Educación

Lo punitivo no puede ser la respuesta escolar

Ante la conmoción, racionalidad, fue el título de la nota que Revista Kranear publicó referida a la reacción de las escuelas ante los mensajes de amenazas de “tiroteo”, que aparecieron en baños de escuelas que trajo como respuesta protocolos que restringieron derechos de estudiantes con la sospecha generalizada sobre sus mochilas. La palabra de Julián Axat, poeta y hombre del Derecho, y de Gabriel Brener, educador.

El sistema educativo cargó una sospecha generalizada sobre las mochilas de adolescentes y jóvenes de la escuela secundaria. Lo hizo ante el alarmismo tras la serializaciones de mensajes en escuelas secundarias con amenazas de tiroteo. Autoridades de instituciones escolares adoptaron la decisión —inconsulta con estudiantes o centro de estudiantes, que contradictoriamente las escuelas dicen promover para escuchar su voz— de que los estudiantes no lleven mochilas.

De todo eso hablamos acá.

A 50 años de aquella dictadura cívico militar, trabajando en educación, enseñando aquel pasado reciente, sus consecuencias, su objetivo, enseñando también, que aquella violencia institucional que nuestros pibes sufren cuando la policía los requisa —los hace descalzarse en sus requisas, obligándolos, buscando posible droga en sus zapatillas—, esa violencia constante que sufren nuestros pibes de nuestras escuelas es resabio de aquel pasado dictatorial que la policía tiene.

Tema enseñado desde hace muchos años en la escuela —al menos quien escribe, así lo hace— hablándolo y abordándolo con estudiantes, leyendo material específico de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM); trabajando y participando del programa de la subsecretaría de Derechos Humanos bonaerense, Futuro Memoria, o el propio programa Jóvenes y Memoria que la CPM  promueve desde hace muchos años, donde las voces de estudiantes son las protagonistas,  visibilizando en sus producciones la problemática, asociando que si ayer —durante la dictadura— apuntaban contra el joven subversivo hoy lo hacen contra el pibe de visera, capucha.

Por eso, para quienes en la escuela apostamos desde los espacios curriculares —las materias que dictamos— a la construcción de una ciudadanía democrática, ver que la institución escolar ante el pánico teje protocolos absurdos como parche momentáneo, creyendo que la policía en la puerta de la escuela o móviles policiales en las escuelas, incluso algunas promoviendo requisas como control, judicialización, prohibición de mochilas,  como única respuesta inmediata meramente punitiva, llevándose a patadas con lo que la escuela debe promover en sus aulas.

Garantizar la protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes en el ámbito escolar, respetando la igualdad sin discriminación, es lo que cualquier trabajador de la educación debe enseñar. Y los protocolos implementados atentan contra derechos de nuestros pibes. La Ley de Educación Nacional (26.206), la Ley de Educación Provincial (13.688), están por encima de cualquier protocolo punitivo. Y eso no significa no hacerles saber a los estudiantes que hay límites, que existen sanciones, que una amenaza no es broma y eso debe enseñarse. Pero implementar restricciones sin sentido, es absurdo.

Lo que prevaleció como normativa general fue que todos los estudiantes y sus mochilas pasaron a ser sospechosos. ¿Si todo estudiante con mochila es sospechoso de tener ahí un arma para cometer posible delito al no poder llevar las mochilas, es posible que carguen sus armas en la cintura? ¿Si los posibles sospechosos cargan sus armas en sus cinturas, no sería bueno requisarlos? ¿Si la requisa a todos los estudiantes sospechosos puede ser una demora, no sería bueno un detector de armas? ¿Si el detector de armas no llega a detectar las posibles armas de los sospechosos, no será mejor tener un policía para que requise a cada estudiante? ¿Si por cada estudiante es bueno que exista un policía, no será bueno trasladar la escuela a la comisaría? Azuzar buscando despertar del absurdo de la medida, es parte de la racionalidad que debe promoverse.

Michel Foucault decía que la escuela está pensada como una cárcel. Lo que uno observa que mientras intenta llevar adelante el proceso pedagógico de enseñanza-aprendizaje, el sistema educativo se cierra y se sujeta a un pánico, adoptando medidas restrictivas que se llevan a patadas con los derechos. Si lo punitivo es lo que reina en las escuelas, explica también porque Patricia Bullrich tiene buena imagen. No hacer desde los patios de las escuelas un encuentro plural, democrático, asambleario, que nos permita debatir y determinar cuál debe ser el mejor camino a escoger —siempre apostando a garantizar derechos y no restringirlos—, donde la propia escuela resuelva en comunidad el conflicto y no sea el sistema neoliberal que impera que al ver que el patio escolar no se puebla con pibes, trabajadores, el patio que reinará será el Patio Bullrich.

“Cuando la escuela empieza a ser vaciada por el sistema neoliberal empiezan a introducir la hipótesis policial. Esto lo vimos en los ’90 y lo empezamos a ver después del año 2015”, dice Julián Axat ex Defensor de Menores en el Fuero Penal Juvenil de La Plata consultado al respecto. “Cuando la comunidad educativa empieza a ser fragmentada y asediada desde afuera le empiezan a meter policía, delación interna. Hay que fortalecer como educación los lazos educativos entre docentes, no docentes, padres, niños. El gabinete es fundamental”, precisa Julián Axat.

“El sistema de control social se mete dentro de la escuela y lo desarticula, rompe los lazos, los quiebra y genera una guerra de todos contra todos. De miedo. Y el sistema policial sustituye a la comunidad educativa”, analiza Julián Axat que nació en La Plata en agosto de 1976. Hijo de Rodolfo Axat y Ana Inés della Croce, secuestrados desaparecidos el 12 de abril de 1977. Julián se desempeñó en su momento como coordinador del Programa de Acceso Comunitario a la Justicia ATAJO, dependiente del Ministerio Público Fiscal. Como poeta inició su actividad en 1992. Sus trabajos han sido plasmados en diversas revistas nacionales y extranjeras. Su poesía fue traducida al francés, inglés, italiano y portugués. Pero Axat se destaca no solamente por su trabajo con la palabra, sino por su militancia en derechos humanos como hombre de Derecho.

Julián Axat: poeta y hombre del Derecho.

Julián Axat advierte también que a razón de lo que acontece en las escuelas “se está haciendo un control de inteligencia de las redes de los chicos en función de algunos programas que existen de software de control donde hacen inteligencia las personas, donde la respuesta no está en la comunidad educativa sino en infiltrar las redes”. Cuenta sobre un trabajo realizado al respecto hace muchos años, que puede leerse aquí. “Se basa en un cable desclasificado por WikiLeaks, donde en Argentina se utilizó un programa —hace mucho tiempo, más de 10 años— para poder controlar a poblaciones juveniles riesgosas a través de un sistema de inteligencia. Estos softwares los importan de Israel y Estados Unidos. Y acá la policía federal los está utilizando para detectar algoritmos riesgosos entre la población juvenil y ahí infiltrarlos”.

“Me parece importante abordar estas situaciones que están ocurriendo en diferentes escuelas del país y al mismo tiempo como un emergente, como un doloroso momento que está atravesando la sociedad en su conjunto y que los chicos lo están expresando a través de estos avisos que tienen que ver con —posiblemente— un montón de cosas que no estamos pudiendo resolver como adultos en la sociedad”, expresa Gabriel Brener  licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires, especialista en Gestión y Conducción de Sistema Educativo, consultado por quien escribe al respecto.

Gabriel Brener remarca que esto no significa “dejar de responsabilizar a quienes realizan este tipo de amenazas, de pintadas o simplemente este tipo de avisos que pueden verse tanto en las paredes de los baños, en los espejos de los baños o detrás de la puerta de cualquier baño en una escuela.  Porque creo que es muy importante el límite como una manera clara y firme de aprender a vivir con otros y fundamentalmente generar espacios de convivencia democrática en las escuelas”. Pero señala como importante “que al mismo tiempo que se elaboran protocolo que son muy distintos en cada lugar, y que también demuestran que desde la gestión política de la Educación se aborda de muy diferentes maneras, la salida y la respuesta no tiene que ser meramente punitiva”.

En ese sentido, el especialista expresa “que las respuestas no tienen que ser una consecuencia directa de cierta lógica de resolver la coyuntura o de responder a través de los medios con aquello que buena parte de la sociedad quiere escuchar para tranquilizarse momentáneamente”. Brener entiende “que las situaciones violentas que ocurren en las escuelas hay que comprenderlas como parte de un contexto que es el de la sociedad que estamos atravesando en el que imperan un conjunto desmedido de violencias que parten desde la más alta oficialidad pero también están en cualquier ámbito de la sociedad empuñadas por adultos que habitamos la vida cotidiana y que a veces mostramos nuestros límites en cuanto a las falencias en la imposibilidad de escucharnos” .

Gabriel Brener analiza que “ante estas situaciones que se producen en las escuelas tienen que poder resolverse en el marco institucional de la escuela con las herramientas que el sistema educativo posee. Y en ese sentido, ser muy cuidadosos y muy cautos al momento de proponer distintas maneras de abordaje”, indica. Y así “como existen protocolos que permiten detectar y avanzar puntualmente sobre ciertas situaciones que requieren rápida resolución, me parece que lo que está sobresaliendo en estos días es una respuesta meramente circunstancial y punitiva que no colabora en lo que realmente tenemos que pensar y abordar que tiene que ver con un espacio de encuentro, de diálogo entre generaciones dentro de la escuela y por fuera de la escuela”.

Para Brener esta situación amerita “que hay algo para pensar en torno al lugar adulto en nuestra sociedad y no simplemente repartir culpas como si aquello fuera un modo de resolver una situación. Repartimos culpas, castigamos a algunas personas y creemos que está solucionado el problema. Lo fundamental es pensar en el antes, el durante y en el después. De modo tal que este tipo de medidas que aparecen no signifiquen simplemente la intención de apagar un incendio, que a veces, sin darnos cuenta —con ciertas torpezas— apagamos incendios echando combustible”. Sugiere cuidado con la medida que se adopte dado que “algo que parece ser resuelto momentáneamente no es más que el efecto de bola de nieve que después se nos hace imposible de parar. Después nos peguntamos y no sabemos de dónde vino esta enorme bola de nieve”.

Vender noticias, vender violencia. Escuela texto y contexto.

Insiste en “lo fundamental de generar espacios de encuentro, de diálogo sincero en las escuelas”. Por otra parte, Gabriel Brener señala que “hoy normalmente todo se nomina como violencia escolar. Nadie suele nombrar cuando ocurre un hecho violento en la puerta de un comercio, violencia comercial. Sin embargo, cuando pasa algo con nuestros jóvenes dentro o fuera de la escuela —dentro o fuera del horario escolar— enseguida nominamos como violencia escolar. A veces, la violencia escolar es más un término de marketing para vender más noticias en los medios y también para hacer circular sin parar la violencia en las redes, que un intento realmente por resolver los problemas que tenemos de relación de convivencia en las escuelas”.

Hay que entender —analiza Gabriel Brener— que no se trata de violencia escolar, “sino que se trata de que la escuela es un texto en el marco de ciertas condiciones que lo hacen posible. La escuela es un texto que tiene un contexto y ese contexto es de una sociedad que parece tener solo formas punitivas y un nivel de violencia en forma creciente que resulta imparable”, subraya. De ahí su preferencia en decir que “la violencia o las violencias pueden entenderse de muy diferentes maneras”. Y enumera:

  • “Hay violencia hacia la escuela cuando no se provee del presupuesto básico a una escuela, cuando a los docentes se le paga —en este momento— los peores salarios de los últimos veinte años; cuando los docentes no tienen espacios de formación para resolver los problemas que aquejan en estos tiempos a nuestros más pequeños, cuando no se resuelven problemas de subsistencia básicas en las escuelas;
  • cuando las escuelas están claramente sobredemandadas, eso también se puede entenderse como violencia hacia las escuelas”.

Así también, reflexiona Brener, que “se puede pensar que hay violencia en las escuelas porque la frontera que separa a la escuela de su entorno ya no son esos muros que durante mucho tiempo existieron separando a la escuela de su entorno o del contexto. Hoy las paredes que separan a la escuela de su entorno son mucho más permeables. Por lo tanto, eso hace que cosas que pasen por fuera se metan sin pedir permiso. Las peleas que hay en los barrios que circundan las escuelas se metan dentro de las escuelas”, como todo “lo que ocurre en el mundo virtual, en las redes, en Tik Tok, se mete sin permiso en la escuela. Generan problemas que no surgieron en la escuela pero que deben resolverse”.

El especialista en Gestión y Conducción de Sistema Educativo refiere que también existe violencia de la escuela. “Es cierto que hay violencia de la escuela. Muchas veces hay violencia que tiene que ver con los sistemas normativos, con arbitrariedades del mundo adulto en la escuela y también con situaciones violentas que ocurren con muchos chicos que sólo se pretenden resolver a través de la agresión, la amenaza, y la escuela en ese sentido es una oportunidad para poder aprender a dirimir los conflictos a través del diálogo y la concertación y no simplemente del imperio de los impulsos y las agresiones”, describe Brener.

Gabriel Brener es especialista en Educación.

Por eso, prefiere el licenciado en Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires, “decir violencia en la escuela, violencia de la escuela, violencia hacia la escuela y no simplemente quedarnos a remolque de ese término ‘violencia escolar’, que ayuda a seguir etiquetando y estigmatizando a las escuelas”. Gabriel Brener señala que esa estigmatización generalmente recae muy “especialmente en las escuelas públicas. Si uno recorre los medios de comunicación terminan siendo nombradas como naves a la deriva. O estigmatizan a los docentes haciéndolos responsables de situaciones en las escuelas cuando son los docentes —en muchas oportunidades— aquellos que ponen la escucha atenta y la contención sincera a los chicos que no encuentran otros adultos por fuera de la escuela para poder conversar y sentirse acompañados”.

Para Gabriel Brener resulta fundamental “desarmar esa idea de ‘violencia escolar’ que curiosamente pasa a un segundo plano la escuela, porque escolar termina adjetivando la violencia”. Reitera la preferencia en pensar: “Violencia y escuela, violencia en la escuela, violencia hacia la escuela, violencia de la escuela”. Subraya que “el desafío es entender que la escuela es un ámbito clave para la construcción de ciudadanía democrática”.

“Las escuelas al contrario de lo que circunda con la representación que circula cuando se habla de violencia escolar, como territorios de batallas campales, son los lugares más seguros que tiene nuestra sociedad, con todas sus limitaciones, con todos sus problemas, estando sub-dotadas. sobredemandadas, sin embargo. las escuelas —quienes son sus docentes— siguen sosteniendo las trayectorias y las biografías tan difíciles que les toca vivir a los más jóvenes”, recalca Brener.

Para finalizar, el especialista advierte que “la salida no es punitiva. Es fundamental poner límites. A los pibes hay que ponerles los puntos. Pero los límites no tienen que ser algo que clausure, que castigue. Los límites tienen que ser también una oportunidad para aprender hacer las cosas de otro modo. Los límites tienen que servir para abrir y ensayar otras maneras de resolver y dirimir los conflictos”, dice Gabriel Brener que culmina señalando que “esto que está ocurriendo tiene que ser un llamado de atención para que pensemos entre los adultos cómo nos hacemos cargo y garantes de las nuevas generaciones y no estemos mirando para otro lado. Creo que allí hay una gran responsabilidad para poder entender que está ocurriendo en estos días”

author: Fernando Latrille

Fernando Latrille

Licenciado en Periodismo de la Universidad Nacional de Rosario. Técnico superior en Periodismo, egresado del ISET 18 de Rosario. Vive en Villa Ramallo, partido de Ramallo, provincia de Buenos Aires. Como periodista da pelea contra injusticias, falsedades y odios. Libra una batalla en defensa de la libertad de expresión desde el 2018 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Su caso está en instancia de resolución (https://www.cels.org.ar/web/2017/10/%e2%80%8bla-corte-dejo-firme-la-condena-civil-contra-un-periodista/).

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