Cultura Derechos Humanos Militancia
“Las Madres fueron siempre nuestro faro político y poético”
El festival “El movimiento que insiste” llega a la Casa Nuestros Hijos, la Vida y la Esperanza (ex-ESMA) con una programación que reúne danza, teatro y performance, y propone un diálogo entre las prácticas artísticas contemporáneas y el legado de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora. A diez años de la creación de la plataforma artística Doce Veinticuatro, su directora artística, Catalina Lescano, y Sabrina Osowski, coordinadora general de la Casa por parte de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, conversan sobre el lugar del cuerpo en el espacio público, la participación de las nuevas generaciones y los cruces entre memoria, arte y cultura contemporánea.
Doce Veinticuatro nace en 2016, en un contexto político muy particular. ¿Qué necesidad buscaba responder aquella primera experiencia y cómo se llega, diez años después, a trabajar junto a las Madres?
Catalina: A las Madres de Plaza de Mayo no hace falta presentarlas: son las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora. Pero Doce Veinticuatro sí necesita una presentación. Es una plataforma que existe hace diez años y que surge, no casualmente, en 2016, durante el primer año de la presidencia de Mauricio Macri, en un país teñido de amarillo. Veníamos, además, de las persecuciones específicas que se habían producido desde la tragedia de Cromañón por parte de muchos organismos y políticos hacia los centros culturales y, particularmente, hacia las salas de teatro.
En ese momento se produjo algo muy significativo para nosotros: la legitimidad que el pueblo argentino le dio por primera vez a la derecha a través del voto, a cuarenta años del golpe de Estado y llegando a los treinta años de democracia.
Ahí surge Doce Veinticuatro como una respuesta política. Esto es importante entenderlo: es una plataforma de arte contemporáneo, pero que nace como una acción política. Fue una organización para la cual convoqué, durante doce semanas, a veinticuatro artistas. En su mayoría eran dueñas y dueños de salas independientes, pero también había creadores, gestores y docentes, como Lorena Vega, Santiago Gobernori, Matías Feldman y el equipo de Teatro Bravard, quienes estuvieron en la primera edición.
¿El objetivo? Mostrar nuestra potencia colectiva y dejar en claro que, lejos de separarnos, esa situación nos tenía que unir. Ese fue el origen. Diez años más tarde estamos en lo que sentimos que es la cima: trabajar junto a las Madres de Plaza de Mayo, que fueron siempre nuestro faro político y poético; una orientación permanente en el ejercicio y en la búsqueda de la participación política y la performance.
Concretamente, hace dos años tuvimos una edición en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. A partir de ahí entramos en contacto con Sabrina. Desde el Conti nos vincularon institucionalmente con la Madres, un gesto muy generoso de su equipo, más allá de que con Sabrina ya nos conocíamos del ambiente del teatro independiente..
Es importante destacar que ese era el primer año que el Conti funcionaba sin dirección ejecutiva, por lo que fuimos a ocupar y habitar ese lugar como un espacio de enunciación necesario para Doce Veinticuatro. Así comenzó este camino. Llevamos dos años trabajando en esta edición maravillosa que hacemos juntas, llamada “El movimiento que insiste”.
¿Respecto a lo que mencionabas sobre Cromañón, te referís a un aprovechamiento político de la tragedia?
Catalina: Sí. Hubo un aprovechamiento de Cromañón para intentar instalar que la responsabilidad de las negligencias era del sector cultural independiente; de lo contrario, se abría una puerta de responsabilidad estatal demasiado grande. Lo que pasaba en aquel momento era que la Agencia Gubernamental de Control nos perseguía y nos clausuraba por un milímetro de diferencia en el tamaño de una puerta o una ventana, o por un día de vencimiento en un matafuegos. Eso obligó a que la mayoría de las salas independientes empezaran a funcionar de manera clandestina porque los requisitos administrativos eran inalcanzables.
Sabrina y Catalina, organizadoras del festival.
Hubo una doble persecución: la del control técnico constante y la de los distintos gobiernos que nos desfinanciaban, algo que se profundizó a partir de diciembre de 2015. Quiero enfatizar lo del aprovechamiento porque los ataques contra la cultura iban a suceder de todas maneras; no hacía falta Cromañón para que ocurrieran. Fue un gesto muy cínico desde un amparo supuestamente moral, legal y técnico, especialmente para una generación totalmente atravesada por ese dolor, donde muchos teníamos conocidos que fueron víctimas directas. Fue un período sumamente complejo para la cultura de Buenos Aires.
Ustedes ya se conocían del circuito independiente antes de este cruce institucional. ¿Cómo se transformó ese vínculo cuando apareció la posibilidad de trabajar juntas en la Casa?
Sabrina: Sí, nos conocíamos a través de encuentros y cruces de ese mundo y luego de muchos otros mundos, también,
Si bien no hace falta presentar a nuestras Madres, la Casa de las Madres en la ex-ESMA es el lugar exacto donde acontece el festival y desde donde nace esta vinculación.
Es la casa que las Madres recibieron en 2010 y que se fue acondicionando muy de a poco. Desde 2011 funciona allí la Tecnicatura de Música Popular y, a finales de 2023, montamos una muestra permanente junto con el entonces Ministerio de Educación que cuenta la historia de las Madres para poner en movimiento su legado y transmitirlo a las escuelas que nos visitan todos los días.
Junto a Paula Maroni, la directora de la Casa, existió desde el primer momento la voluntad de que ocurrieran muchas cosas en este espacio. Una vez instalada la muestra y arreglada gran parte de la planta alta, empezamos a armar un equipo para diversificar las actividades.
El encuentro con Doce Veinticuatro sucede justamente con ese objetivo: incorporar las artes vivas y visuales, y activar ese legado en todas las direcciones posibles. Convivimos con lo educativo, que transmite la historia a chicos de primaria, secundaria y profesorados, y con estas acciones artísticas que suman nuevos públicos mediante propuestas diversas. Queremos que la Casa sea un lugar de encuentro, pensamiento y acción. Esta alianza responde directamente a esos objetivos primarios.
Diez años después de aquel gesto político de 2016, ¿qué significa hoy convocar a las generaciones más jóvenes desde el arte y desde un espacio como la Casa de las Madres?
Catalina: Para nosotros esto es vital. Nos dimos cuenta de que el gesto político que hicimos en 2016 en un lugar sin habilitación, ese impulso punk en la escena independiente donde lo más disruptivo terminó siendo institucionalizarnos y posicionarnos fuerte junto a nuestros pares, cobraba un nuevo sentido diez años después.
Entender ese recorrido nos exige hacernos cargo de nuestra responsabilidad como artistas y convocar a las generaciones más jóvenes a posicionarse políticamente.
¿Y cuál es el gesto punk hoy?
Catalina: Cuidar las instituciones, resguardar la memoria y reivindicar la democracia. En el contexto actual, vemos a generaciones jóvenes acercarse al teatro para resistir con el cuerpo, entendiendo el arte y el cuerpo como territorios de memoria.
Como directora artística del festival, noté desde las residencias de creación situadas que hicimos en el predio de la ex-ESMA que muchos de los jóvenes que se sumaban ni siquiera habían corrido de la policía en 2001. Había mucha historia por transmitir y traducir en estrategias escénicas.
Un gesto punk hoy: cuidar las instituciones.
Esta apuesta se pensó minuciosamente en conversación constante con Sabrina, en representación de la Casa, planteándonos cómo transmitir este legado hoy. Queremos ser un canal de esta memoria. Para lograrlo, primero hay que convocarlos a que se apropien del espacio, que se tomen un colectivo, lleguen a Av. del Libertador 8151 y entren a un lugar cargado de información.
El predio en general tiene historias muy densas, pero la Casa es un faro de luz en medio de ese territorio donde también conviven el Equipo Argentino de Antropología Forense y el museo sitio de memoria.
Sabrina: Hay una necesidad imperiosa de recuperar la ronda de las Madres como el acto urgente y peligroso que fue en plena dictadura, alejándonos de su mera repetición protocolar. Crecimos viendo a las Madres dar la vuelta a la pirámide y parecía algo natural; asumíamos que iban todos los jueves y admirábamos su permanencia. Pero al recordar el peligro real que corrían, la emoción y la urgencia cambian.
La Casa está llena de material fotográfico, archivos y objetos personales. Hay una foto en la muestra que es mi favorita: se las ve corriendo con sus tacos y sus carteras, evidentemente echadas de la plaza por la policía, irrumpiendo en la escena pública unidas unas con otras, mientras el resto de la ciudad muestra a hombres quietos en la vereda.
Catalina: Esa imagen emociona y hace que el movimiento que plantea este festival recupere la urgencia original. Ser la sede de todo esto condiciona, conmueve y contextualiza las obras. Como decía Taty Almeida: “Si nosotras pudimos, ustedes también van a poder”. Somos una generación que tiene mucho que aprender de esa premisa.
El cuerpo aparece como uno de los grandes territorios de esta propuesta. ¿Qué permite pensar o hacer el cuerpo que no podría hacer solamente la palabra?
Sabrina: Exacto. El último sábado decidí sumarme como participante en los talleres para experimentar el espacio desde adentro y es algo que realmente moviliza; me la pasé llorando.
En ese encuentro con otras personas, en el cruce de lenguajes y propuestas, ves que alguien que asistió al laboratorio de Danzas Afro se queda al bloque siguiente, o que el público que vino por la residencia de Jorge Thefs se cruza con el taller del Grupo NEEELI. Se generan cruces de ámbitos muy diversos gracias al magnetismo de la Casa.
El encuentro hoy en día es un gesto pequeño, pero lo es todo. Es un abrazo colectivo para ver qué podemos construir después. Necesitamos espacios que nos alberguen y nos alojen; un lugar donde caminar del brazo de desconocidas y emocionarnos juntos, que es justamente lo que propone Jorge en su residencia.
Catalina: A lo largo de las jornadas del festival, esa energía se fue acumulando. Por eso invitamos al público a que venga y se quede a experimentar varias propuestas, porque ahí van a encontrar aire, novedad y trinchera. Es la hermosa locura de poner en escena una Kiki Session de ballroom que recupere frases de Taty Almeida. Esas yuxtaposiciones generan un refugio de diversión, militancia y “joda”, como decía la propia Taty.
Para mí, como curadora, este ha sido el desafío más complejo que me he propuesto. La pregunta que debatimos profundamente con el equipo curatorial fue cómo materializar el discurso de la memoria en el cuerpo y el territorio.

El festival continúa el sábado 3 de octubre.
En lugar de replicar las preguntas de la generación de los desaparecidos, nos propusimos indagar cuáles son nuestras preguntas hoy, cuáles son las dudas de sus hijos y cómo nos posicionamos frente al contexto histórico actual. Al trasladar las investigaciones de estos artistas a la Casa, las obras se reorganizan y se ven inevitablemente afectadas por el entorno.
¿Cómo se traduce esa conversación entre las obras, el territorio y el legado de las Madres en la programación concreta del festival?
Catalina: Converso muchísimo con los artistas durante los procesos. Un punto muy concreto es el trabajo sobre la composición de las orishas, que aborda la diáspora africana en Brasil, trayendo el gesto de coser de una deidad ancestral. Encontrar puntos de contacto entre las estrategias de supervivencia de las comunidades africanas y las de las Madres de Plaza de Mayo le da un sentido profundo a la experiencia.
Lo mismo ocurre al trazar un paralelismo entre las Madres de Plaza de Mayo y las “madres” de las casas de ballroom. Hablamos de identidades travestis y disidentes que, al ser rechazadas por sus familias biológicas, se reorganizan colectivamente eligiendo nuevas familias y designando una madre que las cuida y las protege.
Poner en evidencia estas relaciones estéticas, poéticas y políticas nos demuestra todo lo que nos siguen enseñando las Madres de Plaza de Mayo en un momento donde la dirigencia tradicional parece desorientada. Frente a la pasividad, nos preguntamos qué nos pueden aportar estos espacios de resistencia artística para construir una democracia participativa. La pregunta de fondo es cómo el arte puede afectar y transformar nuestra vida presente.
Hay una palabra que aparece una y otra vez en esta conversación: encuentro. ¿Por qué se volvió tan central para ustedes?
Catalina: Totalmente. Resaltar el encuentro colectivo es el eje. Más allá de las disciplinas artísticas específicas, el fondo de la propuesta es construir una mirada política común sobre un presente complejo. La esperanza está ahí para nosotras.
También es fundamental aclarar que este festival no es una propuesta enlatada de Doce Veinticuatro que simplemente se aloja en la Casa de las Madres. Ha sido el resultado de una conversación minuciosa de dos años donde Sabrina y yo dialogamos todos los días para pensar cómo emplazar cada obra y hacer que resuene en el espacio.
Es un trabajo de costura fina, un verdadero encuentro y no una sustitución de contenidos. Esto es algo que falta mucho en la actualidad; no se trata de poner dos cosas juntas y ya. Hoy las redes sociales nos hacen creer que estamos conectados, pero el trabajo territorial es todo lo contrario.
Sabrina: Esta es la verdadera red social: enredarnos unas con otras para pensar en comunidad e intentar salir del problema. Buscamos crear otras narrativas para habitar el mundo desde una perspectiva diferente, siguiendo una línea de pensamiento como la que plantea la escritora Úrsula K. Le Guin. Las Madres garantizaron nuestros años de democracia con esa lógica de estar profundamente juntas.

El gran cierre del festival será el sábado 12 de diciembre
¿Qué significa mantener el movimiento para que la memoria sea una experiencia viva del presente?
Sabrina: Frente a la realidad biológica de que las Madres nos están dejando, cobra una enorme relevancia que Taty Almeida haya podido inaugurar este festival, que además coincidía con el aniversario de las Madres, y verla tan feliz de ver la Casa llena de vida.
Desde adentro de la Casa sentimos la enorme responsabilidad de sostener y honrar ese legado porque ellas fueron nuestro faro ético y democrático. Nadie puede hablar en nombre de las Madres ni hay jurisprudencia para definir qué dirían sobre los problemas actuales que ellas no llegaron a conocer.
Por eso, nuestra misión más importante es ser un territorio de encuentro, pensamiento, alegría, arte y educación, que fueron los pilares que defendieron durante cincuenta años.
Catalina: Es ir sumando ramitas para que ese fuego no se apague, sin repetir el pasado de forma automática ni hablar por ellas, sino alojando nuevas experiencias rodeadas de su legado.
Depende de nosotros que sigan siendo nuestro faro, y ahí es donde Doce Veinticuatro se hace cargo desde la democracia participativa. Para nosotros, la acción artística implica correr hacia la Casa de las Madres para decir las cosas desde acá, de la mano con ellas, porque el peso simbólico es distinto.
No da igual realizar una obra sobre cuerpos racializados en un teatro oficial que hacerla en la Casa de las Madres. Elegir estratégicamente dónde se dicen las cosas es un mensaje directo para transmitir el legado a las nuevas generaciones.
Después de todo este recorrido, ¿qué queda por delante y cómo se prepara el cierre de esta primera edición?
Catalina: El sábado 3 de octubre tendremos el laboratorio “El uso fantasioso del tiempo”, a cargo del Grupo NEEELI, una propuesta dirigida a colectivos y creadores que indaga en las estrategias para sostener el estar juntos.
Luego se presentará la apertura de la residencia situada de Jorge Thefs, “Yo beberé tus lágrimas (notas para encontrarnos porque no nos van a matar ahora)”, una obra creada a partir de habitar el espacio, recorrer el predio y realizar las visitas guiadas de la Casa, que cuenta con el trabajo de treinta artistas en escena, entre ellas la gran Cristina Banegas.
Momento Kiki.
El cierre de esa jornada estará a cargo de Laurent Tropikalia Labeija y Fiordi Bakeneko Labeija con la Kiki Session, que pondrá en tensión y comunión la identidad de las Madres de Plaza de Mayo con las madres de las casas de ballroom, reivindicando la importancia del cuidado mutuo, las familias elegidas y el orgullo de quienes somos.
Sabrina: El gran cierre del festival será el sábado 12 de diciembre. Ese día inauguraremos una muestra sobre el Archivo de Doceveinticuatro y presentaremos el libro que compila los diez años de trayectoria de la plataforma Doce Veinticuatro.
Catalina: Además, se realizará la apertura de la segunda residencia situada a cargo de Laura Figueiras y Carla Rímola junto a la compañía de la UNA, consolidando un cruce fundamental entre el festival, el espacio de memoria y la Universidad Pública.
Sabrina: Queremos que la gente se acerque el 3 de octubre y el 12 de diciembre porque realmente está pasando algo transformador en la Casa. Los artistas nos devuelven que la experiencia transforma sus investigaciones y sus obras para siempre.
Insistimos en el movimiento no por el simple hecho de repetir un engranaje, sino para que sigan pasando cosas, para ver la Casa llena, para ver a la gente emocionándose, recordando a las Madres y valorizando su lucha desde el cuerpo y la danza. Quien sienta esa curiosidad, que venga, porque se va a encontrar en un espacio de abrazo real.
Agenda
Dónde: Casa Nuestros Hijos, la Vida y la Esperanza (ex-ESMA), Av. del Libertador 8151, CABA.
Organizan: Doce Veinticuatro y Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora.
Próximas fechas: sábado 3 de octubre y sábado 12 de diciembre.
3 de octubre: laboratorio El uso fantasioso del tiempo, del Grupo NEEELI; apertura de la residencia situada de Jorge Thefs, Yo beberé tus lágrimas (notas para encontrarnos porque no nos van a matar ahora); y Kiki Session con Laurent Tropikalia Labeija y Fiordi Bakeneko Labeija.
12 de diciembre: cierre del festival, inauguración de una muestra sobre el Archivo Doceveinticuatro, presentación del libro por los diez años de Doce Veinticuatro y apertura de la segunda residencia situada, a cargo de Laura Figueiras y Carla Rímola junto a la compañía de la UNA.
Cuenta de IG de Doceveinticuatro
Sigamos conectados. Recibí las notas por correo.