA), del Dr. Rodolfo Puiggrós en 1973. Allí ocupó el cargo de director del “Instituto del Tercer Mundo” y fue distinguido con el título de Profesor Emérito.
Agravada su polineuritis muscular, falleció en Buenos Aires el 22 de abril de 1996.
Entre las muestras de dolor por su deceso y de reconocimiento a su labor, recuperó el último adiós que le brindó el historiador Norberto Galasso: “Adiós Padre Benítez. Este ateo le agradece, desde lo más profundo, haberle permitido conocer y tratar a un auténtico discípulo de Cristo. Dios –la Historia del Pueblo Latinoamericano- ya lo tiene, seguramente, sentado junto a sí, aunque, por supuesto, no a su diestra”.

El cura Benítez, peronismo y revolución.