Educación Provincia de Buenos Aires
Ante la conmoción, racionalidad
En los 90, a quienes nos tocó en parte transitar la educación secundaria en un país que sufrió dos atentados terroristas, el ataque a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994 —existía incluso, antes de eso—, que en las escuelas del país en aquella época recibían llamadas con amenazas de bomba que llevaba inmediatamente al desalojo de la institución y suspensión de clases. La reiteración trajo una respuesta más racional y efectiva que la del temor que paraliza, y se buscó la forma de controlar la situación —resguardando la integridad de la comunidad educativa— pero sin suspensión de clases. Se analizó que se estaba frente a una decisión estudiantil que buscaba la suspensión de la jornada de aprendizaje y no una amenaza cierta.
El presente indica que ante mensajes en las escuelas de posibles “tiroteos”, deba pensarse siempre actuar con racionalidad. Si esos mensajes comienzan por redes, se manifiestan en pintadas y escrituras en espacios como baños escolares, están buscando una visualización que recobre interés e impacto. La mejor respuesta no es darle mayor difusión, ni judicializar esos actos dando paso al punitivismo y el impacto que se busca. De ahí el error que a la viralización se le aporte masividad mediática con aparición de responsables escolares, inspectores que reproducen y generan multiplicación del mensaje. Se sabe, los medios de comunicación comerciales son la caja de resonancia que lejos de aplacar la conmoción, la amplifica.
La apuesta al caos y pánico mediático ahogan la razonabilidad.
Desde fines de los noventa, principios del 2.000, en las escuelas secundarias se ha establecido la importancia de lo que se denominaban ECI (Espacios Curriculares Institucionales), donde las escuelas elegían orientar los contenidos de estudio al comportamiento mediático. Desde el año 2.000 siendo periodista ingresé como trabajador de la Educación formando parte de los ECI en Comunicación y Multimedios. Espacio que intentó construir ciudadanía sobre el alcance de los monopolios mediáticos, de la construcción de sentido que los medios comerciales tienen sobre la sociedad. Luego, la secundaria bonaerense —con buen tino— creo las materias específicas de la orientación en Comunicación.
Claro que eso no garantiza nada. Porque de acuerdo a quiénes la dicten podrán tener una mirada crítica o complaciente de la comunicación comercial. Incluso repetir esa misma mirada en las producciones escolares. Pero estamos quienes entendemos antes y luego de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que la comunicación debe ser pensada en las escuelas como derecho humano y no como derecho comercial. Algún lector preguntará, ¿qué tiene que ver esto con lo que está sucediendo en las escuelas y los mensajes de violencia? Pues la respuesta es su abordaje. Ciertos hechos que suceden en la institución escolar no trascienden las paredes de la escuela. Por una clara decisión del cuidado y no reproducir situaciones donde están involucrados adolescentes y trabajadores de la educación, que son resueltos dentro del ámbito escolar.
Si la situación que comienza como una multiplicación a través de redes por parte de pibes, estudiantes, que busca motivar pintadas que generen el impacto deseado y a eso se responde desde las instituciones con mayor alarmismo y difusión mediática, judicialización, el camino es incorrecto. Hace tiempo nos enseñaba Stella Martini que “dos problemas graves acechan a la noticia”, en Periodismo, noticia, y noticiabilidad y enumeraba: “su oferta y circulación como cualquier mercancía, y en relación directa, su espectacularización, que desplazan el eje de relevancia y trivializan el interés público”. Esto último es lo que está pasando repercusión y cabalgata de autoridades educativas, inspectores, en medios comerciales realimentando el tema.
“La información en periodismo se entiende como bien social y no como un producto”, estableciendo que la responsabilidad social del periodista es “no solamente, ante ésos que controlan los medios sino principalmente, ante el público” (Código de Ética: UNESCO. 1983. Principio III). Y lo ocurrido aquí es que el tratamiento —incuso con intervenciones de autoridades en notas periodísticas— lejos estuvo de frenar la conmoción social, sino que la despertó. “Es posible que los estudiantes por unos días no concurran con sus mochilas”; “estará la policía fuera de los establecimientos educativos”; “fueron realizadas las denuncias escolares en sede judicial”. Fueron algunas de las frases que —al mismo tiempo— reglón seguido, recalcaban que deseaban llevar tranquilidad.
Denuncias judiciales de autoridades de escuelas y procedimiento policial.
El proceso pedagógico para que realmente pueda llevarse adelante en una institución educativa amerita en principio un vínculo de confianza que se teje en la escuela en pos del aprendizaje. Si ese vínculo se daña porque reina la conmoción, no hay racionalidad y comienza como normativa general a establecerse protocolos que se implementan y que son restrictivos del acto educativo, como que los estudiantes asistan “sin mochilas”, como “restricción de espacios”, y con trabajadores por un lado que reclaman que las escuelas sean territorio de paz y al mismo tiempo se promueve la judicialización, la vigilancia de personal policial, estamos en un camino equivocado y contradictorio.
Nos dice el libro Nota [N] Roja. La vibrante historia de un género y una nueva manera de informar que “ahora más que nunca el mensaje de los medios se revela como un factor que puede ayudar a entender mejor las tragedias, o contribuir al desconcierto y acrecentar los alarmismos sociales” (Klahr, Barata, 2009: 86). A ese alarmismo social al que apelan desde medios comerciales realizando infoentretenimiento sobre el tema, se suma una mirada de protocolos en escuelas que parecen haber sido redactados sumidos por la conmoción y no por la racionalidad.
Y aquí lo que ocurrió es que no ha sido solamente la multiplicación mediática la que incrementó el alarmismo sino el mensaje de las propias autoridades. Las escuelas, deben aprovechar —cada trabajador debe hacerlo—, para hablar francamente con sus estudiantes al respecto. Y no un único mensaje que busque decirles: “pórtate bien porque de lo contrario serás sancionado”, que no tendría como enseñanza más que hacerles saber que hay límites —que está bien que se les informe de ellos—, pero que amerita abordar en profundidad que el suceso trágico ocurrido el 30 de marzo en la escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde un alumno de 15 años armado con una escopeta asesinó a Ian Cabrera, estudiante de 13 años, no puede ser utilizado para reiterar mensajes que alienten un alarmismo, genere un caos escolar, como forma de divertimento.
Las distintas edades que tienen estudiantes del secundario hace que cada trabajador de la Educación aborde el tema de acuerdo a lo que pueda decir, elaborando una comunicación directa y franca entendible donde ellos puedan comprender el mensaje y hablar con sinceridad del tema. Sin dudas es la oportunidad para conectar —en un mundo que tiende cada vez más a una conexión desconectada con el otro— revitalizar los lazos sociales que en nuestro país están rotos. Y esos mensajes que viralizan, que reproduce cierta pibada en escrituras en las instituciones educativas, afectan a la escuela y los afecta a ellos mismos. Porque son los estudiantes donde en la escuela comienzan a establecer toda una vida en comunidad, para luego convivir en sociedad.
Cualquiera de nosotros aprendió a convivir en sociedad en la escuela. Romper ese tejido escolar —con todo lo que ya está destruyendo el topo que nos gobierna—, es la antesala a un individualismo sin límites. Ese es el mensaje que debe prevalecer por parte de las y los trabajadores en las escuelas. Sin salidas punitivas, ni pedidos de requisas innecesarias que rompan la confianza entre unos y otros. Lazo social, lazo escolar, que es el principal para llevar adelante y garantizar el acto de enseñanza-aprendizaje.
Si se cree que cada estudiante debe dejar la mochila en su casa porque en ellas pueden traer armas, el mensaje general que se está dando es que todos son sospechosos. Y si hay sospecha, hay miedo. Si hay miedo no hay posibilidad de acto pedagógico alguno ni racionalidad en la medida adoptada. Y la desconfianza se incrementa y el vínculo que debe existir para que el proceso de enseñanza-aprendizaje pueda ser posible se rompe. No saberlo, es haber actuado con un protocolo punitivo.
Protocolos del miedo que generan restricciones y pánico.
Lara Klahr y Francesc Barata en Nota [N] Roja. La vibrante historia de un género y una nueva manera de informar nos dicen que “el alarmismo produce respuestas emocionales de la audiencia e inhibe a la reflexión, con lo cual desvirtúa la función de los medios noticiosos como instrumentos para la consecución del derecho a la información”, y advierten que “una sociedad alarmada siempre es útil a intereses distintos del bien común”. Y acá no debe escaparse en el análisis que la pareja de hermanos gobernantes del país son partidarios no del bien común, sino del individualismo extremo. Y estos mensajes alarmantes favorecen la idea de que la escuela es peligrosa. Por lo tanto, les hacen un favor grande a partidarios del homeschooling (educación en el hogar), idea que Milei tiene y ha expresado en campaña. Que los chicos estudien en su casa y después haya evaluadoras privadas, empresas privadas de evaluación que certifiquen sus estudios.
“Las tragedias humanas, los accidentes, los desastres naturales y los casos criminales son materia prima predilecta del infoentretenimiento, cuyo abordaje es alarmista, banalizante, estigmatizante, reduccionista y descontextualizante”, señalan los autores Lara Klahr y Francesc Barata. Y que “para traer audiencias, los escenarios de conflicto y sufrimiento humano son presentados en las noticias con un toque de expectación, como si se tratara de competencias deportivas, talk shows o historias de ficción”, algo que está claro debemos evitar quienes entendemos a la información y comunicación sin fines comerciales y como derecho humano esencial.
Ante lo que está ocurriendo debería tenerse en cuenta al abordarse el tema en las escuelas protocolarmente y mediáticamente:
- Privilegiar el respeto de la persona humana y de sus garantías constitucionales. Para ello la restricción producto de la conmoción no es buena plasmarla en un protocolo, donde la sospecha recaiga sobre todos los estudiantes y sus pertenencias.
- La presunción de inocencia, se da cuenta de cómo en el fragor de la producción de la noticia se recurre a modos de presentación o referencia a personas sospechadas o acusadas como si en verdad fueran culpables, lesionando el principio de presunción de inocencia, reforzada la sospecha generalizada hacia los estudiantes cuando se establece en un protocolo que concurran a la institución sin “sus mochilas”.
- Se debe recordar y enumerar que la presunción de inocencia está establecida por el artículo 18 de la Constitución Nacional, el artículo 11.1 de la Declaración Universal de los derechos humanos, el artículo XXVI de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del hombre, el artículo 8.2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el 14.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
- Privilegiar un tratamiento contextualizado y respetuoso que evite la criminalización de niñas, niños y adolescentes. Se debe saber que, en materias afines a la orientación en Comunicación —puede observarse, algunos lo enseñamos en la escuela—, que el tratamiento mediático muestra un sobredimensionamiento de noticias en las que niñas/os y adolescentes se construyen como victimarios de distintos delitos. Ubica a los medios de comunicación como significativos productores y difusores de imaginarios criminalizantes de la población juvenil. Las autoridades escolares, funcionarios de la Educación, inspectores, ¿abonan a la ya existente construcción del sentido mediático comercial como se escuchó o bregan por una postura defensora de los derechos humanos?
- Contextualizar los hechos que involucran a niñas, niños y adolescentes como parte de una problemática social más amplio. Se entiende por contextualizar, la reposición de información que inscriba el hecho dentro del marco histórico y social que atraviesa el caso noticiado. “Estos acontecimientos no se inscriben en el vacío o son una irrupción sorprendente del malestar, sino que deben pensarse como emergentes de una situación extremadamente crítica de las sociedades actuales y en particular de nuestro país”, nos dice un documento de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), más que oportuno.
Quien escribe, nadando al revés en un sistema educativo que muchas veces reproduce injusticias sociales, es partidario y crítico de la conmoción y mediatización abonada que se hizo del tema. La escuela es el único ámbito de aprendizaje social por excelencia y eso lo aprendimos mejor cuando la pandemia nos quitó ese encuentro. La institución escolar puede servir para quienes no creemos en la falsa libertad que propone el oficialismo nacional y de ahí que no la reproducimos en el aula y apostamos a seguir pensando en lo que el gran pedagogo Paulo Freire nos enseña en Pedagogía del oprimido que “la liberación auténtica, que es la humanización en proceso, no es una cosa que se deposita en los hombres. No es una palabra más, hueca, mitificante. Es praxis, que implica la acción y la reflexión de los hombres sobre el mundo para transformarlo (1970:83).
Freire también nos enseñó que se puede enseñar para la sumisión o para la liberación. En las medidas que se tomen si son punitivistas, restrictivas de espacios o pertenencias personales de cada estudiante, como lo es su mochila, construimos también una enseñanza. Con un protocolo que puede atacar derechos y garantías o puede buscar una forma inteligente de abordaje integral solidario. Como nos dice la CPM, “cuando acontece un problema social grave que tiene múltiples y complejas raíces, y la única respuesta que imaginamos y concretamos es la punitiva, sepamos que esto no conducirá a su resolución sino a su agravamiento. Esperamos y reclamamos respuestas claras y no espasmódicas que seguirán acumulando y generando malestar y sufrimiento”.
Sigamos conectados. Recibí las notas por correo.