Durante el pasado mes de julio, la exitosa serie de Netflix “El Amor Después del Amor”, fue declarada de Interés Cultural por la Legislatura Porteña. En Kranear, conversamos con Gonzalo Tobal, uno de sus directores, quien compartió detalles acerca de la grabación de uno de los estrenos de streaming más preponderantes de 2023. ¿Cuál fue el principal desafío al adaptar al formato audiovisual la biografía de uno de los principales referentes de nuestro rock? ¿Qué rol cumplió Fito Páez durante las instancias de rodaje? ¿De qué modo se realizó el proceso de casting? ¿Cómo se recreó el mítico show de Vélez? Gonzalo no se guardó nada.

Bienvenidos al detrás de escena de la serie que sigue estando en boca de todos, porque “El Amor Después del Amor” es un fenómeno que mantiene intacta su magia, treinta años después.

¿Cómo llega a vos la propuesta de dirigir la serie “El Amor Después del Amor”?

En primer lugar, la serie llega a mí por recomendación de Francisco Varone, que es el guionista y la cabeza del equipo de guionistas. Con él ya nos conocíamos y me sugiere como posible director. Luego de su contacto tuve una charla con Juan Pablo Kolodziej, que es el showrunner de la serie y el productor ejecutivo. A partir de ahí, empezamos a tener algunas reuniones, y así fue cómo se armó el equipo, sumándonos a Felipe (Gómez Aparicio) y a mí para dirigir.

La serie fue un fenómeno de audiencia ni bien estrenada. Compartinos cómo vivieron junto a todo el equipo de trabajo el éxito inmediato y algunas sensaciones respecto al reconocimiento de la Legislatura Porteña en declararla de interés cultural.

Como bien decís, la verdad es que la serie fue un furor ni bien salió. Nosotros teníamos muy buenas expectativas porque estábamos contentos con el material. Ya desde el rodaje sentíamos que estaba bueno lo que estábamos haciendo, y después, al ver los capítulos, fuimos ganando más confianza, superando algo del lógico temor o dudas iniciales. Porque uno nunca sabe qué es lo que va a pasar…pero, ni en el mejor pronóstico, imaginábamos lo que lo que se desató, que fue hermoso y lo vivimos con mucha alegría y sorpresa.

Por la emoción que representa la cantidad de mensajes que llegaron de la gente en las redes, la calle, los grupos de WhatsApp, en los bares. Así que fue como una especie de fenómeno popular que no me había pasado nunca. Y lo de la legislatura, de alguna manera, se suma a todas las cosas lindas que vienen pasando con la serie. Es un orgullo y está buenísimo porque creo que realmente tiene un valor histórico y cultural que merece ser reconocido.

Quisiera consultarte acerca del procedimiento para adaptar la biografía de Fito al formato audiovisual. ¿Cuál fue el principal desafío a la hora de condensar treinta años de vida en ocho episodios y otorgarle a la serie identidad y homogeneidad?

Ante todo, y te soy sincero, fue un trabajo de los guionistas. Tanto Felipe como yo, que somos los directores, nos incorporamos ya con los guiones avanzados. Digamos que terminamos de trabajarlos, junto con Fito, pero los guiones ya existían, y en esa labor, principalmente, es que se hizo la adaptación de su vida, partiendo de la autobiografía (“Infancia & Juventud: Memorias”, 2022) para llevarlo al formato de guion. Ese es el trabajo que hicimos nosotros, aunque después, obviamente, uno elabora sobre esos guiones y se sigue desde la dirección buscando sostener estos valores de identidad y homogeneidad que vos rescatás. Algo que tiene que ver con encontrar un punto de vista desde el cual contar la historia, y, si se quiere, hacer un recorte de todo lo que implica una vida para darle una cierta coherencia narrativa, también. Que, en algunos casos, implica reducir o simplificar algunas cosas. O darles una dirección que, muchas veces, la vida no necesariamente tiene, porque es más caótica y abarca un montón de eventos que se suceden de otra manera. Cuando uno tiene que narrar, las cosas tienen que tener una dirección, y los personajes van hacia algún lugar determinado o tienen conflictos que resolver; entonces, se trata un poco de eso. En este caso, hay como un cierto mito del héroe, digamos, que se va sobreponiendo al dolor y los golpes la vida en su camino hacia realizar su sueño y convertirse en músico o en estrella de rock. O en las dos cosas. Me parece que es el eje sobre el cual se construye la narración.

¿De qué forma trabajaron el aspecto de recreación de escenarios y la ambientación de época, desde Rosario a Buenos Aires?

La recreación de época y los escenarios la trabajamos con mucho detalle, principalmente con las directoras de arte que fueron Chopy Casariego y Magdalena Peralta, que hicieron un laburo tremendo, un detallado estudio sobre los materiales de archivos reales. Se recrearon casi todos los escenarios acá en Buenos Aires; incluso, la casa de Fito en Rosario, que ya no existe, utilizando un PH en la ciudad, con máxima precisión, basándonos, principalmente, en fotos de archivos que nos fue pasando Fito. De hecho, cuando él entró al set se emocionó por el nivel de detalle y no lo podía creer. Dijo “es mi casa”.

¿Cómo filmaron las escenas correspondientes al show de presentación de “El Amor Después del Amor” en Vélez?

Las escenas de Vélez las dividimos en dos locaciones. Lo que es el show específico se hizo en el Movistar Arena, que es el final que anticipa el comienzo de la serie y al cual reencontramos en el último capítulo. Todo lo que se desarrolla en el escenario está hecho allí y lo que es el público y las tribunas está recreado con composición digital. En cuanto a lo que son las imágenes de la previa, la llegada de ellos y los camarines, lo hicimos propiamente en el estadio Amalfitani.

Entre los muchos atributos artísticos y técnicos que destaca la serie, uno de ellos es el trabajo de casting. ¿De qué modo elaboraron este aspecto?

Lo trabajamos también muy a fondo, con Juan Risso, que es quien estuvo a cargo, encabezando el equipo. Con una idea, principalmente, de trabajar con caras que no fueran muy conocidas para los roles que sí corresponden a personajes muy conocidos, tipo Fito, Charly, Luis Alberto, Fabi, Cecilia y Baglietto, esos referentes que tanto conocemos. Nos interesaba la idea de que no se sintiera que era un actor popular “haciendo de”, sino que fuera alguien que para el público, por ahí, era la primera vez que lo veía. Después, en otros casos, para interpretar a integrantes de la familia, o en algunos bolos, preferíamos jugar con actores más conocidos, tratando, en general, de encontrarles un rol que tuviera algo de inesperado y sorprendente. Por ejemplo, como en el caso de Campi (NdR: interpreta a Rodolfo, el padre de Fito)alguien que viene más de otro palo y a quien se le da la oportunidad de hacer un papel de este estilo y que finalmente terminó haciendo un laburazo.

¿Qué rol cumplieron Diego Olivero y Carlos Vandera en la producción musical al momento de elegir las canciones que formaron parte de la serie?

No es tanto que eligieron las canciones, que eso es algo que, en algunos casos, venía indicado desde los guiones, en cuanto a las que iban a sonar, y, que, en otros casos, después estuvo más en nuestras manos alterar el repertorio y proponer variantes para determinados momentos. Algunas otras ideas las charlamos con ellos, o correspondieron a Juan Pablo, pero, más que nada, el trabajo de Diego y Carlos tuvo que ver con cómo articular la producción de todas esas canciones que se debían tocar y que, a la hora de filmar, tenía que haber una banda de actores músicos que las interpretaran en vivo. Entonces nosotros, desde el casting, elegíamos ya a músicos y ellos los entrenaban ensayando las canciones que iban a tener que tocar, como si fuera una banda en vivo en el día de filmación. Todo ese trabajo lo hicieron ellos, como productores musicales. Además, realizaron todo el coacheo para los shows que tuvimos que filmar, y, después, en la postproducción, ayudaron con los doblajes y con la producción de algunas canciones que también suenan en la serie. Literalmente, se abocaron a la producción integral de la música más que a la elección puntual de los temas.

En julio, la legislatura porteña declaró de interés cultural a la serie.

Más allá de la figura central de Fito, la serie lleva a cabo una interesante mirada acerca de un tiempo clave para el desarrollo de nuestro rock nacional. ¿Bajo qué pautas abordaste este proceso de investigación?

De alguna manera esto venía un poco sugerido o trabajado desde los guiones. Desde nuestro lugar en la dirección, lo primordial fue, obviamente, profundizar en la investigación de todo eso para poder retratar ese clima de época y sugerirlo desde las atmósferas. Crear un tono que evoque la tensión que se vivía entre esos años. Desde el sufrimiento al reviente en algunos casos, pasando por la explosión de la adrenalina juvenil. Todo ese combo de sensaciones las fuimos investigando, charlando con Fito, viendo cómo se podía jugar en las escenas, y tratando de trasladarlo desde la puesta, que es nuestro trabajo.

¿Y cómo fue el intercambio con Fito en las instancias de producción y rodaje?

El intercambio con Fito fue para nosotros muy fuerte en un comienzo. Cuando empezamos a trabajar, él nos planteó hacer unos encuentros para leer los guiones juntos y eso se extendió durante casi un mes, lapso en donde fuimos con Felipe a su casa todos los días. Nos pasábamos cuatro o cinco horas leyendo de corrido, deteniéndonos escena por escena a charlar con él, donde nos iba diciendo desde cosas que todavía no le cerraban y quería cambiarlas o buscarle la vuelta, hasta derivas en las que nos iba contando anécdotas acerca de los personajes, sobre la época o sobre lo que le pasaba a él con determinadas cosas. Todo eso nos fue dando un bagaje enorme de información, de sensaciones y emociones que nos sirvió mucho a la hora de dirigir. Y luego, también, él intervino un poco en el casting. Una vez que el proceso estaba avanzado, ya se lo compartimos y nos dio su opinión. En la mayoría de los casos estuvo de acuerdo, pero hubo algunos roles en los que no y ahí nos brindó sus sugerencias. Puntualmente y de lo que ya se habló, destaca el caso de Charly, porque a Fito no le cerraban las opciones que había y fue quien terminó diciéndonos que la única persona que podía hacer de García era Andy Chango, algo que fue una pegada increíble por parte de él. Una vez que empezamos a filmar, nos pedía que le mandáramos fotitos, luego vino a ver como había quedado la casa, para de algún modo quedarse tranquilo de que todo iba bien encaminado. Y después, la verdad, es que nos dejó hacer…una vez que estábamos filmando ya se involucró menos.

¿Sos fan de su música? ¿Cuáles son tus discos favoritos?

Sí, fui muy fan de Fito en la infancia y adolescencia. El CD de “Tercer Mundo” (1990) fue uno de los primeros discos que me compré. “El Amor Después el Amor” (1992) también me marcó; creo que tenía doce años cuando salió. Luego vino “Circo Beat” (1994), que fui corriendo a comprar el mismo día en que se publicó y me encantó. Te diría que esos tres fueron los discos que más me influyeron… bueno, “Giros”(1985) también, que es un discazo. Es la etapa que más me tocó vivir, coincidiendo con mi edad. Cada uno de estos trabajos es enorme.

¿Cuáles consideras que son las características que definen a Fito como un fenómeno de nuestra cultura rock?

Fito, sin dudas, es un grande. Por su música, por su personalidad, por lo que fue transmitiendo a lo largo de su vida. Por el lugar que fue ganándose como figura preponderante de nuestra cultura. Pertenece al panteón sagrado del rock nacional: es un hecho indiscutible y no es algo que tenga que decir yo. Si había alguna duda al respecto, la repercusión que tuvo la serie lo reconfirma y lo deja bien en claro.

¿Porqué consideras que todo fan de nuestro rock nacional no puede perderse esta serie?

Me parece casi inevitable que, si alguien es fan del rock nacional, por lo menos se interese en ver una serie sobre su música favorita, y donde, además tiene la oportunidad de meterse en algunos momentos históricos que están muy bien recreados. Yo siento que “El Amor Después del Amor”, más allá de su valor de ficción, tiene, por momentos, una suerte de valor histórico, que casi que te podés olvidar por un ratito que estás metido en la ficción y en los shows que muestra. Hay algunos pasajes que es como si te permitiera mirar por una ventanita ese tiempo. De manera que, si te gusta el rock nacional es como un regalo…y, si no te gusta, es una oportunidad de descubrirlo.

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Acá se puede leer la reseña que Maxi Curcio escribió sobre la serie.