Librerías independientes: qué está en juego con el fin del precio único del libro
Con 3,43 librerías cada 100 mil habitantes, la Argentina posee una de las redes de librerías más densas de América Latina. Mientras el Gobierno impulsa la derogación de la Ley 25.542 con la promesa de abaratar los libros, libreros y editores independientes advierten que lo que está en juego no es solo el precio de venta, sino también la supervivencia de un ecosistema que sostiene la bibliodiversidad, las editoriales independientes y el acceso de los lectores a una oferta diversa.
Para comprender qué implicancias concretas podría tener la medida, Kranear consultó a representantes de tres librerías independientes —Notanpuan, la Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal y Paradigma Libros— que, desde trayectorias y perfiles diferentes, analizan sus posibles efectos sobre editoriales, autores y lectores.
Un ecosistema que sostiene la bibliodiversidad
Aunque ninguno de los libreros consultados imagina un cambio inmediato, los tres coinciden en que una eventual derogación de la ley abriría un proceso gradual de concentración del mercado. El principal riesgo, sostienen, no es que desaparezcan los libros, sino que se debilite la red de librerías que hoy sostiene la circulación de catálogos diversos, editoriales independientes y autores que difícilmente encuentren lugar en una lógica dominada por los títulos de venta masiva.

Notapuán, la conocida librería de San Isidro.
En ese sentido, Carmela Pérez Morales, librera de Notanpuan, sostiene:
'Lo que va a empezar a suceder es que los locales pequeños van a empezar a cerrar, porque no tienen cómo competir con el caudal de compra que tienen los grupos grandes. No pueden ofrecer más descuentos ni jugarse el aire a pérdida para monopolizar clientes.
Las editoriales independientes, para funcionar como funcionan hoy en Argentina, necesitan del espacio de exposición y de la atención de libreros formados. Entonces, si ese ecosistema se va apagando, se apaga lo otro.'
Esa preocupación también aparece en la mirada de Gastón Levin, director del Fondo de Cultura Económica en Argentina, quien sostiene que, más allá de la derogación de la ley, lo que está en discusión es un modo de concebir la cultura.
La respuesta institucional de la Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal profundiza ese planteo y aporta un dato que ayuda a comprender la singularidad argentina: mientras el país cuenta con 3,43 librerías cada 100 mil habitantes, Chile tiene 1,93; Brasil, 1,01; y Colombia, 0,94, todos ellos sin una ley de precio fijo.
Desde la institución explican:
'No cambiaría todo de un día para otro, pero aumentaría la presión de las plataformas y grandes superficies sobre los títulos más vendidos. Para una librería como la nuestra, sería más difícil sostener una oferta amplia, con libros de fondo, ensayo, poesía, editoriales pequeñas y medianas, y autores emergentes.
Esa red de librerías que caracteriza a nuestro país no es casual y podría debilitarse. Para los lectores significaría menos oportunidades de encontrar libros por fuera de la lógica de los más vendidos. A largo plazo, la concentración también podría dejar la producción y la circulación de libros en manos de cada vez menos actores.
La Librería del Fondo es un espacio de circulación cultural: conecta libros, lectores, autores, editoriales y debates. No solo vendemos libros: recomendamos, recuperamos títulos, organizamos actividades y talleres, y damos tiempo y visibilidad a obras que no tienen una demanda inmediata.
La derogación podría debilitar ese entramado al trasladar la competencia desde la selección y el trabajo librero hacia la capacidad financiera de aplicar descuentos y de controlar la visibilidad de los libros mediante algoritmos.'
Por su parte, Pablo Topolevsky, de Paradigma Libros, pone el acento en otro de los ejes de la discusión: cómo una librería construye su catálogo y qué ocurre cuando esa lógica queda subordinada únicamente a criterios comerciales.
'Los libros que más se venden ayudan a sostener otros que venden menos, pero que creemos que tienen que estar en una librería: poesía, ensayos, el gran trabajo de las editoriales independientes, primeras novelas o libros que no aparecen en los rankings de los más vendidos. Si ese equilibrio se rompe, también se empobrece la oferta.
Y hay algo más, que para nosotros es vital. Las librerías independientes las hacemos personas, no algoritmos. Detrás de una recomendación hay un librero o una librera que escucha, pregunta y recuerda qué se llevó ese lector hace seis meses o un año. Muchas veces alguien entra buscando un libro y termina llevándose otro porque hubo una conversación. Ese vínculo con el lector se construye con el tiempo, con confianza.'

Pablo Topolevsky, de Paradigma Libros.
El precio de los libros: ¿más competencia o mayor concentración?
Uno de los principales argumentos del Gobierno para impulsar la derogación de la Ley 25.542 es que la eliminación del precio único favorecería la competencia y permitiría abaratar los libros. Sin embargo, los libreros consultados coinciden en que esa eventual baja, de producirse, sería transitoria y que, a largo plazo, terminaría favoreciendo una mayor concentración del mercado editorial.
Para Carmela Pérez Morales, ese proceso ya pudo observarse en otros países que eliminaron regulaciones similares.
'En un primer momento va a aparecer la ilusión de que los precios bajan. Un grupo grande puede comprar seis mil ejemplares, venderlos casi sin margen porque ya gana por otras vías y quedarse con la clientela. Eso hace que los pequeños negocios independientes se vayan apagando hasta que esos grupos terminan convirtiéndose en oligopolios que manejan los precios como quieren. Entonces, no es real que los libros bajen de precio.'
La respuesta institucional de la Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal llega a una conclusión similar, aunque apoyada en estudios comparativos.
'Podría generar, durante un tiempo, descuentos importantes en algunos best sellers, pero esto no garantizaría una baja general de precios. Un estudio sobre 28 países europeos asoció los sistemas de precio fijo con más ventas y más librerías, sin encontrar un efecto apreciable sobre el precio promedio de los libros.
Los costos de edición, papel, impresión, distribución y derechos seguirían existiendo. La diferencia es que, a largo plazo, el ecosistema editorial podría transformarse en un oligopolio o incluso un monopolio. Es decir, el resultado más probable sería una mayor concentración, no una solución al problema del acceso, que está directamente ligado al poder adquisitivo.'

Actividades para los más chicos en la Librería del Fondo.
Durante la entrevista, Gastón Levin también cuestionó la idea de que el libro sea, en sí mismo, un bien inaccesible. Según explicó, en la Argentina existen numerosas colecciones y ediciones a precios diversos, y la percepción de que 'el libro está caro' suele construirse tomando como referencia las novedades editoriales o los best sellers más visibles. A su entender, el problema del acceso a la lectura no puede analizarse por fuera del deterioro del poder adquisitivo.
En Paradigma Libros coinciden en que la discusión excede el precio de venta y plantean que, si el objetivo fuera abaratar los libros, habría otros factores estructurales sobre los que intervenir.
'Si quisieran que bajen los precios de los libros, a nuestro entender, deberían desregular el precio de venta del papel, que actualmente es un duopolio y es un condicionante para que el editor fije el precio de venta. Y, por otro lado, no es que el precio del libro aparente ser elevado: lo que está muy retrasado es nuestro poder adquisitivo.'
Esa mirada dialoga con otro tramo del testimonio de Carmela Pérez Morales, quien también ubica el problema más allá del precio de tapa.
'Al margen del precio, yo entiendo que hoy por hoy un libro en Argentina está saliendo muy caro, que se debe a un montón de factores; en parte, a que el papel acá siempre fue carísimo, porque es un monopolio de empresas que lo venden a precios para importación. El tema es no insistir tanto en que el libro está caro, sino en la contracara de eso, que es que los sueldos están bajos. El poder adquisitivo de las clases medias que antes eran lectoras, de las clases bajas que se podían permitir un libro al mes, dos libros por mes, desapareció. Pero eso no es exclusivamente culpa del precio que se le pone a un libro. Tiene que ver también con un mundo que está funcionando con sueldos muy bajos, con un desprestigio de la cultura y con un descuido de las políticas públicas que fomentaban la lectura.'
Finalmente, desde Paradigma Libros sostienen que la verdadera competencia no debería medirse por la capacidad de ofrecer descuentos, sino por el trabajo que realiza cada librería.
'Nosotros creemos en la competencia. Pero creemos en una competencia donde una librería pueda diferenciarse por la calidad de las recomendaciones, por el trabajo sobre el catálogo, por las actividades culturales, por el vínculo que construye con sus lectores y no por el precio de venta. La ley permitió que puedan convivir pequeñas y grandes librerías a lo largo de todo el país.'

Presentación de libro en Paradigma.
¿Qué perderían los lectores?
Si la discusión sobre el precio del libro ocupa el centro del debate público, los libreros consultados creen que la consecuencia más profunda de una eventual derogación de la ley sería otra: el debilitamiento de las librerías independientes como espacios de encuentro, recomendación y construcción de comunidad alrededor de la lectura. Para Carmela Pérez Morales, el mayor riesgo no es solamente comercial, sino la pérdida de una forma de construir comunidad alrededor de los libros:
'Una librería independiente genera una conexión con el territorio. Se convierte en un lugar que guarda memoria. No trabaja para un público de paso, sino que construye un ida y vuelta con el barrio. Ese ecosistema es una red viva de librerías que, a su vez, va tendiendo redes con el lugar donde está inserta. Eso es lo que se pone en riesgo.'
Desde la Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal ponen el foco en la experiencia de los lectores y en aquello que una plataforma difícilmente pueda reemplazar:
“Perderían espacios de descubrimiento y de encuentro. Una librería no solo ofrece el libro que ya sabés que querés comprar: también puede acercarte un autor desconocido, un título de fondo o una editorial pequeña. Además, sostiene actividades y conversaciones culturales. Con menos librerías habría menos variedad, menos mediación y una oferta cada vez más concentrada en los títulos de venta rápida.
Si el Gobierno quisiera impulsar realmente el acceso a la lectura, lo que debería preocuparle es que los trabajadores tengan salarios dignos. Solo una mejora del poder adquisitivo, junto con las compras públicas, los programas de lectura gubernamentales, el aumento del presupuesto para las bibliotecas públicas, una política de condiciones justas de acceso al papel y el impulso de la producción editorial nacional y de las librerías en todo el país podría garantizar un acceso democrático al libro y la lectura.”
En la misma línea, Pablo Topolevsky, de Paradigma Libros, considera que la discusión también involucra la manera en que se construye el vínculo entre los lectores y los libros:
“Probablemente perderían algo que no siempre se ve de inmediato.
Perderían lugares donde todavía es posible entrar, pasar un buen rato sin necesariamente saber exactamente qué libro estás buscando y salir con uno que una librera o un librero te recomendó. Permitirte descubrir la propuesta de catálogo que ofrece la librería y dejarte llevar por la posibilidad de sentarte, hojear un libro y ver si es adecuado para vos.
Se perderían librerías donde las libreras y libreros conocen tus gustos, recuerdan qué te llevaste la última vez y donde existe una charla que puede durar cinco minutos o media hora. Se perdería un espacio de encuentro y de diálogo.
Y también se perderían espacios de socialización. En nuestro caso, la librería es un lugar donde hay presentaciones, talleres, clubes de lectura y charlas que muchas veces terminan generando una comunidad alrededor de los libros.”
Para Topolevsky, el debate de fondo excede la discusión sobre el precio de venta:
“La pregunta, en el fondo, es en qué tipo de mundo queremos vivir. Uno en donde la circulación dependa cada vez más de unos pocos actores muy grandes y el algoritmo te ofrezca más de lo mismo, o uno en donde siga existiendo una red de librerías independientes, con identidad propia, donde todavía haya personas recomendando libros a otras personas.
Nosotros creemos que esa red de librerías tan rica y extensa que hay en Argentina es vital para la vida cultural del país. No solamente por las librerías. Sobre todo por los lectores y por la bibliodiversidad que la hace posible.”
Quiénes participaron de la nota
Notanpuan
Librería independiente y editorial de San Isidro, con una intensa agenda de talleres, presentaciones y actividades culturales.
Instagram: @notanpuan
Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal
Espacio del Fondo de Cultura Económica que combina librería y centro cultural, con una programación permanente de actividades vinculadas al libro y la lectura.
Instagram: @libreriadelfondo
Paradigma Libros
Librería independiente con una programación de presentaciones, talleres y clubes de lectura, además de un catálogo especialmente atento a la producción de editoriales independientes.
Instagram: @paradigmalibros
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