Qué emoción, hermanos, con el corazón latiendo a mil. ¿Qué hay que hacer para matarlo a este equipo? Será eterno, pase lo que pase de acá en más.

Me acuerdo, en la infancia y adolescencia que pasamos en la década del 90, cuando mis viejos nos compraban a mis hermanas y a mí una revista fascinante en el kiosco de diarios que se llamaba Muy interesante. Creo que sigue existiendo, bajo ese nombre o parecido, vaya uno a saber. Así supimos de Egipto y las pirámides. Quiero ser arqueólogo habré dicho cuando veía esas revistas y mis viejos me habrán mirado con cara indiferente, como diciendo que ya se le va a pasar, como si fuera un dolor de panza. Traía unas fotos geniales de las pirámides la revista y también de excavaciones comandadas por equipos de científicos que traían cosas de momias, de tumbas, de restos de civilizaciones de miles de años atrás. Eso era para nosotros Egipto, las fotos de la revista Muy Interesante, los restos enigmáticos de una civilización milenaria y el deseo diáfano de ser arqueólogo. La nuestra es una civilización más reciente, podríamos decir, habida cuenta que nunca tenemos demasiado en cuenta nuestras raíces aborígenes.

- Usted es un miembro de las RAM (resistencia ancestral mapuche) - sabemos decirle risueñamente al profesor patagónico en nuestro grupo de whatsapp cuando se pone querellante o combativo.

- Usted dele una mano a los mapuches con lo que sabe de agronomía - invitamos al falso ingeniero a sumarse -, apórteles algunos consejos para subsistir, que si se sientan a esperar ayuda del Estado argentino están complicados.

Hubo civilizaciones ancestrales en nuestro suelo, con muchas supervivencias y definitivamente sojuzgadas por Julio Argentino Rocca, el ídolo desalmado de los gobernantes actuales, que libertarios fueron San Martín o los compatriotas que declararon la independencia el 9 de julio.

En 1992, Tato Bores supo encarnar un personaje genial en la televisión abierta al que dio el nombre de Helmut Strasse y que hacía las veces de arqueólogo buscando, bajo un sol inclemente y sobre un terreno yermo cubierto de polvo, los restos de lo que había sido la Argentina. Calentamiento global, guerras por ahora más o menos lejanas, y quién puede saber si fue una chistosa exageración o seremos una superficie yerma dentro de centenares de años sobre la cual investigadores realizarán excavaciones y estudios.

Tato Bores.

Por lo pronto, el gobierno actual neoliberal pasado de rosca colabora bastante para dejar tierra arrasada. Casi al mismo tiempo que se jugaron algunos de los partidos de nuestra querida selección argentina, el gobierno aprovechó y adjudicó la hidrovía. Cerramos los ojos, superamos una instancia del campeonato mundial, la fase de grupos, dieciséis avos de final y avanzó en la privatización de Atucha.

Probablemente, si pudiera escarbar un arqueólogo en el año 2492 como recreara con fina ironía y humor Tato Bores, encontraría unas cuantas cosas y sobre todo una pelota de fútbol y el recuerdo de los que supieron tratarla con maestría. Alfredo Di Stéfano, Mario Alberto Kempes, Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi. De los dos últimos tenemos la suerte de haber sido contemporáneos en el grupo de cuatro amigos de cuarenta y siete años que intercambiamos en el grupo de whatsapp sobre tantas cosas del cambalache argentino y por supuesto sobre fútbol.

El más racional del grupo, el contador, nos deja divagar sobre geopolítica, le chupan un huevo los delirios históricos y románticos en que solemos entretenernos. Entonces dice:

- Si volvemos a jugar como el orto quedamos afuera.

Un gancho al mentón después de tanto divague que nos baja a la realidad. Que la pasamos lo suficientemente mal frente a Cabo Verde como para no preocuparse bastante. Además, a esta altura del torneo, y de cara a cuartos de final, ya son muchos más los equipos que fueron eliminados de la competencia que los que siguen adelante.

- Tiene que entrar Paredes - fue el consenso general en el grupo.

- Molina hay que ver cómo está - apuntó el falso ingeniero como insinuando un estudio serio del caso. El que decide es Scaloni pero en este país somos todos directores técnicos y opinamos sin tener la menor idea de cómo están los muchachos en los entrenamientos o tantas otras cosas que incidirán en la toma de las decisiones.

- Lautaro no puede ir de arranque - es uno de los otros puntos donde hay bastante consenso en el grupo, expresado en realidad con frases mucho más contundentes.

- Es malo - dictaminó casi sin dejar casi derecho a réplica el profesor patagónico.

El contador, sin embargo, no acordó con que debía jugar Julián Álvarez.

- No termina de romperla en ningún lado - aseguró también en contraposición a la idea general -. Defensor acérrimo de las estadísticas - tiró por la cabeza del grupo la importante cantidad de goles convertidos por Lautaro en la liga italiana en contraposición a un Julián que según él no podría demostrar la aspiración a ser titular desde la información objetiva.

- Pero el Cholo mete el micro dentro del arco - intentamos matizar con el falso ingeniero refiriéndonos a las tácticas a veces conservadoras del Atlético de Madrid donde juega Julián -. A las estadísticas hay que ayudarlas con planteos más audaces. Además, Julián presiona, corre por lo menos - apuntamos.

- No me gustó cómo entró el otro día – dijo el contador.

Eso es lo maravilloso del fútbol también, que cada uno ve un partido distinto. Los otros habíamos creído exactamente lo contrario, que Julián le había dado más presencia al ataque.

Cuando las cosas se tiñen de un gris de distintas tonalidades como fue el partido con Cabo Verde, cada cual mira una cosa. A veces, la opinión de uno se ve amplificada y avalada por el otro, en otras oportunidades pensamos que el amigo está mirando otro partido. Lo gracioso no es eso sino que uno debate y el que toma las decisiones está a diez mil kilómetros al norte y las discute en un círculo de dos, tres voluntades, los ayudantes de campo y él, los de afuera son de palo.

Enfrente, Egipto. Si nosotros asociamos a los africanos con los faraones, Cleopatra, Tutankamon y las pirámides, las nuevas generaciones lo asocian con el nombre de un jugador: Mohamed Salah. Si bien se encuentra en la trayectoria descendente e inevitable de su carrera por una cuestión biológica, sus 34 años, hay que marcarlo.

- Un viejo para cada lado, pero el nuestro es mejor - apuntó con sagacidad el profesor patagónico, un análisis casi como si fuera un solteros contra casados lo que se está por jugar y no una instancia eliminatoria, sin revancha de la copa del mundo.

Todos aprobamos en la previa los cambios de Scaloni: adentro Paredes, Tagliafico y Julián. Afuera Thiago Almada, Medina y Lautaro.

Leandro Paredes jugó un partido sensacional.

Arrancó el partido, no pasaban grandes cosas, el equipo se estaba intentando amigar con la pelota. Lisandro Martínez, sin embargo había despejado un par peligrosas de ellos.

Y nos tiraron un centro al área y gol de los faraones, madre de Dios. Que ya Cabo Verde nos había hecho sufrir como la gran puta y parecía repetirse otra vez la cosa.

- Ya hay que sacarlo a Enzo Fernández - apuntó el contador implacable, dejando a un lado por una vez sus pensamientos razonables.

Sin embargo, fue Enzo el que filtró un pase para Tagliafico, que llegó bien al área y provocando el penal cometido por la última línea egipcia. Y Lionel Andrés agarró la pelota pero pateó anunciado sobre la izquierda del arquero Oufa, que detuvo su remate. El arquero se volvía gigante, se agrandaba cada vez más.

- Y bueno, habrá que remontarla. Tiempo hay - apuntó el profesor patagónico.

Y había tiempo para una buena jugada y un cabezazo tremendo de Mac Allister que fue casi otro penal en movimiento que volvió a sacar el arquero. Y después hubo también una clarísima para Julián pero todos los caminos parecían terminar en Mostafa Shobeir Oufa.

- Estamos meados - apuntó el falso ingeniero con un dejo de pesar y resignación.

No quería entrar la pelota y terminó el primer tiempo. La sensación era que el equipo no merecía perder.

- No hay que desesperar si no llega el gol del empate en los primeros veinte minutos - apuntó el falso ingeniero.

- Ellos tuvieron ese centro nada más – aportó el contador -. Nosotros tuvimos cuatro claras, estamos jugando mejor que los anteriores partidos.

El cabezazo del Cuti vencerá la mano del arquero africano y se converitirá en gol.

- El partido soñado se está jugando el arquero de ellos - coincidimos los cuatro amigos.

Al nuestro, en cambio, lo vimos un poco lento en el segundo tiempo, sobre todo en el contraataque que terminó en el segundo gol anulado a los egipcios. Nos pareció que tenía tiempo para salir el Dibu. Pero se lo reprochamos con cariño. ¿Qué le podemos decir a ese monstruo que nos dio tantas alegrías?

-Está lento, como el equipo, comprobó el profesor patagónico.

Lionel Andrés tampoco estaba teniendo un buen partido. Penal errado, tiro al palo, después en el segundo tiempo parecía caer una y otra vez en la telaraña de los egipcios, una muralla roja que parecía infranqueable. La seguía pidiendo y la perdía, una y otra vez. Pero seguía intentando obstinado. Tanto iba el cántaro a la fuente pero en ese momento el que rompió la defensa argentina fue el equipo africano marcando el segundo gol un tal Ziko, apellido casi brasileño, que parecía sentenciar el partido. Nada que reclamar al VAR, a sacar del medio.

-Siamo fuori, dijo el falso ingeniero.

Pausa de hidratación, qué carajo les habrá dicho Scaloni no sabemos. Ya no había tiempo ni raciocinio para mirar la pizarra, apostando sólo a las reservas anímicas.

-No tiene resto el equipo, se fundió con Cabo Verde, apuntó el profesor patagónico.

-Que nos den una chance, imploré yo, y vamos a la carga Barracas, como los ejércitos patriotas ahora que se viene el día de la independencia, viejo.

Sin embargo, reconocíamos los méritos de este equipo argentino que nos identifica a todos.

-Igualmente, quedar afuera jugando así no me deja mal. Bien o mal el equipo mantiene su estilo, aportó el falso ingeniero.

-No sale una hoy, parecía inventariar el contador.

Una necesitábamos para abrir otra vez la caja de Pandora. Y apareció el Cuti Romero con un cabezazo tremendo para demostrar que seguíamos vivos.

-Gooool, carajo. Huevoooo, dijimos en el grupo. A la carga, carajo, como San Martín para luchar en San Lorenzo. 

Poco después, Lautaro se erró el empate abajo del arco no pudiendo conectar un desborde del genio, que ya parecía otro.

-La concha de tu madre, se lamentó el profesor patagónico y todos nos agarramos la cabeza.

Una ensalada enloquecedora las emociones, el reloj que corría inclemente y se iban las chances. Pero el equipo iba a la carga y después de un rebote la pelota le quedó al diez, que había hecho un partido de mierda, para ser sinceros. Porque uno no cree cometer un sacrilegio si inventariamos que sus participaciones habían sido constantes pero desafortunadas en la mayoría del partido, como sintiéndose cruzado por el penal errado pero volviéndola a pedir una y otra vez, o porque los compañeros también le imploraban insistiendo: salvanos, Maestro. Pero esta vez no pasaba. Pero vino a quedarle a él esa bocha envenenada, perdida, difícil de dominar porque venía después de rebotar en un mar de piernas, la calle Florida era el área de Egipto, no se entendía nada. Y el tipo le pegó con el empeine, no a colocar hermanos. A colocar fue el penal, esta fue con el empeine y se podía haber ido a la tercera bandeja. Pero la clavó arriba, gracias a Dios, y la pelota besó incluso el travesaño y se incrustó en el arco del guardameta que ya no supimos ni cómo se llamaba ni si estaba haciendo gran partido. Golazo.

Leo ya metió su zurdazo para que la Argentina empate el partido.

Me pongo de pie, se incorporó desde bien al sur el profesor patagónico ante el júbilo general.

- Montiel va a poder decir que el golazo de Messi fue “pase mío” (le rebotó en el tumulto), como el negro Enrique en golazo de todos los tiempos del Diego - apuntó el falso ingeniero.

Golazo. Dos a dos y el partido roto, totalmente enloquecido, tanto que el equipo argentino quedó pésimamente parado en un retroceso. El quite de Leandro Paredes valió un gol, sin ironía lo decimos.

-Paredes, diez puntos, calificó el contador.

Partido roto, desordenado, enloquecedor. En la misma jugada un bochazo que le quedó sobre la punta al resistido por todos Lautaro Martínez. Y el tipo tiró un centro que parecía una asistencia de Bochini, de Maradona, del Matador Kempes. 

Enzo conecta el cabezazo que pondrá el 3-2 y desatará la locura generalizada.

Y por el medio entró Enzo Fernández, que había estado lento, impreciso, al que el contador había rogado reemplazar en el minuto 15. Entró para meter furibundo cabezazo que desató la locura, la alegría total, el corazón latiendo a mil pero de júbilo desde el sur.

- Yo siempre dije que Lautaro tenía condiciones - apuntó el profesor patagónico y todos nos reímos mientras nos recuperábamos después de dejar la garganta en el grito de gol.

Llevátela a tu casa, Lautaro, imploramos cuando el delantero entretuvo la pelota los últimos instantes del juego sobre la izquierda. Fin del partido, gracias a Dios. Levantando un dos a cero a veinte minutos del final que parecía imposible. Más épica carajo que la de Italia 90, este equipo hace temblar y llorar de emoción. Scaloni no pudo articular palabra, llorando: Qué grupo de jugadores, hermano, dijo antes de quebrarse. No había más que decir, hoy que las palabras sobran. Un equipo que hizo una imposible, de faraones. Para la eternidad. Gracias.