Sindicatos con honra

El 28 de marzo se cumplieron 50° años de la creación de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos (CGTA), una experiencia de sindicalismo combativo que hoy -y siempre- valdrá la pena repasar.

Por Kranear

La CGTA nació en 1968, cuando el golpista Juan Carlos Onganía ya llevaba dos años en el poder, con Perón proscripto en España y el pueblo sufría las consecuencias de un programa económico de hambre que estaba desmantelando el tejido productivo nacional y endeudando al país. Las fuerzas armadas, por su parte, cumplían a rajatabla su rol de gendarme y custodio de los sectores de privilegio. La nueva central no solo le opuso resistencia al régimen, sino que realizó un llamado para lograr, junto a otros actores políticos, sociales y culturales, la liberación nacional.

El nacimiento del nuevo espacio sindical se produjo en el Congreso Normalizador de la CGT, “Amado Olmos”, que se realizó en la sede porteña de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) entre el 28 y 30 de marzo. Los dirigentes de una importante cantidad de gremios llegaron al cónclave convencidos de que la conducción de la CGT -con el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor a la cabeza- tenía una actitud complaciente con el gobierno de Onganía, y que en consecuencia había dejado de representar los intereses de los trabajadores y trabajadoras.

En la previa, los dirigentes sindicales colaboracionistas intentaron por todos los medios impedir la realización del congreso. Pero fracasaron. Así fue que 279 delegados -90 más del quórum necesario- eligieron un nuevo Consejo Directivo de la CGT.

La dirigencia oficialista abandonó el Congreso y se refugió en la sede de la CGT de la calle Azopardo. Desde allí, con el edificio custodiado por la policía, y en una actitud cobarde y antidemocrática, declararon nulo el congreso y suspendieron a las representaciones de los gremios “díscolos” (gráficos, estatales de UPCN y ATE, telefónicos, ferroviarios, navales, ceramistas, textiles, calzado y carboneros, entre otros) ante el Comité Central Confederal.

La CGTA estableció su sede en el edificio de la Federación Gráfica Bonaerense, en la avenida Colón al 700, en el bajo porteño. El gráfico Raimundo Ongaro, Ricardo de Luca del gremio naval, Julio Guillán por los telefónicos, Lorenzo Pepe por la Unión Ferroviaria, Amancio Pafundi de los estatales, Jorge Di Pasquale de los empleados de farmacia y Benito Romano de los obreros azucareros, entre otros, se convirtieron en los fundadores de la nueva central sindical e integrantes de su consejo directivo. En la filial cordobesa el dirigente de Luz y Fuerza, Agustín Tosco, tendría una activa participación.

Juan Domingo Perón les envió una carta desde Madrid. En su primer párrafo decía: “… deseo hacerles llegar, junto con mi saludo más afectuoso, mis felicitaciones a todos los compañeros que participaron de esta acción, que no solo ha salvado el honor de los peronistas, sino que también ha permitido comprobar fehacientemente la conducta de los que, con diversos pretextos, se encuentran traicionando a los trabajadores y al Movimiento”.

La nueva central obrera convocó a todos los sectores de la vida nacional, con la excepción de “minorías entregadoras y dirigentes corrompidos”, a movilizarse para “combatir al imperialismo, los monopolios y el hambre”. Lanzaron entonces el Programa 1 de Mayo (continuador del Programa de La Falda, de agosto de 1957, y del de Huerta Grande, de junio de 1962), que entre otros enunciados, declaraba que “la propiedad solo deben existir en su función social”, que “los trabajadores tenemos derecho a intervenir no solo en la producción sino también administración de las empresas y la distribución de los bienes”, que “los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación” y que en consecuencia “el comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser nacionalizados” y que “los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante años nos han despojado, deben ser expulsados sin compensación de ninguna especie”.

El periódico de la CGTA dejó una huella imborrable para el periodismo político y gremial.

La CGTA se transformó en muy poco tiempo en el lugar de confluencia de los sindicatos que tenían como norte la liberación nacional, en contraposición al modelo de dependencia que pretendían imponer las clases dominantes, por medio de la dictadura. La central edificó una poderosa resistencia, que se expresó en el acompañamiento de múltiples medidas de fuerza gremial en zonas industriales, puertos y villas miserias, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad por conflictos gremiales. Contaron con el apoyo de todo el arco opositor al gobierno de facto, como así también del movimiento estudiantil, y le dieron apoyo y prensa a las disputas que encabezaban gremios de la Argentina profunda, como los azucareros tucumanos.

La CGTA contó con un órgano de prensa imbatible en calidad periodística y ventas para darle voz a sus objetivos políticos. Se trató de un periódico dirigido por Rodolfo Walsh y del que participaron periodistas como Horacio Verbitsky y Rogelio García Lupo, entre otros colaboradores/as. La conducción de la central era la responsable de la línea editorial. Entre mayo de 1968 y febrero de 1970 publicaron 55 números, que contenían la agenda de sindicalismo combativo, sus ideas, propuestas y acciones. Durante esos casi dos años, fueron el diario político y gremial de mayor tirada en el país. Se distribuía en el circuito de kioscos, en las filiales de los sindicatos, talleres y de mano en mano.

En la CGTA también se desarrollaron notables experiencias de militancia artística, como por ejemplo los trabajos del enorme Ricardo Carpani. León Ferrari y Roberto Jacoby, que aportó sus dibujos para ilustrar campañas y consignas, y la formación del grupo Cine Liberación, que poco tiempo después produjera la célebre película “La Hora de los Hornos”.

Onganía sería reemplazado por otro militar, Levingston, y luego por otro, en 1970: Lanusse. Los dirigentes de la CGTA serían perseguidos durante todo ese tiempo. Muchos de ellos fueron encarcelados. Ongaro, entre otros. Hubo persecuciones, torturas y asesinatos. Quita de personerías jurídicas, extorsiones y cualquier otro método que sirviese para ponerle un freno a los sectores que no estaban dispuestos arrodillarse ante el plan de hambre y saqueo oficial.

El campo popular sufriría el golpe de la Masacre de Trelew, y un año después, luego de 17 años de proscripción, el pueblo lograría el regreso de Perón y el triunfo de Héctor Cámpora, en las urnas, el 11 de marzo de 1973.

“Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra” y “Unirse desde abajo y organizarse combatiendo”, son dos de los lemas que mejor sintetizan el espíritu y el pensamiento de los y las dirigentes de la CGTA. Dos consignas que hoy, con Cambiemos a cargo del poder público, un programa económico que ajusta y endeuda, persecuciones y presos políticos, incomoda a unos cuantos dirigentes.

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