Medios Política Mundial 2026

Ensayo general para la farsa actual

Seis preguntas sobre la millonaria operación en redes sociales contra Messi, la Selección Nacional y nuestro país.

Esto no es una investigación. Para que una investigación sea completa, debe incluir quién y por qué. Para esas dos preguntas cruciales no tengo respuesta. Pero intentaré encadenar una serie de hechos que construyeron la idea de la Argentina racista y sionista, montada sobre algunos hechos reales, otros falsos y verdades a medias. Sobre esta idea, se ejecutó una operación mediática a través de las redes sociales, que fue impulsada y financiada. Lo curioso, es que todas las veces que se intensificó esa operación contra Argentina, fue durante episodios ligados al fútbol.

1) ¿Qué es una operación?

Hay algo indiscutible: lo que se vivió la última semana en redes sociales fue una operación diseñada con fines específicos. Un grupo de personas, que pueden pertenecer o no a un gobierno, una corporación o a cualquier poder supranacional, contrató a una o más empresas durante el mundial para diseñar una serie de mensajes que se publicaron en redes sociales, a través de cuentas creadas por esas mismas empresas y se amplificaron con publicidad paga.

Esta vez, en Twitter se hizo más evidente que nunca, porque debajo de esos tuits decía “boost”.

Quienes diseñaron esos mensajes, que contenían la doble idea de que Argentina es racista y sionista, saben que tocan emocionalidades en las personas, que en algún momento van a prender a la operación y formar parte respondiendo y replicando mensajes, la mayoría de ellas sin saber que son parte de esta. Los tiempos, los momentos, las repuestas, todo está coordinado. Estas empresas cuentan con paquetes de millones de datos y perfiles de las personas, de modo que pueden direccionar mensajes específicos a públicos específicos, proyectando cómo va a reaccionar cada uno y cuál es el paso a seguir.

Cuando la operación ya forma parte del debate público en redes sociales, la empresa solo debe volver a ingresar periódicamente a través de sus perfiles falsos y satélites locales para redireccionar la discusión, de acuerdo a cómo se desarrolle. Quienes difunden estos mensajes, monetizan sus cuentas verificadas por cantidad de interacciones, de manera que estas operaciones reparten millones de dólares.

La actitud patriótica e impensada de los jugadores de exhibir la bandera de Malvinas, obligó a la empresa a intensificar la operación contra el Seleccionado y Messi, para evitar que se construyera una épica mundial alrededor de ese gesto y que lo replicaran las naciones que tienen territorios ocupados. Tan exitoso fue el impulso, que artistas, influencers, políticos y periodistas españoles, se montaron sobre la narrativa de palestina para castigar al pueblo argentino por “sionista”, en vez de tomar como propia la bandera de Malvinas para reclamar Gibraltar, territorio español ocupado ilegalmente por Inglaterra.

Dado que Malvinas fue la mayor búsqueda de Google a nivel mundial entre el miércoles y el jueves de la semana pasada, se lanzó el último tramo de la campaña para evitar que el mensaje prendiera en las redes sociales.

El aumento de la intensidad de la campaña (o boost, para replicar el término de Twitter) duró exactamente cinco días, entre el miércoles de la semifinal con Inglaterra y el lunes después de la final. A la metodología se le llama “rage bait” (anzuelo de ira) porque, según reconoció la propia empresa que posee Facebook e Instagram (Meta) en 2021, las publicaciones que generan odio tienen siete veces más alcance que el resto.

Es decir, mientras más odio, más interacción. Más interacción, más dinero.

A partir de ese momento, los satélites locales comenzaron a construir su propio relato para sacarle el máximo rendimiento posible a la campaña. Indudablemente, el más beneficiado es el gobierno nacional, porque le permite componer la épica de la defensa nacional al tiempo que profundiza su agenda reaccionaria.

2) ¿Cuándo iniciaron las operaciones?

La primera vez que llegó a la Argentina el debate sobre el racismo (impulsado masivamente a través de redes sociales) fue durante el mundial Qatar 2022. La pregunta, que se diseminó rápidamente a través de influencers norteamericanos de Instagram, era por qué en Argentina no hay jugadores negros.

Revista Anfibia levantó el debate y lo hizo girar en los círculos de intelectuales locales.

La discusión, que ya tenía olor a operación por la forma evidentemente financiada en que se había viralizado, se anticipó por pocos días a la canción que se burlaba del origen de los franceses, momento en que el debate alcanzó el pico mediático.

En esos días, el sociólogo argentino Pablo Alabarces publicó una nota titulada “Argentina’s Racism Problem” en la New Lines Magazine, una revista dirigida por un periodista sirio-estadounidense llamado Hassan Hassan, con sede en Washington. La revista pertenece a un think-tank especializado en “política foránea” llamado New Lines Institute for Strategy and Policy.

La cuestión del racismo en Argentina había tenido un episodio hilarante en marzo de ese año, cuando Tomás Rebord bautizó “el africano” a Iván Schargrodsky por un chiste interno, y fue repudiado a través de un artículo de Federico Pita en Página/12 titulado “El racismo no es un chiste”. Tirando de ese hilo que empezó en 2022 con una campaña financiada desde Estados Unidos, Samuel Jackson cerró el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá diciendo que Argentina es el país más racista del mundo.

Luego del mundial, el tema perdió interés, salvo por algunos episodios de racismo en Copa Libertadores, entre argentinos y brasileros. Una semilla quedó, porque en este periodo el odio y el rencor de las hinchadas latinoamericanas contra las hinchadas argentinas creció exageradamente, del mismo modo que las sanciones de CONMEBOL sobre el público argentino.

No obstante, volvió con un gran impulso durante la Copa América 2024 disputada en Estados Unidos, y bajo la misma forma que había adoptado en Qatar: ¿por qué en Argentina no hay jugadores negros?

Cuando Argentina empezó a acercarse a las instancias finales, la temática se intensificó y se multiplicaron los influencers negros norteamericanos acusando a Argentina de eliminar la descendencia africana. La operación alcanzó niveles tan altos que algunos influencers norteamericanos viajaron a nuestro país y se filmaron caminando por Buenos Aires, señalando a toda persona no-negra que pasaba a su lado.

La malvinización de los jugadores fue tendencia global en redes y medios tradicionales.

Así como sucedió durante el mundial que finalizó hace solo unos días (lo veremos más adelante), la campaña se fue impulsando a medida que Argentina avanzaba de ronda, alcanzando el pico antes de la final contra Colombia, una selección con un porcentaje mayoritario de jugadores negros.

Una vez lanzada la operación, el mensaje genera su propia “cadena de equivalencias”. El conflicto principal de la actualidad en Europa es la cuestión Israel-Palestina, porque ese mismo debate encierra uno más profundo: la inmigración musulmana y la nueva identidad de los nacionalismos europeos. Por eso en Europa se amplificó la relación entre Argentina y el sionismo y, montados sobre ese mensaje, se expresó la progresía pro-Palestina, incluida la cuenta oficial de la “Flotilla”.

En Estados Unidos, ese mensaje no prende demasiado, porque el activismo pro-palestino es más marginal. El que sí prende es el conflicto racial, histórico de Estados Unidos, por ello durante el mundial se volvió a activar la pregunta: ¿Por qué en Argentina no hay jugadores negros? Ese mensaje hizo pie no solo en Estados Unidos, sino en todos los países de América Latina.

3) ¿Cómo se desarrolló en el último mundial? 

Lo que vemos en el gráfico es lo que normalmente en publicidad digital llamamos “implementación y optimización” de una campaña. El gráfico toma tanto las menciones pagas como las orgánicas; pero a su vez demuestra cómo las pagas impulsan a las orgánicas.

Se ve cómo, por ejemplo, antes, durante y después del partido con Suiza caen drásticamente hasta volver a alcanzar su pico con Inglaterra. El primer gran “boost” sucedió entre Cabo Verde y Egipto. El equipo egipcio, encabezado por su técnico, al que se le escapó un partido insólito, fue clave para armar la narrativa de las últimas dos semanas, claramente influenciado por lo que ya estaban diciendo los medios después del partido con Cabo Verde.

Está claro que el técnico de Egipto no es un agente internacional, ni mucho menos. La sofisticación de la operación reside justamente en que Hassam se monta sobre la operación por conveniencia propia, pero hablando el lenguaje de un otro que lo sembró en la opinión pública.

Durante el partido, Hossam Hassam hizo el gesto reservado por la FIFA para denunciar discriminación, pero después aclaró que no había sido discriminado, sino robado. Se le mezclaron ambas operaciones al bueno de Hassam. El relato se construyó así: “los argentinos son discriminadores y nadie hace nada porque Messi es el elegido de la FIFA, porque su presidente es sionista y el mundial fue pagado por Israel para que lo gane Argentina. Por eso el árbitro va en contra de una nación musulmana como Egipto”.

Este fue un punto de inflexión, porque a partir de allí se mezclaron los dos puntos que, hasta ese momento, andaban por distintos carriles: la acusación de racista y la acusación de sionista. Durante esas dos semanas, a las redes sociales se sumaron medios tradicionales, seguramente algunos como parte de la operación y otros porque olieron sangre.

La semana previa al partido con Suiza, cuando la posibilidad de un enfrentamiento en semis entre Inglaterra y Argentina ya era concreta, un medio británico publicó una nota titulada “Messionist” (Messi sionista), con una foto de Messi en el Muro de los Lamentos. Los ingleses se preparaban para victimizarse ante un posible mal arbitraje, montados sobre la operación que había dejado picando Hassam y que la revista británica metió en el ángulo.

En ese momento se amplificó la más grande y estúpida teoría conspirativa entre los círculos de intelectuales británicos y europeos pro-palestinos, que alegaba que Messi era un agente del judaísmo internacional, y que todo el mundial era una conspiración para que Israel (Argentina) venciera a Palestina (España) en la final del mundo, tal y como sostuvo el periodista que entrevistó a Javier Bardem después de la final.

El periodista de ascendencia árabe realizó la entrevista con la camiseta de Inglaterra puesta, mientras Bardem llevaba la de España.

El problema de Bardem en esa entrevista fue sostener que “en el ambiente de la final se sentía el peso de Israel y Palestina”, porque se había alimentado de la misma narrativa que el técnico de Egipto: que Israel había comprado el mundial para Argentina. Un “peso en el ambiente” que no debe haber sentido un solo argentino, porque como pueblo nos excede, y porque esconde la idea de que los argentinos solo ganamos con trampa, idea que empezó a circular por la presión europea en Qatar, que prefería que el campeonato lo ganara la Francia multiétnica. Y en ese mismo movimiento, se dieron el lujo de poner en discusión la honestidad moral y futbolística de Lionel Messi, no solo del mejor jugador de toda la historia del fútbol, sino de un deportista impoluto, hasta que lo mancharon.

La cantante española Rosalía fue una de las que mordieron el anzuelo de la operación.

En este sentido, Javier Bardem, Rosalía y otros, fueron víctimas de una operación de la cual formaron parte involuntariamente, pero que fortalecieron estúpidamente por pertenecer a un círculo de intelectualidad artística que repite como a ciegas la narrativa de la socialdemocracia europea, que cree que desde allí puede ganar una batalla ideológica. Si tiramos del hilo, vemos como Bardem, Samuel Jackson, el alcalde de Nueva York, Patti Smith, son hablados desde una operación psicológica (“psyop”) montada por otro en redes sociales.

En estos momentos, mientras dispensamos nuestro odio a España, en las redes españolas se matan entre sí por la representación ideológica de los jugadores de la Selección. Un tuit muy citado pone una foto de Nico Williams y Ferrán Torres festejando el gol con la leyenda:

“España gana su segundo mundial. El gol lo marca Ferrán. La asistencia de Nico Williams. Sus padres huyeron de Ghana, cruzaron a pie el desierto del Sahara e intentaron saltar la valla de Melilla, antes de ser acogidos en Bilbao como refugiados. Esta es mi España, generosa, diversa, ¡enorme!”.

Otra cuenta española, con muchas más interacciones, cita el tuit y responde: “El gol lo marca el hijo de un obrero valenciano pero, por lo que sea, no es una historia lo suficientemente progresista como para ser contada”.

Hoy la Selección Española está tomada por una discusión ideológica entre el progresismo socialdemócrata que tiene una política de puertas abiertas a inmigrantes (Rosalía, Barden) contra el nacionalismo blanco anti inmigratorio representado por VOX, el equivalente de Milei en España.

Ferrán Torres, durante los festejos, lució una gorra con el lema de Trump: “Make España Great Again”, lo que valió que activistas taparan el mural con su cara que había sido pintado el día anterior. Desconozco el motivo, pero tengo la sensación de que hay un intento, por parte de ciertos círculos de intelectuales norteamericanos y europeos, de exportar un conflicto racial y religioso a un país como Argentina que no lo tiene, al menos de forma masiva.

A pesar de la posición del presidente Milei y del gobierno argentino, el conflicto Israel-Palestina no es un conflicto de la sociedad argentina, como tampoco lo es la africanidad y su descendencia. Y en ese rol los medios de comunicación, las redes sociales, y los círculos de intelectuales locales e internacionales son fundamentales.

Sobre la discusión de la argentinidad y la negritud, aporto algo que no leí en ningún análisis sociológico sino en los libros de historia de la escuela primaria. Toda la explicación se resume en lo que nos enseñaron en séptimo grado como “mita” y “yanaconazgo”.

En la zona del Río de la Plata, los esclavos africanos vinieron en menor cantidad y fueron utilizados como servidumbre doméstica, llamada en aquel momento “amos de llaves”. El motivo es estructural y económico: los españoles se llevaban de esta zona, primero los metales preciosos (plata), y luego la hacienda. Para ninguno de los dos casos “sirve” el esclavo africano, porque en la altura se apuna y no tiene experiencia para labrar la tierra.

La esclavitud feroz e imperdonable, en esta zona, fue contra los originarios, que sabían minar la plata en Potosí y alrededores. Esos sistemas esclavistas eran la mita y el yanaconazgo.

La importación de esclavos africanos se masificó en aquellos lugares donde el tipo de cosecha era la plantación, que requiere altas temperaturas como las que hay en África. Las plantaciones de algodón, de caña de azúcar, de caucho, estaban en Brasil, Colombia, Cuba y Estados Unidos. Eso provocó la concentración de miles de negros, que formaron comunidades excluidos de los blancos. Obviamente, son los países que más descendientes de africanos tienen. Eso no pasó en Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y parte de Perú.

Cuando se abolió la libertad de vientres (1813), los hijos de quienes habían sido la servidumbre, comenzaron a integrarse y mezclarse con los criollos, muchos de ellos a alistarse en el ejército porque no tenían otra salida, lo que culmina con la explicación de los negros que fueron a la guerra. Esta última la considero marginal frente a la primera.

¿Qué comparten Argentina, el sur de Perú y Chile? La cordillera, por lo tanto, la altura, el clima y los minerales. Lo contrario que comparten entre sí Colombia, Ecuador y Brasil.

4) ¿Por qué las operaciones se intensificaron durante los mundiales de fútbol?

Acá ingresamos en el terreno de la especulación absoluta, pero la operación tiene todas las características de lo que Giuliano da Empoli llama “ingenieros del caos”, muy popular en los círculos internacionales de derecha como VOX, el movimiento MAGA y obviamente el aparato comunicacional de Milei, cuyo cerebro es Javier Negre, copropietario español de La Derecha Diario.

Da Empoli es múltiples veces citado por Santiago Caputo, que se considera a sí mismo un ingeniero del caos.

La lógica es la siguiente: para sembrar determinado mensaje ideológico en una sociedad es mucho más eficaz generar caos y confusión que lanzarlo directamente, porque cuando se lo lanza directamente es detectado por la sociedad e filtrado de acuerdo a la ideología de cada sector. Durante el caos, la gente siente miedo y angustia, de modo que tiende a ser permeable a adoptar posturas conservadoras, como expulsar a los extranjeros de las universidades.

Lo ejemplifico con este caso, si acaso tuviera alguna relación:

Supongamos que Rosalía hubiera compartido una publicación de Mia Khalifa insultando al ¡presidente de Argentina! en ocasión de una visita a Estados Unidos para cerrar un acuerdo entre Argentina e Israel. ¿Qué efecto habría tenido en la sociedad política argentina? Seguramente el progresismo local, gran parte del peronismo y la izquierda aplaudirían el mensaje de Rosalía, en tanto que los libertarios y el Gobierno Nacional lo hubiera repudiarían.

Ahí están claramente divididas las aguas, de modo que las operaciones ideológicas alcanzan solo a un sector de la grieta.

¿Cuál es la diferencia con el mundial de fútbol? Que todos los argentinos, sin importar la ideología, aman al Seleccionado Nacional. Rosalía se sube a la narrativa europea de Israel vs. Palestina y agrede a la Selección, tal vez dando por cierto que el progresismo, que es su mayoritariamente su público en Argentina, iba a estar de acuerdo, o no iba a molestarle. Pero tocó el corazón de la Patria que, durante el mundial y sobre todo después de la semifinal, son los futbolistas que nos representan.

Si así fuera, la sofisticación de la operación reside en impulsarla en los dos mundiales y la Copa América, porque el efecto del mensaje excede a lo ideológico y toca el nervio de lo nacional.

Alcanzará con ver cómo se comportan durante las próximas participaciones del seleccionado para comprobarlo. Pero, además, logra que personas ideológicamente progresistas repitan un mensaje que necesariamente producirá efectos conservadores en la sociedad afectada.

5) ¿Cuáles son los efectos locales?

Un hecho curioso fue que las cuentas de Twitter libertarias más importantes de nuestro país (GordoDan, TraductorTeAma y otros) tuvieron una actividad extremadamente racista y xenofóbica al comienzo del mundial. “Qué mufa es ser negro” tuiteó Santiago Caputo durante los primeros días. Hubo decenas de posteos en esa dirección.

Milei y el Gordo Dan, tuiteros del gobierno.

Sin embargo, una vez terminado el mundial, cambaron la narrativa y tomaron una pose defensiva y victimista en defensa de la Patria. Un cambio tan brusco, que muchas de esas cuentas comenzaron a borrar sus tuits de hace dos o tres semanas porque hacían demasiado evidente la contradicción.

En forma intencional o no, el caldo de cultivo para que la operación sobre el racismo prendiera de esta forma partió, en buena medida, desde la propia Argentina, tanto por los desbordes reaccionarios de la derecha, como por la importación forzada de categorías y problemáticas europeas de la izquierda local. En tanto que las condiciones para que la relación entre Argentina y el sionismo prendiera partieron del apoyo explícito del presidente al genocidio que Israel está cometiendo en Palestina, los comportamientos de la Cancillería y, previo a la final, el insólito video publicado por altos funcionarios israelíes apoyando a Argentina.

La narrativa quedó servida para un gobierno nacional que es especialista en aprovechar el caos y sacarle el máximo rédito posible. Asumir la defensa nacional desde la agenda conservadora es la situación más simple de resolver para cualquiera que se dedique a hacer comunicación de gobierno.

El presidente retuitea un mensaje que dice: “El kirchnerismo ha sido una pieza fundamental de la campaña anti-argentina: validaron el wokismo que hoy nos acusa de racistas; promovieron la idea de que los jugadores eran desclasados; fomentaron el odio contra Messi; y alimentaron desde la propia Argentina la mentira de que la Selección ganaba gracias a los árbitros y los favores de la FIFA”.

En esa frase de Agustín Laje, profundo ideólogo del conservadurismo libertario, parece resumirse toda la operación a escala local. Como si toda la estupidez que repitieron artistas europeos e influencers yanquis validara la narrativa oficialista.

En tanto que buena parte de ese sector al que señala Laje, acepta la culpa que se le endilga y cancela a la artista española, en una actitud que solo podría producirse en medio del caos. Lo complejo es que el terreno para la cancelación de Rosalía lo preparó la gente que previamente la odiaba, pero lo llevó a cabo la gente que había sacado la entrada.

6) ¿Cuáles son los fines específicos de esta operación y quién la realizó?

No sé. Pero el daño que producirá es incalculable. La victimización direccionada de una nación tiene antecedentes extremadamente peligrosos, y habitualmente se la utiliza previamente a saquearla, política, militar o económicamente.

Dos días después de la final, el micro que llevó a Tigre a darle un baile descomunal a Nacional de Uruguay fue baleado en Montevideo y hay un hincha herido gravemente. Estas escenas se van a tender a repetir, más en ocasión del fútbol.

Un tuit de una mujer chilena que supero largamente las 100 mil vistas, señala: “Nunca me detuve a pensar lo parecidos que son los argentinos con los judíos. Ambos se sienten el pueblo elegido, carecen de autocrítica y son víctimas en el mundo”, como corolario final de la operación ejecutada contra el pueblo argentino.

author: Tiki Scolari

Tiki Scolari

Bostero y Justicialista. Volver a la Patria, agrupación peronista. San Isidro.

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