Kirchnerismo más que nunca
Triunfó el peronismo, o Fuerza Patria, lo mismo da. Ese es el primer dato a destacar en cualquier análisis. Todos los espacios y nombres que integran la fuerza política son los ganadores de la elección. Por peso propio, recorrido, por garantizar una serie de ideas y valores, por poner la cara y el cuerpo, y también, hay que decirlo, porque lo de la Libertad Avanza es terrorífico (Perón, que de política algo sabía, inmortalizó aquello de que No es que nosotros somos buenos, sino que los de enfrente son horribles).
Axel capitaliza el triunfo electoral por haber jugado en la previa la carta del desdoblamiento, sí. Recibió mucha crítica, tomó riesgos, y ahora hay quienes le suman un poroto en la disputa interna que está jugando hacia el interior del peronismo.
Pero es cauto, por lo menos en lo discursivo, porque bien sabe que una primavera no es verano, y que cuarenta días en política son una eternidad, y que los números que arrojó la elección de ayer pueden cambiar de manera drástica. La discusión metodológica por el desdoblamiento sí o no, tenía que ver con que los intendentes no hicieran la plancha después de la elección que vivimos ayer, y que los interpelaba de manera directa. Que, como planteó Ferraresi en un acto la semana pasada, no empezaran a construir el “Axel Presidente” de cara al 2027, olvidándose de que el 27 de octubre se ponen en juego bancadas nacionales que pueden hacerle mella a las definiciones de Milei, quien ayer, ante una derrota aplastante no titubeó en decir que va a profundizar el rumbo. Necesitamos diputados y senadores convencidos que le pongan un freno claro y firme a esa profundización.
Es difícil creer que ayer solo se haya auditado al gobierno de Axel -que por supuesto el pueblo bonaerense también respaldó con sus votos-. Podemos pensar que se refrendaron también las gestiones y conducciones locales. Pero el triunfo aplastante de Fuerza Patria muy probablemente se vincule con torpezas propias del gobierno nacional, con el 3% de Karina, y el declive económico acompañado de un ajuste brutal sobre los sectores más empobrecidos de nuestro país, la caída del consumo, la represión contra los jubilados, el inédito maltrato al sector de la discapacidad.
Por eso, da la sensación de que aún con desdoblamiento, de todas formas la elección terminó por nacionalizarse, porque fue un mensaje muy contundente de rechazo a Milei y sus políticas, en favor de otro modelo político y económico, encarnado por el Peronismo.
En ese sentido, hace unos días, el poeta y cineasta César González sostuvo durante una entrevista con el periodista Alejandro Bercovich que “en los barrios Milei pasó de ser un fenómeno pop a un símbolo rancio de opresión e injusticia, alguién que defraudó a sus votantes al no cumplir ni media promesa”. Eso pesó también en la elección de ayer.
No hay que subirse a un tren triunfalista, y está bien esa cautela del gobernador. En estas elecciones, el Peronismo sacó menos votos que en las de 2021 y de 2023. Recordemos lo que nos pasó con Mauricio Macri, que pudo remontar ocho puntos entre las PASO del 11 de agosto de 2019 y las elecciones generales del 27 de octubre de ese año, pese a que no le alcanzó para conseguir su reelección, pero el entonces armado de Frente de Todos perdió la posibilidad de tener una mayoría en el Congreso (aparte que el dólar sufrió una disparada que trajo aparejada, entre otros males, una devaluación del peso argentino).
Para que Axel se sume entonces verdaderamente ese poroto, la contundencia de 13 por ciento de votos arriba de LLA, en una provincia que cuenta con el 40 por ciento del electorado, tiene que completarse en octubre.
La tarea más importante en este momento, y de cara a octubre, es sostener una unidad que se logró a base de sudor y lágrimas. Fue un cierre tenso, difícil, pero del que participaron todos los sectores. No sirve ahora que desde el escenario en la Plata la locutora arengue a la militancia a cantar “Para Axel la conducción”. No ayuda a sostener esa unidad, frágil y endeble, aparte de que es un gesto complicado porque la conductora política del movimiento y presidenta del Partido Justicialista está privada de su libertad en San José 1111.
Cristina no pudo subirse al escenario montado en La Plata, porque la mantienen injustamente presa. Debería haber podido estar ahí. Formó parte del armado de Fuerza Patria, aportó para construir esa unidad, y fue una articuladora fundamental. Cristina nunca juega al cuanto peor mejor, y tampoco La Cámpora, aunque ayer, en Blender, los analistas políticos dijeran, con regocijo, que La Cámpora estaba enojada con Axel por esta elección. La sociedad lo tiene más claro que ellos.
Lo que nos preguntamos acá no es si desde el Axelismo tienen derecho o no a disputar la conducción del peronismo, sino si era el momento adecuado para hacerlo, teniendo en cuenta que Cristina está detenida justamente por haber estado al frente del gobierno popular que nunca se arrodilló ante el poder concentrado. Y precisamente por estar presa, el Peronismo no puede resolver legítimamente a través de las urnas quién es el conductor del movimiento. Se da en ese sentido una situación novedosa: el Peronismo históricamente zanjó sus internas con elecciones pero ahora no puede hacerlo. Las últimas veces que Cristina se presentó, nadie dentro del Peronismo le ganó. Eso le otorga un capital propio. Ante la inhabilitación de ese mecanismo, ¿cómo se resuelve entonces?
Ella, como siempre, se puso por encima de cualquier rispidez, y en el audio que le envió a quienes estaban en el acto de La Plata, felicitó a los bonaerenses, a la militancia peronista, y los artífices de la unidad electoral: Axel, Sergio, Juan y Máximo (que estaba con ella, en San José 1111, y que hizo un gran esfuerzo para lograr los acuerdos que la coyuntura exigía).
Entonces, a seguir trabajando y militando la próximada parada: octubre, porque así como el pueblo –en este caso bonaerense- se volcó en 2023, de manera masiva, a votar a un panelista de televisión que se mostraba con visibles dificultades emocionales y psíquicas, y que prometía dinamitar el Estado, ahora, a un año y medio de gestión, una buena parte de ese mismo pueblo bonaerense, le da la espalda al gobierno libertario por tanto maltrato, agresión e insensibilidad. Estuvo bien el cierre del acto de Axel: Paz, democracia y peronismo.
Una mención final para los representantes visibles del sistema de medios oficialistas. Suma años de vida verles las caras de velorio en noches como las de ayer, cuando se anotician y tienen que contar una nueva victoria del peronismo. Vienen haciendo anti kirchnerismo explícito, chabacano, grotesco, desde hace muchos años, y una vez más la realidad les abofetea la cara maquillada de falso republicanismo y democracia. Lo dijo con toda claridad Máximo ayer en sus redes sociales: “querían sacar al pingüino del cajón, y ahí lo tienen. Parece que el pueblo no cambia de idea, lleva las banderas de Evita y Perón”.
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