Las redes sociales y las violencias patriarcales

Muchas mujeres viven su sexualidad sin conciencia de sus derechos sexuales y reproductivos, y muchas otras la descubren a través de experiencias opresivas, abusivas o violentas. En la virtualidad se suele promover la exhibición erotizada de los cuerpos y desde el feminismo popular se considera que esto puede tener que ver con la necesidad de la aprobación de un otro. Y ahí hay algo para deconstruir.

Por Ana Coca Cicchitti (*)

Desde niñas nos enseñan que tenemos que ser atractivas cumpliendo ciertos parámetros de belleza prefijados social y hegemonicamente, que van cobrando fuerza al entrar en la adolescencia. Estos parámetros nos impregnan por diversos medios y formas nuestro consciente e inconsciente y nos inducen a que “todas tenemos un cuerpo imperfecto que necesita ser arreglado. Este es el principal mandato de género sobre el cuerpo de las mujeres. Y lo interiorizamos hasta tal punto que (…) postergamos el crecimiento y empoderamiento personal” (¹).

Ligado al cuerpo está la sexualidad y uno de los pilares del patriarcado es el control de la sexualidad de las mujeres. Para nosotras, el aprendizaje de nuestra sexualidad se realiza en muchas o demasiadas ocasiones por medio de prácticas que lejos están de nuestro empoderamiento sexual.

Aún hoy día, muchísimas mujeres viven su sexualidad sin conciencia de sus derechos sexuales y muchas la descubren a través de experiencias opresivas abusivas y/ o violentas.

Siguiendo la línea de Soledad Muruaga y Ana de Miguel Álvarez, “las mujeres hemos aprendido una sexualidad puesta a disposición y servicio del hombre, falocéntrica y basada en la penetración, aprendemos a ser pasivas y a fingir orgasmos” (²). Resulta que en muchísimos casos, el sexo es un deber que enfocamos en el otro y no desde nuestro disfrute personal.

Muchas mujeres se encuentran descubriendo o fortaleciendo un empoderamiento a nivel colectivo, en la esfera pública, pero sin embargo coexiste un desempoderamiento a nivel individual (consciente o inconsciente) en el terreno de lo privado, es decir con el propio cuerpo, y ese cuerpo subjetivado en relación con un otrx.

“‘Mi cuerpo es mío’ es una consigna que está presente en las movilizaciones feministas contemporáneas (…) y la vinculación de este lema con el liberalismo ha llevado a resaltar que la defensa del cuerpo como propiedad no implica dejar de lado la responsabilidad colectiva, ni la reflexión teórica y política constante (Petchesky, 1995; Phillips, 2013). Reclamar el derecho a la propiedad del propio cuerpo nos enfrenta a una paradoja: aunque luchemos por los derechos sobre nuestros propios cuerpos, los cuerpos por los que luchamos nunca son lo suficientemente nuestros. El cuerpo tiene una dimensión invariablemente pública. Constituido en la esfera pública como fenómeno social, mi cuerpo es y no es mío (Butler, 2006: 52)” (³).

En esta línea es necesario mencionar el impacto en la virtualidad que también ha sido captada por el patriarcado. Las redes sociales son un espacio relacionado con lo privado y público.

“Las redes sociales permiten (…) poner en común nuestro ser social, nuestras sociabilidades, nuestras formas de ser, pensar, hacer. (…) El uso de las redes sociales en internet permite dar a ver, conectar, amplificar, crear sinergias, grupos y otras redes de transformación social y política (…)
En internet los machismos persisten, a la vez que nuevos machismos aparecen y se actualizan utilizando las nuevas tecnologías y las redes sociales como plataformas de actuación violenta. Además de facilitar la creación por medio del anonimato, las redes sociales permiten la repetición, viralidad, difusión e, incluso, la normalización de estas violencias patriarcales” (⁴).

En las redes sociales también se promueve la exhibición erotizada de los propios cuerpos. De nuestros cuerpos.

¿Cuál es la cuestión de fondo? ¿Evidenciar la liberación sexual de la mujeres o erotizar el cuerpo para beneficio de un público consumidor pasivo masculino? ¿Terminamos siendo presas de la autocosificacion? ¿Para qué hacemos lo que hacemos?

Por otra parte, considero necesario re-pensar y analizar la exageración en mostrar los cuerpos en las redes. Esto puede tener múltiples significados, pero desde una mirada feminista, a lo expuesto anteriormente se suma la posible necesidad de aprobación de un otro.

No es difícil encontrar en las redes posteos de mujeres que solo se muestran y exhiben sus cuerpos con poses totalmente sexualizadas.

Según Lacan, es el “Otro en tanto lugar donde se sitúa la cadena significante, lo que dará las posibilidades para que el sujeto sea y se haga presente, (…) gracias al reconocimiento y atribución de una subjetividad otra, el cual al producirse en el campo del Otro hace posible su significación.
Esto remite al ‘reconocimiento y atribución de subjetividad’. Todos estos signos, deben ser leídos y significados por el Otro, y solo así es como (…) en un proceso de significación por el adulto se van satisfaciendo, se va libidinizando el cuerpo en lo que denominamos el autoerotismo, es decir, se va narcisizando” (⁵).

No se trata si está bien o mal desde un análisis moral, el feminismo está lejos de eso. Lo que se pretende es que las mujeres generemos una conciencia de nuestro propio genero, de nuestros cuerpos y libertades sexuales fusionadas de tal manera que contribuyan a la construcción de nuestra subjetividad y empoderamiento, y no para la visualización y/o aprobación de un otro.

Porque en definitiva, podría resultar que las mujeres nos sentimos empoderadas o liberadas a través de las normas y prácticas de belleza las cuales nos oprimen y esclavizan, y no nos damos cuenta de ello.

“La belleza no puede comprenderse sin tomar en cuenta el género, el poder -y agrego la cultura-. (…) El cuerpo de las mujeres en este sentido, expresa precisamente estos efectos de las prácticas y los discursos sobre la feminidad como el que apuntala la propaganda y -otros imaginarios simbólicos y sociales-. Es por ello que Butler rechaza la idea del cuerpo como lo biológico al que se impone la cultura y asume que el cuerpo es el resultado de los efectos del poder productivo. (…)Bordo señala la importancia de considerar la historicidad de las prácticas de belleza para vincular la individualidad a un contexto más amplio de poder y jerarquías de género, pero analizando el complejo y contradictorio trabajo de los discursos acerca del cuerpo, el control y la feminidad. Bordo muestra porqué las mujeres son especialmente susceptibles a los señuelos del sistema de belleza. Las prácticas de belleza no son simplemente un artefacto de consumo capitalista, de la feminización de la cultura o de las contradicciones de la modernidad, es central a la reproducción de relaciones de dominación y subordinación, al perpetuar las limitaciones y los efectos disciplinarios de la feminidad” (⁶).

Tenemos que repensar si la libertad sexual en la redes nos empodera o terminamos siendo el fetiche de los varones y funcionales al patriarcado.

La consigna “Mi cuerpo es mío” debería denotar el empoderamiento y el crecimiento personal, un proceso de introspección, de conexión con una misma, de construcción y fortalecimiento del vínculo entre cuerpo, mente y emociones, un vínculo que el patriarcado se ha encargado históricamente de destruir.

Este análisis no pretende ser juzgador, sino promover el cuestionamiento de nuestras propias acciones en la redes, puntualmente, porque como alguna vez planteé, la primera revolución feminista empieza desde adentro.

(*) Responsable del Frente de Mujeres, Diversidades y Disidencias de La Cámpora Jujuy

(¹) y (²) Soledad Muruaga, Ana de Miguel Álvarez. “El cuerpo de las mujeres, la sexualidad patriarcal y sus exponentes actuales: el neoliberalismo sexual y la prostitución”.

(³) Santiago Morcillo et Karina Felitti. “Mi cuerpo es mío”. Debates y disputas de los feminismos argentinos.

(⁴) Donestech. “Redes Sociales en perspectiva de género: Guía para conocer y contrarrestar las violencias de género on-line”.

(⁵) Néstor Martínez Castro. “El Narcisismo… Freud y Lacan”.

(⁶) Elsa Muñiz. “Pensar el cuerpo de las mujeres: cuerpo, belleza y feminidad. Una necesaria mirada feminista”.

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