El que sabía escuchar
'Hay algo peor que la angustia de la página en blanco. Algo peor que no tener ninguna historia que contar: es haber oído demasiadas y no poder olvidarlas'.
Fabián Polosecki
La única vez que Polo decidió no emitir algo de lo filmado para El otro lado (ATC, 1993-1994) fue en el programa dedicado a los trenes. Polo se reunió con su hermano Claudio, productor ejecutivo del ciclo, y le dijo que la parte de la entrevista en donde el maquinista contaba dónde se mataba la gente no saldría al aire. “Es un manual de instrucciones para suicidas”, explicó. Polo murió un 3 de diciembre de 1996 a sus 32 años. Se tiró a las vías del tren en la estación Santos Lugares, el lugar señalado por el maquinista.
“Cuando uno viaja en tren quizá no piense tanto en el lugar adonde va, sino en los sitios a los que no puede llegar. Los trenes, como las historias, parten de un lugar preciso con un destino incierto. El viaje dura hasta que uno decide bajarse. Pero siempre queda la sensación de que las cosas continúan más allá de esa estación. Y que siempre se pierde algo, quizá lo mejor. El resto de la historia. El final del viaje…”, dice Polo en aquella emisión de El otro lado llamada Estación terminal.
Fabián Polosecki revolucionó el periodismo televisivo y construyó una obra en el ruidoso páramo de la TV farandulera de los noventa. Durante dos temporadas de sus programas El otro lado (1993-1994) y El visitante (1995) narró las historias de las calles de la ciudad. Polo entrevistaba a trabajadores comunes, vendedores ambulantes, personas privadas de su libertad, videntes, corredores de bolsa, canas, cuidadores de museo, maquinistas de tren, empleadas domésticas, camioneros, kioskeros, prostitutas, buscadores de oro en las cloacas, jugadores compulsivos.
El otro lado y El visitante, fueron los dos programas que dirigió en privatizada ATC de los 90.
Polo tenía una convicción: “Estamos cansados de los que hacen tele y reciben a la gente de la tele para hablar de la tele en un estudio que parece el living de su casa. Hay que sacar las cámaras afuera porque hay otro mundo, hay gente que tiene otras historias”.
El otro lado se presentaba con una estética en la que confluían el comic (Polo admiraba a Oesterheld y a Hugo Pratt), el cine documental, el policial negro y la crónica periodística. En su equipo de trabajo había profesionales que venían de la gráfica, como él, escritores y periodistas de investigación como Pablo de Santis y Ricardo Patán Ragendorfer; también realizadores que se destacaron como Daniel Lazslo y Diego Lublinsky. Cada entrega es una pieza de orfebrería audiovisual perfecta. Las entrevistas de Polo, los textos recitados, la música y los planos cinematográficos logran belleza y atmósferas envolventes, magnéticas.
Polo entrevistaba con sincera curiosidad. Con respeto, sensibilidad y escucha. Sin cancherismos, sin poses, sin frivolidad, sin especular. “A veces creo que siempre pregunto lo mismo y que me contestan básicamente lo mismo. Porque creo que, al fin de cuentas, casi siempre es lo mismo lo que nos preocupa a todos. Las buenas historias siempre tienen que ver con el amor, la muerte, el deseo o el miedo”, decía él.
No le gustaba el nombre El otro lado. El título fue una discusión perdida con el canal. “En todo caso es el otro lado de la apariencia burguesa”, dijo a Página12 en el 93. “Yo no creo que haya otro lado. Hay miles de otros lados. Si se quiere, ese otro lado es lo que no suele aparecer, lo que no se quiere ver: que estamos en el mismo lugar, que pensamos muchas veces lo mismo. La sociedad tiene un discurso aparente que intenta dividir. Pero es este lado, es el vecino”.
En 1994, en el marco del Festival Latinoamericano de Video, Polo participó en una mesa de trabajo donde reflexionó sobre su oficio ante una gran audiencia. Allí relató que, desde su primera incursión en la televisión, comprendió cuál sería su vínculo con el medio y, especialmente, con la cámara. Todo comenzó en 1992, durante su primer casting para desempeñarse como cronista en Rebelde sin pausa, el programa conducido por Roberto Pettinato en ATC. Polo recordó aquel momento con humor: “Estábamos en la calle, me dieron el micrófono, se prendió la luz de la cámara y me quedé callado, presa del terror”. Sin embargo, al notar que el entrevistado fluía con naturalidad, comprendió que “la cosa podía no ser tan complicada”. Su desempeño fue tal que no solo resultó seleccionado, sino que, apenas un mes después, las autoridades del canal lo convocaron para ofrecerle un programa propio.

El Polo, un adelantado del periodismo narrativo.
En aquella ponencia, Polo habló de verdad poética y una premisa: lo extraordinario respira en lo cotidiano. También reveló algo interesante sobre su proceso creativo. Después de filmar una hora y pico de entrevistas, desgrababan completamente el material y realizaban un texto. Quedaba un gran fajo de hojas que subrayaban minuciosamente en busca del carozo de la historia. Polo hacía literatura, más precisamente, periodismo narrativo, un género hasta entonces inédito en la televisión. Y aunque hubo varios intentos posteriores por replicar su estilo, nunca nadie lo logró.
Muchos de sus programas están disponibles en la página Archivo Polosecki; en Youtube siguen sumando visualizaciones y comentarios. Polo, el buscador, la biografía escrita por Hugo Montero e Ignacio Portela, fue publicada originalmente en 2010 y reeditada varias veces. A través de un exhaustivo archivo y testimonios de familiares, amigos y colegas, el libro construye un relato coral imprescindible para profundizar en su vida y obra.
Asimismo, resulta fundamental ver —volver a ver— La vereda de la sombra (2005), el documental dirigido por Gustavo Alonso con música de Fernando Samalea. El film contó con un equipo de destacados profesionales como David Coco Blaustein, Virginia Croatto y Laura Itchart. En esta edición 2026 del BAFICI se proyectará dentro de la sección 'Rescates'.
Antes de incursionar en la tele, Polo se dedicaba a la historieta y trabajaba en redacciones donde todavía había máquinas de escribir Olivetti y Remington. Sus intervenciones gráficas en diarios y revistas de la época se pueden rastrear en el brillante Archivo Histórico de Revistas Argentinas. Escribía sobre cine, teatro, música. Polo también había militado en la Federación Juvenil Comunista, fue un referente estudiantil a fines de la dictadura. Estudió Sociología y le gustaba la literatura. Consideraba que su labor periodística era su modo de hacer política.
“¿Cuándo fue que empecé a viajar ¿Cuándo fue que elegí un rumbo? ¿Cuándo fue que decidí quedarme? ¿Cuándo fue que dejé de ser un visitante?”, pregunta Polo en último programa de El visitante, en el Delta del Tigre, en diciembre de 1995. Al poco tiempo se fue a vivir a la isla, se alojó en la casa de un lugareño llamado Eduardo Hernández, un instructor de artes marciales que vivía a orillas del Arroyo Abra Vieja; el mismo arroyo donde se esparcieron las cenizas de Roberto Arlt, cumpliendo con su voluntad. Hernández —a quien Polo llamaba 'maestro' y lo presentaba como a su 'socio'— empezó a cobrar un protagonismo importante en su vida. Según relatan sus biógrafos, en paralelo a este nuevo vínculo, se intensificaron en él comportamientos inusuales que lo mantuvieron lejos de sus afectos más cercanos.
“A mí me gusta escuchar, me parece que el día tiene 24 horas de inteligente silencio y hay que saber interrumpirlo con algo que pueda mejorarlo. Y no se logra casi nunca”, dijo Polo a la revista Sin cortes en octubre de 1993.

El documental dirigido por Gustavo Alonso, con música de Fernando Samalea, se proyectará en el Bacifi.
Escuchar, la importancia de escuchar en medio de tanto ruido. Revisitar su obra es enfrentarse a una radiografía cruda de los noventa pero también es reconocer la circularidad de nuestra historia. Ese archivo nos habla del presente. Al igual que en aquel tiempo, hoy asistimos a un odio renovado contra todo lo que escapa al mandato del mercado. El neoliberalismo rompe los lazos de solidaridad y anula la conversación con el otro. El neoliberalismo es una guerra contra la sensibilidad.
Polosecki sabía escuchar, sabía mirar. Esa era su ofensiva sensible.
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