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Mística

La movilización de veinte mil militantes que realizó La Cámpora el 24 de marzo, en un contexto de retrocesos y quita de derechos de parte de un gobierno negacionista, se explica, probablemente, por haber hecho un enorme esfuerzo colectivo, férreas convicciones, amor por la Patria y un hecho o elemento misterioso que algunos llaman, mística.

28 de Marzo de 2024

“Que incluye misterio o razón oculta” o “algo que incluye misterio”, son dos de los significados que la Real Academia Española le otorga a la palabra mística, un término muy utilizado entre la militancia para caracterizar a tal o cual organización, o adjetivar un momento o hecho trascendente, inolvidable.

La caminata de 13 kilómetros por el 24 de marzo es sin dudas un momento único para La Cámpora y el resto de las organizaciones kirchneristas. Se trata de la movilización más importante del año. La más anhelada. Un hecho político contundente para adentro y también para afuera de la política. Una jornada –extenuante- de encuentro, ejercicio de la memoria y posicionamiento con respecto a la coyuntura. Una fecha a la que se llena de mística.

Mística porque los compañeros y compañeras arrancan la jornada a las 4.30, 5 de la mañana y salen a la calle en busca del colectivo cuando todavía la noche se cierne sobre la ciudad desierta, o viajan desde tu provincias durante muchas horas para llegar bien temprano a la Ex ESMA.

Mística porque el recorrido parte del campo de concentración de la dictadura del 76 más emblemático de todo el aparato represivo, en el que se torturó y asesinó a más de 5 mil víctimas, y termina en la Plaza de Mayo, epicentro de la lucha de las Madres y Abuelas. Mística, también, porque la caminata de 13 kilómetros atraviesa la ciudad de norte a sur por barrios que históricamente han sido reactivos al peronismo.

Se trata de un acontecimiento político lleno de mística porque durante la caminata de cinco horas quedan de lado casi todas las diferencias, malestares y distintas dificultades y contradicciones del día a día en los ámbitos de militancia, para confluir en un clima de empatía, gestos solidarios, espíritu de cuerpo y ratificación de nuestra identidad política, en un festival militante lleno de alegría, ese estado de ánimo que la dictadura genocida y todos los procesos neoliberal de saqueo y miseria –incluido el de Milei y Villaruel - quiso arrebatarle a las militancias para siempre.

Mística porque a lo largo de la marcha el foco está puesto en la generación de los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos y su proyecto de país, y también en las políticas de memoria, verdad y justicia que parieron Néstor y Cristina. En los bombos, las remeras y las banderas el mensaje es claro: somos hijos de las Madres y las Abuelas y su lucha también es nuestra. Por eso la consigna que encabezaba la columna de quince cuadras de largo, decía “No es rencor ni odio. Es justicia, y lucha”.

Mística es contar con cien compañeros del Frente de Salud, identificados con pechera, para cuidar al otre a lo largo de todo el día, y otros tantos para del Frente Ambiental, que juntan y clasifican las botellas de agua que los militantes van consumiendo durante la caminata, y que el al otro día serán entregadas a una cooperativa de reciclado. Mística es tener un cordón humano de cientos de compañeros y compañeras que delimita los cuatro nodos de la imponente columna. Lo mismo con las batucadas con bombos, redoblantes, repiques y trompetas que le ponen ritmo y color a los frentes de cada columna.

Mística también es sostener a lo largo de cinco horas una transmisión en vivo, desde el canal de Youtube de la organización, con dos pibes que le dan marco a la marcha, aportan información, recuerdos y conceptos políticos, y entrevistan a media docena de referentes con distintas responsabilidades políticas y de gestión.

Algún observador, desde un balcón, podrá advertir que la caravana de micros, colectivos, camionetas, autos y motos que acompañan a los veinte mil militantes también abonan a la imagen de un hecho místico, surrealista, que se mueve allá abajo como un pesado ser vivo de color blanco, por efecto de las  miles de banderas que flamean con el viento de una mañana soleada, peronista.

La franca sonrisa de Mariano Recalde, a lo largo de una buena parte del recorrido por la avenida Santa Fe, mientras saluda a los y las militantes de todos los distritos, también tiene que ver con la mística. Es el mismo hombre que enfundado en un traje, y con expresión grave, en una entrevista con la televisión, o desde su banca en la Cámara Alta del Congreso, defiende los intereses del electorado de Unión por la Patria. Cuántos senadores pueden pasar por esta experiencia, le preguntamos. Solo nosotros, contestó, con los ojos brillosos, la sonrisa franca, los brazos levantados, enfiestado en uno de los temas del cancionero K.

La mística se hace evidente, o rebota dentro del pecho, cuando decenas de compañeros y compañeras jubiladas del frente de personas mayores se suman a la caminata en Santa Fe y Callao, territorio de cacerolas y alergia a la bandera de la justicia social.

Que haya tantos pibes y pibas en los frentes de las columnas, a pesar de la campaña de desánimo y estigmatización que el aparato mediático le viene tirando encima a las organizaciones populares, y en especial a La Cámpora, que se los vea tan fervorosos y comprometidos con la causa nacional, denota también, mística.

¿Y el instante eterno en el que se ingresa al túnel de Libertador? Es en ese momento que se expresa, con mayor crudeza, lo místico: un estado de éxtasis colectiva difícil de comprender con la razón. Es pura emoción, unos minutos en los que se condensan quince años de historia, el recuerdo vívido de Néstor y la ratificación de que nada vale la pena más que militar por nuestro proyecto de país, el mismo por el que pelearon los 30 mil, las Madres y las Abuelas.

Recordemos: la mística tiene que ver con lo misterioso, aquello que no se devela o explica del todo.

Ninguna casta camina 12 kilómetros, dicen los compañeros Saralegui y Fabián en esta nota de este mismo medio. Estamos locos, dicen. Y algo de eso hay, porque a 48 años del golpe genocida, hay una organización política que pone toda su carne al asador en un hecho que genera rebotes para todos los costados, y durante varios días, porque convengamos que no es normal que veinte mil militantes, con una notable infraestructura logística y de comunicación, atraviese la ciudad para conmemorar una fecha fundamental del pueblo argentino.

Va nuevo: no logras poner en movimiento semejante hecho político sin épica, y sin mística.

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