La presentadora pidió un fuerte aplauso para recibir a Paolo Rocca, presidente del grupo Techint y a Patricia Bullrich, senadora de la Nación. Entró primero Patricia, atrás Paolo. Cerraron el seminario 24° ProPymes 2025 —encuentro anual de la cadena de valor del Grupo Techint—, el pasado jueves 11 de diciembre. Se sentaron en dos sillones preparados en el escenario. Patricia acomodó su saco luego de sentarse y se cruzó de piernas. Lucía elegante, recién salida de la peluquería. Traje a medida, tono rosa-pálido. Zapatos negros. Escarapela en su saco. “En primer lugar le quiero agradecer muy especialmente a Patricia por estar acá. Se firmó hoy a la mañana un proyecto de reforma laboral y así, no tiene que le ha sido muy simple encontrar tiempo y todo para venir, entonces pediré un aplauso para Patricia por esto”, expresó Paolo Rocca en su habitual cocoliche. Todos aplaudieron.
El país se parece cada vez más a lo que quieren los dueños. Paolo Rocca que se encuentra en el ranking global de millonarios de Forbes 2025—ocupando el puesto 605—, donde el presidente del grupo Techint, forma parte de la lista de los más ricos, con una fortuna personal de US$ 5.800 millones, se siente muy bien con el gobierno actual, al que banca, a pesar de algunos reparos, como la importación China, que atenta contra sus negocios. El hombre que más ex funcionarios de sus empresas tiene colocado en el gobierno de Javier Milei, se mostró complacido por tenerla a Patricia Bullrich para que contara de qué se trata la reforma laboral. Ella enumera los puntos de lo que está claro es una regresión de conquistas laborales que nuestro país tiene garantizada en su Constitución, pero intenta venderla como una modernización clave para el país.
Bullrich pondera la reforma laboral y a Rocca se le hace agua la boca.
Patricia Bullrich menciona bondades de la reforma, con su rostro inmutable, experimentada en vestir trajes que le han calzado bien. Interpretando mejor que nadie el papel de ajustadora, represora y ahora senadora mandante de regresión de derechos laborales. El 20 de diciembre se cumplirán 24 años de la represión del 2001 ordenada por el gobierno de Fernando de la Rúa, que deterioró aún más la economía al seguir el mandato del Fondo Monetario Internacional. Perjudicando los magros ingresos de la población, que ejerció su derecho a la protesta social ante el brutal atropello. De la Rúa decretó el Estado de sitio; hubo 39 asesinatos, centenares de heridos y más de 1.500 detenidos. De aquella primera Alianza formaba parte Patricia Bullrich, que en julio de 2001 ocupaba el cargo de ministra de Trabajo, Empleo y Formación de Recursos Humanos de la Nación, y fue quien decidió el recorte del 13 % sobre los ingresos de empleados estatales y de jubilados. Por eso tiene práctica, y a Paolo Rocca le gusta esa mujer y lo que expresa, porque siempre trabajó desde el Estado para los dueños.
Queja por China y Ramallo
Paolo Rocca en un tramo de la charla expresó: “Tenemos que abrir un diálogo con el gobierno, con todas sus autoridades. Explicar que China tiene una actitud predatoria y responde a una visión estratégica de una conquista de una hegemonía en un contexto global. Creo que esto es algo que tenemos que explicar, participar. Pero después tenemos que competir igualmente y mejorar la competitividad de nuestra empresa”, señaló.
Para Rocca ser competitivo es pagar menos, ya sean salarios, impuestos o tasas. Así lo decía: “Creo que el tema laboral, el tema impositivo. A nivel provincial ingresos brutos, a nivel nacional el impuesto al cheque”. Y puntualizó lo que sucede con su planta Ternium-Siderar en Ramallo, la ex SOMISA, que adquirió a precio vil durante la privatización. “Nosotros tenemos un ejemplo en Ramallo, donde el intendente de Ramallo metió un impuesto, una tasa, de 300 mil pesos por trabajador por mes”, dijo, mientras Patricia Bullrich emitió un sonido nasal de risa, onomatopéyico: “¡Mmm!”.
El presidente del grupo Techint, buscó el respaldo en el presidente del Directorio de Ternium, Martín Berardi, quien se encontraba en las primeras filas escuchando a su jefe, debajo del escenario. “Creo que me acuerdo correctamente, está Martín Berardi”. Y le sopló que eran 350 mil pesos. Rocca corrigió: “350 porque lo adecúa por inflación”, dijo riéndose, El auditorio acompañó su carcajada. Agregó que “quiso también judicialmente (refiriéndose al intendente Mauro Poletti) impedirnos de ingresar a la planta hasta que no pagáramos. Ahora, ésta es una reforma muy importante”, indicó.
Es curioso que Rocca siga insistiendo con que el intendente “metió un impuesto, una tasa”, como si se tratara de una imposición y no de una normativa tratada y votada por el Concejo Deliberante de Ramallo. Como hemos contado en Kranear, la Ordenanza Fiscal e Impositiva fue aprobada por unanimidad en el Concejo Deliberante de Ramallo a fines de 2024, para que rija en el ejercicio 2025. Es decir, su enojo con la tasa por inspección de seguridad e higiene (TISH), es un desconocimiento al Poder Legislativo de Ramallo, el Concejo Deliberante, que estableció lo que debían abonar los mayores contribuyentes, como lo es la planta Ternium-Siderar. Y fue aprobada por unanimidad.
Pero la verdad poco importó en ese ámbito donde Rocca y Bullrich hablaron. Tanto el gobierno de Milei como Rocca, pretenden lo mismo del Estado, un facilitador para maximizar ganancias de los poderosos. Para eso la reforma laboral e impositiva a su favor. El presidente de Techint es el máximo referente de un empresariado rapaz— desde hace años—, con poder de control del Estado, al que desea tener como cubo mágico, para sacar de su bolsillo cuando le apetezca y hacer girar sus caras, para lograr tenerlas cada una de un solo color. Ese color de la ganancia absoluta, que hoy disfruta. Si su empresa Ternium-Siderar ubicada en Ramallo tuvo en nueve meses de 2025 una ganancia de setenta y un mil millones de pesos, es posible que cierre el año con un balance superior a los cien mil millones de pesos. No hay razón en su queja sobre la TISH en Ramallo, pero su voracidad no cesa.
Llamado a la rebelión fiscal. Cambiemos el intendente
Patricia Bullrich es toda una especialista en hablar sin saber. En nunca mostrar un dato confiable, convencida siempre que cualquier disparate que salga de su boca, si lo afirma con rostro y mirada seria, puede resultar creíble. En el cierre del seminario ProPymes de Techint, la senadora de LLA afirmó sin vergüenza que “en la Argentina hoy hay 500 mil personas trabajando en Uber y plataformas. Ahora, ¿qué quieren? No quieren ser empleados en relación de dependencia. Quieren ser monotributistas”, aseveró confiada en que nadie le preguntaría en ese auditorio ¿de qué manera tuvo contacto con esos 500 mil trabajadores para afirmar que no quieren ser empleados?
También dijo sin sonrojarse que “a los jóvenes les gusta mucho el banco de horas voluntario”. Bullrich parte de la idea falsa que el empleado está en igualdad de condiciones que su empleador, como si no fuera asimétrica la relación. Para ella el empleado podrá decidir trabajar más horas unos días y así tomarse un día libre en la semana. La trampa que esconden en ese espejito de colores que intentan vender, que no es más que beneficio para el empresario, es eliminar el pago de horas extra, lo que significa mayores ingresos para el trabajador, que con el magro salario necesita de las extras. Lo que muestran como reforma o modernización, no es más que una regresión de derechos laborales.
La senadora de LLA también se atrevió a hablar de reforma impositiva. “Como les dije estamos cambiando algunos impuestos internos que son absolutamente negativos y queremos ir a un acuerdo fiscal para que las tasas sean tasas. Tasa es por un servicio, si no prestan servicio no puede cobrar una tasa”, señaló y con su mano izquierda haciendo seña de rectitud, recalcó: “Eso es clarito, un municipio no puede cobrar un impuesto, es una tasa y le tiene que dar un servicio y sino no se paga. Eh…En segundo lugar…Estoy llamando a la rebelión fiscal”, dijo luego de haber pensado lo que su boca ya había lanzado, pero sonriente por haber alentado a no pagar.
Tomando lo que expresó Patricia Bullrich, que había dado como ejemplo que empresas se van de Nueva York a Florida para no pagar impuestos, Paolo Rocca al tomar la palabra volvió sobre la TISH de Ramallo, como vuelve la mula al trigo. “Hay que considerar que las empresas a veces nos sentimos rehenes, pero no podemos mudarnos. Mudar una empresa siderúrgica es muy difícil. A veces nos sentimos en una provincia en la cual estamos y como en Ramallo, nos tiene de rehenes en sus condiciones, pero no podemos movernos. Una movida sería imposible”, dijo Rocca. A lo que Patricia Bullrich acotó: “Cambiemos el intendente. Ponemos un intendente liberal que cambie las condiciones”. Rocca entre risas respondió: “Eso sería”.
Que el poder político esté a disposición del poder real es lo que viene ocurriendo desde que Milei es presidente. Están embriagados de poder. Se nota en la cara de Bullrich, en el rostro de Rocca, que elogió los logros de Milei, que para él son: “La salida de la crisis del 2023, la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y el apoyo de Estados Unidos”, que, a su parecer, significó no solamente la oportunidad de ganar las elecciones de medio término, sino “un segundo mandato”. Rocca no hace una crítica, reclama: “Apertura inteligente y defensa de la estructura industrial”. En el país de Milei, los dueños están contentos como Paolo junto a Patricia, porque aún si la apertura los daña, ellos recogen huevos de otras canastas. Lo mejor —pese a todo—, es que el peronismo no vuelva, y la marca o huella laboral que dejó, se intenta borrar. Y que un peronista en Ramallo se atreva a cobrar más al que más gana, siente Rocca la rebeldía de rico de no pagar, esa que Patricia vino apoyar.