El Patio de Mabel
El Patio de Mabel tiene un jardín, lleno de plantas y flores, una pileta, y al fondo están la parrilla y la cocina, donde sucede la magia.
Luciano es el dueño y junto con su hija Malena, y un equipo de casi quince personas, manejan este refugio gastronómico donde la propuesta es comer rico, de forma pausada, abundante y con espíritu de hogar, siguiendo el menú propuesto donde lo único que se elige en la carta es la bebida. La sensación es la de estar comiendo en un pueblo rural, donde además de disfrutar de la comida, se disfruta del entorno en un ambiente distendido.
La historia del lugar es muy familiar. Mabel era la madre de Luciano, quien junto con su esposo, Cacho, habían trabajado en gastronomía durante muchos años. Tanto Luciano como Male, nieta de Mabel, disfrutaban de invitar amigos a esa casa y pasar largas jornadas comiendo rico, charlando y disfrutando del jardín. Era algo así como “la casa de todos”, tal como la describe Male.

Así surgió en Luciano la idea de hacer un restorán a puertas cerradas en la casa de su infancia, pero antes de poder materializar esa idea junto a su madre, ella falleció. Unos años después Luciano le propuso a su hija encarar juntos ese proyecto y rendirle homenaje a Mabel, tanto desde el nombre del lugar, como en la propuesta del menú y en la idea de abrir las puertas de su casa a quien quiera compartir un momento entre amigos o familiares.
El Patio de Mabel está emplazado en una casona ubicada en una zona tranquila, de casas bajas, poco tránsito y espíritu futbolero. Argentinos Juniors (CAAJ) y el Diego están muy presentes en la estética del lugar, tanto por el fanatismo de su dueño y familia, como por una historia personal con el club. Cacho y Mabel gestionaron, hace muchos años, el buffet del CAAJ, y ese enlace entre la pasión futbolera y la gastronomía son parte de la identidad de este espacio.

El Patio abre sólo los fines de semana: viernes a la noche, sábados, mediodía y noche, y domingos al mediodía. La propuesta gastronómica es un menú por pasos con asado, pero también tienen una opción vegetariana. Además, dos jueves al mes hay una opción más distendida (todavía más), con lonas sobre el pasto y un menú de pizza, sánguches y vermut, para escuchar vinilos y relajar con amigos.
El menú por pasos incluye una entrada de chorizo, morcilla y una ensalada sin pretensiones pero con ingredientes frescos. El chorizo merece reconocimiento aparte. Después viene el costillar, bien carnoso y con huesos grandes para ”pellizcar”, que sale acompañado por unas papitas crocantes. Para mí la estrella es el vacío súper tierno que se sirve con zapallo al plomo. El costo incluye una bebida por persona y el postre, que es un flan casero con dulce de leche, y sin crema. “Porque el flan es con dulce de leche”, explicó Luciano.

Muy recomendable aprovechar los meses más cálidos para ir de noche y los más frescos para ir de día y disfrutar del sol que baña todo el jardín. Sólo se puede ir con reserva previa, en cualquiera de los días que abren. La dirección se comparte una vez confirmada la reserva. Es clave ir con tiempo y hambre.
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