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Crónicas de un villero

Como a Pizarnik, al escritor villero Elvis Báez la poesía lo salva todo el tiempo. De la vulnerabilidades que él y su comunidad sufren en Villa Itatí, Quilmes, de las adicciones, la violencia, pero también de sus propios miedos y fantasmas. Es comunicador, y el viernes 29 de mayo presenta su primer libro: Conciencia y clase. Conversó para Kranear con otra poeta y militante: Jimena Arnolfi.

César González suele decir que el amor no vence al odio en este país: “Al odio lo vence otro tipo de odio, un odio más sutil, más creativo, más sofisticado. Hay que odiar este estado de cosas. Hay que odiar que la mitad del país sea pobre, hay que odiar estas formas de relación de producción. Hay que rechazar, despreciar, resistirse a esto que pasa. Hay que ser creativos en el odio”.

Por su parte, el escritor Elvis Báez —quien se encuentra presentando su libro Consciencia y clase: crónicas de un villero—, le dice a Kranear:

 “Yo creo en esa frase pero con los pies en la tierra. El amor que vence al odio no es el amor pasivo, ese amor que aguanta y espera. El amor que vence es el amor que organiza, que denuncia, que construye. Escribir desde el amor y no desde el odio no significa no enojarse. Significa que la rabia tiene un norte y ese norte es la dignidad. Eso sí vence. Escribir es mi venganza.

Elvis Báez presentará su libro el próximo 29 de mayo a las 19 en la Casa de la Cultura de Quilmes, acompañado por Nelson Santacruz (de La Garganta Poderosa) y Joaquín Ramos (de Mundo Villa). Báez vive en Villa Itatí desde que nació, en 1991: “Me presento como un escritor villero y es una decisión política, no es una descripción geográfica. Villa Itatí me formó, me dio el lenguaje, me dio la urgencia de escribir”. Uno de los poemas del libro, que funciona a modo de manifiesto, lo dice desde el título: «D.N.I. villero: Donde Nacimos Importa».

“Los peligros acechan en estos textos. Los cuerpos están librados a su buena o mala suerte en el día a día. Enemigos por todos lados. ¿Qué lugar ocupa la poesía en este escenario donde todo atenta para que los habitantes de estas tierras puedan ser felices? El lugar que tuvo siempre: de trinchera y enfrentamiento contra el horror del mundo”, escribe Walter Lezcano en el prólogo de Consciencia y clase. “Hoy el mejor revólver está en la boca y en las palabras/, palabras que son nuestras armas para luchar”, dice Elvis en el poema llamado «Mis armas». El libro, además, contiene prosas poéticas, crónicas y aguafuertes.

Además de escritor, Elvis es comunicador. Trabajó en La Garganta Poderosa y en Mundo Villa; fundó Itatí TV y forma parte de Comunicación y Reflexión Villera (CRV). “CRV nació de la necesidad de tener nuestra propia voz, de no depender de los medios hegemónicos para contar lo que pasa en el barrio. Es un espacio colectivo, vecinal, donde la comunicación se piensa desde adentro. No somos periodistas formados en universidades, somos vecinos que aprendimos que la comunicación es una herramienta política. Si no contamos nuestra historia, la cuenta otro y la cuenta mal”, dice Elvis. Consciencia y clase empieza con una frase de Rodolfo Walsh: “El pueblo aprendió que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, la astucia y la fuerza”.

Elvis presenta su libro el próximo viernes 29/5.


¿Faltan escritores de las clases populares?

Faltan y sobran a la vez. Faltan escritores de las clases populares en los lugares donde se legitima la literatura. Faltan en las editoriales grandes, en los suplementos culturales, en las ferias del libro con cartel. Sobran escritores en los pasillos, en los cuadernos, en las paredes. La villa tiene escritores, tiene poetas, tiene cronistas. Lo que no tiene es el acceso, la plataforma, el capital cultural para que esas voces lleguen más lejos. Por eso también incluí en el libro las voces de otros pibes del barrio.

¿Qué prejuicios o ideas erróneas te gustaría que el libro tire abajo?

Que en la villa solo pasan cosas malas. Que los villeros somos víctimas o victimarios. Que no pensamos, que no sentimos, que no creamos. Que la pobreza es sinónimo de ausencia de cultura. El libro muestra droga, agua sucia, policía, hambre, sí. Pero también muestra belleza, amor, comunidad, rebeldía. Villa Itatí tiene 70 años escupiendo cultura desde abajo y eso no aparece en ningún lado. Quiero que quien lea este libro deje de pensar en la villa como un problema a resolver desde afuera.

¿Qué descubrimiento tuviste al trabajar en Conciencia y clase

El descubrimiento más grande fue que escribir duele y libera al mismo tiempo. Me di cuenta que poner en palabras lo que duele no lo hace desaparecer, pero sí lo hace soportable. Y algo que me interesa más, poner en palabras lo que duele es hacer política. Me di cuenta que tenía más para decir de lo que creía, que la historia de mi barrio era más rica, más compleja y más digna de ser contada de lo que cualquier noticiero podría mostrar. Lo que más disfruté fue el silencio de escribir. Ese momento de sentarme en una esquina con todo lo que caminé, lo que escuché, lo que vi y juntarlo. La recepción es muy emocionante. Me emociona que la gente del barrio se vea reflejada, que los pibes que nunca leyeron poesía me digan que algo del libro los tocó. Eso es lo más grande que me podía pasar.

¿Cómo empezó tu interés por la literatura?

Empecé escribiéndole cartas a mi familia, a las chicas que me gustaban. Hasta en las paredes. No sabía que era literatura, solo sabía que necesitaba sacar cosas afuera. Después vino la poesía casi sin darme cuenta, buscando ritmo, buscando la palabra justa. La pandemia fue un gran disparador porque de repente tuve tiempo y también tuve demasiado peso adentro. Pizarnik lo explicó mejor que nadie: 'La poesía me salva todo el tiempo'. Eso es exactamente lo que siento.

¿Cómo es tu vida, tu día a día? ¿Vivís con tu familia?

Mi día a día es el barrio. Me levanto y ya estoy metido en el territorio, alguien que necesita difundir algo, una vecina que tiene tres días sin agua, un pibe al que le pasó algo. Escribo, camino, escucho, anoto. Soy vecino antes que escritor, antes que periodista. Vivo en Villa Itatí, me muevo en Villa Itatí. Me crié bastante solo, mi viejo era albañil, mi vieja trabajaba en limpieza, yo con mis tías y eso también me formó. Aprendí a observar, a estar con lo que hay.

Elvis y el Diego:  dos villeros con conciencia de su clase social.

¿Cuáles son los trabajos más usuales entre los jóvenes de tu barrio?

La construcción, la limpieza, el cuidado de personas, el reparto. Changas de todo tipo. Muchos en la economía informal, haciendo lo que pueden. Y también está la economía del narco, que no es una elección sino una trampa. Cuando el Estado no llega, cuando no hay trabajo, cuando el futuro se cierra, hay quien ofrece una salida que no es una salida. Eso también lo cuento en el libro. El pibe de 15 que termina pagando los platos rotos no nació queriendo eso.

¿Qué opinan de la situación política del país? 

Hay de todo. Hay pibes que militan, que creen en la organización colectiva como la única salida. Y hay muchos otros que están agotados, que sienten que la política los usó y los abandonó. Ese descreimiento no es apatía, es una respuesta racional a décadas de promesas incumplidas. En el barrio la política se mide en cosas concretas: llegó el agua o no llegó, hay trabajo o no hay trabajo. Las ideologías se discuten menos que las necesidades. Pero ojo, no confundamos descreimiento con desmovilización. La villa sigue organizada, sigue reclamando, sigue resistiendo. Eso también es política.

¿Cómo es la relación con la policía en Villa Itatí? Es un tema que está presente en el libro.

Tensa. Históricamente tensa. El pibe joven de villa y la policía tienen una relación que está marcada por el hostigamiento, por la sospecha permanente, por la violencia. No es algo que inventamos, es algo que vivimos. Por eso está en el libro, no podía no estar. Hablar de Villa Itatí sin hablar de esa tensión sería mentir. El bondi, el tranza, el pibito de 15, ese triángulo existe y tiene nombre y apellido, y muchas veces el uniforme es parte del problema, no de la solución.

El gobierno nacional promueve la violencia. ¿Qué clima se vive en el barrio? ¿Qué análisis hacés de los lazos sociales?

El contexto hostil golpea fuerte. Cuando desde arriba se naturaliza el sálvese quien pueda, eso permea. Pero también noto algo muy potente en el barrio: la solidaridad no desapareció. La olla popular sigue, la vecina que le da una mano al de al lado sigue, el que comparte lo poco que tiene sigue. Eso no lo destruye ningún gobierno porque es cultural, es histórico. Lo que sí me preocupa es el individualismo que se cuela, ese veneno con el que nos quieren alimentar todos los días. El libro también pelea contra eso. Estar solos nos debilita. La colectividad es nuestra fuerza.

author: Jimena Arnolfi

Jimena Arnolfi

Poeta y periodista. Publicó los libros “Campamento de supervivencia”, “Hay leña”, “Todo hace ruido” y 'Bandada. Una hipótesis contra la derrota', entre otras publicaciones.

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