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Humanismo vs. transhumanismo: la batalla del presente por el futuro

¿Es el ser humano un proyecto de ingeniería individual o se trata en realidad de un ser que se completa con otros?, se pregunta el autor de la nota, en la que analiza la peligrosidad que encarnan hoy los megamillonarios de Sillicon Valley con su política de descarte, y lo contrasta con la filosofía política de la doctrina social de la iglesia y La Comunidad Organizada de Perón. Pueblo o Big Tech, podría ser la consigna.

21 de Agosto de 2026

Por Carlos Capasso

La reciente movilización de un grupo de ciudadanos disfrazados de Gandalf a la mansión de Peter Thiel en el barrio porteño de Barrio Parque, me llevó a leer, nuevamente, la encíclica de León XIV Magnifica Humanitas. En el ensayo publicado el 25 de mayo de este año, el Papa cita al mago de El Señor de los Anillos, no como una alegoría sobre la sabiduría, sino para decirle a cualquier ser vivo que se sienta pequeño frente a las corporaciones, que 'no nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza”. 

Los gandalfs argentinos fueron a saludar a Thiel en Palermo Chico.

Las palabras del escritor J.R.R. Tolkien, en la voz del mago, plantean un desafío ineludible para el futuro de la humanidad. La cita, leída junto al resto de la encíclica, señalan qué lado del campo de batalla debemos ocupar en la actual guerra filosófica ¿El enemigo? Los megamillonarios que pretenden dominar todas las mareas del mundo. Ellos mismos lo dicen en voz alta y sin tapujos desde sus arquitecturas digitales. 

En 2005, desde la Universidad de Oxford, el filósofo sueco Nick Bostrom escribió que el objetivo del transhumanismo es convertirnos en 'seres con capacidades muchísimo mayores que las que tienen los seres humanos actuales' (Bostrom, 2005). Con el diario del lunes, entendemos que no fue una metáfora sino el esbozo de un programa que Bostrom, junto con el filósofo Max More, quien pensó el extropianismo –una corriente temprana del transhumanismo-, empezaron a delinear el pensamiento de los multimillonarios de hoy.

El objetivo es claro: superar la biología humana tal como la conocemos actualmente (Galliano, 2019). Ese programa se fue desarrollando y con el paso del tiempo, abandonó los seminarios de filosofía analítica y se mudó a los directorios de las empresas más poderosas del planeta. De la universidad a Silicon Valley. Del claustro al laboratorio. En ese momento entra Nick Land, un nombre que resuena menos que el de Elon Musk o el de Peter Thiel, pero muy importante: armó el sistema nervioso de Silicon Valley.

Land, un filósofo británico marginal de los noventa, tomó el concepto de desterritorialización de los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari y pegó el volantazo hacia la extrema derecha. Si el territorio no es solo un espacio geográfico, sino cualquier conjunto de reglas, costumbres, tradiciones, significados o formas estables que organizan la vida, entonces la desterritorialización es el momento en que se rompen los códigos fijos y las identidades rígidas, permitiendo que las cosas fluyan de manera libre y caótica. Por lo tanto, el capitalismo es una fuerza que disuelve todo límite, entonces no hay que frenarlo ni redistribuirlo, hay que acelerarlo hasta que rompa las instituciones democráticas que lo contienen (Land, 2017). Ese es el puente que conecta el transhumanismo de laboratorio con el aceleracionismo de Silicon Valley. No alcanza con mejorar el cuerpo humano, hay que desmontar también el cuerpo político que podría regularlo.

Para comprender mejor la batalla actual entre humanismo y transhumanismo, es necesario mencionar al Papa Francisco.

En 2015 puso el dedo en la llaga con la publicación de su encíclica Laudato Si', en donde llamó 'paradigma tecnocrático' a la fe ciega donde la técnica todo lo resuelve; una fe que termina ejerciendo dominio sobre la economía y la política entera (Francisco, 2015). El pontífice argentino no hablaba de Bostrom ni de Land, solamente describía, con precisión quirúrgica, el mecanismo de funcionamiento de esta ideología y profesó una crítica muy clara: la tecnología deja de ser herramienta para convertirse en la nueva autoridad moral.

Cinco años después, Francisco profundizó su línea de pensamiento y en la encíclica Fratelli Tutti, sumó otro elemento al diagnóstico, clave para entender el tiempo político del presente, la 'cultura del descarte'. Esa lógica decide qué vidas son productivas y cuáles no (Francisco, 2020).

Ahí está el nudo del debate central, porque cuando Elon Musk explica que el objetivo a largo plazo de Neuralink -empresa de neurotecnología especializada en el desarrollo de interfaces cerebro-computadora- es 'lograr una simbiosis con la inteligencia artificial' (Axios, 2018), no está hablando en abstracto, está diseñando quién queda del lado de arriba de esa simbiosis y quién queda del lado del descarte, sin chip, sin acceso, sin inteligencia. La cultura del descarte de Francisco y la simbiosis de Musk son la misma foto tomada desde ángulos opuestos.

En junio de 2025, Sam Altman, Director Ejecutivo de OpenAI, escribió que la humanidad ya cruzó el 'horizonte de sucesos', para adentrarse a una nueva etapa a la que bautizó, con una ingenuidad casi publicitaria, como 'la singularidad gentil'. Un año después, lo reafirmó en varios podcasts, asegurando que estamos 'en la singularidad, ahora mismo' (Futurism, 2026).

Estas frases, que en otro contexto podrían pasar desapercibidas, casi como una marginalidad discursiva, cristalizan una ideología que los dueños de las arquitecturas digitales buscan consolidar en el conjunto de la sociedad. Un discurso que conviene tomarlo en serio, porque es exactamente el lenguaje que la encíclica de León XIV eligió confrontar. La tentación de la torre de Babel tecnológica, la idea de que hay una humanidad que se completa a sí misma escalando hacia el cielo con sus propias manos, en vez de edificar comunidad (Magnifica Humanitas, 2026).

Altman plantea que la inteligencia se convertirá en un commodity y, en paralelo, anuncia el fin de la historia humana. Suena delirante, pero no tanto si lo relacionamos con lo que venimos diciendo. No es casualidad que el Papa haya citado en su encíclica a Hannah Arendt para hablar de deshumanización y de que las personas ya no distinguen entre lo verdadero y lo falso, esa “pérdida del sentido de lo real” que describió Arendt a propósito del totalitarismo. 

En consonancia, una figura clave del proyecto transhumanista como Peter Thiel, afirmó en 2009 sin eufemismos que ya no cree que 'la libertad y la democracia sean compatibles' (Thiel, 2009). Dicha frase fue publicada en Cato Unbound, la revista insignia del libertarismo estadounidense. Lo teórico pasó a lo práctico y Thiel financió con millones de dólares la carrera al Senado de J.D. Vance, que años después llegaría a la vicepresidencia de Estados Unidos acompañando a Dolan Trump (Infobae, 2024). Sumado a la incidencia que este personaje tiene sobre el Gobierno de Estados Unidos y áreas estratégicas de defensa y del ejército. 

Thiel fue recibido por Milei en Casa Rosada.


No hablamos de simples ideólogos, sino de los tipos más ricos del mundo, dueños de las empresas más valuadas de la actualidad. Un botón que alcanza como muestra: Oxfam reportó a comienzos de este año, que durante 2025 los milmillonarios del mundo triplicaron el ritmo de crecimiento anual de sus fortunas respecto de los años previos. Además, en la elección estadounidense de 2024 apenas cien familias pusieron uno de cada seis dólares gastados por partidos y candidatos, unos 2.600 millones de dólares en total (Izquierda Diario, 2026). No es solo una filosofía que sueña con superar al cuerpo humano, es una clase social que está comprando, con recursos económicos incalculables, el control sobre las instituciones que podrían ponerles límites. Es el 'capitalismo del clic al mando', son directores ejecutivos convertidos en monarcas de facto de un sistema que preferimos no llamar monarquía en público, porque incomoda.

El antagonismo geopolítico de este modelo es el que plantea China.

Desde marzo de 2013 Xi Jinping viene insistiendo con la idea de una 'comunidad de destino común para la humanidad', concepto que repitió en Davos, en la sede de la ONU en Ginebra y en cuanto foro internacional participó (China Today, 2018). En octubre de 2023 esa retórica bajó a política concreta: China presentó su Iniciativa de Gobernanza Global de la IA, que exige sostener 'un enfoque centrado en las personas' para que la inteligencia artificial 'aumente el bienestar de la humanidad' (Ministerio de Relaciones Exteriores de China, 2023). Es, en la práctica, casi una previa del planteo de León XIV en Magnificus Humanitas, en donde la tecnología tiene que estar subordinada a la persona, y no al revés.

Ahora bien, conviene no idealizar esta contracara, porque el humanismo que predica Beijing convive, puertas adentro, con un aparato de vigilancia masiva y de control social que también decide, con otra lógica, pero también con una pretensión totalizadora. La confrontación con Silicon Valley es real y merece tomarse en serio como antecedente de política pública. Quizás no sea el antagonismo al transhumanismo, pero es otra forma de poder concentrado que también dice hablar en nombre de la humanidad entera. 

En Argentina ya hubo un hombre que, como dicen los pibes hoy; “farmeó aura”: Juan Domingo Perón.

El 9 de abril de 1949, en el cierre del Primer Congreso Nacional de Filosofía en Mendoza, Perón leyó La Comunidad Organizada. Un texto que es, probablemente, el documento más temprano y más sistemático de una tercera vía frente a los dos totalitarismos que Perón identificaba como las dos caras de una misma moneda —el capitalismo liberal que atomiza al individuo y el colectivismo que lo anula— (Juan Domingo Perón, 1949).

Perón decía que 'la humanidad necesita fe en sus destinos y acción' y esa fe era la convicción de que el ser humano solo se realiza plenamente en comunidad, nunca aislado, nunca como pieza sustituible de un mecanismo mayor. Ese es, en el fondo, el argumento central contra el transhumanismo. No hay 'mejora' del individuo que valga si ésta se logra rompiendo el lazo que lo hace, justamente, humano entre otros humanos. La Comunidad Organizada es, palabra por palabra, la respuesta argentina a la misma pregunta que hoy se hacen Bostrom y Land: ¿es el ser humano un proyecto de ingeniería individual, o es, antes que nada, un ser que se completa con otros?

No se puede ser feliz en soledad, dijo alguna vez Leonardo Favio.


En ese discurso Perón anticipa la disputa actual, donde sostenía que el individualismo anárquico rebaja al hombre a la condición de mero engranaje del mercado, mientras que el Estado bien entendido existe para su educación y su perfeccionamiento como persona, no como pieza descartable de un sistema. Perón resumía la tensión de su época, que se encuentra sumamente presente: pueblo o corporaciones. Hoy, esa dicotomía podría reescribirse sin esfuerzo como pueblo o Big Tech; comunidad organizada o simbiosis algorítmica; humanismo o transhumanismo. El peronismo, con la doctrina social de la Iglesia en sus raíces, ya había elegido bando en 1949, setenta y seis años antes de que Sam Altman escribiera su primer blog post sobre la singularidad.

¿Qué hacemos con esto? Magnifica Humanitas no es sólo un diagnóstico: León XIV retoma, explícitamente, los ejes de Fratelli Tutti y Laudato Si'. Fraternidad, cuidado de la casa común, rechazo del descarte, y agrega uno nuevo, adaptado a la modernidad, que podríamos llamar la custodia del cuerpo y la mente frente al algoritmo. Si hacemos una lectura conjunta con la doctrina social de la iglesia, la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII y La Comunidad Organizada de Perón, podemos construir algo parecido a un programa político.

Primero, disputar el relato de la inevitabilidad tecnológica, porque nada de esto es destino, sino una decisión de negocios con nombre, apellido y dueños. Segundo, gravar y regular a quienes están destruyendo el sistema democrático con la excusa de estar construyendo el futuro, porque la libertad que reclama Thiel para sí mismo es, literalmente, la libertad de no tener que rendirle cuentas a nadie. Tercero, sostener con toda la fuerza posible las instituciones de bien público —estado, poder político, salud, educación, ciencia estatal, etc.— como el verdadero terreno donde se decide si la inteligencia artificial sirve a la comunidad o la reemplaza. Y cuarto, regular a los megamillonarios que se posicionan como únicos dueños del discurso de futuro en la sociedad actual.

Queda claro que nadie habla desde un mismo lugar del mundo. China, Perón, Francisco o León, tienen divergencias pero una coincidencia en algo profundo: la dignidad no se mejora con software, se construye con otros, se sostiene en comunidad. Y esa coincidencia no es casual ni es espiritual. Es la respuesta que distintas tradiciones, en distintos siglos y con distintas herramientas, le dieron siempre al mismo intento de unos pocos por convertir a la mayoría en insumo.

La cultura del descarte que denuncia Francisco, la comunidad organizada que defendía Perón son distintas formas de negarse a esa conversión. Gandalf, en el fondo, decía lo mismo con menos palabras. No nos toca dominar todas las mareas del mundo. Nos toca cuidar el pedazo de tierra que tenemos para vivir y decidir, aún estamos a tiempo, quién se queda del lado de adentro de esa comunidad y quién no.


Referencias

Allen, M., & VandeHei, J. (2018, Noviembre 26). Elon Musk: Humans must merge with machines. Axios. https://www.axios.com/2018/11/26/elon-musk-artificial-intelligence-neuralink 

Bostrom, N. (n.d.). Transhumanist values. Nick Bostrom. https://nickbostrom.com/ethics/values.pdf 

Francisco. (2015). Laudato Si´. Sobre el cuidado de la casa común. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html 

Francisco. (2020). Fratelli Tutti. Sobre la fraternidad y la amistad social. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html 

Galliano, A. (2019, Octubre). ¿Hacia un futuro transhumano? Nueva Sociedad. https://nuso.org/articulo/hacia-un-futuro-transhumano/ 

Global AI Governance Initiative. (2023, Octubre 20). Ministerio de Relaciones Exteriores de China. https://www.mfa.gov.cn/eng/zy/gb/202405/t20240531_11367503.html 

Land, N. (2017). A Quick-and-Dirty Introduction to Accelerationism. https://ia800800.us.archive.org/29/items/nick_land_writings/LAND,%20Nick%20-%20A%20Quick%20and%20Dirty%20Introduction%20to%20Accelerationism.pdf 

León XIV. (2026). Carta encíclica Magnifica Humanitas sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html 

Mac, R., & Schleifer, T. (2024, Julio 8). Cómo una red de multimillonarios del sector tecnológico le ayudó a JD Vance a dar el salto al poder. Infobae. https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/07/18/como-una-red-de-multimillonarios-del-sector-tecnologico-le-ayudo-a-jd-vance-a-dar-el-salto-al-poder/ 

Martínez, J. L., & Maiello, M. (2026, Abril 21). El efecto tóxico de Trump, los sueños tecno-autoritarios de Peter Thiel y una cumbre progresista sin perspectivas. La izquierda diario. https://www.izquierdadiario.es/El-efecto-toxico-de-Trump-los-suenos-tecno-autoritarios-de-Peter-Thiel-y-una-cumbre-progresista-sin 

Perón, J. D. (1949). La Comunidad Organizada. https://dokumen.pub/peron-la-comunidad-organizada-1949.html 

Thiel, P. (2009, Abril 13). The Education of a Libertarian. Cato Unbound. https://www.cato-unbound.org/2009/04/13/peter-thiel/education-libertarian/ 

Yimei, W. (2026, Enero 18). La comunidad de destino común para la humanidad. Chin Hoy. http://spanish.chinatoday.com.cn/pol/content/2018-01/26/content_752421.htm 

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