Militancia

Hablando de la libertad

A pocos días del comienzo de la campaña electoral para las generales de octubre, el autor propone reflexionar sobre uno de los ejes centrales del discurso que Cristina dio hace unos días en La Plata, en un contexto político marcado por la decisión del Poder Ejecutivo Nacional de cerrar los números de la economía con el pueblo trabajador afuera, perseguir a los opositores, ir en contra de los intereses nacionales, robar una elección y hasta encubrir la desaparición forzada de un ciudadano.

Y ahora solo un camino he de caminar,
cualquier camino que tenga corazón.
Atravesando todo su largo sin aliento
dejando atrás mil razones en el tiempo (La Renga).

Por Manuel Saralegui (*)

Odio y miedo. La batalla de “Hashtags” entre Navarro y Lanata del domingo 3 de septiembre fue un buen termómetro del juego en el que andamos: #ElAgiteDelOdio en PPT, diciendo que el kirchnerismo agita la violencia social porque “se dieron cuenta de que no vuelven más” (sic), y el #GobiernoDelMiedo en Economía Política explicando la maniobra oficialista para crear clima enrarecido, para meter miedo, para reprimir. Hay que admitir que son coordenadas difíciles para hacer política nacional y popular; pero nadie prometió un jardín de rosas.

En pocos días comienza el “segundo tiempo” de la campaña electoral, y supone importantes desafíos para nuestra Unidad Ciudadana. Los primeros 45 minutos escuchamos el dolor del ajuste, dejamos hablar a la ciudadanía, logramos imponer los ejes de la campaña electoral. Pero, como dijo CFK, nos corrieron el arco. La desaparición forzada de Santiago Maldonado, la agitación del fantasma del terrorismo mapuche, la represión en Plaza de Mayo, los servicios, los palos, la manipulación electoral, los ratis de civil, la Gendarmería en los comicios, el pescado podrido en los medios, los palos, las balas de goma y las de plomo. Leuco diciendo: “Nos han declarado la guerra”.

Recalibremos la brújula. La hora demanda templanza, inteligencia, mucho kirchnerismo y nada de grieta. Nada de nada de nada de grieta. No sólo para ganar las elecciones, que podemos ganarlas, sino para defender a la sociedad argentina ante un gobierno mareado de poder que puede llevarnos puestos a todos. Ya no alcanza con ponerle la oreja al ajuste; no alcanza con elaborar esperanza. Defender a la sociedad, y acompañar a la sociedad en defensa propia. Defender la democracia, por el bien de todos. Hablando de la libertad.

Escuchar a Cristina
Tenemos la suerte de que Cristina habla, y cuando habla, comunica. En Atenas, La Plata, cuando le comunicó a la ciudadanía nuestra victoria en la Provincia de Buenos Aires, dijo que esta segunda etapa de la campaña debíamos hablar de otra emergencia además de la alimentaria, laboral, farmacéutica y tarifaria: la democrática.

Ella dijo: “Estamos frente a un gobierno con una inmensa, inaudita e inédita concentración de poder, del Estado nacional, provincial, de la ciudad de Buenos Aires, al que también se le suma todo el poder privado concentrado, mediático, económico, financiero e internacional también. Una concentración de poder a la cual la sociedad libre debe ponerle un límite porque no es bueno para nadie, ni siquiera para ellos mismos… cada vez que hay una concentración de poder hay un deterioro de la democracia, hay una democracia en emergencia”.

El deterioro democrático requiere retroceder a posiciones defensivas, hacer planteos más básicos de cara a la sociedad. Las libertades civiles, que los manuales liberales dicen que son las primeras necesarias para toda democracia, se encuentran bajo ataque. En un momento en Atenas, el público comenzó a corear “vamos a volver”. Cristina los frenó: “Gritemos Argentina, se los pido por favor”, les dijo. “Porque no estamos hablando de volver, estamos hablando de la libertad”.

Santiago Maldonado desapareció el 1 de agosto.

Plantea Cristina que la concentración de poder es mala hasta para el Gobierno; que existe una oposición fuerte a sus políticas en la sociedad, pero no se traduce en las instituciones. Hay más kirchnerismo en la gente que en los parlamentos, y es necesario equilibrar. Millones de personas marchan contra Macri mes a mes; sin embargo, pasan todas las leyes sin problema en el Congreso. Eso daña la democracia, daña la confianza de la sociedad en la democracia. Las instituciones deben reflejar la correlación de fuerzas de la sociedad.

Que la Unidad Ciudadana asuma el tema de la emergencia democrática amplía nuestro discurso público. No hace falta con acordar con nuestras propuestas económicas, incluso hasta podés creerte lo de la Pesada Herencia, pero un desaparecido, por ejemplo, es un límite que la sociedad no puede tolerar. Las imágenes de represión en Plaza de Mayo son escenas de un pasado que no te prometieron en campaña. Cierto, hay mucha gente dispuesta a defender palos, balas y represión. Pero, ¿una desaparición forzada? El macrismo le pide demasiado a sus votantes.

Demandar la aparición con vida de Santiago Maldonado y defender los derechos humanos en campaña electoral no debería generarnos pudor. Los derechos humanos son unos de los valores sociales que defendemos y representamos. Podemos sencillamente decir: un voto a Unidad Ciudadana es un voto para defender los derechos humanos en la Argentina, para defender los derechos civiles, para defender las libertades democráticas. ¿O no?

El de amarillo dice que estamos en guerra
Leuco dice que estamos en guerra. Tomemos seriamente lo que está sucediendo. El gobierno habla de un clima de violencia social, y trata de generar “grieta” en todo lo referido al caso Maldonado. Que los kirchneristas financian al RAM, que Jones Huala se reúne con La Cámpora, que CTERA adoctrina en las escuelas, que Néstor desapareció a Julio López, que la violencia le conviene a Cristina.

Agrietar a Maldonado: dícese de meterlo en las coordenadas de “la grieta”. Agrietar a Maldonado es la manera de “normalizarlo”, de hacer que el programa televisivo Intratables pueda dedicar tres horas al tema, sin referir un segundo a la pregunta central: ¿dónde está Santiago Maldonado? La grieta es el mayor enemigo del kirchnerismo. Cuando elegimos afianzar nuestro 35% y confrontar con el otro 35% de la sociedad, y no afirmar que somos el 99% contra el 1%, nos achicamos. Es la sociedad contra quienes quieren destruirla, desorganizarla, fragmentarla, despolitizarla, desaparecer y reprimir partes de ella. Cuando nosotres gobernábamos, se podía hacer piquetes, cortar rutas, tirar leche a la vera del camino, cacerolear pidiendo que se muriera la yegua, y no volaba ni una bala. No reprimir, no reprimir, no reprimir. Y aunque no nos salió perfecto, lo que fundamentaba esa posición era una profunda convicción de que en democracia se podía disentir con Cristina, se podía opinar y manifestarse en contra, y todo bien.

Uno de los más peligrosos y mejores pagos comunicadores del poder real de la Argentina.

Nuestro proyecto político no pretende la destrucción del otro, ni su desaparición. Los votantes de Bullrich no son agentes de la embajada, los simpatizantes de Carrió no son contras nicaragüenses, les militantes de Cambiemos no son todes rentades; hay gente que puede, con todo su derecho, sentir que el macrismo propone valores sociales que comparte: seguridad, orden, libre mercado, individualismo, republicanismo. La patria es el otro, especialmente cuando el otro es macrista. El “otro macrista” existe, como también existimos nosotres.

Obviamente, aceptar la existencia “social” del macrismo no es darse por vencido. La tarea es doble: desarticular el discurso macrista, y (re) articular el discurso propio. Desarticular es más sencillo. Se la dan de republicanos pero desaparecen gente. Dicen seguridad pero volvieron los secuestros extorsivos. Más desafiante, pero más necesario, es disputarle y birlarle alguna de sus banderas.

Podemos ser nosotres garantes de un orden futuro; podemos decir que la verdadera república es la que defendemos nosotres, podemos explicar lo que sería una seguridad democrática. Podemos demostrar que nuestro modelo económico valora y hace rendir más el esfuerzo individual. Todo eso podemos disputar, e incluso podemos ganar. Pero mientras tanto, el macrismo come esas banderas; y hay votantes que agarran las coordenadas macristas y dicen: “esto me representa mejor que el kirchnerismo”. Esa gente debe ser convencida, no odiada. Dentro de los márgenes de lo posible.

Democracia agonista
Nosotres no somos comunistas. No aspiramos a una sociedad sin conflicto y sin lucha. Tampoco nos compramos el verso de las ondas zen macristas de “unir a los argentinos”. Creemos en el conflicto, en el debate político, en la confrontación de ideas y fuerzas sociales en función de construir un país más justo. Creemos que el conflicto social es la única manera de transformar la realidad. Pero, y esto nos diferencia del macrismo, creemos en la paz. El neoliberalismo no tiene problema alguno de llevarse puesta la democracia, de ir a la guerra, de destruir todo lo que tenga a su paso. Nosotres no. Nosotres creemos en la democracia.

Chantal Mouffe, la filósofa preferida de Cristina, propone construir una democracia agonista, donde el conflicto es lo central. Se disputan proyectos políticos con visiones encontradas de la realidad, pero todes les contendientes aceptan las reglas de juego; es decir, aceptan que su adversario merece participar, y que en sus valores hay un compromiso con la libertad y la igualdad. “Están equivocados, no es por ahí, pero están en su derecho de militar su visión de mundo”. Eso sería una democracia agonista, donde peleamos, debatimos, confrontamos, incluso nos juegan las pasiones, los afectos, el amor e incluso el odio. Pero aceptamos la democracia.

Toneladas de odio, mentiras y operaciones se vierten a diario desde las usinas del Grupo Clarín.

El macrismo no acepta las reglas del juego y pretende destruir al kirchnerismo, criminalizarlo, amedrentarlo. Pero, sabemos, a diferencia de otras épocas, la derecha explícita se presenta a elecciones, y junta votos. Se democratizó “hasta ahí”, porque no son democráticos, ni creen en la democracia. No es que sea una derecha democrática, sino más bien una derecha democratizada. No se democratizaron elles, los democratizamos nosotres. Hemos forzado a la derecha a jugar la democracia. Pero al macrismo le falta bastante democratización todavía. No podemos permitirle reprimir, ni avasallar instituciones, ni desaparecer personas. Ponerles límites democráticos, y que aprendan. Eso se hace en la calle, claro, y también ganándoles las elecciones.

Dice Mempo Giardinelli en su última columna: “La Paz es nuestra razón y es nuestra fuerza”, y será el desafío de Unidad Ciudadana garantizar un orden pacífico en nuestro país; porque la Argentina de Macri, sinceramente es un quilombo. Unidad Ciudadana vino a poner límites a la locura de un gobierno mareado de poder, que necesita aflojar. Gritar que Macri basura es la dictadura nos suma menos diez. Macri es Macri: junta votos, ajusta y reprime. Estamos tratando de que deje de hacer las tres cosas, hablando de la libertad.

(*)  http://manuloblog.blogspot.com.ar/

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